martes, 3 de febrero de 2026

-EL PODER EN VENEZUELA HABLA EN INGLES


-EL VERDADERO PODER EN VENEZUELA HABLA EN INGLÉS-


Laura Dogu. Ese es el nombre de la verdadera presidenta encargada de Venezuela en estos momentos: enviada por Estados Unidos y con su centro de mando instalado en la sede de la embajada estadounidense en Caracas.

“Me siento muy honrada de ejercer el cargo de encargada de negocios de los Estados Unidos para Venezuela”, expresó al inicio de un video publicado en Instagram, en el que recordó su experiencia como embajadora en Honduras y Nicaragua.

La funcionaria señaló que el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio le confiaron la tarea de encabezar la misión en Caracas. Subrayó que este paso abre una nueva etapa y que su equipo trabajará con distintos sectores del país para ejecutar el plan de tres fases planteado por Washington: estabilización y restauración de la seguridad, recuperación económica y transición hacia un sistema democrático. Añadió que decisiones como la reapertura del espacio aéreo y la flexibilización de sanciones son pasos fundamentales para fortalecer la recuperación económica. Su declaración ha dejado explicitamente claro que lo que sucede en Venezuela se decide en Washington.  

En otras palabras, la funcionaria ha llegado a Caracas para liderar, en nombre de Estados Unidos, el proceso de transición y para comandar y supervisar que las órdenes emitidas desde Washington sean cumplidas por Delcy y su camarilla. No hacerlo, ha sido resaltado por Estados Unidos en varias ocasiones, solo desencadenaría un destino peor que el de Maduro para los Rodríguez.

Al mismo tiempo, cada vez parece tener menos sentido el pobre esfuerzo de los medios de propaganda chavista por presentar el tutelaje como “acciones soberanas” o acuerdos bilaterales. Para los restos ya desmembrados del chavismo, recibir un ataque real de una hora y media tras 26 años de discursos incendiarios bastó para hacerlos hincarse y entregar hasta el alma. Aquellos discursos gritados, fusil en mano, amenazando con convertir a Venezuela en un nuevo Vietnam, quedaron relegados a material para programas de comedia. La guerra mundial que supuestamente se desataría por tocar a Venezuela y que liberaría la furia de Rusia, China, Irán y medio mundo se transformó en silencio en menos de dos horas de sobrevuelos de helicópteros estadounidenses sobre Caracas. Eso bastó para que no solo se entregara a Maduro, sino también los recursos del país a quien se aseguraba que no se le daría “ni una gota de petróleo”, como repetía Diosdado Cabello. Lo recuerdan? 

Ya hoy no muestran milicianos “ninjas”. Las artes marciales del hermano de Chávez tampoco funcionaron por lo visto, ni los entrenamientos de milicias con cohetones navideños. Mucho menos aquellos drones de juguete con los que supuestamente harían explotar cavitas de anime flotantes frente a las costas venezolanas.

Sin embargo, sobreviven algunos atisbos de ridiculez intentando sostener una dignidad que no existe. Diosdado continúa en su show, hoy más cercano a la comedia que nunca, tratando de hacerse el duro. Pero ya no amenaza a Marco Rubio ni a Trump. Tampoco habla mucho de “La Sayona”, no vaya a ser que lo busquen en la noche. Sabe que está en la lista y que, para él, como para Padrino, no hay amnistía. ¿Cuánto le queda?

María Corina ha hablado. Permanece en Washington y ha dicho que está dispuesta a conversar y reunirse con Delcy la fea para discutir fechas del proceso de transición. Se trata de una declaración relevante, porque sugiere no solo que esa conversación vendrá, sino que Machado ya la ha sostenido con el gobierno estadounidense y que su papel dentro de esta transición es el que muchos esperaban: María Corina regresa a Venezuela como el nuevo rostro de la democracia. ¿Cuándo? Como ella misma ha dicho: cuando sea el momento, y ese momento, todo indica, será pronto. Paciencia.

Por supuesto, ese golpe al hígado de un narcorégimen en putrefacción no podía pasar desapercibido. Ahora el chavismo y sus medios palangristas hacen grandes (aunque inútiles) esfuerzos propagandísticos para hacer creer que Machado y Estados Unidos no se llevan. Resulta risible si se considera que ella sigue en Washington y conversa con Rubio con frecuencia, en términos muy distintos a los de Delcy la horrorosa, cuyas conversaciones son más bien reportes para recibir instrucciones.

No puedo cerrar este artículo sin mencionar el chiste del día. El impresentable canciller de los narcos, Iván Gil, afirmó en unas tristes declaraciones a VTV tras la reunión entre Delcy la mona y la representante estadounidense, que “ambas naciones entran en una etapa de revisión exhaustiva de las vías de cooperación con el objetivo de construir una agenda productiva y de respeto mutuo”.

A un mes exacto de la captura de Maduro y de la toma del poder en Venezuela por parte de Estados Unidos y frente a las declaraciones de Dogu, quien asegura estar en el país para supervisar la transición, Gil tiene la osadía negacionista de hablar de “vías de cooperación” para supuestamente tapar que Washington ha puesto en tierra su delegación directa. Habla de “respeto mutuo” cuando hace apenas un mes insultaban y llamaban cobardes a los gringos. “Narco Rubio” lo llamaba Cabello. Ya no. Nadie lo hace ahora. Hoy hablan de paz y respeto, pero hace días gritaba Delcy “basta de órdenes de Washington en Venezuela!”. Hoy solo falta que se abracen con Dogu y le pidan la bendicion! 😂 No vemos ya a Jorge Rodriguez desde la AN gritando “YANKEES DE MIERDA VAYANSE AL CARAJO!”. Tampoco le vemos ultimamente mucha sonrisita… 😎

La verdad es que cada día que pasa es un día menos para ellos en el poder. Cada día que transcurre damos un paso más hacia la democracia y hacia el desmantelamiento de los medios de propaganda chavistas. Eso también llegará. Como dijo MCM: ESTÁ PASANDO.


José Calabres


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lunes, 2 de febrero de 2026

UN MES SIN MADURO

 


-UN MES SIN MADURO-


La historia de Venezuela ha estado marcada por ciclos de esperanza y desilusión que se alternan sin aviso. La reciente captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y la instalación de Delcy Rodríguez como presidenta interina han generado una mezcla de emociones en la población.


Por un lado, muchos venezolanos ven en este cambio una oportunidad para reconstruir el país, restablecer la democracia y mejorar las condiciones de vida. No porque Delcy sea mejor que Maduro, sino porque ella no es más que la asistente temporal de EEUU en una pre transición democrática. La reapertura del espacio aéreo y la promesa de inversiones extranjeras alimentan la esperanza de una recuperación económica en el país, aunque sea bajo la tutela de Trump. Para los venezolanos esto es mejor que estar tutelados por el régimen cubano, como ha pasado por casi 30 años, y que es lo que ha llevado, entre otras cosas, a la crisis más grave que ha vivido un país occidental en tiempos de paz en la historia.


La ilegitimidad del nuevo gobierno y su incapacidad para liderar una transición democrática genuina son temas recurrentes en las conversaciones dentro de los hogares venezolanos. Conversaciones siempre en código ante el miedo de ser reprimidos violentamente por las fuerzas del cártel. Solo para eso sirven tales fuerzas: para reprimir gente desarmada, porque cuando tenían que supuestamente defender, solo se escondieron cobardemente. Hasta los aliados rusos del régimen han comentado al respecto con muecas de asco, señalando cobardía y traición por parte de “altos funcionarios” que conspiraron para entregar a Maduro. “Así paga el Diablo” decían las abuelas. Maduro fue traicionado por sus propios lugartenientes, que ahora temen traición entre ellos mismos.


La aparente exclusión temprana de figuras opositoras clave, como María Corina Machado, y la falta de claridad en el proceso de cambio generaron inquietud sobre la posibilidad de que se repitiera un ciclo de autoritarismo bajo una nueva fachada. Sin embargo, con el pasar de los días las formas han comenzado a mostrarse y vemos a Machado activamente en reuniones de alto gobierno en Washington, la llegada de diplomáticos estadounidenses a Caracas, excarcelaciones de presos políticos, e incluso una propuesta de cerrar el centro de torturas más grande del hemisferio, el Helicoide. No deja de llamar esto la atención, pues el régimen que juraba hace semanas que no daría ni una gota de petróleo a EEUU si agredían al narco cártel no solo ha entregado todo el petroleo, si o que corrió incluso a modificar la ley de hidrocarburos para hacerlo y complacer a las petroleras norteamericanas. El régimen que negaba la existencia de presos políticos ahora da “amnistía general” a los presos que no existían. Muy pronto, no nos extrañe, no solo recibirán a María Corina y a Edmundo, sino que lo harán con honores.


A pesar del discurso del narco chavismo que busca dar la impresión de ser rebelde, en la práctica han entregado hasta el alma a quienes hace apenas unas semanas atrás insultaban y retaban a diario. Han quedado desnudos y en ridículo, aunque aún intenten disimular en los medios de propaganda que aún controlan. Pronto, también van a perder eso.


EEUU asegura que el régimen de Cuba está cerca de caer y que ya hay conversaciones con el régimen para llegar a un acuerdo, que suponemos se refiere a la finalización de la dictadura cubana. El mismo Díaz Canel ha aceptado recientemente y en público que su partido, el único en Cuba, ha destruido la isla. China por su parte, exige el pago de la deuda del narco cártel venezolano para cortar relaciones, lo cual pasa ahora por decisiones tomadas en EEUU directamente. Rusia, no pasa de hacer declaraciones de apoyo al régimen pero sin efectos reales más allá de la diplomacia de micrófonos, y los aliados regionales del cártel no aparecen más, evitando confrontar a los estadounidenses. El régimen está solo y a la deriva, débil y en caída libre tras perder la independencia económica que le daba el manejo ilegal de los recursos del país. Ahora, solo pueden mover un dedo si Trump los autoriza. El cambio ya se siente. Hay nueva subasta de divisas para sectores privados de comercio, nuevas exportaciones petroleras que si son pagadas, se han iniciado planes de recuperación de servicios básicos, el precio del dólar ha bajado, se han reanudado poco a poco las conexiones aéreas internacionales y comienzan a haber atisbos de libertad que no veíamos desde hace muchos años en medios de comunicación. Todo eso, en apenas un mes.


La comunidad internacional por su parte observa con atención mientras los venezolanos enfrentan el desafío de reconstruir el país desde las ruinas dejadas por un narco régimen que sigue tratando inútilmente de dar la impresión de estar en control de la situación. Pero como siempre, la esperanza se mezcla con la incertidumbre, porque aunque el chavismo está en decadencia, el trumpismo no parece ser tampoco la libertad que los venezolanos hemos deseado, y el futuro de Venezuela pende de un delicado equilibrio entre una verdadera voluntad de cambio y las sombras del pasado. A pasado apenas un mes desde que Maduro fue encarcelado y el panorama hoy es diametralmente distinto en el país. No perdamos la fe. Hay muchos trabajando en la reconstrucción (y defensa!) de nuestro país. Lo estamos logrando.


José Calabres



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miércoles, 28 de enero de 2026

EL JUEGO DE LA RULETA DE DELCY LA FEA


Todos sabemos que intentar predecir algo sobre Venezuela es un ejercicio ingrato y casi siempre inútil. El narco–régimen, rodeado de narco-asesores con décadas de experiencia, ha sobrevivido a situaciones límite usando recursos casi infinitos, tanto económicos como de presión internacional.

Pero una cosa es jugar a hacerse los locos con diálogos y acuerdos que nunca cumplen, y otra muy distinta es tener la frente marcada por el láser de un rifle cuyo cañón todavía está caliente. Eso es lo que estamos viendo hoy. La misma voluntad que tiene el narco-chavismo para no cumplir ningún acuerdo es la misma voluntad que hoy tiene Estados Unidos para hacerlos cumplir, incluso usando la fuerza. Ya lo demostró el 3 de enero. Esto no lo habíamos visto antes.

Cualquiera en su sano juicio entendería que, tras esos hechos y la promesa explícita de volver a atacar, lo lógico sería poner orden y comenzar a resolver el futuro inmediato, no solo político sino personal. Si yo fuera uno de ellos estaría buscando la manera de irme por lo bajito y vivo. Pero, una vez más, el narco-régimen, afortunadamente, parece empeñado en buscar pelea.

Y digo afortunadamente porque lo que muchos temíamos empieza a disiparse por su propio peso. Estados Unidos decidió dejar a Delcy Rodríguez como administradora del colapso narco-chavista hasta que las condiciones para una verdadera transición estuviesen dadas. Las declaraciones de Trump, que parecían mostrar cierta “satisfacción” con Delcy la fea, daban la impresión de que su permanencia podía prolongarse. Durante las últimas tres semanas, Delcy se ha comportado mansa y dócil, cumpliendo órdenes de Washington sin chistar, aunque desde hace unos días para acá, ha comenzado a dar señales de rebeldía, y si hay algo que Trump no tolera son los retos y los desaires, incluso cuando están dirigidos solo al consumo interno del chavismo. 

Delcy afirma que no sigue instrucciones de Estados Unidos, porque obviamente debe mantener las formas con la poca base que queda del chavismo, indignado por la entrega absoluta de sus dirigentes al enemigo del que llevan decadas hablando pestes, pero a pesar del discurso rayado, en la práctica, cumple cada orden al pie de la letra. 

Como es costumbre en el narco-chavismo, Delcy la fea juega a los grises. Ha iniciado excarcelaciones de presos políticos pero a cuentagotas, sin otorgar libertad plena y en cifras muy inferiores a las anunciadas. Avanzó en la modificación de la Ley de Hidrocarburos para favorecer a empresas estadounidenses, tal como le fue ordenado, pero mantiene vínculos con China, Rusia e Irán, pese a haber recibido instrucciones claras de romper esos lazos. Llama al diálogo pacificador pero mantiene colectivos en la calle, disfraza procesos de diálogo con alacranes y, en un último conato de “rebeldía”, el retrasado medianamente funcional de “Nicolasito” deja claro que no hay intención alguna de convocar elecciones, porque según él, el TSJ no declarará la ausencia de Maduro porque no van a validar “un secuestro”.

Jugar a los machitos con quien hace menos de un mes demostró que no está jugando solo a hablar, y que mantiene la misma flota que los bombardeó cerquita, no parece el movimiento más inteligente. Eso, paradójicamente, hay que agradecerlo. Todo apunta a que la transición llegará forzada por el mismo chavismo y mucho más rápido de lo que esperábamos.

El narco-chavismo no es famoso por anticipar lo que no le conviene. Rusia, China e incluso el Vaticano advirtieron a Maduro que sería capturado y le ofrecieron asilo en Rusia. Su soberbia lo llevó a su destino final: una celda en Nueva York, de la que solo saldrá para ser llevado a otra. Ahora, esa misma soberbia parece estar guiando a Delcy por el mismo camino o por uno peor, lo cual es una buena noticia para los venezolanos que temíamos que esta pesadilla se extendiera indefinidamente.

Marco Rubio declaró hace horas desde que escribi estas lineas ante el Congreso que Estados Unidos está listo para lanzar un ataque mucho mayor contra Caracas si es necesario, y que Delcy la fea puede ser derrocada en el momento en que Washington lo decida. Trump, por su parte, afirma que Delcy cumple sus órdenes al pie de la letra. Pero todos sabemos que Trump no es precisamente tolerante con quienes lo desafían o lo hacen quedar mal en público. Y, afortunadamente, eso es exactamente lo que el narco-chavismo insiste en hacer. Es posible que Delcy la horrorosa crea que las elecciones de medio término en EEUU podrían darle cierta ventaja al narco chavismo… como si EEUU fuese a esperar hasta Octubre para tomar decisiones sobre ella y su mini cartel en decadencia. Al contrario, esa premura de obtener ventajas politicas que necesita Trump ante esas elecciones es justamente lo que hará que sus acciones sobre Venezuela sean relámpago y efectivas. No va a darse el lujo de arriesgar su propio futuro político fortaleciendo una narco dictadura en el caribe.

Mientras tanto, otros 200 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo incautado por Estados Unidos llegarán la primera semana de febrero para ser destinados a subastas de empresas de servicios, tal como anunció Trump hace semanas. Esto suma 500 millones dólares hasta la fecha. Delcy intenta manipular la narrativa diciendo que su “gobierno” está logrando el desbloqueo de recursos en Estados Unidos, cuando la realidad es que hoy Washington tutela el 100 % de los recursos petroleros venezolanos y decide su uso. Estados Unidos no solo ha reactivado personal en su embajada en Caracas, sino que además abrirá oficialmente una oficina de la CIA en la misma sede.

La soga no solo está puesta en el cuello del régimen: aprieta cada vez más, aunque sigan haciéndose los locos. Esa presión es la que está empujando cambios visibles. Ya comienzan a verse mejoras parciales en el sector salud y eléctrico, ambos golpeados por la corrupción narco chavista por décadas. 

Si con recursos provenientes de apenas 50 millones de barriles vendidos en quince días se notan avances, imagínese lo que habría sido invertir los recursos de los 5 MILLONES DE MILLONES de barriles que se regalaron solo a Cuba en los últimos 25 años. Eso da una idea del daño profundo que este narco-régimen le ha hecho al país.

Para hacernos una idea: con apenas 500 millones de dólares, se va a comenzar a reparar el sistema electrico nacional y a dotar hospitales. 500 millones. Bueno, sólo Tarek El Aissami se robó, en su último robo de PDVSA, 22 MIL MILLONES. 44 VECES MAS que lo que celebra Delcy la horrible hoy como un gran logro económico. ¿Donde está ese dinero que se robó El Aissami?, nadie sabe. ¿Donde está El Aissami y los otros que apresaron?, tampoco se sabe, porque la justicia chavista no es tal, sino un esquema de robo y encubrimiento. 

En el plano internacional, Petro, desde Colombia, y en vísperas de una visita a Washington con una visa temporal de cinco días, pide que Estados Unidos devuelva a Maduro a Venezuela para que sea juzgado en su país. Petro parece estar construyendo su propio camino hacia el desastre por insistir en secundar narcotraficantes. El futuro de ese señor no pinta bien. Pero no se puede esperar micho de un ex guerrillero narco y alcohólico. 

Aunque las aguas parezcan tranquilas en la superficie, Estados Unidos no deja de observar cada movimiento del narco-régimen y su entorno. Parece que los chavistas olvidan eso, y cada día que pasa, estos se resbalan más y más con cada concha de mango que les ponen. No ha pasado ni un mes desde la captura de Maduro y Delcy la horrorosa  ya acumula millas de vuelo a Nueva York. Una maravilla me parece. Que siga así. 

Y por si alguien no lo ha notado: María Corina sigue por ahí. Sin ruido, pero activa. Así es como se trabaja cuando de verdad se buscan resultados. No tengo la menor duda de que ella es parte de lo que viene. 


José Calabres

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domingo, 25 de enero de 2026

LES QUEDA POCO



-LE QUEDA POCO A LOS RODRIGUEZ-

No pensaba escribir hoy. Pero hay noticias que al apenas verlas me obligan a comentar. Y es que hay discursos que no solo insultan, sino que parecieran que nos gritan “imbéciles” a la cara. 

Hoy he leído las ultimas declaraciones de Jorge Rodríguez en un acto el día de ayer donde afirmó, con la cara de tabla cínica del que cree que los demás son estúpidos, que “en el pasado sacaban petróleo para que se enriquecieran unos pocos… unos corruptos que se decían rojos, rojitos”.

No me sorprende ver al narco psiquiatra mentir. El narco-régimen miente como respira. Lo verdaderamente desconcertante es verlos decir la verdad: “nos hemos robado todo”.

Lo que Rodríguez hace aquí no es una denuncia, sino control de daños. Una admisión envuelta en una pirueta retórica: aceptar el saqueo, pero culpar a “otros”. Un “ellos” nebuloso, sin nombres, sin cargos, sin fechas. Plantea la idea de que hubo unos “rojos infiltrados” que misteriosamente controlaron el petróleo durante 27 años sin que el poder real e inocente se enterara. Un cuento infantil narrado desde Miraflores, donde los que han quedado de mandaderos de Trump son inocentes palomitas.

Pero este discurso es resultado de estudio. No es al azar ni inocente. La estrategia es conocida: simular empatía para relanzar el engaño. Reconocer el desastre, pero desplazar la culpa. “Sí, se robaron todo… pero no fuimos nosotros”. No es la primera vez que lo aplican. Ya Maduro lo hizo después de la muerte de Chávez, al culpar de todo al circulo que “mantenía engañado al comandante”, callando que ese circulo eran ellos mismos. SIEMPRE HAN SIDO LOS MISMOS. Ahora, los Rodriguez repiten el patrón.

El problema es que hoy ese libreto no sostiene ni el primer acto. El muro de la realidad es demasiado alto. Primero, porque nadie fuera del círculo de máximo poder accede a la renta petrolera. Nadie firma contratos, exporta crudo, negocia descuentos, triangula pagos o decide destinos de divisas sin autorización del vértice narco-militar venezolano. Señalar a “otros” es señalar a fantasmas buscando disipar la realidad que los aplasta: EEUU está hoy a cargo de absolutamente todo. Ellos no son mas que mandaderos temporales.

Segundo, porque si esos “otros” hubiesen existido, la pregunta es demoledora: ¿cómo gobernaron 27 años sin verlos? ¿Cómo saquearon la principal industria del país a plena luz del día sin que el régimen, tan vigilante para perseguir opositores, lo notara? ¿O es que ahora, de repente, se dieron cuenta?. Incluso han tenido la osadía de decir que hay que “buscar la paz y la hermandad entre venezolanos”. Eso, después de encarcelar a miles de venezolanos por solo ser opositores o publicar estados en Whatsapp. 

Hoy, a apenas 23 días de la captura de Maduro y la toma del control del país por parte de EEUU los Rodriguez hacen esfuerzos hercúleos por maquillar ese control y atribuírselo a ellos mismos. Ahora el discurso afirma por oposición que “todo lo malo era culpa de Maduro. Apenas se lo llevaron pudimos arreglar todo! Fíjense!”. Ya casi están por decir que Chavez y Maduro eran los ladrones (como efectivamente es) si eso les salva el pellejo, pero la realidad es que ellos han sido parte de ese esquema de saqueo desde siempre. No henos sido víctimas de una persona, sino de un sistema completo.

Y luego viene la joya final: Rodríguez afirma que “cada venta petrolera debe traducirse en prosperidad para la gente”. El descubrimiento del agua tibia. Tras casi tres décadas en el poder, el chavismo anuncia que el país no prosperó porque se robaron todo. Y acto seguido… vuelve a culpar a “otros”.

El intento desesperado de reescribir la historia mientras el presente se cae a pedazos es desconcertante. El problema para ellos es que ya no basta con cambiar el relato: las cifras, la destrucción institucional, la migración masiva y la miseria cotidiana son pruebas que no admiten maquillaje.

Cuando Rodriguez reconoce el saqueo, no está abriendo un camino de rectificación sino  confirmando lo que el país sabe desde hace años. Y cuando intenta salvarse señalando a un “ellos” inexistente, solo deja en evidencia algo peor: que el chavismo ya no puede mentir sin delatarse. Los Rodriguez buscan deslindarse de sus orígenes chavistas, pero buscando hacerlo sin perder a la base dura que aún los apoya. Por eso el discurso habla de corrupción chavista, y al mismo tiempo señala a “otros chavistas”, sin nombrarlos, e insinúa que son infiltrados, “porque los chavistas de verdad no son ladrones”, lo cual contrasta con los hechos, en los que justamente ha sido el chavismo el que ha llevado al país a la crisis mas profunda de su historia.

Estas declaraciones de Rodriguez denotan algo bueno: No tienen tiempo para desarrollar discursos. Están buscando control de daños para mantenerse en el poder a pesar de que eso ya no depende de ellos. Esta desesperación solo anuncia algo: saben que les queda poco. Muy poco. Quizá menos de lo que estamos pensando. 

José Calabres


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sábado, 24 de enero de 2026

-LA MEDALLA DEL NOBEL QUE SE USÓ PARA LIBERTAR A VENEZUELA-


Se que llego un poco tarde a hablar de este tema. Pero es que han pasado tantas cosas respecto al tema Venezuela que es difícil escribir sobre todo a diario. 

Respecto a este tema, de hecho, ha sido bueno esperar un poco antes de hablar al respecto, puesto que me ha dado la oportunidad de mirar las reacciones de muchos con calma y poder hacer ahora en frío, una lectura situacional más calmada y posiblemente más clara. Vayamos pues al tema.

Hay una verdad que muchos no han entendido: María Corina Machado no regaló su Premio Nobel de la Paz a Donald Trump ni lo “entregó” como si fuera una baratija. Al contrario. Lo que hizo fue usar ese premio como apalancamiento político para conseguir apoyo internacional y hacer visible frente a quien se negaba a mirarla, la causa venezolana. Ella nunca renunció a su prestigio ni lo despreció, sino que lo convirtió en una herramienta para elevar su posición y la de Venezuela en la agenda global.  

Cuando en octubre de 2025 se anunció que María Corina Machado era la ganadora del Nobel de la Paz por su lucha incansable por los derechos democráticos de su pueblo y por una transición justa y pacífica del país, ella dedicó ese premio no solo al pueblo venezolano, sino también al presidente Trump por su apoyo decisivo a nuestra causa. Esa dedicatoria no fue un gesto espontáneo, sino una declaración estratégica de intenciones.  

Lo que ocurrió en enero de 2026 en la Casa Blanca no fue tampoco un acto de generosidad desinteresada ni un capricho. María Corina regaló su medalla del Nobel a Trump en un encuentro privado como un gesto de reconocimiento por haber tomado medidas que terminaron con la captura de Maduro y por el rol que hoy tiene Estados Unidos en la transición venezolana hacia la libertad democrática. La foto de Trump sosteniendo la medalla no es una concesión vacía: es la imagen de un hombre que siempre quiso ese premio para sí mismo y que por fin lo sostiene, aunque no sea legítimamente suyo.  

Hay por supuesto quienes critican ese gesto como servil, ridículo o humillante, y lo hacen desde Noruega, Venezuela, EEUU, desde medios internacionales, y desde quienes ven en un Nobel un pedestal inamovible sin entender la dinámica brutal de la política real en tiempos de crisis. Pero eso es precisamente lo que María Corina entendió mejor que muchos otros: la política no se trata de conservar símbolos en vitrinas, sino de usarlos cuando hacen falta para cambiar el curso de los hechos.  

Muchísima gente me ha preguntado si finalmente María Corina Machado formará parte de la transición o no. La respuesta es sí, y no solo estará dentro del proceso de transición, sino que terminará siendo presidenta de Venezuela en un futuro cercano. 

La fuerza de María Corina no depende únicamente del apoyo de Estados Unidos ni del gesto con Trump. Tiene el respaldo de Europa, el de las democracias occidentales y, sobre todo, el del pueblo venezolano en su gran mayoría. Ahora bien, nadie puede ignorar el carácter profundamente contradictorio de Donald Trump en todo esto. El mismo hombre que aceptó con una sonrisa la medalla que no le correspondía, que ha declarado que tras no recibir el Nobel ya no tiene obligación de pensar solo en la paz, y que cambia de postura política según su ánimo del día, es un jefe de Estado con delirios de grandeza e inmadurez política que convierte cualquier negociación en un ejercicio de contorsión. No es un mandatario muy confiable la verdad, ni un adulto con quien se pueda hablar en términos de igualdad, y aun así, María Corina logró algo que pocos políticos en el mundo pueden presumir: lograr que Trump la reconociera públicamente como figura significativa para el futuro de Venezuela. 

Ese cambio, aunque tenuo y lleno de ambigüedades, no habría ocurrido sin su gesto. Ese es el poder de un liderazgo que no se deja encerrar en la ortodoxia de quienes no entienden que los símbolos se usan como herramientas cuando todo está en juego.

Al verla hoy, con esa medalla en manos de quien pocos meses antes la ignoraba, hay que entenderlo sin eufemismos: María Corina Machado pasó de ser una figura cuestionada tras el derrocamiento de Maduro a convertirse en una pieza política indispensable, no solo para una transición venezolana legítima, sino para la reconstrucción misma de nuestra nación. Coincide el mundo democrático en que Maria Corina y Edmundo Gonzalez son los LEGÍTIMOS representantes de la voluntad de gobierno de los venezolanos y que su instauración como tal debe darse lo más pronto posible. Ahora escuchamos a Trump y Rubio diciendo lo mismo. 

La historia no recordará este episodio como una polémica, sino como un punto de inflexión en el que mientras muchos discutían símbolos, una líder actuó. Se recordará que Trump cambió el tono después del gesto y que el mundo empezó a hablar de Venezuela en otros términos. 

Y se recordará algo más incómodo todavía: que María Corina Machado fue subestimada por muchos justo antes de convertirse en la primera presidenta y libertadora de la Venezuela post narco chavista.

José Calabres


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DELCY LA FEA, DELCY LA TRAIDORA

Nada de lo que dice Delcy Rodríguez es verdad. Nada de lo que dice sobre soberanía, independencia o “defender la patria” conserva ya un solo vestigio de realidad que pueda sostenerse frente a los hechos que estamos viendo.

Ella no “llegó” a la presidencia de Venezuela porque el pueblo la eligiera ni porque tuviera base de poder alguna, sino porque un tribunal chavista, corrupto y aterrorizado, dictaminó que Maduro estaba “temporalmente ausente” después de que fuerzas estadounidenses lo capturaran en Caracas, en su propio búnker, y lo trasladaran fuera del país bajo custodia extranjera.

Delcy se presenta ante las cámaras hablando de patriotismo y de diplomacia. De manera prácticamente esquizofrénica asegura que no permitirá que Venezuela sea colonia de nadie y hasta declara que “si algún día voy a Washington será de pie y no arrastrada”. Esa frase no es una declaración de independencia, es la confesión involuntaria de alguien que ya está arrastrada, porque no gobierna, sino que administra la escena para quienes sí deciden.

El presidente estadounidense que lideró la operación que sacó a Maduro del país habló abiertamente de “gobernar” Venezuela indefinidamente hasta asegurar una transición pacífica y de tomar el control de sus reservas petroleras. Y aunque algunos prefieren leer los halagos de Trump hacia Delcy como señales diplomáticas, la traducción real es mucho más simple: Delcy hace exactamente lo que se le ordena. Eso le encanta a Trump. Tener vasallos complacientes es su especialidad, y en el narco cartel que gobierna Venezuela encontró a los más mansos y arrastrados que haya visto.

Es inútil dar vueltas a lo que los voceros del narco régimen llaman “acuerdos”, “soberanía compartida” o “cooperación”. Lo que ocurre es brutal y directo: Venezuela está bajo el mandato de una potencia extranjera, con decisiones dictadas por funcionarios de Estados Unidos que no fueron elegidos por nadie en este país y que controlan los recursos, las rutas económicas y los márgenes de maniobra política.

El gobierno de Trump ha sido explícito. Las autoridades venezolanas actuales actúan bajo supervisión directa de Washington.

La narrativa chavista difundida por sus medios palangristas, con titulares que insinúan que Venezuela recupera el control de sus recursos o que existen acuerdos entre Venezuela y Estados Unidos, intenta disfrazar una subordinación que nadie con los ojos abiertos puede negar.

Estados Unidos controla todo lo relacionado con la venta del petróleo venezolano, controla la distribución de las ganancias y controla la reconstrucción económica. Ese control no nace de un convenio entre iguales, nace de la capacidad de una potencia para imponer condiciones y decidir quién se queda con el mando nominal hasta que decida cambiarlo. Delcy y su narco combo son apenas figuras transitorias, fantasmas administrativos que desaparecerán cuando dejen de ser útiles.

Luego están las frases prefabricadas del chavismo y la estética de un discurso que pretende ser memoria y legitimidad. Delcy Rodríguez habla de soberanía como si la palabra tuviera algún peso real en el contexto en el que opera.

Pero la soberanía no se proclama con consignas ni se sostiene con discursos televisados cuando todo el poder de decisión está en manos de otro gobierno. Cuando las órdenes reales vienen de afuera, no importa cuántas veces se repita la palabra independencia, el país deja de serlo en los hechos. Si algo ha sabido hacer el chavismo es entregar el país y recibir órdenes. Antes era Cuba, Rusia o China. Ahora obedecen a Trump.

Lo más obsceno de este momento no es la sumisión en sí, sino el esfuerzo casi infantil por fingir que no existe. El régimen ya no gobierna ni siquiera desde la vieja mentira épica del chavismo original. Ahora intenta sobrevivir desde la manipulación burda de titulares, desde el maquillaje torpe de hechos que cualquiera puede verificar con dos clics.

No intentan construir un relato, intentan tapar el sonido del derrumbe cantando y bailando, con la esperanza absurda de que nadie se dé cuenta.

Cuando aviones procedentes de Estados Unidos aterrizan en Venezuela con ciudadanos deportados, los medios del narco régimen hablan de “compatriotas que regresan al país gracias al plan Vuelta a la Patria”. El truco es viejo y cada vez más descarado. Cambiar deportación por regreso no cambia la realidad, pero sí deja al desnudo que Estados Unidos no solo capturó al líder del cartel, sino que además obliga a sus sucesores a recibir a los deportados sin chistar y, peor aún, aplaudiendo. La humillación es abismal.

El chavismo moribundo intenta confundir imposición con solidaridad y humillación con triunfo. No dicen que aceptaron esas deportaciones porque no tenían margen para negarse. No dicen que forman parte de las condiciones impuestas tras la captura de Maduro. No dicen que ese “plan” funciona ahora como mecanismo de cumplimiento frente a un poder externo que los aplasta sin esfuerzo.

Lo mismo ocurre con el petróleo, convertido en utilería discursiva. Los voceros hablan de “cooperación energética” como si Delcy tuviera capacidad de negociación. No explican que ese petróleo fue incautado, administrado y vendido desde Washington, y que los ingresos anunciados no son fruto de soberanía alguna, sino de concesiones otorgadas bajo permiso y supervisión. Eso que Delcy llama diplomacia no es otra cosa que obediencia.

Mientras tanto, figuras del régimen, aterrorizadas por el futuro que se les viene encima, niegan contactos con Estados Unidos, desmienten conversaciones y fingen que la captura de Maduro ocurrió por generación espontánea y no por traición interna. Como si un capo pudiera ser extraído de su país sin cooperación desde adentro. Como si la historia fuera tan ingenua como el discurso que intentan vender. La negación no es defensa, es pánico. Y el pánico existe porque quedó claro que la lealtad siempre fue negociable y que el chavismo terminó siendo exactamente lo que durante años acusó a otros de ser: cachorros del imperio. Hoy ya ni siquiera es metáfora.

Delcy Rodríguez intenta lavarse la cara con palabras grandes porque sabe que los hechos la superan. Sabe que no puede explicar por qué sigue en el poder ni por qué Trump la tolera. Sabe que su permanencia depende de cumplir órdenes sin protestar.

Quien todavía defienda este relato no defiende soberanía ni estabilidad. Defiende una ficción ridícula. Y las ficciones se rompen con hechos. El hecho es que Maduro está preso. El hecho es que Trump decide qué se hace con el petróleo venezolano y con el dinero que produce. El hecho es que Estados Unidos manda, Delcy obedece y, cuando deje de ser útil, también desaparecerá… Ya veremos cómo será su final.

José Calabres

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jueves, 22 de enero de 2026

CHAVISMO VERSION MASCOTA

 



-CHAVISMO, VERSIÓN MASCOTA-


Hoy es 22 de enero. Han pasado apenas 18 días desde que Donald Trump ordenó extraer a Nicolás Maduro del búnker que el chavismo llamaba “inexpugnable”. Ese, en el que dormía en Caracas creyéndose eterno, para llevarlo directo a una celda de nueve metros cuadrados en Nueva York y donde hoy cumple condena como lo que siempre fue: un narcotraficante.


La operación fue rápida. En menos de dos horas, docenas de helicópteros del Delta Force y más de 150 aeronaves entraron en el espacio aéreo venezolano, bombardearon aeropuertos militares en Caracas, La Guaira e Higuerote, y salieron de nuevo llevándose a Maduro y a su esposa sin la más mínima resistencia de las Fuerzas Armadas venezolanas. Ni un disparo. Ni un gesto. Nada. Tras su retirada, un grupo de cubanos supuestamente elite de protección, quedaron esparcidos en pedazos en cuestión de segundos. Fueron devueltos a la isla recientemente en urnas que parecían cajas de zapato, dejando claro que todo aquello de “grupos altamente entrenados” protegiendo al régimen y otros mitos más no fueron mas que eso, cuentos y mentiras. 


Pero si la operación que sacó a Maduro fue veloz e implacable, aún más veloz e implacable ha sido la forma en que los hermanos Rodríguez se apoderaron del poder y borraron todo rastro de madurismo en el Palacio de Miraflores. No pasaron ni 24 horas antes de que el chavismo se reuniera para nombrar a Delcy Rodríguez como presidenta. Y no solo eso. En estos 18 días, el director de la CIA ha ido a dictar órdenes PERSONALMENTE desde Miraflores; se entregaron 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos (después de aquellos discursos inflamados en los que juraban que ni una gota saldría hacia EEUU si se atrevían a rozar a Venezuela), se liberan presos políticos, se modifican leyes a velocidad exprés para “proteger inversiones extranjeras en el sector petrolero” (o sea, a las petroleras gringas) y se reconfigura por completo el alto mando militar.


De pronto, ahora sí habrá contraloría sobre el gasto público. De pronto, se anuncia que “han entrado los primeros 300 millones de dólares por concepto de venta de petróleo venezolano” en 2026. Que chiste tan absurdo ese. ¿Venta de petróleo? Si. Pero por parte de EEUU.


Hay que ser muy ingenuo (o padecer una estupidez profunda) para creer que todo esto ocurre porque Delcy es maravillosa. Estamos ante un narco-cartel intentando desesperadamente maquillar la realidad para conservar lo poco que queda de su dignidad entre sus seguidores más fanáticos.


La realidad es simple y brutal: Maduro cayó y no volverá a salir jamás de esa celda en Nueva York. La realidad es que, desde hace 18 días, el poder real en Venezuela está completamente tutelado desde Washington. La realidad es que el gobierno de Delcy y su entorno no son más que títeres que bailan al son de lo que le provoque a Trump, que los maneja a su antojo. La realidad es que los que aparecen como gobierno hoy en Venezuela saben que si alguno se sale del guion, terminará exactamente donde terminó su antiguo jefe.


No hace falta ser un genio para entender que Delcy y su combo no solo traicionaron a Maduro, sino que negocian con Estados Unidos su supervivencia personal. Para ello están dispuestos a obedecer ciegamente a su nuevo amo. Eso sí: para mantener las formas, repiten la palabra “soberanía” como si aún significara algo. El nuevo lema de moda es “DUDAR ES TRAICIÓN”, pero la pregunta es: ¿dudar de que?. Si algo despierta dudas es justamente el “gobierno” que quedó. Y si alguien tracionó, fueron esos que quedaron. Sino, pregúntenle a Maduro! 


Basta con observar las alineaciones: Trump afirmó que Estados Unidos controla ahora los recursos de Venezuela. Acto seguido, incautó 50 millones de barriles de petróleo, los llevó a Texas, los vendió en el mercado internacional por unos 500 millones de dólares, envió 300 millones a Venezuela y ordenó que se destinaran a la recuperación del sistema eléctrico. Delcy, entonces, habla de “los primeros 300 millones por venta de petróleo”, omitiendo deliberadamente que se trata de petróleo incautado, vendido y administrado por EEUU, que además decide en qué se invierte ese dinero.


También calla Delcy que, cuando Trump se reunió con las petroleras para aumentar la producción en Venezuela, estas exigieron cambios legales para proteger sus inversiones, cambios que hoy Delcy y su hermanito aceleran dócilmente anunciando una reforma a la ley de hidrocarburos, bajo órdenes directas de la Casa Blanca. Sorprende la celeridad con la que pueden modificar leyes hoy pero no podían aceptar el referendum revocatorio porque “los tiempos no daban”. 


El régimen se ha convertido en la mascotica obediente de Trump. Ahora, parecen aceptar mansamente que la crisis venezolana se debía a Maduro, y no a ningún bloqueo de EEUU. En apenas 18 días, Delcy pretende hacernos creer que levantó todas las crisis que ha arrastrado el país por 27 años, y lo hace, sin levantar la voz mucho para que no le apreten el collar de castigo desde Washington. 


Mientras tanto, en sus celdas diminutas, Maduro y Cilia degustan apenas una muestra de la realidad que aguarda a muchos más miembros del cartel. Delcy y su hermano, por supuesto, ya deben haber negociado cómo evitar ese destino, aunque una cosa es buscar negociar un acuerdo y otra es librarse del destino que casi seguramente les alcanzará pronto. 


Hoy el narco-chavismo se pinta manso. Habla de “unión y entendimiento”, conceptos que negó durante casi tres décadas a los venezolanos. El miedo se respira. Es palpable. El tono ha bajado y ya ni se habla de la extracción de Maduro. En apenas 18 días, ya casi que se ponen la franela de “acá no se habla mal de Trump”.


El Rodriguismo, apenas 18 días después de la captura de Maduro, quiere fingir soberanía. Necesita convencer a su base de que sigue siendo “rebelde” y “antiimperialista”. Pretende proyectar control, cuando en realidad no solo obedece a Washington, sino que está aterrorizado. Basta escuchar el cambio de tono de Diosdado Cabello para notar el giro. Hay más celdas esperando, y ellos lo saben. Es solo cuestión de tiempo.


En pocos días, seguramente veremos a Delcy viajar muy mansamente a Washington a recibir instrucciones en persona. Seguramente irá con la incertidumbre de si podrá salir de nuevo o si la espera con un par de  esposas para pasarla directamente a su nueva residencia. Delcy también tiene su expediente en la DEA, y será difícil eliminar eso. 


Ella misma ha preparado el terreno ante la inminente orden de asistir a la Casa Blanca diciendo que, cuando lo haga, “caminará y no se arrastrará”. La verdad es que lleva meses arrastrándose, desde que vendió a Maduro, y desde hace 18 días, desde que lo capturaron. Las ojeras de Jorge Rodriguez y la desaparición de su sonrisa característica de un sociópata  denotan el verdadero sentir de la pareja de hermanos que ven venir un tren contra ellos.


Pero no nos engañemos. Aunque la situación venezolana parece mejorar a pequeños pasos, el narco-régimen sigue ahí, agazapado, temblando de miedo y evitando a toda costa levantar la voz a su nuevo amo. Pero ese amo no es dócil ni bueno. No nos quiere. Es un amo peligroso, aunque sin proponérselo su acción nos ha beneficiado.


No estamos solos. No dependenos solo de la gracia de un seudo emperador. Hay una Premio Nobel de la Paz moviendo hilos, sin ruido, para que Venezuela vuelva a ser libre, y lo va a lograr. Hay cosas que bo podemos decir aún y cosas que sucedieron y están por suceder que debemos tratar con mucha discreción. No se dicen las jugadas antes de ganar, pero pueden estar seguros de que estamos ganando.


Han pasado apenas 18 días, y Venezuela ya empieza a ser otra. Esperemos 18 días más y veremos muchos más cambios. Muy pronto, no será Delcy de quien hablen las noticias, sino del nuevo gobierno democrático de Venezuela. 


José Calabres


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