miércoles, 1 de abril de 2026

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-


Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción institucional, hoy la retira de la lista de sanciones y la reconoce como interlocutora válida. Casi de un día para otro, el lenguaje cambió.


Mientras tanto, desde el mismo poder, se repite otra frase: Venezuela necesita elecciones libres. Estamos trabajando en eso. Paciencia.


Ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo. ¿Es una estrategia? ¿Qué está pasando?.


La tentación inmediata es leer esto como incoherencia, e incluso, como traición. Pero eso parte de un supuesto equivocado: que la política internacional se rige por principios morales, y eso, mis amados, definitivamente no es así. Los intereses políticos no operan desde la ética, sino desde el equilibrio y la conveniencia. No negocian con los “buenos”, negocian con los que tienen poder suficiente para sostener o no un sistema.


Delcy Rodríguez no ha dejado de ser lo que es. Lo que cambió fue su utilidad, y en ese sentido, la decisión de “desancionarla” no la absuelve en lo absoluto: La convierte en instrumento de los intereses de Trump (una vez más), como cuando se reconoció ue era “legalmente la presidenta de Venezuela” ante los tribunales de Nueva York, lo cual hace que ahora deba responder, legalmente, ante todas las demandas que empresas norteamericanas tienen en tribunales contra PDVSA y el régimen. El reconocimiento no fue para premiarla, sino para desplumarla más.


Aunque no soy un defensor de las estrategias de Trump, los hechos hablan por si solos. Lo que se está ensayando en Venezuela tiene precedentes históricos y no es nuevo. Es una fórmula conocida: transformar un sistema sin destruirlo por completo.


España lo hizo tras Franco. No hubo una purga inmediata del régimen sino una negociación, continuidad parcial, y luego,  desde dentro, el mismo aparato comenzó a desmontarse. Se que es un ejemplo muy lejano, pero es un precedente.


Más cerca, Chile siguió un camino parecido. Pinochet no cayó por una implosión, sino por una transición administrada que permitió elecciones, aunque bajo condiciones todavía influenciadas por el poder saliente. 


En todos estos casos hubo algo en común: la democracia no nació pura, y tuvo que reconstruirse en capas.


Siendo un poco pragmáticos, debemos entender, aunque nos cause asco, que negociar con actores cuestionables no es, en sí mismo, el problema, porque muchas veces es inevitable. La pregunta real es

¿la negociación busca desmontar el sistema o hacerlo funcional? Y ahí es donde Venezuela entra en terreno incierto.


Delcy Rodríguez no es una figura externa al poder. No es una disidente reciclada. Es parte orgánica del mismo entramado corrupto y narco asesino que todos conocemos. Si se le otorga legitimidad sin exigir transformación estructural, lo que se construye no es una transición. En eso estamos claros. Entonces, ¿que viene?. Me he tomado la libertad creativa de imaginar, dentro de mis posibilidades, algunos escenarios que humildemente describiré a continuación para ustedes.


Escenario uno: la transición administrada


Este es el escenario, a mi parecer, más probable, no porque sea el más justo, sino porque es el más posible tomando en cuenta los intereses de Trump y de Delcy.


Este escenario Implica una apertura gradual que incluye alivio de sanciones, reactivación económica parcial y reinserción en algunos mercados internacionales. Eso, ya está de por sí sucediendo. Y luego, elecciones. Si. Pero no elecciones limpias desde el inicio. Elecciones negociadas.


Eso significa algo muy concreto: procesos donde hay voto, pero no igualdad plena. Puede haber candidatos habilitados… pero no todos. Observación internacional… pero limitada. Competencia… pero bajo reglas aún inclinadas. 


No es una simulación como suele ser en el chavismo, pero tampoco es una democracia completa. Es un punto intermedio. Un ensayo controlado del cambio. ¿Por qué? Porque a Trump le gusta tener a Delcy ahí cumpliendo sus órdenes y Delcy quiere seguir ahí para siempre, entonces ponen a un monigote que cumple las funciones que ambos necesitan: un títere de Trump y una ficha del chavismo. Peligroso, pero muy posible. Léase Enrique Marquez o cualquier otro alacrán. 


Escenario dos: el reciclaje del poder


Aquí la transición se convierte en narrativa. El sistema no cae. Se adapta y cambia el tono, se suaviza el discurso, se abren espacios económicos, se mejora la imagen internacional… pero el control real permanece intacto.


Es el riesgo más silencioso porque no genera crisis inmediata, sino que genera normalización. Ya Delcy lo está intentando. Poco a poco dejan de decirle “encargada”, aparecen vallas y propaganda en todas partes, inunda las redes, y hasta se viste de azul y aparece con rosarios en el cuello… el deslinde con el PSUV, el color rojo y todo lo que la unía con los simbolos chavistas es evidente. Busca NORMALIZAR que ella es el poder, sin haber logrado ni un voto nunca… ni de los inventados! Pero así es como funciona la normalización. Así es como poco a poco se hace “normal” verla en el poder y dejar de cuestionar su legitimidad. ¿Quien eligió a Delcy? ¿Cuando habrán elecciones por la falta absoluta de un presidente legitimo? ¿Por qué nonestá el pueblo en las calles derrocando al narco chavismo caído ya?


Escenario tres: la ruptura real


Es el menos probable, al menos a corto plazo. No porque sea imposible, sino porque exige costos que aún nadie parece dispuesto a asumir.


Requiere desmontar estructuras de control, permitir competencia política real, aceptar la posibilidad de perder el poder… desde el narco chavismo eso no va a pasar, y desde la Casa Blanca, no les conviene mucho, si hablamos de agarrar petroleo y recursos gratis.


Nada de esto aparece claramente en el tablero actual. Pero la historia también enseña algo, y es que las transiciones controladas, a veces, se desbordan. Creo que esto es lo que le sucede a Trump en estos momentos. Se le ha comenzado a desbordar el vaso.


La palabra clave: paciencia. Cuando Rubio habla de paciencia, no está describiendo un proceso democrático, sino un proceso político. La diferencia es sutil, pero esencial. No es de mi agrado, pero la realidad es la que es.


La democracia busca igualdad de condiciones, pero la política busca estabilidad de resultados, y en ese espacio entre ambas cosas es donde se está moviendo Venezuela hoy.


Si lo que se está construyendo es una transición con garantías reales, entonces este momento, por incómodo que sea,  puede ser el inicio de algo distinto, y ahí es donde todos ponemos las esperanzas.


Pero si lo que se está haciendo es reconfigurar el poder para hacerlo aceptable, entonces el cambio será solo estético, y ese es, por otro lado, el temor de todos los venezolanos. 


Al final, la pregunta no es quién negocia. La pregunta es: ¿qué están dispuestos a ceder los que están el poder (en ambos bandos) y qué no?. Ahí es donde se está decidiendo todo, aunque si me preguntan, siento que Maria Corina está empujando una realidad con la que no contaban en Washington, y es que ella es la viz de los venezolanos que exigen libertad y democracia. El poder de esa voz empieza a romper ataduras y a demostrar que los millones de venezolanos tienen mas voz que los poquitos poderosos que se reunen en salones de lujo en palacios de gobierno. El poder verdadero reside en el pueblo. Cuando entendamos eso en verdad y nos levantemos contra los poquitos y nos decidamos a poner orden, llegará la libertad… ¿quiza cuando Maria Corina regrese? Quien sabe. ¿Y si por X o por Y no regresa? ¿Que vamos a hacer?


Jose Calabres


#Delcy #Venezuela #Narcoregimen #Elecciones #MariaCorinaMachado

-¿HABRÁ ELECCIONES EN VENEZUELA?- 😳


Marco Rubio ha declarado recientemente que “Venezuela necesita un gobierno democrático y estamos encaminados para lograrlo”. Dicha afirmación parece, a primera vista, algo obvio. Casi una declaración que recalca una verdad tácita. Pero en el caso venezolano, esa frase no es una meta, sino un campo de batalla.


Porque en Venezuela, la democracia no es solo un sistema político pendiente; es una palabra desgastada por el uso, secuestrada por discursos patrioteros de tercer, manipulada por intereses corruptos disfrazados de pueblo, invocada tanto para justificar acciones como para ocultarlas… y ahí comienza el problema.


Rubio insiste en que el país necesita un gobierno “estable” y “legítimo” que permita inversión, desarrollo y confianza. Pero esa idea, aunque correcta en lo económico, corre el riesgo de simplificar algo mucho más profundo: la democracia no puede reducirse a estabilidad ni a productividad. No es un mecanismo para tranquilizar mercados. Es, o debería ser, un proceso incómodo, imperfecto, incluso caótico, donde el poder deja de pertenecer a unos pocos y se ejerce, de verdad, desde la gente. Eso no sucede en Venezuela desde hace casi 30 años. En nuestro país la democracia fue secuestrada por un grupito que hace lo que le da la gana bajo lemas patrioteros. 


Venezuela es un país donde se habla de votaciones, de leyes, de decretos, pero que en la práctica nadie puede auditar nada. Eso no es democracia, sino una trampa con coartada. Ir a una elección bajo amenaza, con ventajismo, con control total del régimen, sin observadores neutrales y sin resultados transparentes es un absurdo. El más claro ejemplo está en las elecciones presidenciales de 2024, de las que el régimen, hasta hoy, no ha mostrado ni una sola acta de resultados. NI UNA, y aun así, continúan usurpando el poder. Hoy incluso se habla de una nueva “constituyente obrera”, algo que no existe en ninguna parte, y la Mona con Tacones se muestras como “sucesora” como si en Venezuela hubiese “mandatos por herencia”, como una suerte de realeza oscura narco asesina.


Voy a permitirme dar una opinión personal , saliéndome un poco del análisis situacional para hablar más como un venezolano preocupado cualquiera sobre lo que muchos sienten (creo) que debe hacerse con urgencia, y no es más que convocar a elecciones legítimas.


Sé que hay quienes piensan que no se puede avanzar sin antes reemplazar el CNE, los poderes públicos, sacar a Diosdado, etc. y en parte es coincido con todo eso... Es necesario reinstitucionalizar el país. Es evidente. Pero en este momento de tutelaje donde Trump sólo se refiere a Venezuela como a un tesoro lleno de riquezas a explotar y que el maneja por completo, se hacen visibles varias incomodidades. Primero: ¿hasta cuándo seguirá el mismo grupo en el poder, amenazando, reprimiendo y saqueando? No parece haber hasta ahora un plan público claro para desmontar esa estructura ni acciones concretas que limiten su capacidad de control. Los venezolanos no solo seguimos igual, sino que la situación ha incluso empeorado, porque ahora la represión, inflación y crisis se ha profundizado mientras Trump se deshace en elogios hacia la maravillosa Delcy. Necesitamos arreglar esto DESDE el pueblo venezolano, sin esperar a que sea Rubio o Trump quien decida cuando es el momento. Los que sabemos la verdad de este sufrimiento somos los venezolanos. ¿Que hacemos entonces?


Ante esta realidad alterada, me da la impresión de que ha ocurrido algo. Llevo días sin escribir nada. No había mucho que decir que no sepamos todos ya y practepetir noticias o análisis a diario no tengo tiempo. Pero ahora, ha sucedido algo.


Creo que Trump asumió que tomar control político de Venezuela implicaría acceso automático a su petróleo y a sus recursos. Pero acceder a esas riquezas implica explotarlas, y eso requiere inversiones millonarias que las empresas no están dispuestas a hacer bajo las condiciones de incertidumbre institucional. Trump apuró a sus nuevas mascotas a redactar y modificar leyes en tiempo record para dar “sustento legal” a sus demandas de explotación de recursos, pero los inversionistas no son tontos. No hay ley que el narco chavismo respete. Apostar a que la política sustituye las garantías jurídicas ha sido, en el mejor de los casos, una lectura incompleta de la realidad.


El problema es estructural. Las empresas piensan a largo plazo. Ninguna gran inversión petrolera o minera se hará en un país sin seguridad jurídica (mucho menos si esa seguridad depende del narco chavismo), con riesgo de expropiación y con un horizonte político inestable. Por eso, lo que realmente se necesita no es control, sino lo que siempre se repite en términos técnicos: “marcos legales estables”. Es decir, un gobierno legítimo y democrático, y aunque Trump quiera jugar a ser rey, eso no es compatible con el modelo actual.


En este contexto, el Senado de Estados Unidos ha aprobado una resolución que exige claridad sobre el plan hacia Venezuela y obliga a la administración actual a poner sobre la mesa esfuerzos concretos para apoyar una transición democrática. No se trata solo de declaraciones, sino de acciones verificables.


Y aquí aparece una tensión inevitable: sin inversión no hay recursos que explotar, y sin legitimidad no hay inversión. Por lo tanto, el camino inevitable vuelve al mismo punto: elecciones reales.


En ese escenario, es evidente que existe una figura con respaldo popular significativo y reconocimiento internacional: Maria Corina Machado. Ignorar ese hecho, como a veces pareciera que Trump intenta, no lo elimina y solo retrasa lo inevitable. Cualquier intento de construir una alternativa al margen de esa legitimidad corre el riesgo de repetir los errores del pasado, o peor, fracasar inevitablemente.


Entonces, la pregunta no es si Venezuela necesita democracia. Eso ya está claro. La pregunta es: ¿quién la construye?


Si el proceso democrático nace condicionado por intereses externos, por acuerdos opacos o por estructuras heredadas del mismo sistema que se intenta superar, entonces no es una transición, sino una mutación, y Venezuela ya ha vivido demasiadas mutaciones que se disfrazan de cambio como para que vengan a meternos el cuento chino de que Delcy es maravillosa y todo esta perfecto.


La democracia, si llega, no vendrá como concesión ni como plan estratégico. Vendrá como un proceso lento, incómodo, profundamente humano, en el que el país tenga que mirarse a sí mismo sin intermediarios, sin tutores, sin narrativas impuestas y con una gran conciencia de la realidad que debemos cambiar como venezolanos. NADIE puede decirnos a los venezolanos como es la realidad de nuestro propio país y que es lo que debemos cambiar. Eso ya lo sabemos.


Al final, el verdadero desafío no es reemplazar un poder por otro, sino desmontar la idea de que el poder siempre tiene que estar en manos de alguien más y que no es nuestra responsabilidad hacer que ese poder se ejerza de manera legítima, responsable y auditable. 


Jose Calabres


#Elecciones #Venezuela

EL JUICIO A MADURO EMPEZARÁ Y NUNCA SALDRÁ LIBRE- 😎


Hay algo profundamente incómodo, casi obsceno, en el espectáculo que está por comenzar. El mundo observará cómo Nicolás Maduro, el hombre que convirtió la justicia en un instrumento de castigo, se sienta ahora frente a un sistema judicial que, al menos en teoría, sí le ofrece garantías. La ironía no es sutil.

Maduro está detenido en Estados Unidos, acusado de narcoterrorismo, enfrentando un proceso judicial que podría prolongarse durante meses o años, con una muy posible condena de cadena perpetua o un equivalente a pasar el resto de sus días en una celda. Como sea, es seguro que Maduro no saldrá libre nunca. Pero lo verdaderamente importante no es el juicio, sino lo que ese juicio desnuda, porque este proceso no es solo contra un narcoterrorista, sino contra una estructura criminal de espectro mundial.

Durante años, en Venezuela, el juicio como acto era una ficción. Un trámite sin sentido, una mera escenografía para darle apariencia de legalidad a decisiones ya tomadas desde las esferas del narco cártel. Los juicios en Venezuela no eran tales, sino una suerte de inquisición malvada (valga la redundancia) dedicada a torturar a sus víctimas sin que estas tengan la más mínima posibilidad de defensa. 

Miles de presos políticos nunca tuvieron siquiera un simulacro de justicia cercana al menos a la que hoy recibe Maduro, que condenaba a los presos a desaparecer, a no tener derecho a un abogado, a que se desconocieran sus paraderos por meses y hasta años, a que las pruebas fueran desestimadas en favor de cualquier cosa que inventára al momento el juez chavista a cargo.

Y ahí está el primer quiebre narrativo: el que pisó a millones y negó la defensa a miles, hoy es el acusado, y para hacer irónica la historia, ahora él y los suyos gritan desesperados asegurando que se viola su derecho a la defensa, el mismo derecho que le negó el chavismo a 30 millones de venezolanos por casi 3 décadas.  

Este juicio es un acto de justicia universal, pero es  también un acto de poder, porque su propia existencia está envuelta en una controversia que el narco chavismo ha sabido aprovechar. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, sin consenso internacional, ha sido señalada como una violación del derecho internacional por algunos juristas. 

Pero también es cierto que Maduro NO ES un gobernante legítimo puesto que está ampliamente demostrado que se robó las elecciones de 2024. Técnicamente hablando, Maduro es a lo menos, un USURPADOR del poder legítimo, por lo que una  defensa basada en su condición de presidente en ejercicio no tiene futuro (aunque los chavistas digan que si). Ahora que EEUU ha “reconocido” a Delcy, la defensa de Maduro queda peor parada, así que simplemente descartemos esa estrategia de defensa, puesto que aunque la van a utilizar, es seguro que el tribunal no aceptará tal excusa para desechar el juicio. Además, ya existen antecedentes, con Noriega, lo cual no es esperanzador para Maduro-Flores. Al contrario. 

Formalmente, el proceso en Nueva York gira en torno a narcotráfico y armas. Pero esa es apenas la superficie, porque el expediente histórico es otro y abarca muchas otras cosas, como ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y persecución sistemática.

Todo esto esta fuertemente documentado por organismos internacionales y catalogados como “crímenes de lesa humanidad”. Sin embargo, esos crímenes que definen la naturaleza del régimen no son el eje del juicio actual en NYC, que como dije ya, se basa en narcotrafico y terrorismo armado.

Y aquí aparece la segunda alarma, porque el mundo puede terminar condenando a Maduro a la cárcel para siempre, pero sin juzgar realmente el horror que sostuvo su poder. Es como terminar el nazismo con el suicidio de Hitler y no juzgar el Holocausto y a sus colaboradores.

Mientras tanto, en Venezuela ocurre algo inquietante: el vacío no ha sido llenado por una alternativa democrática, sino por una reconfiguración del mismo sistema y con los mismos protagonistas.

Tras la captura de Maduro, el poder fue asumido de forma interina por Delcy Rodríguez, en un movimiento que no representa ruptura, sino continuidad maquillada que cada día parece desmaquillarse un poco más. ¿Hasta cuando estará ahí?.

El interinato, en este contexto, no es una puerta hacia el futuro, sino una sala de espera en la que los venezolanos esperamos una justicia que aún no termina de llegar. Es una espera particularmente peligrosa, porque propone la ilusión de un cambio mientras preserva la misma estructura que hizo posible todo el horror.

Lo que viene no depende únicamente del tribunal, sino del uso político del resultado del juicio. Una condena ejemplar, aunque esperada, será un éxito solo si las condiciones en Venezuela cambian, porque de no ser así, Maduro estará condenado ejemplarmente y el mundo celebrará, pero Venezuela seguirá igual o incluso peor. El sistema sobreviviría  porque nunca fue realmente desmontado. Este es posiblemente el riesgo mayor al que todos tememos.

No podemos dejar de considerar que si el proceso se alarga, se politizará, y el chavismo lo usará como gasolina discursiva. Ya hoy mismo lo están haciendo, tratando de dibujar a Maduro como un  “mártir” y fantaseando con que será liberado. 

El juicio a Maduro no marca necesariamente el inicio de una nueva Venezuela, y en cambio marca algo peor: el momento en que el sistema dejó de necesitarlo a él y a cualquiera. Sin importar quien esté a la cabeza, la estructura sigue funcionando.

Si algo ha quedado claro, y aquí está el verdadero núcleo de todo, es que el poder en Venezuela nunca estuvo realmente en un hombre. Siempre ha estado en una red, una lógica. Se convirtieron en un mecanismo capaz de reemplazar piezas sin alterar su funcionamiento. Chávez murió y el sistema siguió funcionando. Murió Fidel, y siguió funcionando. Ahora Maduro está preso, y el sistema sigue funcionando y adaptandose. 

Todos queremos creer que este juicio es justicia, pero también puede ser otra cosa: una escena para cerrar un capítulo sin escribir realmente el siguiente. 

La pregunta no es si Maduro será condenado, porque es seguro que lo será. La pregunta es si, después de él, alguien será realmente juzgado o si, como tantas veces en la historia, el sistema sobrevivirá cambiando de rostro, pero no de esencia.

Si debemos rescatar algo de estas reflexiones es que los venezolanos enfrentamos un sistema que se adapta para sobrevivir, y para vencerlo, somos nosotros, el pueblo, los que debemos aprender a adaptarnos también para debilitarlo hasta vencerlo. El chavismo sobrevive porque miente y se adapta. No podemos dejarlos mentir sin consecuencias, y no debmos aceptar atropellos. Hay que levantar la voz, protestar y derrocarlos, uno a uno. Se requiere a TODOS empujando al mismo tiempo. Si algo deberíamos tener claro hoy es que no viene ningún superhéroe a salvarnos y que nuestra libertad la debemos ganar nosotros mismos en las calles. Si bien ya tenemos una líder que nos representa, ella sola no podrá. MCM volverá pero su fuerza somos nosotros. Hasta que no presionemos TODOS ellos seguirán en el poder. 


Jose Calabres


#Venezuela #MariaCorinaMachado

martes, 24 de marzo de 2026

-NARCO CHAVISMO, LA TIRANÍA ASESINA QUE SE ACOMODÓ A EEUU-

 


Hay una trampa muy clara en los procesos políticos largos, y es hacerle creer a la gente que algo cambió cuando en realidad todo sigue igual o incluso, peor. Eso es lo que ha pasado en Venezuela y sigue sucediendo.


El llamado “interinato”, que se vendió como la salida al narcochavismo, terminó funcionando como un mecanismo que le dio oxígeno al mismo sistema que nos dijo EEUU que supuestamente iba a desmontar. Esta no es una opinión emocional, sino un hecho observable: el poder asesino narco chavista no cayó, se adaptó.


El venezolano lo siente, incluso sin necesidad de meterse en análisis políticos profundos. Lo ve cuando cambian los nombres de dirigentes en cargos de poder pero todo sigue igual. Cuando no hay justicia, cuando no hay consecuencias, cuando la promesa de ruptura se convierte en una espera eterna en la que solo piden “paciencia”, como si 27 años no fuesen suficientes. 


Hemos pensado por mucho tiempo que el problema era una figura, pero el problema siempre fue el sistema. Así es como funciona un cártel: sacas a un capo y aparece otro. Hoy es Delcy, mañana será otro, pero la lógica es la misma. El cártel no deja de existir o funcionar porque elimines a un capo. Los cárteles son estructuras, no una figura.


Pero lo que hoy venos con angustia no es que el cártel sobreviva intacto, sino que ha logrado algo inaudito: legitimarse ante el mundo. 

Lo que debería verse como la caída de la estructura y que se nos vende como transición en realidad no es más que “CONTINUIDAD” a cambio de recursos. Y ahí está la gran frustración del venezolano: no solo enfrenta a un poder asesino y criminal que no cede, sino a una narrativa internacional que lo valida y que insiste en que ahora hay “transición democrática”, cuando la realidad del venezolano es silenciada por medios internacionales que reflejan lo que dice Trump y sus acólitos: Delcy es maravillosa.


Eso no es ingenuidad, es conveniencia y manipulación pura.


El resultado es una sociedad cansada, desconfiada, golpeada. No solo por la crisis económica, sino por algo más profundo: la pérdida de confianza en una salida verdadera porque el “aliado” no es tal y el opresor dedica muchas fuerzas a dividir y a debilitar cualquier intento de alcanzar la libertad por cualquier medio. No es fortuito que los medios y las redes estén atestados de ataques contra Maria Corina Machado pero normalicen el “interinato” como si fuera un gobierno legítimo, obviando que no ha sido electo, que está en contra de la constitución y que su permanencia va en contra de cualquier principio legal venezolano. Cuando la gente empieza a sentir que todas las soluciones son parte del mismo problema, se paraliza. Y eso es exactamente lo que permite que sistemas asesinos se mantengan, como en Cuba, Nicaragua y Venezuela. 


Pero quedarse en la denuncia no basta. Aquí hay una verdad incómoda: si el problema no es solo quién gobierna, la solución tampoco es solo cambiar nombres. Si bien es cierto que MCM encarna la esperanza de un cambio, también es cierto que debemos mirar hacia adentro. Es necesario entender que el narco chavismo  también se sostiene en el miedo, la dependencia, la desorganización y la costumbre de esperar a que otros resuelvan.


Esto no es culpar al pueblo. Es entender dónde está realmente la batalla para poder enfrentar al enemigo y tener una posibilidad real de vencer. Y es que si el poder ha sabido adaptarse para mantenerse, la sociedad también puede adaptarse para resistir y cambiar las reglas del juego. ¿Estanos preparados y dispuestos a eso? Yo creo que si. 


El punto de partida no es un gran evento épico por suceder ni la llegada inminente de un salvador. Es dejar de aceptar la mentira como algo normal, informarse, hablar claro, organizarse, recuperar la confianza entre ciudadanos y asumir que la libertad no se decreta, se construye. Debe haber protesta, constante, dura y sin cansancio.


Lo que siente hoy el venezolano no es solo frustración. Es una claridad nueva, dura, pero necesaria: nadie vino a salvarnos, sino por recursos, y mientras los tengan, nuestro bienestar no les preocupa en lo más mínimo. Desde esa claridad puede empezar algo distinto; un cambio que no dependa de ilusiones, sino de decisiones. Cuando una sociedad deja de creer las mentiras del sistema por comodidad, ese sistema empieza, inevitablemente, a debilitarse. El sistema se mantiene porque nosotros lo dejamos ser. Debemos cambiar eso.


Jose Calabres

-TRANSICIÓN ESTANCADA-


Venezuela vive hoy entre el "Rodrigato" y el Espejismo de la Tutela Estadounidense. Han pasado poco más de dos meses de los eventos sísmicos de enero que culminaron con la captura y salida de Nicolás Maduro, y Venezuela se encuentra en un limbo político que desafía tanto la lógica institucional como las esperanzas de cambio real. Lo que en un principio fue vendido como el inicio de una "transición democrática" ha mutado, a ojos de muchos, en una transacción pragmática de alto nivel. 


En el centro de este laberinto se encuentra Delcy Rodríguez, una figura que ha pasado de ser el rostro de la resistencia chavista a la ejecutora clave de una "hoja de ruta" diseñada en Washington.


La reciente noticia de que el Jefe del Comando Sur ha confirmado que Rodríguez está ejecutando “fielmente el plan de vuelo de Estados Unidos” ha caído como un balde de agua fría en una ciudadanía que esperaba soberanía, no un cambio de tutor. La percepción de un "interinato" de Delcy Rodríguez, avalado por el Tribunal Supremo y sostenido por un estamento militar que parece haber canjeado su lealtad a Maduro por su supervivencia bajo el nuevo esquema, plantea una pregunta dolorosa: ¿Se está democratizando Venezuela o simplemente se está reorganizando el poder para satisfacer intereses energéticos externos?


El malestar en las calles no es gratuito. Para el venezolano de a pie, la imagen de Delcy Rodríguez liderando una “transición” es una paradoja viviente. Como pieza medular de la estructura represiva de la última década, su permanencia en el poder, que ahora goza del beneplácito de la administración Trump, se siente más como un "cambio de guardia" que como una ruptura con el pasado. La "hoja de ruta" parece priorizar la reapertura de embajadas, la estabilización del flujo petrolero y la “liberación selectiva” de presos políticos, pero deja en un tercer o cuarto plano la reconstrucción de la institucionalidad democrática y el sufragio libre, del cual se habla pero de manera casi ambigua.


El sentimiento de que Venezuela ha pasado de estar bajo la influencia de la Habana, Moscú y Pekín a ser un "protectorado" de Washington es cada vez más fuerte. El discurso oficial de Rodríguez ha virado hacia una retórica de "colaboración y desarrollo compartido", pero el trasfondo es evidente: el acceso total a los recursos naturales del país a cambio de una permanencia en el coroto.


Este escenario plantea riesgos críticos. Al permitir que figuras del "Rodrigato" manejen la transición, se corre el riesgo de reciclar el autoritarismo bajo una fachada de cooperación internacional, mientras que líderes que lucharon durante años, como María Corina Machado, ven ahora cómo el tablero se mueve entre los militares, Delcy y la Casa Blanca, dejándolos en una posición periférica de "acompañamiento" más que de liderazgo. No falta quien ve cualquier intento de evitar eso como “una falta de paciencia que puede sabotear la transición”. Sabotear una transición que no está pasando, en primer lugar.


Mientras se discuten inversiones petroleras con Chevron o Repsol, el ciudadano común sigue esperando el imperio de la ley, justicia para las víctimas de derechos humanos y un camino claro hacia elecciones donde el chavismo no sea juez y parte cono lo ha sido durante casi tres décadas. Causa confusión escuchar a los dirigentes de EEUU hablar de recursos, de explotación y negocios con Delcy la maravillosa mientras sigue pesando una recompensa de la DEA sobre Cabello y sanciones sobre prácticamente todo el gabinete. EEUU al parecer no tiene problemas de sentarse en la misma mesa a negociar con los que hace tres meses eran supuestamente el cartel de narcos mas grande del mundo. Curioso. Mientras tanto, Cabello y los demás amenazan, amedrentan, y siguen acechando al pueblo, cono si nada hubiese pasado. Ahora quienes silencian las atrocidades son los mismos que usaron las mismas como excusa para bombardear Caracas y ahora se abrazan con los violadores de derechos humanos. 


La historia nos enseña que las transiciones impuestas desde afuera y ejecutadas por los mismos actores del régimen saliente suelen desembocar en democracias de fachada o en nuevas formas de autocracia. El malestar venezolano no es contra la presencia de EEUU, sino contra la sensación de que su destino está siendo negociado en oficinas de Washington y Caracas sin su participación.


Si la "hoja de ruta" de la que habla el Comando Sur no incluye una reinstitucionalización, un cronograma electoral inminente, una depuración real de los poderes del Estado y una verdadera justicia transicional, Venezuela no estará en una transición hacia la democracia, sino en la pausa de un narco régimen asesino que aprendió a mutar para sobrevivir.


La libertad de un pueblo no puede ser el anexo en un contrato petrolero. Mientras el país observa con desconfianza las movidas de Delcy Rodríguez, queda claro que la verdadera transición no vendrá de una orden de Washington, sino de la capacidad de los venezolanos de reclamar un proceso que les pertenezca, libre de tutelajes y de sombras del pasado. Al parecer, los venezolanos estamos condenados a tener que levantarnos a la fuerza para alcanzar la libertad una vez más. La discusión apenas comienza en una Venezuela que aún busca su propia voz.


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José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #Transicion #Corrupcion

sábado, 21 de marzo de 2026

EL TAMAÑO DEL MUNDO

A veces la vida se nos va en el puro oficio de habitar el futuro. Nos perdemos en la inmensidad de los mapas que aún no trazamos y en la urgencia de metas que, a la distancia, parecen cumbres inalcanzables. 

Caminamos de prisa, como si el tiempo fuera un hilo infinito, olvidando que el paisaje solo existe mientras los ojos se detienen a mirarlo. Olvidamos que, por perseguir el horizonte, a menudo pisoteamos las flores del camino.

Permítanme robarles un instante de su tiempo para contarles de una cicatriz.

Hace años, en el silencio verde de Trujillo, Venezuela, aprendí cuánto mide realmente el mundo. Estaba en el fondo de un zanjón, a casi un kilómetro del asfalto, intentando sanar un sistema de riego herido. Soy, al final de todo, no más que un campesino que aprendió el arte de hilvanar palabras para quien quiera escuchar una historia.

Aquel día, el metal me traicionó. En una caída fortuita, mi machete (ese compañero fiel de rastrojos) se volvió contra mí. El filo me abrió la mano izquierda con una ferocidad tal que dejó cuatro de mis dedos asidos a la vida apenas por un jirón de piel. La sangre no goteaba, sino que brotaba con el ritmo de un reloj de arena que se vacía demasiado rápido. Seccioné venas, tendones, nervios y una arteria, y en ese flujo constante, sentí cómo mi propia existencia se me escapaba entre los dedos.

En segundos, el mareo me reclamó. Hay una aritmética cruel en la tragedia: sabía que un litro y medio de sangre es el límite del silencio eterno, pero que con apenas medio litro el mundo se apaga y llega el desmayo. Con la mente en vilo, me preparé para la batalla.

Estaba solo. Cuatro kilómetros me separaban de mi padre y de mi casa; una eternidad de monte y sol me alejaba de cualquier auxilio. No había señales de celular ni habrían sirenas en el horizonte.  Cuando se vive tan lejos del mundo las cosas funcionan distinto.

En ese instante definitivo, cuando el cuerpo comprende que puede ser su última tarde sobre la tierra, el pensamiento se despoja de todo lo superfluo y el tamaño del mundo se hace pequeñito. No vi mi trabajo, ni mis cuentas, ni mis miedos por el patrimonio. Todo aquello se volvió motas de polen dispersas por una tormenta repentina. En cambio, el alma se me llenó de rostros: vi a mi hija, pequeña y frágil; vi a mi esposa; vi el refugio de mi familia, y me dolió la ausencia de un abrazo no dado esa mañana. Me desgarró la idea de dejarlos a la intemperie de la vida sin haberme despedido con un beso. Comprendí, con la claridad que solo da el abismo, que lo verdaderamente sagrado cabe en un gesto simple que a veces postergamos  por la prisa.

Pero ese día no era para rendirse. Con la mano derecha y los dientes, rasgué mi franela en tiras. Me hice cuatro fuertes torniquetes hasta que por fin paró el sangrado, un nudo por cada esperanza, y comencé el ascenso. Caminé un kilómetro cuesta arriba, desafiando a la gravedad y a la muerte, hasta desplomarme sobre el asfalto ardiente de la carretera. Allí me quedé, sin aliento, sintiendo el calor de la tierra bajo mi espalda, esperando un milagro que no parecía llegar. Pero el silencio de la carretera me obligó a levantarme una vez más. Nadie pasaba y no podia esperar mas.

A un kilómetro de camino, el destino puso una bodega y a unos hombres de manos curtidas. Al verme transformado en una estatua de sangre, uno de ellos no hizo preguntas: me hizo espacio en su vehículo y emprendió la carrera. Eran doce kilómetros de incertidumbre, media hora de vida o muerte. En el trayecto, su voz intentaba anclarme a la realidad, pero el sueño de la anemia me venció a mitad de camino.

Desperté en el hospital, en medio de una pesadilla de prejuicios. Mi piel sucia, mi torso desnudo y la sangre me condenaron ante los ojos de quienes debían sanarme; me trataron como a un "malandro" recogido de una riña. El dolor de la limpieza fue una tortura necesaria que me devolvió a los sentidos justo cuando soltaban los torniquetes y mi sangre volvía a reclamar su salida.

Fue entonces cuando un ángel con uniforme de Protección Civil me reconoció entre el caos. Su voz fue mi salvoconducto. En una silla de ruedas, en el pasillo de un hospital que hacía lo que podía, pasé cuatro horas bajo el frío del bisturí. Noventa puntos, nervios anudados y tendones reconstruidos después, pude volver al calor de los míos.

No fue la única vez que la Parca me rondó; nos hemos mirado a los ojos tres veces más, cada vez con mayor cercanía, como si quisiera recordarme que soy un huésped temporal. Pero uno nunca aprende a estar listo para el adiós.

Sé que para algunos esto será una anécdota mínima, pero la grandeza se esconde en lo pequeño, como en el acto de abrazar a un gato. Hoy, mi compañero felino lucha su propia batalla tras una cirugía feroz. Me encuentro devastado, habitando de nuevo ese remordimiento de haberme ido hace unos días sin haberle dado un último apretón, sin saber si ese era nuestro último abrazo.

He pedido ayuda y la respuesta ha sido un bálsamo de humanidad. He visto a mi gente en Venezuela, esa gente que a veces no tiene ni para el pan diario, ofrecer sus pocos céntimos para salvar a mi gato. No he podido aceptar su sacrificio, pero su gesto me ha reconstruido el alma. Muchos otros, amigos y familia, han extendido su mano para ayudarnos en este momento, y reafirman mi convicción de que el mayor tesoro del mundo son nuestros amigos. 

Me he dado cuenta, una vez más, de que el corazón de quienes me rodean es más vasto que cualquier océano y que no hay nada mas fuerte que el amor. Gracias por enseñarme que las cosas importantes no necesitan publicidad porque todos las sentimos con la misma intensidad en el pecho cuando las cosas que en verdad importan nos llaman. Al final, el Principito tenía razón: “lo esencial es invisible a los ojos”. Yo agregaría que lo esencial “se siente con una fuerza que detiene el tiempo”.

Gracias, amigas y amigos, por ser parte de mi mundo, por recordarme que, a pesar de las cicatrices, todavía hay luz en las miradas. 


Jose & Milkshake. ❤️‍🩹

viernes, 20 de marzo de 2026

-PADRINO DERROCADO. CAMBIO DE VERDUGOS-

 


La noticia ha caído como un mazo sobre el ya agrietado tablero político venezolano: Delcy Rodríguez, actuando desde la cúpula de lo que muchos ya denominan el "interinato chavista", ha fulminado a Vladimir Padrino López. Hace apenas unos días atrás las noticias de la llegada de un contingente de militares estadounidenses que tomarían control de las fuerzas armadas sonaba como un rumor. Hoy, la destitución de Padrino parece corroborar que de nuevo, el interinato no tiene más opciones que seguir órdenes. 

Tras más de una década como el guardián pretoriano de la revolución, el hombre que juró lealtad eterna y que se convirtió en el rostro de la politización de las bayonetas, ha sido desechado. Pero no nos engañemos. No estamos ante un proceso de institucionalización ni ante una purga por ética. Estamos ante un reacomodo de mafias en la cúspide del poder.

Padrino López no era solo un ministro sino el puente entre el viejo chavismo militar y la deriva dictatorial de Maduro. Su salida marca el fin de una era de "estabilidad interna dentro de las Fuerzas Armadas a favor del narco chavismo”. Si Delcy Rodríguez ha logrado desplazarlo, es porque la facción encabezada por los hermanos Rodríguez ha terminado de canibalizar lo que quedaba del ala militar tradicional.

La destitución de Padrino es el reconocimiento de que la "lealtad" ya no es suficiente y ahora se exige una complicidad absoluta y desesperada.

Lo más alarmante (y revelador) no es quién se va, sino quién llega. El nombramiento de un sucesor que no solo arrastra sanciones de Estados Unidos, sino que está señalado por crímenes de lesa humanidad ante la justicia internacional, es un mensaje cínico y brutal al mundo.

¿Por qué elegir a un criminal denunciado? La respuesta es perversamente lógica: El miedo a la justicia es el mejor pegamento de una tiranía. Al colocar a un hombre que no tiene salida, que no puede negociar con la Corte Penal Internacional y que no tiene activos que salvar en el extranjero, el interinato de Delcy Rodríguez está blindando el Palacio de Miraflores con un muro de contención humano. No es una designación estratégica, es un suicidio colectivo pactado. Están diciendo: "Si caemos, caemos todos, porque todos estamos igual de manchados".

Este movimiento es incendiario porque dinamita cualquier puente de negociación real. Mientras la comunidad internacional intenta buscar salidas diplomáticas, el chavismo responde atrincherándose detrás de figuras que encarnan la violación sistemática de los derechos humanos. Es una bofetada a las víctimas y una burla a los organismos internacionales.

Delcy Rodríguez no está buscando gobernar un país; está administrando un refugio de forajidos. La sustitución de Padrino López por un perfil aún más oscuro sugiere que el régimen ha abandonado cualquier pretensión de normalización. Ya no les importa parecer demócratas; solo les importa sobrevivir un día más, aunque para ello tengan que convertir a Venezuela en un cuartel sitiado bajo el mando de quienes solo saben usar el terror. Por eso Diosdado ahora parece recobrar fuerza en su discurso y sus amenazas. Por eso no lo sacan.

La revolución siempre termina devorando a sus hijos, y Padrino López, el hombre que creyó ser indispensable, ha descubierto que en el ecosistema del chavismo, la utilidad tiene fecha de vencimiento.

Con un nuevo ministro que debe su cargo a su incapacidad de rendir cuentas ante la justicia, la represión no solo se mantendrá, sino que probablemente se radicalice. El "interinato" de Delcy ha decidido que, antes de entregar el poder, prefieren ver el país arder bajo el mando de quienes ya no tienen nada que perder.

Venezuela no ha asistido hoy a un cambio de gabinete. Ha asistido a la ratificación del horror. El juego de las sombras continúa, pero las luces de la justicia internacional están cada vez más cerca, y no habrá cambios de nombres que puedan ocultar el rastro de sangre que dejan a su paso. Las recompensas sobre sus cabezas siguen… y van a ser cobradas.


José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #PadrinoLopez #Corrupcion

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-

Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción instituc...