jueves, 23 de julio de 2026

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

 


Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internacionales. Ese oro se encontraba repartido en diversos bancos del mundo. Chavez decidió que ese oro debería estar al alcance directo de sus manos ávidas de riqueza mal habida y las “repatrió” que es como le dijeron al robo directo de tales recursos. A los precios actuales, ese patrimonio equivaldría a varios cientos de miles de millones de dólares. 

Hoy, después de más de un cuarto de siglo de revolución, quedan apenas 47 toneladas (de mas de 372!). De ellas, 31 permanecen congeladas en el Banco de Inglaterra y unas 16, según se presume, estarían en las bóvedas del Banco Central de Venezuela. Pero la cosa es que nadie puede afirmarlo con absoluta certeza porque hace años que esas reservas en el BCV no son objeto de una auditoría independiente. 

En cualquier país serio, semejante opacidad provocaría un terremoto político. En Venezuela, donde el poder ha sido secuestrado por un cártel militar narcotraficante y cobarde, apenas genera resignación.

Lo verdaderamente alarmante no es solo cuánto oro se robaron, sino la naturalidad con la que se habla de seguir disponiendo del poco que queda. Resulta difícil ignorar la ironía de la heredera ilegítima de un capo asesino al pedir la liberación de esas 31 toneladas retenidas en Londres bajo argumentos “humanitarios”, cuando durante años los recursos más extraordinarios que ha recibido la nación fueron administrados con una opacidad que todavía hoy impide conocer el destino de MILES DE MILES de millones de dólares que jamás han llegado al pueblo, sunido en escasez desde hace mas de 20 años. 

El problema de Venezuela nunca ha sido la falta de riqueza, sino que la administración de una riqueza prácticamente irrepetible se encargó de desfalcar comoleta y llanamente a uno de los países más ricos del mundo sin consideración alguna, frente a los ohos del mundo que se negó a escuchar las innumerables denuncias y protestas de millones de habitantes que advertían del desastre... Durante los años de mayores ingresos petroleros de nuestra historia, el país no construyó instituciones más fuertes, ni una economía más diversificada, ni un sistema capaz de resistir el paso del tiempo y al contrario, terminó más endeudado, con industrias desmanteladas, empresas públicas convertidas en ruinas, servicios básicos colapsados y millones de ciudadanos obligados a reconstruir sus vidas lejos de su tierra.

Inglaterra a salvado sin querer parte de las riquezas de Venezuela. Falta ahora saber si liberarán ese oro para entregaraelo a la misma mafia que se robó el resto, o a aquellos que hoy se han apoderado de facto de nuestras riquezas bajo la excusa de una autoridad y unas fases fantasmas, que es como llaman a una invasion ahora, y que se auto atribuyeron de la manera mas descarada de la modernidad. ¿Donde terminará nuestro oro en Inglaterra? Ya veremos… no me extrañaría que termine en alguna bóveda a nombre del señor anaranjado.

Pero incluso después de todo esto, Venezuela conserva algo que ningún gobierno ha logrado saquear. Conserva a su gente. Conserva el talento de millones de venezolanos dentro y fuera del país, la capacidad de emprender, de crear y de levantarse una vez más. El oro más valioso nunca estuvo bajo tierra ni dentro de una bóveda. Siempre estuvo en el carácter de quienes se niegan a aceptar que este sea el destino definitivo de la nación, y cuando llegue el momento de reconstruir Venezuela, no serán los lingotes los que la salvarán. Serán los venezolanos… solo espero vivir lo suficiente para verlo.


Jose Calabres


#Venezuela #Oro #ReservasInternacionales #Inglaterra

VENEZUELA: SOBERANÍA PERDIDA. PAIS SAQUEADO

 


Por años el debate sobre Venezuela giró alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo salir del chavismo? Hoy, esa pregunta parece haber sido sustituida por otra mucho más incómoda: ¿Quién gobernará después del chavismo?

Las noticias publicadas en las últimas semanas muestran un escenario que va mucho más allá del apoyo internacional a una transición democrática (que es lo que esperábamos todos los venezolanos) y se muestra cada día más como lo que es: una dictadura extranjera. Aunque se habla de elecciones, en la práctica se habla es solamente de “manejo del pais y sus riquezas” desde Washington. 

Hoy, Venezuela es una hacienda de Washington como JAMÁS lo hubiese imaginado nadie. Desde la oficina oval se ejerce el control de los ingresos petroleros, de la supervisión de los presupuestos nacionales, de la administración de fondos en cuentas extranjeras, de la autorización para utilizar recursos venezolanos, de la reconstrucción del país y, según algunas informaciones, incluso de una administración temporal dirigida desde Washington que pronto enviará, al mejor estilo chavista, a mas de 3000 militares para que tomen el control directo del pais con la excusa de “reconstruirlo”, que es como llama Trump al proceso de expropiación de recursos que lidera contra Venezuela.

Por separado, cada una de estas medidas puede presentarse como una decisión excepcional destinada a evitar la corrupción, proteger los recursos públicos o garantizar la estabilidad. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, dibujan una realidad completamente distinta.

Estados Unidos no solo influye sobre Venezuela, sino que comienza a ocupar espacios que tradicionalmente pertenecen exclusivamente al ejercicio de la soberanía de un Estado.

No se trata simplemente de recomendar o impulsar reformas políticas, sino de imponer decisiones unilaterales. Se trata de participar en la administración del principal recurso económico del país, supervisar el destino de sus ingresos, condicionar el acceso a fondos nacionales y definir las reglas bajo las cuales podrá desarrollarse la futura transición política. En otras palabras, el centro de gravedad del poder comienza a desplazarse fuera de Venezuela.

Quizá el término más preciso para describir esta situación sea soberanía suspendida.

Formalmente, Venezuela continúa siendo un país independiente. Conserva bandera y algunas instituciones que ya no ejercen poder. Las leyes  sin embargo, no se cumplen, y en el colmo del cinismo, se han decretado algunas nuevas en favor de los intereses gringos. Por otra parte, las únicas autoridades que se mantienen tras la captura de Maduro son ilegítimas, pero 100% apoyadas por EEUU, que en un alarde de “caretablismo” además le ha dado la espalda al verdadero liderazgo democrático del país encabezado por Maria Corina Machado.

Hoy, sin duda alguna, las decisiones más importantes dependen cada vez más de la aprobación de una potencia extranjera y un régimen ilegítimo que juega a complacer al invasor con tal de permanecer.

Y ahí aparece la gran contradicción. EEUU busca presentar una fulana transición como un proceso de tres fases para devolver la democracia a los venezolanos, pero es ese mismo gobierno extranjero quien parece decidir bajo qué condiciones podrá desarrollarse esa democracia. En otras palabras: será cuando “ellos digan y les parezca”, no cuando los venezolanos decidan.

¿Quién administra los ingresos del petróleo?

¿Quién autoriza el uso de esos fondos?

¿Quién determina cuándo existen condiciones para celebrar elecciones?

¿Quién decide qué actores son aceptables y cuáles no?

Cuando esas respuestas apuntan hacia un actor externo, resulta inevitable preguntarse si el objetivo continúa siendo restaurar la soberanía venezolana o si, por el contrario, se está construyendo un nuevo sistema de dominación.

No hace falta reemplazar la bandera de un país para limitar su autonomía. Las formas contemporáneas de dominación rara vez necesitan una ocupación militar clásica. Hoy pueden ejercerse mediante el control de los sistemas financieros, las licencias económicas, las sanciones, los recursos estratégicos, la capacidad para autorizar inversiones o la influencia sobre las instituciones políticas. Justamente eso es lo que vemos hoy, y nadie puede negarlo.

La imagen puede resultar incómoda, pero quizá sea la que mejor resume lo que está ocurriendo: Venezuela corre el riesgo de convertirse en una hacienda administrada desde el exterior. Produce petróleo, pero otro decide quién lo vende. Genera ingresos, pero otro determina dónde se depositan. Necesita reconstruirse, pero otro define cómo se utilizarán los recursos para hacerlo. 

Naturalmente, existe un argumento poderoso que suele utilizarse para justificar esta situación: El Estado venezolano fue profundamente corroído por la narco corrupción, el autoritarismo y el saqueo de los recursos públicos por parte de un cartel y sus amigos de otros regímenes igual de corruptos como Cuba, Irán, Rusia y paremos de contar. Permitir que miles de millones de dólares regresen sin controles podría reproducir exactamente los mismos problemas que llevaron al colapso del país. Ese podría sin duda alguna ser un argumento de aquellos que defienden la intervención estadounidense, y ese razonamiento no carece de lógica, pero tampoco responde a la pregunta fundamental: Que un Estado haya administrado mal sus recursos no significa automáticamente que otro Estado adquiera el derecho de administrarlos en su lugar.

La alternativa a un sistema opaco controlado por Caracas no debería ser otro sistema opaco controlado desde Washington, porque cambiar de administrador no equivale a recuperar la soberanía. EEUU sacó a Maduro, y se agradece, pero a cambio, parece haber secuestrado al país para su propio beneficio económico.

Pero lo más preocupante de todo es que esta nueva estructura podría consolidarse sin encontrar demasiada resistencia, lonque lleva  entonces a otra pregunta mucho mas incómoda: si no queremos que EEUU sea el patrón del país solo porque sacó a Maduro, ¿que hacemos los venezolanos que hemos dejado al chavismo seguir en el poder? ¿Estamos esperando que?

Después de años de crisis económica, migración masiva, deterioro institucional y desesperanza, millones de venezolanos estarían dispuestos a aceptar prácticamente cualquier modelo que ofrezca estabilidad, seguridad y crecimiento, y eso es perfectamente comprensible. De eso se ha aprovechado EEUU.

Cuando la prioridad diaria es sobrevivir, conceptos como soberanía, independencia o autodeterminación parecen lujos intelectuales. Sin embargo, la historia demuestra que muchas formas de dominación han comenzado exactamente así. No olvidemos como se instauró el chavismo. No mediante la imposición permanente de la fuerza, sino ofreciendo orden donde antes había caos, estabilidad donde antes había incertidumbre y prosperidad donde antes existía pobreza. Promesas que llenaron de esperanza a todos pero que solo eran palabras vacías. Fue el chavismo quien nos trajo a esto, justamente. Fue el chavismo quien quebró al país, quien destruyó todo y quien incluso nos trajo a los gringos a saquear.

Ese es el verdadero dilema que enfrenta Venezuela. La discusión comienza a ser si, al abandonar una estructura de poder profundamente dictatorial, el país está entrando en otra forma de dominación extranjera más sofisticada, más eficiente y quizá más difícil de reconocer, porque una nación no recupera plenamente su libertad únicamente cuando cambia de gobierno, sino cuando vuelve a decidir, por sí misma, el destino de sus recursos, de sus instituciones y de su futuro. ¿Cuando vamos los venezolanos a finalmente sacar al chavismo y convocar nuestro propio proceso democrático para recuperar nuestra soberania? 

Jose Calabres

#Venezuela

domingo, 5 de julio de 2026

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA ES HOY




215 AÑOS DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA


Hace 215 años se firmó la Declaración de Independencia de Venezuela. No fue un documento lo que nos dio la libertad; fue la sangre de hombres y mujeres que abandonaron sus hogares sabiendo que quizá nunca regresarían. Fue el llanto de madres, esposas e hijos. Fue el sacrificio de un pueblo que entendió que hay cadenas peores que la muerte.


Hoy, 215 años después, nuestra tierra vuelve a teñirse de rojo.


Otra vez contamos muertos. Otra vez buscamos entre los escombros. Otra vez son las manos desnudas del pueblo las que hacen el trabajo que quienes ostentan el poder decidieron negarnos. Manos cubiertas de sangre, de tierra, de lágrimas… manos que no distinguen ideologías cuando debajo de una piedra puede haber una vida esperando ser rescatada.


Mientras tanto, quienes secuestraron el país nos dieron la espalda. No solo abandonaron a un pueblo herido: también intentaron convertir su tragedia en otra oportunidad para el abuso, la extorsión y el control. Como si incluso el dolor pudiera ser saqueado. Hoy se llenan la boca en ruedas de prensa intentando auto atribuirse la solidaridad, el apoyo y el trabajo de quienes a mano desnuda han levantado cada piedra para rescatar a los suyos. 


Pero la Venezuela de bien, en estos momentos de angustia, no ha estado sola.


El mundo entero ha extendido sus manos hacia nosotros. Rescatistas, médicos, voluntarios, vecinos y desconocidos llegaron desde todos los rincones para hacer suyo nuestro sufrimiento. Y, una vez más, fueron los venezolanos dispersos por el planeta quienes demostraron que la distancia jamás rompe el vínculo con la tierra donde nacieron. Allí donde hay un venezolano, siempre aparece otro dispuesto a ayudar.


Hay mucho que llorar. Muchísimo.


Lloramos a quienes perdieron la vida bajo los terremotos. Lloramos a quienes aún siguen desaparecidos. Lloramos también a los miles que han muerto durante casi tres décadas bajo un régimen ilegítimo que convirtió la esperanza en exilio, la justicia en persecución y la libertad en un recuerdo.


Por eso, cuando hablamos de 215 años de independencia, la historia duele. Porque hace mucho tiempo dejamos de ser verdaderamente libres. A esa cifra habría que restarle los años en los que un régimen narcoasesino secuestró la voluntad de una nación y condenó a generaciones enteras a vivir entre el miedo, la pobreza y la separación. Y tan responsables como quienes ejecutan el abuso son quienes, pudiendo impedirlo, han decidido sostenerlo. La indiferencia también escribe páginas de la historia.


Y, sin embargo, todavía hay razones para celebrar: Celebrar que el corazón de Venezuela sigue latiendo. Celebrar que nuestro pueblo continúa abrazando aun cuando le faltan fuerzas para sostenerse de pie. Celebrar que seguimos compartiendo el pan, buscando a los desaparecidos, levantando al caído y tendiendo la mano incluso cuando el régimen ha hecho todo por cortarnoslas.


Porque eso es Venezuela. No un régimen no una bandera usada como propaganda.Venezuela ES su gente. Ese pueblo que, aun con el alma rota, sonríe, abraza, comparte, ama y nunca deja de levantarse.


Hoy, en el aniversario de una independencia que ahora debemos recuperar, no celebramos a quienes ocupan el poder. Celebramos a los venezolanos. A los que siguen dentro. A los que tuvieron que irse. A los que ya no están. A los que todavía creen, y que ahora, como hace más de doscientos años, volvamos a levantarnos como el bravo pueblo que somos para conquistar aquello que nos robaron: La libertad. Es hora de levantarnos de nuevo. Ellos son unos pocos. Nosotros somos millones. 


#Desobediencia #350

miércoles, 1 de abril de 2026

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-


Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción institucional, hoy la retira de la lista de sanciones y la reconoce como interlocutora válida. Casi de un día para otro, el lenguaje cambió.


Mientras tanto, desde el mismo poder, se repite otra frase: Venezuela necesita elecciones libres. Estamos trabajando en eso. Paciencia.


Ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo. ¿Es una estrategia? ¿Qué está pasando?.


La tentación inmediata es leer esto como incoherencia, e incluso, como traición. Pero eso parte de un supuesto equivocado: que la política internacional se rige por principios morales, y eso, mis amados, definitivamente no es así. Los intereses políticos no operan desde la ética, sino desde el equilibrio y la conveniencia. No negocian con los “buenos”, negocian con los que tienen poder suficiente para sostener o no un sistema.


Delcy Rodríguez no ha dejado de ser lo que es. Lo que cambió fue su utilidad, y en ese sentido, la decisión de “desancionarla” no la absuelve en lo absoluto: La convierte en instrumento de los intereses de Trump (una vez más), como cuando se reconoció ue era “legalmente la presidenta de Venezuela” ante los tribunales de Nueva York, lo cual hace que ahora deba responder, legalmente, ante todas las demandas que empresas norteamericanas tienen en tribunales contra PDVSA y el régimen. El reconocimiento no fue para premiarla, sino para desplumarla más.


Aunque no soy un defensor de las estrategias de Trump, los hechos hablan por si solos. Lo que se está ensayando en Venezuela tiene precedentes históricos y no es nuevo. Es una fórmula conocida: transformar un sistema sin destruirlo por completo.


España lo hizo tras Franco. No hubo una purga inmediata del régimen sino una negociación, continuidad parcial, y luego,  desde dentro, el mismo aparato comenzó a desmontarse. Se que es un ejemplo muy lejano, pero es un precedente.


Más cerca, Chile siguió un camino parecido. Pinochet no cayó por una implosión, sino por una transición administrada que permitió elecciones, aunque bajo condiciones todavía influenciadas por el poder saliente. 


En todos estos casos hubo algo en común: la democracia no nació pura, y tuvo que reconstruirse en capas.


Siendo un poco pragmáticos, debemos entender, aunque nos cause asco, que negociar con actores cuestionables no es, en sí mismo, el problema, porque muchas veces es inevitable. La pregunta real es

¿la negociación busca desmontar el sistema o hacerlo funcional? Y ahí es donde Venezuela entra en terreno incierto.


Delcy Rodríguez no es una figura externa al poder. No es una disidente reciclada. Es parte orgánica del mismo entramado corrupto y narco asesino que todos conocemos. Si se le otorga legitimidad sin exigir transformación estructural, lo que se construye no es una transición. En eso estamos claros. Entonces, ¿que viene?. Me he tomado la libertad creativa de imaginar, dentro de mis posibilidades, algunos escenarios que humildemente describiré a continuación para ustedes.


Escenario uno: la transición administrada


Este es el escenario, a mi parecer, más probable, no porque sea el más justo, sino porque es el más posible tomando en cuenta los intereses de Trump y de Delcy.


Este escenario Implica una apertura gradual que incluye alivio de sanciones, reactivación económica parcial y reinserción en algunos mercados internacionales. Eso, ya está de por sí sucediendo. Y luego, elecciones. Si. Pero no elecciones limpias desde el inicio. Elecciones negociadas.


Eso significa algo muy concreto: procesos donde hay voto, pero no igualdad plena. Puede haber candidatos habilitados… pero no todos. Observación internacional… pero limitada. Competencia… pero bajo reglas aún inclinadas. 


No es una simulación como suele ser en el chavismo, pero tampoco es una democracia completa. Es un punto intermedio. Un ensayo controlado del cambio. ¿Por qué? Porque a Trump le gusta tener a Delcy ahí cumpliendo sus órdenes y Delcy quiere seguir ahí para siempre, entonces ponen a un monigote que cumple las funciones que ambos necesitan: un títere de Trump y una ficha del chavismo. Peligroso, pero muy posible. Léase Enrique Marquez o cualquier otro alacrán. 


Escenario dos: el reciclaje del poder


Aquí la transición se convierte en narrativa. El sistema no cae. Se adapta y cambia el tono, se suaviza el discurso, se abren espacios económicos, se mejora la imagen internacional… pero el control real permanece intacto.


Es el riesgo más silencioso porque no genera crisis inmediata, sino que genera normalización. Ya Delcy lo está intentando. Poco a poco dejan de decirle “encargada”, aparecen vallas y propaganda en todas partes, inunda las redes, y hasta se viste de azul y aparece con rosarios en el cuello… el deslinde con el PSUV, el color rojo y todo lo que la unía con los simbolos chavistas es evidente. Busca NORMALIZAR que ella es el poder, sin haber logrado ni un voto nunca… ni de los inventados! Pero así es como funciona la normalización. Así es como poco a poco se hace “normal” verla en el poder y dejar de cuestionar su legitimidad. ¿Quien eligió a Delcy? ¿Cuando habrán elecciones por la falta absoluta de un presidente legitimo? ¿Por qué nonestá el pueblo en las calles derrocando al narco chavismo caído ya?


Escenario tres: la ruptura real


Es el menos probable, al menos a corto plazo. No porque sea imposible, sino porque exige costos que aún nadie parece dispuesto a asumir.


Requiere desmontar estructuras de control, permitir competencia política real, aceptar la posibilidad de perder el poder… desde el narco chavismo eso no va a pasar, y desde la Casa Blanca, no les conviene mucho, si hablamos de agarrar petroleo y recursos gratis.


Nada de esto aparece claramente en el tablero actual. Pero la historia también enseña algo, y es que las transiciones controladas, a veces, se desbordan. Creo que esto es lo que le sucede a Trump en estos momentos. Se le ha comenzado a desbordar el vaso.


La palabra clave: paciencia. Cuando Rubio habla de paciencia, no está describiendo un proceso democrático, sino un proceso político. La diferencia es sutil, pero esencial. No es de mi agrado, pero la realidad es la que es.


La democracia busca igualdad de condiciones, pero la política busca estabilidad de resultados, y en ese espacio entre ambas cosas es donde se está moviendo Venezuela hoy.


Si lo que se está construyendo es una transición con garantías reales, entonces este momento, por incómodo que sea,  puede ser el inicio de algo distinto, y ahí es donde todos ponemos las esperanzas.


Pero si lo que se está haciendo es reconfigurar el poder para hacerlo aceptable, entonces el cambio será solo estético, y ese es, por otro lado, el temor de todos los venezolanos. 


Al final, la pregunta no es quién negocia. La pregunta es: ¿qué están dispuestos a ceder los que están el poder (en ambos bandos) y qué no?. Ahí es donde se está decidiendo todo, aunque si me preguntan, siento que Maria Corina está empujando una realidad con la que no contaban en Washington, y es que ella es la viz de los venezolanos que exigen libertad y democracia. El poder de esa voz empieza a romper ataduras y a demostrar que los millones de venezolanos tienen mas voz que los poquitos poderosos que se reunen en salones de lujo en palacios de gobierno. El poder verdadero reside en el pueblo. Cuando entendamos eso en verdad y nos levantemos contra los poquitos y nos decidamos a poner orden, llegará la libertad… ¿quiza cuando Maria Corina regrese? Quien sabe. ¿Y si por X o por Y no regresa? ¿Que vamos a hacer?


Jose Calabres


#Delcy #Venezuela #Narcoregimen #Elecciones #MariaCorinaMachado

-¿HABRÁ ELECCIONES EN VENEZUELA?- 😳


Marco Rubio ha declarado recientemente que “Venezuela necesita un gobierno democrático y estamos encaminados para lograrlo”. Dicha afirmación parece, a primera vista, algo obvio. Casi una declaración que recalca una verdad tácita. Pero en el caso venezolano, esa frase no es una meta, sino un campo de batalla.


Porque en Venezuela, la democracia no es solo un sistema político pendiente; es una palabra desgastada por el uso, secuestrada por discursos patrioteros de tercer, manipulada por intereses corruptos disfrazados de pueblo, invocada tanto para justificar acciones como para ocultarlas… y ahí comienza el problema.


Rubio insiste en que el país necesita un gobierno “estable” y “legítimo” que permita inversión, desarrollo y confianza. Pero esa idea, aunque correcta en lo económico, corre el riesgo de simplificar algo mucho más profundo: la democracia no puede reducirse a estabilidad ni a productividad. No es un mecanismo para tranquilizar mercados. Es, o debería ser, un proceso incómodo, imperfecto, incluso caótico, donde el poder deja de pertenecer a unos pocos y se ejerce, de verdad, desde la gente. Eso no sucede en Venezuela desde hace casi 30 años. En nuestro país la democracia fue secuestrada por un grupito que hace lo que le da la gana bajo lemas patrioteros. 


Venezuela es un país donde se habla de votaciones, de leyes, de decretos, pero que en la práctica nadie puede auditar nada. Eso no es democracia, sino una trampa con coartada. Ir a una elección bajo amenaza, con ventajismo, con control total del régimen, sin observadores neutrales y sin resultados transparentes es un absurdo. El más claro ejemplo está en las elecciones presidenciales de 2024, de las que el régimen, hasta hoy, no ha mostrado ni una sola acta de resultados. NI UNA, y aun así, continúan usurpando el poder. Hoy incluso se habla de una nueva “constituyente obrera”, algo que no existe en ninguna parte, y la Mona con Tacones se muestras como “sucesora” como si en Venezuela hubiese “mandatos por herencia”, como una suerte de realeza oscura narco asesina.


Voy a permitirme dar una opinión personal , saliéndome un poco del análisis situacional para hablar más como un venezolano preocupado cualquiera sobre lo que muchos sienten (creo) que debe hacerse con urgencia, y no es más que convocar a elecciones legítimas.


Sé que hay quienes piensan que no se puede avanzar sin antes reemplazar el CNE, los poderes públicos, sacar a Diosdado, etc. y en parte es coincido con todo eso... Es necesario reinstitucionalizar el país. Es evidente. Pero en este momento de tutelaje donde Trump sólo se refiere a Venezuela como a un tesoro lleno de riquezas a explotar y que el maneja por completo, se hacen visibles varias incomodidades. Primero: ¿hasta cuándo seguirá el mismo grupo en el poder, amenazando, reprimiendo y saqueando? No parece haber hasta ahora un plan público claro para desmontar esa estructura ni acciones concretas que limiten su capacidad de control. Los venezolanos no solo seguimos igual, sino que la situación ha incluso empeorado, porque ahora la represión, inflación y crisis se ha profundizado mientras Trump se deshace en elogios hacia la maravillosa Delcy. Necesitamos arreglar esto DESDE el pueblo venezolano, sin esperar a que sea Rubio o Trump quien decida cuando es el momento. Los que sabemos la verdad de este sufrimiento somos los venezolanos. ¿Que hacemos entonces?


Ante esta realidad alterada, me da la impresión de que ha ocurrido algo. Llevo días sin escribir nada. No había mucho que decir que no sepamos todos ya y practepetir noticias o análisis a diario no tengo tiempo. Pero ahora, ha sucedido algo.


Creo que Trump asumió que tomar control político de Venezuela implicaría acceso automático a su petróleo y a sus recursos. Pero acceder a esas riquezas implica explotarlas, y eso requiere inversiones millonarias que las empresas no están dispuestas a hacer bajo las condiciones de incertidumbre institucional. Trump apuró a sus nuevas mascotas a redactar y modificar leyes en tiempo record para dar “sustento legal” a sus demandas de explotación de recursos, pero los inversionistas no son tontos. No hay ley que el narco chavismo respete. Apostar a que la política sustituye las garantías jurídicas ha sido, en el mejor de los casos, una lectura incompleta de la realidad.


El problema es estructural. Las empresas piensan a largo plazo. Ninguna gran inversión petrolera o minera se hará en un país sin seguridad jurídica (mucho menos si esa seguridad depende del narco chavismo), con riesgo de expropiación y con un horizonte político inestable. Por eso, lo que realmente se necesita no es control, sino lo que siempre se repite en términos técnicos: “marcos legales estables”. Es decir, un gobierno legítimo y democrático, y aunque Trump quiera jugar a ser rey, eso no es compatible con el modelo actual.


En este contexto, el Senado de Estados Unidos ha aprobado una resolución que exige claridad sobre el plan hacia Venezuela y obliga a la administración actual a poner sobre la mesa esfuerzos concretos para apoyar una transición democrática. No se trata solo de declaraciones, sino de acciones verificables.


Y aquí aparece una tensión inevitable: sin inversión no hay recursos que explotar, y sin legitimidad no hay inversión. Por lo tanto, el camino inevitable vuelve al mismo punto: elecciones reales.


En ese escenario, es evidente que existe una figura con respaldo popular significativo y reconocimiento internacional: Maria Corina Machado. Ignorar ese hecho, como a veces pareciera que Trump intenta, no lo elimina y solo retrasa lo inevitable. Cualquier intento de construir una alternativa al margen de esa legitimidad corre el riesgo de repetir los errores del pasado, o peor, fracasar inevitablemente.


Entonces, la pregunta no es si Venezuela necesita democracia. Eso ya está claro. La pregunta es: ¿quién la construye?


Si el proceso democrático nace condicionado por intereses externos, por acuerdos opacos o por estructuras heredadas del mismo sistema que se intenta superar, entonces no es una transición, sino una mutación, y Venezuela ya ha vivido demasiadas mutaciones que se disfrazan de cambio como para que vengan a meternos el cuento chino de que Delcy es maravillosa y todo esta perfecto.


La democracia, si llega, no vendrá como concesión ni como plan estratégico. Vendrá como un proceso lento, incómodo, profundamente humano, en el que el país tenga que mirarse a sí mismo sin intermediarios, sin tutores, sin narrativas impuestas y con una gran conciencia de la realidad que debemos cambiar como venezolanos. NADIE puede decirnos a los venezolanos como es la realidad de nuestro propio país y que es lo que debemos cambiar. Eso ya lo sabemos.


Al final, el verdadero desafío no es reemplazar un poder por otro, sino desmontar la idea de que el poder siempre tiene que estar en manos de alguien más y que no es nuestra responsabilidad hacer que ese poder se ejerza de manera legítima, responsable y auditable. 


Jose Calabres


#Elecciones #Venezuela

EL JUICIO A MADURO EMPEZARÁ Y NUNCA SALDRÁ LIBRE- 😎


Hay algo profundamente incómodo, casi obsceno, en el espectáculo que está por comenzar. El mundo observará cómo Nicolás Maduro, el hombre que convirtió la justicia en un instrumento de castigo, se sienta ahora frente a un sistema judicial que, al menos en teoría, sí le ofrece garantías. La ironía no es sutil.

Maduro está detenido en Estados Unidos, acusado de narcoterrorismo, enfrentando un proceso judicial que podría prolongarse durante meses o años, con una muy posible condena de cadena perpetua o un equivalente a pasar el resto de sus días en una celda. Como sea, es seguro que Maduro no saldrá libre nunca. Pero lo verdaderamente importante no es el juicio, sino lo que ese juicio desnuda, porque este proceso no es solo contra un narcoterrorista, sino contra una estructura criminal de espectro mundial.

Durante años, en Venezuela, el juicio como acto era una ficción. Un trámite sin sentido, una mera escenografía para darle apariencia de legalidad a decisiones ya tomadas desde las esferas del narco cártel. Los juicios en Venezuela no eran tales, sino una suerte de inquisición malvada (valga la redundancia) dedicada a torturar a sus víctimas sin que estas tengan la más mínima posibilidad de defensa. 

Miles de presos políticos nunca tuvieron siquiera un simulacro de justicia cercana al menos a la que hoy recibe Maduro, que condenaba a los presos a desaparecer, a no tener derecho a un abogado, a que se desconocieran sus paraderos por meses y hasta años, a que las pruebas fueran desestimadas en favor de cualquier cosa que inventára al momento el juez chavista a cargo.

Y ahí está el primer quiebre narrativo: el que pisó a millones y negó la defensa a miles, hoy es el acusado, y para hacer irónica la historia, ahora él y los suyos gritan desesperados asegurando que se viola su derecho a la defensa, el mismo derecho que le negó el chavismo a 30 millones de venezolanos por casi 3 décadas.  

Este juicio es un acto de justicia universal, pero es  también un acto de poder, porque su propia existencia está envuelta en una controversia que el narco chavismo ha sabido aprovechar. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, sin consenso internacional, ha sido señalada como una violación del derecho internacional por algunos juristas. 

Pero también es cierto que Maduro NO ES un gobernante legítimo puesto que está ampliamente demostrado que se robó las elecciones de 2024. Técnicamente hablando, Maduro es a lo menos, un USURPADOR del poder legítimo, por lo que una  defensa basada en su condición de presidente en ejercicio no tiene futuro (aunque los chavistas digan que si). Ahora que EEUU ha “reconocido” a Delcy, la defensa de Maduro queda peor parada, así que simplemente descartemos esa estrategia de defensa, puesto que aunque la van a utilizar, es seguro que el tribunal no aceptará tal excusa para desechar el juicio. Además, ya existen antecedentes, con Noriega, lo cual no es esperanzador para Maduro-Flores. Al contrario. 

Formalmente, el proceso en Nueva York gira en torno a narcotráfico y armas. Pero esa es apenas la superficie, porque el expediente histórico es otro y abarca muchas otras cosas, como ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y persecución sistemática.

Todo esto esta fuertemente documentado por organismos internacionales y catalogados como “crímenes de lesa humanidad”. Sin embargo, esos crímenes que definen la naturaleza del régimen no son el eje del juicio actual en NYC, que como dije ya, se basa en narcotrafico y terrorismo armado.

Y aquí aparece la segunda alarma, porque el mundo puede terminar condenando a Maduro a la cárcel para siempre, pero sin juzgar realmente el horror que sostuvo su poder. Es como terminar el nazismo con el suicidio de Hitler y no juzgar el Holocausto y a sus colaboradores.

Mientras tanto, en Venezuela ocurre algo inquietante: el vacío no ha sido llenado por una alternativa democrática, sino por una reconfiguración del mismo sistema y con los mismos protagonistas.

Tras la captura de Maduro, el poder fue asumido de forma interina por Delcy Rodríguez, en un movimiento que no representa ruptura, sino continuidad maquillada que cada día parece desmaquillarse un poco más. ¿Hasta cuando estará ahí?.

El interinato, en este contexto, no es una puerta hacia el futuro, sino una sala de espera en la que los venezolanos esperamos una justicia que aún no termina de llegar. Es una espera particularmente peligrosa, porque propone la ilusión de un cambio mientras preserva la misma estructura que hizo posible todo el horror.

Lo que viene no depende únicamente del tribunal, sino del uso político del resultado del juicio. Una condena ejemplar, aunque esperada, será un éxito solo si las condiciones en Venezuela cambian, porque de no ser así, Maduro estará condenado ejemplarmente y el mundo celebrará, pero Venezuela seguirá igual o incluso peor. El sistema sobreviviría  porque nunca fue realmente desmontado. Este es posiblemente el riesgo mayor al que todos tememos.

No podemos dejar de considerar que si el proceso se alarga, se politizará, y el chavismo lo usará como gasolina discursiva. Ya hoy mismo lo están haciendo, tratando de dibujar a Maduro como un  “mártir” y fantaseando con que será liberado. 

El juicio a Maduro no marca necesariamente el inicio de una nueva Venezuela, y en cambio marca algo peor: el momento en que el sistema dejó de necesitarlo a él y a cualquiera. Sin importar quien esté a la cabeza, la estructura sigue funcionando.

Si algo ha quedado claro, y aquí está el verdadero núcleo de todo, es que el poder en Venezuela nunca estuvo realmente en un hombre. Siempre ha estado en una red, una lógica. Se convirtieron en un mecanismo capaz de reemplazar piezas sin alterar su funcionamiento. Chávez murió y el sistema siguió funcionando. Murió Fidel, y siguió funcionando. Ahora Maduro está preso, y el sistema sigue funcionando y adaptandose. 

Todos queremos creer que este juicio es justicia, pero también puede ser otra cosa: una escena para cerrar un capítulo sin escribir realmente el siguiente. 

La pregunta no es si Maduro será condenado, porque es seguro que lo será. La pregunta es si, después de él, alguien será realmente juzgado o si, como tantas veces en la historia, el sistema sobrevivirá cambiando de rostro, pero no de esencia.

Si debemos rescatar algo de estas reflexiones es que los venezolanos enfrentamos un sistema que se adapta para sobrevivir, y para vencerlo, somos nosotros, el pueblo, los que debemos aprender a adaptarnos también para debilitarlo hasta vencerlo. El chavismo sobrevive porque miente y se adapta. No podemos dejarlos mentir sin consecuencias, y no debmos aceptar atropellos. Hay que levantar la voz, protestar y derrocarlos, uno a uno. Se requiere a TODOS empujando al mismo tiempo. Si algo deberíamos tener claro hoy es que no viene ningún superhéroe a salvarnos y que nuestra libertad la debemos ganar nosotros mismos en las calles. Si bien ya tenemos una líder que nos representa, ella sola no podrá. MCM volverá pero su fuerza somos nosotros. Hasta que no presionemos TODOS ellos seguirán en el poder. 


Jose Calabres


#Venezuela #MariaCorinaMachado

martes, 24 de marzo de 2026

-NARCO CHAVISMO, LA TIRANÍA ASESINA QUE SE ACOMODÓ A EEUU-

 


Hay una trampa muy clara en los procesos políticos largos, y es hacerle creer a la gente que algo cambió cuando en realidad todo sigue igual o incluso, peor. Eso es lo que ha pasado en Venezuela y sigue sucediendo.


El llamado “interinato”, que se vendió como la salida al narcochavismo, terminó funcionando como un mecanismo que le dio oxígeno al mismo sistema que nos dijo EEUU que supuestamente iba a desmontar. Esta no es una opinión emocional, sino un hecho observable: el poder asesino narco chavista no cayó, se adaptó.


El venezolano lo siente, incluso sin necesidad de meterse en análisis políticos profundos. Lo ve cuando cambian los nombres de dirigentes en cargos de poder pero todo sigue igual. Cuando no hay justicia, cuando no hay consecuencias, cuando la promesa de ruptura se convierte en una espera eterna en la que solo piden “paciencia”, como si 27 años no fuesen suficientes. 


Hemos pensado por mucho tiempo que el problema era una figura, pero el problema siempre fue el sistema. Así es como funciona un cártel: sacas a un capo y aparece otro. Hoy es Delcy, mañana será otro, pero la lógica es la misma. El cártel no deja de existir o funcionar porque elimines a un capo. Los cárteles son estructuras, no una figura.


Pero lo que hoy venos con angustia no es que el cártel sobreviva intacto, sino que ha logrado algo inaudito: legitimarse ante el mundo. 

Lo que debería verse como la caída de la estructura y que se nos vende como transición en realidad no es más que “CONTINUIDAD” a cambio de recursos. Y ahí está la gran frustración del venezolano: no solo enfrenta a un poder asesino y criminal que no cede, sino a una narrativa internacional que lo valida y que insiste en que ahora hay “transición democrática”, cuando la realidad del venezolano es silenciada por medios internacionales que reflejan lo que dice Trump y sus acólitos: Delcy es maravillosa.


Eso no es ingenuidad, es conveniencia y manipulación pura.


El resultado es una sociedad cansada, desconfiada, golpeada. No solo por la crisis económica, sino por algo más profundo: la pérdida de confianza en una salida verdadera porque el “aliado” no es tal y el opresor dedica muchas fuerzas a dividir y a debilitar cualquier intento de alcanzar la libertad por cualquier medio. No es fortuito que los medios y las redes estén atestados de ataques contra Maria Corina Machado pero normalicen el “interinato” como si fuera un gobierno legítimo, obviando que no ha sido electo, que está en contra de la constitución y que su permanencia va en contra de cualquier principio legal venezolano. Cuando la gente empieza a sentir que todas las soluciones son parte del mismo problema, se paraliza. Y eso es exactamente lo que permite que sistemas asesinos se mantengan, como en Cuba, Nicaragua y Venezuela. 


Pero quedarse en la denuncia no basta. Aquí hay una verdad incómoda: si el problema no es solo quién gobierna, la solución tampoco es solo cambiar nombres. Si bien es cierto que MCM encarna la esperanza de un cambio, también es cierto que debemos mirar hacia adentro. Es necesario entender que el narco chavismo  también se sostiene en el miedo, la dependencia, la desorganización y la costumbre de esperar a que otros resuelvan.


Esto no es culpar al pueblo. Es entender dónde está realmente la batalla para poder enfrentar al enemigo y tener una posibilidad real de vencer. Y es que si el poder ha sabido adaptarse para mantenerse, la sociedad también puede adaptarse para resistir y cambiar las reglas del juego. ¿Estanos preparados y dispuestos a eso? Yo creo que si. 


El punto de partida no es un gran evento épico por suceder ni la llegada inminente de un salvador. Es dejar de aceptar la mentira como algo normal, informarse, hablar claro, organizarse, recuperar la confianza entre ciudadanos y asumir que la libertad no se decreta, se construye. Debe haber protesta, constante, dura y sin cansancio.


Lo que siente hoy el venezolano no es solo frustración. Es una claridad nueva, dura, pero necesaria: nadie vino a salvarnos, sino por recursos, y mientras los tengan, nuestro bienestar no les preocupa en lo más mínimo. Desde esa claridad puede empezar algo distinto; un cambio que no dependa de ilusiones, sino de decisiones. Cuando una sociedad deja de creer las mentiras del sistema por comodidad, ese sistema empieza, inevitablemente, a debilitarse. El sistema se mantiene porque nosotros lo dejamos ser. Debemos cambiar eso.


Jose Calabres

-TRANSICIÓN ESTANCADA-


Venezuela vive hoy entre el "Rodrigato" y el Espejismo de la Tutela Estadounidense. Han pasado poco más de dos meses de los eventos sísmicos de enero que culminaron con la captura y salida de Nicolás Maduro, y Venezuela se encuentra en un limbo político que desafía tanto la lógica institucional como las esperanzas de cambio real. Lo que en un principio fue vendido como el inicio de una "transición democrática" ha mutado, a ojos de muchos, en una transacción pragmática de alto nivel. 


En el centro de este laberinto se encuentra Delcy Rodríguez, una figura que ha pasado de ser el rostro de la resistencia chavista a la ejecutora clave de una "hoja de ruta" diseñada en Washington.


La reciente noticia de que el Jefe del Comando Sur ha confirmado que Rodríguez está ejecutando “fielmente el plan de vuelo de Estados Unidos” ha caído como un balde de agua fría en una ciudadanía que esperaba soberanía, no un cambio de tutor. La percepción de un "interinato" de Delcy Rodríguez, avalado por el Tribunal Supremo y sostenido por un estamento militar que parece haber canjeado su lealtad a Maduro por su supervivencia bajo el nuevo esquema, plantea una pregunta dolorosa: ¿Se está democratizando Venezuela o simplemente se está reorganizando el poder para satisfacer intereses energéticos externos?


El malestar en las calles no es gratuito. Para el venezolano de a pie, la imagen de Delcy Rodríguez liderando una “transición” es una paradoja viviente. Como pieza medular de la estructura represiva de la última década, su permanencia en el poder, que ahora goza del beneplácito de la administración Trump, se siente más como un "cambio de guardia" que como una ruptura con el pasado. La "hoja de ruta" parece priorizar la reapertura de embajadas, la estabilización del flujo petrolero y la “liberación selectiva” de presos políticos, pero deja en un tercer o cuarto plano la reconstrucción de la institucionalidad democrática y el sufragio libre, del cual se habla pero de manera casi ambigua.


El sentimiento de que Venezuela ha pasado de estar bajo la influencia de la Habana, Moscú y Pekín a ser un "protectorado" de Washington es cada vez más fuerte. El discurso oficial de Rodríguez ha virado hacia una retórica de "colaboración y desarrollo compartido", pero el trasfondo es evidente: el acceso total a los recursos naturales del país a cambio de una permanencia en el coroto.


Este escenario plantea riesgos críticos. Al permitir que figuras del "Rodrigato" manejen la transición, se corre el riesgo de reciclar el autoritarismo bajo una fachada de cooperación internacional, mientras que líderes que lucharon durante años, como María Corina Machado, ven ahora cómo el tablero se mueve entre los militares, Delcy y la Casa Blanca, dejándolos en una posición periférica de "acompañamiento" más que de liderazgo. No falta quien ve cualquier intento de evitar eso como “una falta de paciencia que puede sabotear la transición”. Sabotear una transición que no está pasando, en primer lugar.


Mientras se discuten inversiones petroleras con Chevron o Repsol, el ciudadano común sigue esperando el imperio de la ley, justicia para las víctimas de derechos humanos y un camino claro hacia elecciones donde el chavismo no sea juez y parte cono lo ha sido durante casi tres décadas. Causa confusión escuchar a los dirigentes de EEUU hablar de recursos, de explotación y negocios con Delcy la maravillosa mientras sigue pesando una recompensa de la DEA sobre Cabello y sanciones sobre prácticamente todo el gabinete. EEUU al parecer no tiene problemas de sentarse en la misma mesa a negociar con los que hace tres meses eran supuestamente el cartel de narcos mas grande del mundo. Curioso. Mientras tanto, Cabello y los demás amenazan, amedrentan, y siguen acechando al pueblo, cono si nada hubiese pasado. Ahora quienes silencian las atrocidades son los mismos que usaron las mismas como excusa para bombardear Caracas y ahora se abrazan con los violadores de derechos humanos. 


La historia nos enseña que las transiciones impuestas desde afuera y ejecutadas por los mismos actores del régimen saliente suelen desembocar en democracias de fachada o en nuevas formas de autocracia. El malestar venezolano no es contra la presencia de EEUU, sino contra la sensación de que su destino está siendo negociado en oficinas de Washington y Caracas sin su participación.


Si la "hoja de ruta" de la que habla el Comando Sur no incluye una reinstitucionalización, un cronograma electoral inminente, una depuración real de los poderes del Estado y una verdadera justicia transicional, Venezuela no estará en una transición hacia la democracia, sino en la pausa de un narco régimen asesino que aprendió a mutar para sobrevivir.


La libertad de un pueblo no puede ser el anexo en un contrato petrolero. Mientras el país observa con desconfianza las movidas de Delcy Rodríguez, queda claro que la verdadera transición no vendrá de una orden de Washington, sino de la capacidad de los venezolanos de reclamar un proceso que les pertenezca, libre de tutelajes y de sombras del pasado. Al parecer, los venezolanos estamos condenados a tener que levantarnos a la fuerza para alcanzar la libertad una vez más. La discusión apenas comienza en una Venezuela que aún busca su propia voz.


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José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #Transicion #Corrupcion

sábado, 21 de marzo de 2026

EL TAMAÑO DEL MUNDO

A veces la vida se nos va en el puro oficio de habitar el futuro. Nos perdemos en la inmensidad de los mapas que aún no trazamos y en la urgencia de metas que, a la distancia, parecen cumbres inalcanzables. 

Caminamos de prisa, como si el tiempo fuera un hilo infinito, olvidando que el paisaje solo existe mientras los ojos se detienen a mirarlo. Olvidamos que, por perseguir el horizonte, a menudo pisoteamos las flores del camino.

Permítanme robarles un instante de su tiempo para contarles de una cicatriz.

Hace años, en el silencio verde de Trujillo, Venezuela, aprendí cuánto mide realmente el mundo. Estaba en el fondo de un zanjón, a casi un kilómetro del asfalto, intentando sanar un sistema de riego herido. Soy, al final de todo, no más que un campesino que aprendió el arte de hilvanar palabras para quien quiera escuchar una historia.

Aquel día, el metal me traicionó. En una caída fortuita, mi machete (ese compañero fiel de rastrojos) se volvió contra mí. El filo me abrió la mano izquierda con una ferocidad tal que dejó cuatro de mis dedos asidos a la vida apenas por un jirón de piel. La sangre no goteaba, sino que brotaba con el ritmo de un reloj de arena que se vacía demasiado rápido. Seccioné venas, tendones, nervios y una arteria, y en ese flujo constante, sentí cómo mi propia existencia se me escapaba entre los dedos.

En segundos, el mareo me reclamó. Hay una aritmética cruel en la tragedia: sabía que un litro y medio de sangre es el límite del silencio eterno, pero que con apenas medio litro el mundo se apaga y llega el desmayo. Con la mente en vilo, me preparé para la batalla.

Estaba solo. Cuatro kilómetros me separaban de mi padre y de mi casa; una eternidad de monte y sol me alejaba de cualquier auxilio. No había señales de celular ni habrían sirenas en el horizonte.  Cuando se vive tan lejos del mundo las cosas funcionan distinto.

En ese instante definitivo, cuando el cuerpo comprende que puede ser su última tarde sobre la tierra, el pensamiento se despoja de todo lo superfluo y el tamaño del mundo se hace pequeñito. No vi mi trabajo, ni mis cuentas, ni mis miedos por el patrimonio. Todo aquello se volvió motas de polen dispersas por una tormenta repentina. En cambio, el alma se me llenó de rostros: vi a mi hija, pequeña y frágil; vi a mi esposa; vi el refugio de mi familia, y me dolió la ausencia de un abrazo no dado esa mañana. Me desgarró la idea de dejarlos a la intemperie de la vida sin haberme despedido con un beso. Comprendí, con la claridad que solo da el abismo, que lo verdaderamente sagrado cabe en un gesto simple que a veces postergamos  por la prisa.

Pero ese día no era para rendirse. Con la mano derecha y los dientes, rasgué mi franela en tiras. Me hice cuatro fuertes torniquetes hasta que por fin paró el sangrado, un nudo por cada esperanza, y comencé el ascenso. Caminé un kilómetro cuesta arriba, desafiando a la gravedad y a la muerte, hasta desplomarme sobre el asfalto ardiente de la carretera. Allí me quedé, sin aliento, sintiendo el calor de la tierra bajo mi espalda, esperando un milagro que no parecía llegar. Pero el silencio de la carretera me obligó a levantarme una vez más. Nadie pasaba y no podia esperar mas.

A un kilómetro de camino, el destino puso una bodega y a unos hombres de manos curtidas. Al verme transformado en una estatua de sangre, uno de ellos no hizo preguntas: me hizo espacio en su vehículo y emprendió la carrera. Eran doce kilómetros de incertidumbre, media hora de vida o muerte. En el trayecto, su voz intentaba anclarme a la realidad, pero el sueño de la anemia me venció a mitad de camino.

Desperté en el hospital, en medio de una pesadilla de prejuicios. Mi piel sucia, mi torso desnudo y la sangre me condenaron ante los ojos de quienes debían sanarme; me trataron como a un "malandro" recogido de una riña. El dolor de la limpieza fue una tortura necesaria que me devolvió a los sentidos justo cuando soltaban los torniquetes y mi sangre volvía a reclamar su salida.

Fue entonces cuando un ángel con uniforme de Protección Civil me reconoció entre el caos. Su voz fue mi salvoconducto. En una silla de ruedas, en el pasillo de un hospital que hacía lo que podía, pasé cuatro horas bajo el frío del bisturí. Noventa puntos, nervios anudados y tendones reconstruidos después, pude volver al calor de los míos.

No fue la única vez que la Parca me rondó; nos hemos mirado a los ojos tres veces más, cada vez con mayor cercanía, como si quisiera recordarme que soy un huésped temporal. Pero uno nunca aprende a estar listo para el adiós.

Sé que para algunos esto será una anécdota mínima, pero la grandeza se esconde en lo pequeño, como en el acto de abrazar a un gato. Hoy, mi compañero felino lucha su propia batalla tras una cirugía feroz. Me encuentro devastado, habitando de nuevo ese remordimiento de haberme ido hace unos días sin haberle dado un último apretón, sin saber si ese era nuestro último abrazo.

He pedido ayuda y la respuesta ha sido un bálsamo de humanidad. He visto a mi gente en Venezuela, esa gente que a veces no tiene ni para el pan diario, ofrecer sus pocos céntimos para salvar a mi gato. No he podido aceptar su sacrificio, pero su gesto me ha reconstruido el alma. Muchos otros, amigos y familia, han extendido su mano para ayudarnos en este momento, y reafirman mi convicción de que el mayor tesoro del mundo son nuestros amigos. 

Me he dado cuenta, una vez más, de que el corazón de quienes me rodean es más vasto que cualquier océano y que no hay nada mas fuerte que el amor. Gracias por enseñarme que las cosas importantes no necesitan publicidad porque todos las sentimos con la misma intensidad en el pecho cuando las cosas que en verdad importan nos llaman. Al final, el Principito tenía razón: “lo esencial es invisible a los ojos”. Yo agregaría que lo esencial “se siente con una fuerza que detiene el tiempo”.

Gracias, amigas y amigos, por ser parte de mi mundo, por recordarme que, a pesar de las cicatrices, todavía hay luz en las miradas. 


Jose & Milkshake. ❤️‍🩹

viernes, 20 de marzo de 2026

-PADRINO DERROCADO. CAMBIO DE VERDUGOS-

 


La noticia ha caído como un mazo sobre el ya agrietado tablero político venezolano: Delcy Rodríguez, actuando desde la cúpula de lo que muchos ya denominan el "interinato chavista", ha fulminado a Vladimir Padrino López. Hace apenas unos días atrás las noticias de la llegada de un contingente de militares estadounidenses que tomarían control de las fuerzas armadas sonaba como un rumor. Hoy, la destitución de Padrino parece corroborar que de nuevo, el interinato no tiene más opciones que seguir órdenes. 

Tras más de una década como el guardián pretoriano de la revolución, el hombre que juró lealtad eterna y que se convirtió en el rostro de la politización de las bayonetas, ha sido desechado. Pero no nos engañemos. No estamos ante un proceso de institucionalización ni ante una purga por ética. Estamos ante un reacomodo de mafias en la cúspide del poder.

Padrino López no era solo un ministro sino el puente entre el viejo chavismo militar y la deriva dictatorial de Maduro. Su salida marca el fin de una era de "estabilidad interna dentro de las Fuerzas Armadas a favor del narco chavismo”. Si Delcy Rodríguez ha logrado desplazarlo, es porque la facción encabezada por los hermanos Rodríguez ha terminado de canibalizar lo que quedaba del ala militar tradicional.

La destitución de Padrino es el reconocimiento de que la "lealtad" ya no es suficiente y ahora se exige una complicidad absoluta y desesperada.

Lo más alarmante (y revelador) no es quién se va, sino quién llega. El nombramiento de un sucesor que no solo arrastra sanciones de Estados Unidos, sino que está señalado por crímenes de lesa humanidad ante la justicia internacional, es un mensaje cínico y brutal al mundo.

¿Por qué elegir a un criminal denunciado? La respuesta es perversamente lógica: El miedo a la justicia es el mejor pegamento de una tiranía. Al colocar a un hombre que no tiene salida, que no puede negociar con la Corte Penal Internacional y que no tiene activos que salvar en el extranjero, el interinato de Delcy Rodríguez está blindando el Palacio de Miraflores con un muro de contención humano. No es una designación estratégica, es un suicidio colectivo pactado. Están diciendo: "Si caemos, caemos todos, porque todos estamos igual de manchados".

Este movimiento es incendiario porque dinamita cualquier puente de negociación real. Mientras la comunidad internacional intenta buscar salidas diplomáticas, el chavismo responde atrincherándose detrás de figuras que encarnan la violación sistemática de los derechos humanos. Es una bofetada a las víctimas y una burla a los organismos internacionales.

Delcy Rodríguez no está buscando gobernar un país; está administrando un refugio de forajidos. La sustitución de Padrino López por un perfil aún más oscuro sugiere que el régimen ha abandonado cualquier pretensión de normalización. Ya no les importa parecer demócratas; solo les importa sobrevivir un día más, aunque para ello tengan que convertir a Venezuela en un cuartel sitiado bajo el mando de quienes solo saben usar el terror. Por eso Diosdado ahora parece recobrar fuerza en su discurso y sus amenazas. Por eso no lo sacan.

La revolución siempre termina devorando a sus hijos, y Padrino López, el hombre que creyó ser indispensable, ha descubierto que en el ecosistema del chavismo, la utilidad tiene fecha de vencimiento.

Con un nuevo ministro que debe su cargo a su incapacidad de rendir cuentas ante la justicia, la represión no solo se mantendrá, sino que probablemente se radicalice. El "interinato" de Delcy ha decidido que, antes de entregar el poder, prefieren ver el país arder bajo el mando de quienes ya no tienen nada que perder.

Venezuela no ha asistido hoy a un cambio de gabinete. Ha asistido a la ratificación del horror. El juego de las sombras continúa, pero las luces de la justicia internacional están cada vez más cerca, y no habrá cambios de nombres que puedan ocultar el rastro de sangre que dejan a su paso. Las recompensas sobre sus cabezas siguen… y van a ser cobradas.


José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #PadrinoLopez #Corrupcion

-REVELADA NUEVA TRAMA DE SAQUEO PETROLERO DEL NARCOCHAVISMO- 😡

 


Mientras el discurso oficial del régimen de Delcy (y Maduro) intenta venderle al mundo la narrativa de un "bloqueo criminal" que asfixia a los venezolanos, la realidad ha sido expuesta por el Departamento del Tesoro de EE. UU. y revelada por diario Financial Times. En el artículo de investigación se cuenta una historia radicalmente distinta al discurso austero del narco chavismo. La realidad es que no hay tal asfixia externa; lo que hay es un saqueo programado de proporciones industriales.

La verdad es devastadora. El régimen chavista nunca ha estado bloqueado para robar. Han saltado cada sanción con una maestría criminal, pero no para comprar medicinas o comida, sino para desviar la riqueza nacional hacia cuentas privadas y lujos de élite en Europa.

Vayamos al grano. ¿Cuánto se han robado? Las cifras marean, y son difíciles de digerir para un pueblo que sobrevive con salarios de 1$ mensual. ¿Listos? Vamos: Según las investigaciones, solo en los últimos años, la trama de intermediarios y exportaciones "fantasma" ha dejado un agujero de al menos 21.000 millones de dólares en las cuentas de PDVSA. Esas cifras de 20.000 millones de dólares parecen convertirse en una suerte de “tarifa plana” de robo en el circulo chavista. Tarek El Aissami se estima que robó unos 24.000 millones en el esquema cripto de PDVSA. Ahora, aparece este nuevo hueco.

Para ponerlo en perspectiva: ese dinero equivale a rehabilitar todo el sistema eléctrico nacional varias veces, o a garantizar el suministro de alimentos para todo el país por una década. Sin embargo, ese capital no llegó a ninguna parte y se quedó en el camino, convertido en comisiones para los "bolichicos" y en el mantenimiento de redes de influencia en países como Inglaterra.

Pero hablemos de lo que nos cuenta Financial Times y la OFAC. 

El esquema de corrupción opera bajo una logística de piratería moderna que comenzó a intensificarse desde 2019, tras el endurecimiento de las sanciones. El régimen no dejó de vender petróleo; simplemente cambió las reglas para que el beneficio fuera puramente personal usando una "Flota Fantasma" de más de 1.300 buques que viajaban con transpondedores apagados ("dark shipping") y navegaban por rutas clandestinas para evitar ser rastreados.

El crudo venezolano era transferido en alta mar a otros barcos, donde se le cambiaba la documentación para hacerlo pasar por petróleo de Irán o Rusia. Los principales destinos eran puertos en China y Malasia, donde el dinero se diluyó en cuentas de empresas de maletín antes de ser enviado a paraísos fiscales o bancos en Qatar y Europa.

Pero ¿quienes están implicados?

La investigación del Tesoro vincula esta estructura con figuras que, hasta hace poco, se paseaban por los clubes de polo más exclusivos de Inglaterra. Entre los señalados aparecen operadores financieros vinculados a Tareck El Aissami y empresarios como Alex Saab, quienes tejieron una red de testaferros que incluye desde los narcosobrinos hasta magnates del deporte.

Estas figuras no son "héroes que vencen el bloqueo", como dice la propaganda; son los arquitectos de un sistema que permite que el crudo salga de Venezuela pero que los dólares lleguen directamente a sus bolsillos. Nunca se buscó saltar las sanciones para beneficio de nadie más que de sus propias cuentas insaciables. De hecho, usaron las sanciones para su beneficio y poder traficar recursos que se robaron descaradamente.

Es aquí donde la indignación debe transformarse en claridad política. El chavismo culpa a las sanciones de la crisis hospitalaria, pero la investigación demuestra que el dinero siempre estuvo ahí. El régimen ha sido perfectamente capaz de mover cientos de millones de barriles de petróleo a pesar de cualquier restricción.

El problema nunca fue que no pudieran vender el petróleo; el problema es que decidieron robarse hasta el último centavo de esos recursos. 

En este esquema de expolio, hay algo más indignante. La investigación reveló que parte del esquema de lavado pasó por financiar establos de caballos en West Sussex, Inglaterra, comprar mansiones en Madrid y llenar cuentas en Suiza, mientras las refinerías venezolanas se convertían en chatarra por falta de inversión.

Estamos ante la mayor malversación de fondos de la historia moderna del continente. El "narco-régimen" ha utilizado el concepto de "sanciones" como una cortina de humo para operar en la oscuridad con total impunidad. Cada vez que escuche a un vocero del narcochavismo  culpar al "imperio", recuerde los 45 mil millones de dólares desaparecidos entre este esquema de robo y lo que se robó El Aissami en el esquema Cripto. Sólo en esos dos robos, se robaron el equivalente a 20 AÑOS DE ALIMENTOS PARA TODO EL PAÍS, o rehacer el sistema eléctrico nacional 4 veces. Recuerde también que esto es LO QUE SE SABE que robaron sólo en los últimos 5 años. Tienen 27 en el poder.

No existe ningún bloqueo. El único bloqueo que hay es para el ciudadano común que no tiene medicinas, ni electricidad, ni agua, ni sueldos dignos; para la cúpula, el mundo sigue siendo un tablero de juego financiado con el sudor y el hambre de los venezolanos. Recuerde que mientras usted lucha por un sueldo digno y el régimen se niega a pagar mas de 33 centavos de dólar al mes, el narco chavismo gasta MILLONES DE DÓLARES en granjas de bots de redes sociales. 

Para cerrar este artículo hoy, quiero contarles que el tribunal de Nueva York donde están siendo procesados Maduro y Cilia RECHAZÓ definitivamente que puedan pagar su defensa con fondos del estado Venezolano. El cuentico de “pronto volverán” es solo otra patraña narco chavista. NO VOLVERÁN. 

El expolio no tiene perdón, y tarde o temprano, tenemos que cobrar la factura completa a los corruptos

José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #PDVSA #Corrupcion

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

  Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internaciona...