miércoles, 1 de abril de 2026

EL JUICIO A MADURO EMPEZARÁ Y NUNCA SALDRÁ LIBRE- 😎


Hay algo profundamente incómodo, casi obsceno, en el espectáculo que está por comenzar. El mundo observará cómo Nicolás Maduro, el hombre que convirtió la justicia en un instrumento de castigo, se sienta ahora frente a un sistema judicial que, al menos en teoría, sí le ofrece garantías. La ironía no es sutil.

Maduro está detenido en Estados Unidos, acusado de narcoterrorismo, enfrentando un proceso judicial que podría prolongarse durante meses o años, con una muy posible condena de cadena perpetua o un equivalente a pasar el resto de sus días en una celda. Como sea, es seguro que Maduro no saldrá libre nunca. Pero lo verdaderamente importante no es el juicio, sino lo que ese juicio desnuda, porque este proceso no es solo contra un narcoterrorista, sino contra una estructura criminal de espectro mundial.

Durante años, en Venezuela, el juicio como acto era una ficción. Un trámite sin sentido, una mera escenografía para darle apariencia de legalidad a decisiones ya tomadas desde las esferas del narco cártel. Los juicios en Venezuela no eran tales, sino una suerte de inquisición malvada (valga la redundancia) dedicada a torturar a sus víctimas sin que estas tengan la más mínima posibilidad de defensa. 

Miles de presos políticos nunca tuvieron siquiera un simulacro de justicia cercana al menos a la que hoy recibe Maduro, que condenaba a los presos a desaparecer, a no tener derecho a un abogado, a que se desconocieran sus paraderos por meses y hasta años, a que las pruebas fueran desestimadas en favor de cualquier cosa que inventára al momento el juez chavista a cargo.

Y ahí está el primer quiebre narrativo: el que pisó a millones y negó la defensa a miles, hoy es el acusado, y para hacer irónica la historia, ahora él y los suyos gritan desesperados asegurando que se viola su derecho a la defensa, el mismo derecho que le negó el chavismo a 30 millones de venezolanos por casi 3 décadas.  

Este juicio es un acto de justicia universal, pero es  también un acto de poder, porque su propia existencia está envuelta en una controversia que el narco chavismo ha sabido aprovechar. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, sin consenso internacional, ha sido señalada como una violación del derecho internacional por algunos juristas. 

Pero también es cierto que Maduro NO ES un gobernante legítimo puesto que está ampliamente demostrado que se robó las elecciones de 2024. Técnicamente hablando, Maduro es a lo menos, un USURPADOR del poder legítimo, por lo que una  defensa basada en su condición de presidente en ejercicio no tiene futuro (aunque los chavistas digan que si). Ahora que EEUU ha “reconocido” a Delcy, la defensa de Maduro queda peor parada, así que simplemente descartemos esa estrategia de defensa, puesto que aunque la van a utilizar, es seguro que el tribunal no aceptará tal excusa para desechar el juicio. Además, ya existen antecedentes, con Noriega, lo cual no es esperanzador para Maduro-Flores. Al contrario. 

Formalmente, el proceso en Nueva York gira en torno a narcotráfico y armas. Pero esa es apenas la superficie, porque el expediente histórico es otro y abarca muchas otras cosas, como ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y persecución sistemática.

Todo esto esta fuertemente documentado por organismos internacionales y catalogados como “crímenes de lesa humanidad”. Sin embargo, esos crímenes que definen la naturaleza del régimen no son el eje del juicio actual en NYC, que como dije ya, se basa en narcotrafico y terrorismo armado.

Y aquí aparece la segunda alarma, porque el mundo puede terminar condenando a Maduro a la cárcel para siempre, pero sin juzgar realmente el horror que sostuvo su poder. Es como terminar el nazismo con el suicidio de Hitler y no juzgar el Holocausto y a sus colaboradores.

Mientras tanto, en Venezuela ocurre algo inquietante: el vacío no ha sido llenado por una alternativa democrática, sino por una reconfiguración del mismo sistema y con los mismos protagonistas.

Tras la captura de Maduro, el poder fue asumido de forma interina por Delcy Rodríguez, en un movimiento que no representa ruptura, sino continuidad maquillada que cada día parece desmaquillarse un poco más. ¿Hasta cuando estará ahí?.

El interinato, en este contexto, no es una puerta hacia el futuro, sino una sala de espera en la que los venezolanos esperamos una justicia que aún no termina de llegar. Es una espera particularmente peligrosa, porque propone la ilusión de un cambio mientras preserva la misma estructura que hizo posible todo el horror.

Lo que viene no depende únicamente del tribunal, sino del uso político del resultado del juicio. Una condena ejemplar, aunque esperada, será un éxito solo si las condiciones en Venezuela cambian, porque de no ser así, Maduro estará condenado ejemplarmente y el mundo celebrará, pero Venezuela seguirá igual o incluso peor. El sistema sobreviviría  porque nunca fue realmente desmontado. Este es posiblemente el riesgo mayor al que todos tememos.

No podemos dejar de considerar que si el proceso se alarga, se politizará, y el chavismo lo usará como gasolina discursiva. Ya hoy mismo lo están haciendo, tratando de dibujar a Maduro como un  “mártir” y fantaseando con que será liberado. 

El juicio a Maduro no marca necesariamente el inicio de una nueva Venezuela, y en cambio marca algo peor: el momento en que el sistema dejó de necesitarlo a él y a cualquiera. Sin importar quien esté a la cabeza, la estructura sigue funcionando.

Si algo ha quedado claro, y aquí está el verdadero núcleo de todo, es que el poder en Venezuela nunca estuvo realmente en un hombre. Siempre ha estado en una red, una lógica. Se convirtieron en un mecanismo capaz de reemplazar piezas sin alterar su funcionamiento. Chávez murió y el sistema siguió funcionando. Murió Fidel, y siguió funcionando. Ahora Maduro está preso, y el sistema sigue funcionando y adaptandose. 

Todos queremos creer que este juicio es justicia, pero también puede ser otra cosa: una escena para cerrar un capítulo sin escribir realmente el siguiente. 

La pregunta no es si Maduro será condenado, porque es seguro que lo será. La pregunta es si, después de él, alguien será realmente juzgado o si, como tantas veces en la historia, el sistema sobrevivirá cambiando de rostro, pero no de esencia.

Si debemos rescatar algo de estas reflexiones es que los venezolanos enfrentamos un sistema que se adapta para sobrevivir, y para vencerlo, somos nosotros, el pueblo, los que debemos aprender a adaptarnos también para debilitarlo hasta vencerlo. El chavismo sobrevive porque miente y se adapta. No podemos dejarlos mentir sin consecuencias, y no debmos aceptar atropellos. Hay que levantar la voz, protestar y derrocarlos, uno a uno. Se requiere a TODOS empujando al mismo tiempo. Si algo deberíamos tener claro hoy es que no viene ningún superhéroe a salvarnos y que nuestra libertad la debemos ganar nosotros mismos en las calles. Si bien ya tenemos una líder que nos representa, ella sola no podrá. MCM volverá pero su fuerza somos nosotros. Hasta que no presionemos TODOS ellos seguirán en el poder. 


Jose Calabres


#Venezuela #MariaCorinaMachado

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario! Aprecio mucho que hayas tomado tiempo en leer mi blog. Si te gustó lo que leiste (ono! que también es válido) agradeceria muchisimo tu ayuda compartiendo este blog con tus amistades! Discutir todas las opiniones es justamente lo que hace que tengamos una vision mas clara de las cosas! Tan pronto pueda, te respondere! De nuevo, GRACIAS POR TOMARTE EL TIEMPO EN LEER!

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-

Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción instituc...