jueves, 23 de julio de 2026

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

 


Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internacionales. Ese oro se encontraba repartido en diversos bancos del mundo. Chavez decidió que ese oro debería estar al alcance directo de sus manos ávidas de riqueza mal habida y las “repatrió” que es como le dijeron al robo directo de tales recursos. A los precios actuales, ese patrimonio equivaldría a varios cientos de miles de millones de dólares. 

Hoy, después de más de un cuarto de siglo de revolución, quedan apenas 47 toneladas (de mas de 372!). De ellas, 31 permanecen congeladas en el Banco de Inglaterra y unas 16, según se presume, estarían en las bóvedas del Banco Central de Venezuela. Pero la cosa es que nadie puede afirmarlo con absoluta certeza porque hace años que esas reservas en el BCV no son objeto de una auditoría independiente. 

En cualquier país serio, semejante opacidad provocaría un terremoto político. En Venezuela, donde el poder ha sido secuestrado por un cártel militar narcotraficante y cobarde, apenas genera resignación.

Lo verdaderamente alarmante no es solo cuánto oro se robaron, sino la naturalidad con la que se habla de seguir disponiendo del poco que queda. Resulta difícil ignorar la ironía de la heredera ilegítima de un capo asesino al pedir la liberación de esas 31 toneladas retenidas en Londres bajo argumentos “humanitarios”, cuando durante años los recursos más extraordinarios que ha recibido la nación fueron administrados con una opacidad que todavía hoy impide conocer el destino de MILES DE MILES de millones de dólares que jamás han llegado al pueblo, sunido en escasez desde hace mas de 20 años. 

El problema de Venezuela nunca ha sido la falta de riqueza, sino que la administración de una riqueza prácticamente irrepetible se encargó de desfalcar comoleta y llanamente a uno de los países más ricos del mundo sin consideración alguna, frente a los ohos del mundo que se negó a escuchar las innumerables denuncias y protestas de millones de habitantes que advertían del desastre... Durante los años de mayores ingresos petroleros de nuestra historia, el país no construyó instituciones más fuertes, ni una economía más diversificada, ni un sistema capaz de resistir el paso del tiempo y al contrario, terminó más endeudado, con industrias desmanteladas, empresas públicas convertidas en ruinas, servicios básicos colapsados y millones de ciudadanos obligados a reconstruir sus vidas lejos de su tierra.

Inglaterra a salvado sin querer parte de las riquezas de Venezuela. Falta ahora saber si liberarán ese oro para entregaraelo a la misma mafia que se robó el resto, o a aquellos que hoy se han apoderado de facto de nuestras riquezas bajo la excusa de una autoridad y unas fases fantasmas, que es como llaman a una invasion ahora, y que se auto atribuyeron de la manera mas descarada de la modernidad. ¿Donde terminará nuestro oro en Inglaterra? Ya veremos… no me extrañaría que termine en alguna bóveda a nombre del señor anaranjado.

Pero incluso después de todo esto, Venezuela conserva algo que ningún gobierno ha logrado saquear. Conserva a su gente. Conserva el talento de millones de venezolanos dentro y fuera del país, la capacidad de emprender, de crear y de levantarse una vez más. El oro más valioso nunca estuvo bajo tierra ni dentro de una bóveda. Siempre estuvo en el carácter de quienes se niegan a aceptar que este sea el destino definitivo de la nación, y cuando llegue el momento de reconstruir Venezuela, no serán los lingotes los que la salvarán. Serán los venezolanos… solo espero vivir lo suficiente para verlo.


Jose Calabres


#Venezuela #Oro #ReservasInternacionales #Inglaterra

VENEZUELA: SOBERANÍA PERDIDA. PAIS SAQUEADO

 


Por años el debate sobre Venezuela giró alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo salir del chavismo? Hoy, esa pregunta parece haber sido sustituida por otra mucho más incómoda: ¿Quién gobernará después del chavismo?

Las noticias publicadas en las últimas semanas muestran un escenario que va mucho más allá del apoyo internacional a una transición democrática (que es lo que esperábamos todos los venezolanos) y se muestra cada día más como lo que es: una dictadura extranjera. Aunque se habla de elecciones, en la práctica se habla es solamente de “manejo del pais y sus riquezas” desde Washington. 

Hoy, Venezuela es una hacienda de Washington como JAMÁS lo hubiese imaginado nadie. Desde la oficina oval se ejerce el control de los ingresos petroleros, de la supervisión de los presupuestos nacionales, de la administración de fondos en cuentas extranjeras, de la autorización para utilizar recursos venezolanos, de la reconstrucción del país y, según algunas informaciones, incluso de una administración temporal dirigida desde Washington que pronto enviará, al mejor estilo chavista, a mas de 3000 militares para que tomen el control directo del pais con la excusa de “reconstruirlo”, que es como llama Trump al proceso de expropiación de recursos que lidera contra Venezuela.

Por separado, cada una de estas medidas puede presentarse como una decisión excepcional destinada a evitar la corrupción, proteger los recursos públicos o garantizar la estabilidad. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, dibujan una realidad completamente distinta.

Estados Unidos no solo influye sobre Venezuela, sino que comienza a ocupar espacios que tradicionalmente pertenecen exclusivamente al ejercicio de la soberanía de un Estado.

No se trata simplemente de recomendar o impulsar reformas políticas, sino de imponer decisiones unilaterales. Se trata de participar en la administración del principal recurso económico del país, supervisar el destino de sus ingresos, condicionar el acceso a fondos nacionales y definir las reglas bajo las cuales podrá desarrollarse la futura transición política. En otras palabras, el centro de gravedad del poder comienza a desplazarse fuera de Venezuela.

Quizá el término más preciso para describir esta situación sea soberanía suspendida.

Formalmente, Venezuela continúa siendo un país independiente. Conserva bandera y algunas instituciones que ya no ejercen poder. Las leyes  sin embargo, no se cumplen, y en el colmo del cinismo, se han decretado algunas nuevas en favor de los intereses gringos. Por otra parte, las únicas autoridades que se mantienen tras la captura de Maduro son ilegítimas, pero 100% apoyadas por EEUU, que en un alarde de “caretablismo” además le ha dado la espalda al verdadero liderazgo democrático del país encabezado por Maria Corina Machado.

Hoy, sin duda alguna, las decisiones más importantes dependen cada vez más de la aprobación de una potencia extranjera y un régimen ilegítimo que juega a complacer al invasor con tal de permanecer.

Y ahí aparece la gran contradicción. EEUU busca presentar una fulana transición como un proceso de tres fases para devolver la democracia a los venezolanos, pero es ese mismo gobierno extranjero quien parece decidir bajo qué condiciones podrá desarrollarse esa democracia. En otras palabras: será cuando “ellos digan y les parezca”, no cuando los venezolanos decidan.

¿Quién administra los ingresos del petróleo?

¿Quién autoriza el uso de esos fondos?

¿Quién determina cuándo existen condiciones para celebrar elecciones?

¿Quién decide qué actores son aceptables y cuáles no?

Cuando esas respuestas apuntan hacia un actor externo, resulta inevitable preguntarse si el objetivo continúa siendo restaurar la soberanía venezolana o si, por el contrario, se está construyendo un nuevo sistema de dominación.

No hace falta reemplazar la bandera de un país para limitar su autonomía. Las formas contemporáneas de dominación rara vez necesitan una ocupación militar clásica. Hoy pueden ejercerse mediante el control de los sistemas financieros, las licencias económicas, las sanciones, los recursos estratégicos, la capacidad para autorizar inversiones o la influencia sobre las instituciones políticas. Justamente eso es lo que vemos hoy, y nadie puede negarlo.

La imagen puede resultar incómoda, pero quizá sea la que mejor resume lo que está ocurriendo: Venezuela corre el riesgo de convertirse en una hacienda administrada desde el exterior. Produce petróleo, pero otro decide quién lo vende. Genera ingresos, pero otro determina dónde se depositan. Necesita reconstruirse, pero otro define cómo se utilizarán los recursos para hacerlo. 

Naturalmente, existe un argumento poderoso que suele utilizarse para justificar esta situación: El Estado venezolano fue profundamente corroído por la narco corrupción, el autoritarismo y el saqueo de los recursos públicos por parte de un cartel y sus amigos de otros regímenes igual de corruptos como Cuba, Irán, Rusia y paremos de contar. Permitir que miles de millones de dólares regresen sin controles podría reproducir exactamente los mismos problemas que llevaron al colapso del país. Ese podría sin duda alguna ser un argumento de aquellos que defienden la intervención estadounidense, y ese razonamiento no carece de lógica, pero tampoco responde a la pregunta fundamental: Que un Estado haya administrado mal sus recursos no significa automáticamente que otro Estado adquiera el derecho de administrarlos en su lugar.

La alternativa a un sistema opaco controlado por Caracas no debería ser otro sistema opaco controlado desde Washington, porque cambiar de administrador no equivale a recuperar la soberanía. EEUU sacó a Maduro, y se agradece, pero a cambio, parece haber secuestrado al país para su propio beneficio económico.

Pero lo más preocupante de todo es que esta nueva estructura podría consolidarse sin encontrar demasiada resistencia, lonque lleva  entonces a otra pregunta mucho mas incómoda: si no queremos que EEUU sea el patrón del país solo porque sacó a Maduro, ¿que hacemos los venezolanos que hemos dejado al chavismo seguir en el poder? ¿Estamos esperando que?

Después de años de crisis económica, migración masiva, deterioro institucional y desesperanza, millones de venezolanos estarían dispuestos a aceptar prácticamente cualquier modelo que ofrezca estabilidad, seguridad y crecimiento, y eso es perfectamente comprensible. De eso se ha aprovechado EEUU.

Cuando la prioridad diaria es sobrevivir, conceptos como soberanía, independencia o autodeterminación parecen lujos intelectuales. Sin embargo, la historia demuestra que muchas formas de dominación han comenzado exactamente así. No olvidemos como se instauró el chavismo. No mediante la imposición permanente de la fuerza, sino ofreciendo orden donde antes había caos, estabilidad donde antes había incertidumbre y prosperidad donde antes existía pobreza. Promesas que llenaron de esperanza a todos pero que solo eran palabras vacías. Fue el chavismo quien nos trajo a esto, justamente. Fue el chavismo quien quebró al país, quien destruyó todo y quien incluso nos trajo a los gringos a saquear.

Ese es el verdadero dilema que enfrenta Venezuela. La discusión comienza a ser si, al abandonar una estructura de poder profundamente dictatorial, el país está entrando en otra forma de dominación extranjera más sofisticada, más eficiente y quizá más difícil de reconocer, porque una nación no recupera plenamente su libertad únicamente cuando cambia de gobierno, sino cuando vuelve a decidir, por sí misma, el destino de sus recursos, de sus instituciones y de su futuro. ¿Cuando vamos los venezolanos a finalmente sacar al chavismo y convocar nuestro propio proceso democrático para recuperar nuestra soberania? 

Jose Calabres

#Venezuela

domingo, 5 de julio de 2026

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA ES HOY




215 AÑOS DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA


Hace 215 años se firmó la Declaración de Independencia de Venezuela. No fue un documento lo que nos dio la libertad; fue la sangre de hombres y mujeres que abandonaron sus hogares sabiendo que quizá nunca regresarían. Fue el llanto de madres, esposas e hijos. Fue el sacrificio de un pueblo que entendió que hay cadenas peores que la muerte.


Hoy, 215 años después, nuestra tierra vuelve a teñirse de rojo.


Otra vez contamos muertos. Otra vez buscamos entre los escombros. Otra vez son las manos desnudas del pueblo las que hacen el trabajo que quienes ostentan el poder decidieron negarnos. Manos cubiertas de sangre, de tierra, de lágrimas… manos que no distinguen ideologías cuando debajo de una piedra puede haber una vida esperando ser rescatada.


Mientras tanto, quienes secuestraron el país nos dieron la espalda. No solo abandonaron a un pueblo herido: también intentaron convertir su tragedia en otra oportunidad para el abuso, la extorsión y el control. Como si incluso el dolor pudiera ser saqueado. Hoy se llenan la boca en ruedas de prensa intentando auto atribuirse la solidaridad, el apoyo y el trabajo de quienes a mano desnuda han levantado cada piedra para rescatar a los suyos. 


Pero la Venezuela de bien, en estos momentos de angustia, no ha estado sola.


El mundo entero ha extendido sus manos hacia nosotros. Rescatistas, médicos, voluntarios, vecinos y desconocidos llegaron desde todos los rincones para hacer suyo nuestro sufrimiento. Y, una vez más, fueron los venezolanos dispersos por el planeta quienes demostraron que la distancia jamás rompe el vínculo con la tierra donde nacieron. Allí donde hay un venezolano, siempre aparece otro dispuesto a ayudar.


Hay mucho que llorar. Muchísimo.


Lloramos a quienes perdieron la vida bajo los terremotos. Lloramos a quienes aún siguen desaparecidos. Lloramos también a los miles que han muerto durante casi tres décadas bajo un régimen ilegítimo que convirtió la esperanza en exilio, la justicia en persecución y la libertad en un recuerdo.


Por eso, cuando hablamos de 215 años de independencia, la historia duele. Porque hace mucho tiempo dejamos de ser verdaderamente libres. A esa cifra habría que restarle los años en los que un régimen narcoasesino secuestró la voluntad de una nación y condenó a generaciones enteras a vivir entre el miedo, la pobreza y la separación. Y tan responsables como quienes ejecutan el abuso son quienes, pudiendo impedirlo, han decidido sostenerlo. La indiferencia también escribe páginas de la historia.


Y, sin embargo, todavía hay razones para celebrar: Celebrar que el corazón de Venezuela sigue latiendo. Celebrar que nuestro pueblo continúa abrazando aun cuando le faltan fuerzas para sostenerse de pie. Celebrar que seguimos compartiendo el pan, buscando a los desaparecidos, levantando al caído y tendiendo la mano incluso cuando el régimen ha hecho todo por cortarnoslas.


Porque eso es Venezuela. No un régimen no una bandera usada como propaganda.Venezuela ES su gente. Ese pueblo que, aun con el alma rota, sonríe, abraza, comparte, ama y nunca deja de levantarse.


Hoy, en el aniversario de una independencia que ahora debemos recuperar, no celebramos a quienes ocupan el poder. Celebramos a los venezolanos. A los que siguen dentro. A los que tuvieron que irse. A los que ya no están. A los que todavía creen, y que ahora, como hace más de doscientos años, volvamos a levantarnos como el bravo pueblo que somos para conquistar aquello que nos robaron: La libertad. Es hora de levantarnos de nuevo. Ellos son unos pocos. Nosotros somos millones. 


#Desobediencia #350

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

  Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internaciona...