jueves, 23 de julio de 2026

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

 


Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internacionales. Ese oro se encontraba repartido en diversos bancos del mundo. Chavez decidió que ese oro debería estar al alcance directo de sus manos ávidas de riqueza mal habida y las “repatrió” que es como le dijeron al robo directo de tales recursos. A los precios actuales, ese patrimonio equivaldría a varios cientos de miles de millones de dólares. 

Hoy, después de más de un cuarto de siglo de revolución, quedan apenas 47 toneladas (de mas de 372!). De ellas, 31 permanecen congeladas en el Banco de Inglaterra y unas 16, según se presume, estarían en las bóvedas del Banco Central de Venezuela. Pero la cosa es que nadie puede afirmarlo con absoluta certeza porque hace años que esas reservas en el BCV no son objeto de una auditoría independiente. 

En cualquier país serio, semejante opacidad provocaría un terremoto político. En Venezuela, donde el poder ha sido secuestrado por un cártel militar narcotraficante y cobarde, apenas genera resignación.

Lo verdaderamente alarmante no es solo cuánto oro se robaron, sino la naturalidad con la que se habla de seguir disponiendo del poco que queda. Resulta difícil ignorar la ironía de la heredera ilegítima de un capo asesino al pedir la liberación de esas 31 toneladas retenidas en Londres bajo argumentos “humanitarios”, cuando durante años los recursos más extraordinarios que ha recibido la nación fueron administrados con una opacidad que todavía hoy impide conocer el destino de MILES DE MILES de millones de dólares que jamás han llegado al pueblo, sunido en escasez desde hace mas de 20 años. 

El problema de Venezuela nunca ha sido la falta de riqueza, sino que la administración de una riqueza prácticamente irrepetible se encargó de desfalcar comoleta y llanamente a uno de los países más ricos del mundo sin consideración alguna, frente a los ohos del mundo que se negó a escuchar las innumerables denuncias y protestas de millones de habitantes que advertían del desastre... Durante los años de mayores ingresos petroleros de nuestra historia, el país no construyó instituciones más fuertes, ni una economía más diversificada, ni un sistema capaz de resistir el paso del tiempo y al contrario, terminó más endeudado, con industrias desmanteladas, empresas públicas convertidas en ruinas, servicios básicos colapsados y millones de ciudadanos obligados a reconstruir sus vidas lejos de su tierra.

Inglaterra a salvado sin querer parte de las riquezas de Venezuela. Falta ahora saber si liberarán ese oro para entregaraelo a la misma mafia que se robó el resto, o a aquellos que hoy se han apoderado de facto de nuestras riquezas bajo la excusa de una autoridad y unas fases fantasmas, que es como llaman a una invasion ahora, y que se auto atribuyeron de la manera mas descarada de la modernidad. ¿Donde terminará nuestro oro en Inglaterra? Ya veremos… no me extrañaría que termine en alguna bóveda a nombre del señor anaranjado.

Pero incluso después de todo esto, Venezuela conserva algo que ningún gobierno ha logrado saquear. Conserva a su gente. Conserva el talento de millones de venezolanos dentro y fuera del país, la capacidad de emprender, de crear y de levantarse una vez más. El oro más valioso nunca estuvo bajo tierra ni dentro de una bóveda. Siempre estuvo en el carácter de quienes se niegan a aceptar que este sea el destino definitivo de la nación, y cuando llegue el momento de reconstruir Venezuela, no serán los lingotes los que la salvarán. Serán los venezolanos… solo espero vivir lo suficiente para verlo.


Jose Calabres


#Venezuela #Oro #ReservasInternacionales #Inglaterra

VENEZUELA: SOBERANÍA PERDIDA. PAIS SAQUEADO

 


Por años el debate sobre Venezuela giró alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo salir del chavismo? Hoy, esa pregunta parece haber sido sustituida por otra mucho más incómoda: ¿Quién gobernará después del chavismo?

Las noticias publicadas en las últimas semanas muestran un escenario que va mucho más allá del apoyo internacional a una transición democrática (que es lo que esperábamos todos los venezolanos) y se muestra cada día más como lo que es: una dictadura extranjera. Aunque se habla de elecciones, en la práctica se habla es solamente de “manejo del pais y sus riquezas” desde Washington. 

Hoy, Venezuela es una hacienda de Washington como JAMÁS lo hubiese imaginado nadie. Desde la oficina oval se ejerce el control de los ingresos petroleros, de la supervisión de los presupuestos nacionales, de la administración de fondos en cuentas extranjeras, de la autorización para utilizar recursos venezolanos, de la reconstrucción del país y, según algunas informaciones, incluso de una administración temporal dirigida desde Washington que pronto enviará, al mejor estilo chavista, a mas de 3000 militares para que tomen el control directo del pais con la excusa de “reconstruirlo”, que es como llama Trump al proceso de expropiación de recursos que lidera contra Venezuela.

Por separado, cada una de estas medidas puede presentarse como una decisión excepcional destinada a evitar la corrupción, proteger los recursos públicos o garantizar la estabilidad. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, dibujan una realidad completamente distinta.

Estados Unidos no solo influye sobre Venezuela, sino que comienza a ocupar espacios que tradicionalmente pertenecen exclusivamente al ejercicio de la soberanía de un Estado.

No se trata simplemente de recomendar o impulsar reformas políticas, sino de imponer decisiones unilaterales. Se trata de participar en la administración del principal recurso económico del país, supervisar el destino de sus ingresos, condicionar el acceso a fondos nacionales y definir las reglas bajo las cuales podrá desarrollarse la futura transición política. En otras palabras, el centro de gravedad del poder comienza a desplazarse fuera de Venezuela.

Quizá el término más preciso para describir esta situación sea soberanía suspendida.

Formalmente, Venezuela continúa siendo un país independiente. Conserva bandera y algunas instituciones que ya no ejercen poder. Las leyes  sin embargo, no se cumplen, y en el colmo del cinismo, se han decretado algunas nuevas en favor de los intereses gringos. Por otra parte, las únicas autoridades que se mantienen tras la captura de Maduro son ilegítimas, pero 100% apoyadas por EEUU, que en un alarde de “caretablismo” además le ha dado la espalda al verdadero liderazgo democrático del país encabezado por Maria Corina Machado.

Hoy, sin duda alguna, las decisiones más importantes dependen cada vez más de la aprobación de una potencia extranjera y un régimen ilegítimo que juega a complacer al invasor con tal de permanecer.

Y ahí aparece la gran contradicción. EEUU busca presentar una fulana transición como un proceso de tres fases para devolver la democracia a los venezolanos, pero es ese mismo gobierno extranjero quien parece decidir bajo qué condiciones podrá desarrollarse esa democracia. En otras palabras: será cuando “ellos digan y les parezca”, no cuando los venezolanos decidan.

¿Quién administra los ingresos del petróleo?

¿Quién autoriza el uso de esos fondos?

¿Quién determina cuándo existen condiciones para celebrar elecciones?

¿Quién decide qué actores son aceptables y cuáles no?

Cuando esas respuestas apuntan hacia un actor externo, resulta inevitable preguntarse si el objetivo continúa siendo restaurar la soberanía venezolana o si, por el contrario, se está construyendo un nuevo sistema de dominación.

No hace falta reemplazar la bandera de un país para limitar su autonomía. Las formas contemporáneas de dominación rara vez necesitan una ocupación militar clásica. Hoy pueden ejercerse mediante el control de los sistemas financieros, las licencias económicas, las sanciones, los recursos estratégicos, la capacidad para autorizar inversiones o la influencia sobre las instituciones políticas. Justamente eso es lo que vemos hoy, y nadie puede negarlo.

La imagen puede resultar incómoda, pero quizá sea la que mejor resume lo que está ocurriendo: Venezuela corre el riesgo de convertirse en una hacienda administrada desde el exterior. Produce petróleo, pero otro decide quién lo vende. Genera ingresos, pero otro determina dónde se depositan. Necesita reconstruirse, pero otro define cómo se utilizarán los recursos para hacerlo. 

Naturalmente, existe un argumento poderoso que suele utilizarse para justificar esta situación: El Estado venezolano fue profundamente corroído por la narco corrupción, el autoritarismo y el saqueo de los recursos públicos por parte de un cartel y sus amigos de otros regímenes igual de corruptos como Cuba, Irán, Rusia y paremos de contar. Permitir que miles de millones de dólares regresen sin controles podría reproducir exactamente los mismos problemas que llevaron al colapso del país. Ese podría sin duda alguna ser un argumento de aquellos que defienden la intervención estadounidense, y ese razonamiento no carece de lógica, pero tampoco responde a la pregunta fundamental: Que un Estado haya administrado mal sus recursos no significa automáticamente que otro Estado adquiera el derecho de administrarlos en su lugar.

La alternativa a un sistema opaco controlado por Caracas no debería ser otro sistema opaco controlado desde Washington, porque cambiar de administrador no equivale a recuperar la soberanía. EEUU sacó a Maduro, y se agradece, pero a cambio, parece haber secuestrado al país para su propio beneficio económico.

Pero lo más preocupante de todo es que esta nueva estructura podría consolidarse sin encontrar demasiada resistencia, lonque lleva  entonces a otra pregunta mucho mas incómoda: si no queremos que EEUU sea el patrón del país solo porque sacó a Maduro, ¿que hacemos los venezolanos que hemos dejado al chavismo seguir en el poder? ¿Estamos esperando que?

Después de años de crisis económica, migración masiva, deterioro institucional y desesperanza, millones de venezolanos estarían dispuestos a aceptar prácticamente cualquier modelo que ofrezca estabilidad, seguridad y crecimiento, y eso es perfectamente comprensible. De eso se ha aprovechado EEUU.

Cuando la prioridad diaria es sobrevivir, conceptos como soberanía, independencia o autodeterminación parecen lujos intelectuales. Sin embargo, la historia demuestra que muchas formas de dominación han comenzado exactamente así. No olvidemos como se instauró el chavismo. No mediante la imposición permanente de la fuerza, sino ofreciendo orden donde antes había caos, estabilidad donde antes había incertidumbre y prosperidad donde antes existía pobreza. Promesas que llenaron de esperanza a todos pero que solo eran palabras vacías. Fue el chavismo quien nos trajo a esto, justamente. Fue el chavismo quien quebró al país, quien destruyó todo y quien incluso nos trajo a los gringos a saquear.

Ese es el verdadero dilema que enfrenta Venezuela. La discusión comienza a ser si, al abandonar una estructura de poder profundamente dictatorial, el país está entrando en otra forma de dominación extranjera más sofisticada, más eficiente y quizá más difícil de reconocer, porque una nación no recupera plenamente su libertad únicamente cuando cambia de gobierno, sino cuando vuelve a decidir, por sí misma, el destino de sus recursos, de sus instituciones y de su futuro. ¿Cuando vamos los venezolanos a finalmente sacar al chavismo y convocar nuestro propio proceso democrático para recuperar nuestra soberania? 

Jose Calabres

#Venezuela

domingo, 5 de julio de 2026

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA ES HOY




215 AÑOS DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA


Hace 215 años se firmó la Declaración de Independencia de Venezuela. No fue un documento lo que nos dio la libertad; fue la sangre de hombres y mujeres que abandonaron sus hogares sabiendo que quizá nunca regresarían. Fue el llanto de madres, esposas e hijos. Fue el sacrificio de un pueblo que entendió que hay cadenas peores que la muerte.


Hoy, 215 años después, nuestra tierra vuelve a teñirse de rojo.


Otra vez contamos muertos. Otra vez buscamos entre los escombros. Otra vez son las manos desnudas del pueblo las que hacen el trabajo que quienes ostentan el poder decidieron negarnos. Manos cubiertas de sangre, de tierra, de lágrimas… manos que no distinguen ideologías cuando debajo de una piedra puede haber una vida esperando ser rescatada.


Mientras tanto, quienes secuestraron el país nos dieron la espalda. No solo abandonaron a un pueblo herido: también intentaron convertir su tragedia en otra oportunidad para el abuso, la extorsión y el control. Como si incluso el dolor pudiera ser saqueado. Hoy se llenan la boca en ruedas de prensa intentando auto atribuirse la solidaridad, el apoyo y el trabajo de quienes a mano desnuda han levantado cada piedra para rescatar a los suyos. 


Pero la Venezuela de bien, en estos momentos de angustia, no ha estado sola.


El mundo entero ha extendido sus manos hacia nosotros. Rescatistas, médicos, voluntarios, vecinos y desconocidos llegaron desde todos los rincones para hacer suyo nuestro sufrimiento. Y, una vez más, fueron los venezolanos dispersos por el planeta quienes demostraron que la distancia jamás rompe el vínculo con la tierra donde nacieron. Allí donde hay un venezolano, siempre aparece otro dispuesto a ayudar.


Hay mucho que llorar. Muchísimo.


Lloramos a quienes perdieron la vida bajo los terremotos. Lloramos a quienes aún siguen desaparecidos. Lloramos también a los miles que han muerto durante casi tres décadas bajo un régimen ilegítimo que convirtió la esperanza en exilio, la justicia en persecución y la libertad en un recuerdo.


Por eso, cuando hablamos de 215 años de independencia, la historia duele. Porque hace mucho tiempo dejamos de ser verdaderamente libres. A esa cifra habría que restarle los años en los que un régimen narcoasesino secuestró la voluntad de una nación y condenó a generaciones enteras a vivir entre el miedo, la pobreza y la separación. Y tan responsables como quienes ejecutan el abuso son quienes, pudiendo impedirlo, han decidido sostenerlo. La indiferencia también escribe páginas de la historia.


Y, sin embargo, todavía hay razones para celebrar: Celebrar que el corazón de Venezuela sigue latiendo. Celebrar que nuestro pueblo continúa abrazando aun cuando le faltan fuerzas para sostenerse de pie. Celebrar que seguimos compartiendo el pan, buscando a los desaparecidos, levantando al caído y tendiendo la mano incluso cuando el régimen ha hecho todo por cortarnoslas.


Porque eso es Venezuela. No un régimen no una bandera usada como propaganda.Venezuela ES su gente. Ese pueblo que, aun con el alma rota, sonríe, abraza, comparte, ama y nunca deja de levantarse.


Hoy, en el aniversario de una independencia que ahora debemos recuperar, no celebramos a quienes ocupan el poder. Celebramos a los venezolanos. A los que siguen dentro. A los que tuvieron que irse. A los que ya no están. A los que todavía creen, y que ahora, como hace más de doscientos años, volvamos a levantarnos como el bravo pueblo que somos para conquistar aquello que nos robaron: La libertad. Es hora de levantarnos de nuevo. Ellos son unos pocos. Nosotros somos millones. 


#Desobediencia #350

miércoles, 1 de abril de 2026

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-


Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción institucional, hoy la retira de la lista de sanciones y la reconoce como interlocutora válida. Casi de un día para otro, el lenguaje cambió.


Mientras tanto, desde el mismo poder, se repite otra frase: Venezuela necesita elecciones libres. Estamos trabajando en eso. Paciencia.


Ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo. ¿Es una estrategia? ¿Qué está pasando?.


La tentación inmediata es leer esto como incoherencia, e incluso, como traición. Pero eso parte de un supuesto equivocado: que la política internacional se rige por principios morales, y eso, mis amados, definitivamente no es así. Los intereses políticos no operan desde la ética, sino desde el equilibrio y la conveniencia. No negocian con los “buenos”, negocian con los que tienen poder suficiente para sostener o no un sistema.


Delcy Rodríguez no ha dejado de ser lo que es. Lo que cambió fue su utilidad, y en ese sentido, la decisión de “desancionarla” no la absuelve en lo absoluto: La convierte en instrumento de los intereses de Trump (una vez más), como cuando se reconoció ue era “legalmente la presidenta de Venezuela” ante los tribunales de Nueva York, lo cual hace que ahora deba responder, legalmente, ante todas las demandas que empresas norteamericanas tienen en tribunales contra PDVSA y el régimen. El reconocimiento no fue para premiarla, sino para desplumarla más.


Aunque no soy un defensor de las estrategias de Trump, los hechos hablan por si solos. Lo que se está ensayando en Venezuela tiene precedentes históricos y no es nuevo. Es una fórmula conocida: transformar un sistema sin destruirlo por completo.


España lo hizo tras Franco. No hubo una purga inmediata del régimen sino una negociación, continuidad parcial, y luego,  desde dentro, el mismo aparato comenzó a desmontarse. Se que es un ejemplo muy lejano, pero es un precedente.


Más cerca, Chile siguió un camino parecido. Pinochet no cayó por una implosión, sino por una transición administrada que permitió elecciones, aunque bajo condiciones todavía influenciadas por el poder saliente. 


En todos estos casos hubo algo en común: la democracia no nació pura, y tuvo que reconstruirse en capas.


Siendo un poco pragmáticos, debemos entender, aunque nos cause asco, que negociar con actores cuestionables no es, en sí mismo, el problema, porque muchas veces es inevitable. La pregunta real es

¿la negociación busca desmontar el sistema o hacerlo funcional? Y ahí es donde Venezuela entra en terreno incierto.


Delcy Rodríguez no es una figura externa al poder. No es una disidente reciclada. Es parte orgánica del mismo entramado corrupto y narco asesino que todos conocemos. Si se le otorga legitimidad sin exigir transformación estructural, lo que se construye no es una transición. En eso estamos claros. Entonces, ¿que viene?. Me he tomado la libertad creativa de imaginar, dentro de mis posibilidades, algunos escenarios que humildemente describiré a continuación para ustedes.


Escenario uno: la transición administrada


Este es el escenario, a mi parecer, más probable, no porque sea el más justo, sino porque es el más posible tomando en cuenta los intereses de Trump y de Delcy.


Este escenario Implica una apertura gradual que incluye alivio de sanciones, reactivación económica parcial y reinserción en algunos mercados internacionales. Eso, ya está de por sí sucediendo. Y luego, elecciones. Si. Pero no elecciones limpias desde el inicio. Elecciones negociadas.


Eso significa algo muy concreto: procesos donde hay voto, pero no igualdad plena. Puede haber candidatos habilitados… pero no todos. Observación internacional… pero limitada. Competencia… pero bajo reglas aún inclinadas. 


No es una simulación como suele ser en el chavismo, pero tampoco es una democracia completa. Es un punto intermedio. Un ensayo controlado del cambio. ¿Por qué? Porque a Trump le gusta tener a Delcy ahí cumpliendo sus órdenes y Delcy quiere seguir ahí para siempre, entonces ponen a un monigote que cumple las funciones que ambos necesitan: un títere de Trump y una ficha del chavismo. Peligroso, pero muy posible. Léase Enrique Marquez o cualquier otro alacrán. 


Escenario dos: el reciclaje del poder


Aquí la transición se convierte en narrativa. El sistema no cae. Se adapta y cambia el tono, se suaviza el discurso, se abren espacios económicos, se mejora la imagen internacional… pero el control real permanece intacto.


Es el riesgo más silencioso porque no genera crisis inmediata, sino que genera normalización. Ya Delcy lo está intentando. Poco a poco dejan de decirle “encargada”, aparecen vallas y propaganda en todas partes, inunda las redes, y hasta se viste de azul y aparece con rosarios en el cuello… el deslinde con el PSUV, el color rojo y todo lo que la unía con los simbolos chavistas es evidente. Busca NORMALIZAR que ella es el poder, sin haber logrado ni un voto nunca… ni de los inventados! Pero así es como funciona la normalización. Así es como poco a poco se hace “normal” verla en el poder y dejar de cuestionar su legitimidad. ¿Quien eligió a Delcy? ¿Cuando habrán elecciones por la falta absoluta de un presidente legitimo? ¿Por qué nonestá el pueblo en las calles derrocando al narco chavismo caído ya?


Escenario tres: la ruptura real


Es el menos probable, al menos a corto plazo. No porque sea imposible, sino porque exige costos que aún nadie parece dispuesto a asumir.


Requiere desmontar estructuras de control, permitir competencia política real, aceptar la posibilidad de perder el poder… desde el narco chavismo eso no va a pasar, y desde la Casa Blanca, no les conviene mucho, si hablamos de agarrar petroleo y recursos gratis.


Nada de esto aparece claramente en el tablero actual. Pero la historia también enseña algo, y es que las transiciones controladas, a veces, se desbordan. Creo que esto es lo que le sucede a Trump en estos momentos. Se le ha comenzado a desbordar el vaso.


La palabra clave: paciencia. Cuando Rubio habla de paciencia, no está describiendo un proceso democrático, sino un proceso político. La diferencia es sutil, pero esencial. No es de mi agrado, pero la realidad es la que es.


La democracia busca igualdad de condiciones, pero la política busca estabilidad de resultados, y en ese espacio entre ambas cosas es donde se está moviendo Venezuela hoy.


Si lo que se está construyendo es una transición con garantías reales, entonces este momento, por incómodo que sea,  puede ser el inicio de algo distinto, y ahí es donde todos ponemos las esperanzas.


Pero si lo que se está haciendo es reconfigurar el poder para hacerlo aceptable, entonces el cambio será solo estético, y ese es, por otro lado, el temor de todos los venezolanos. 


Al final, la pregunta no es quién negocia. La pregunta es: ¿qué están dispuestos a ceder los que están el poder (en ambos bandos) y qué no?. Ahí es donde se está decidiendo todo, aunque si me preguntan, siento que Maria Corina está empujando una realidad con la que no contaban en Washington, y es que ella es la viz de los venezolanos que exigen libertad y democracia. El poder de esa voz empieza a romper ataduras y a demostrar que los millones de venezolanos tienen mas voz que los poquitos poderosos que se reunen en salones de lujo en palacios de gobierno. El poder verdadero reside en el pueblo. Cuando entendamos eso en verdad y nos levantemos contra los poquitos y nos decidamos a poner orden, llegará la libertad… ¿quiza cuando Maria Corina regrese? Quien sabe. ¿Y si por X o por Y no regresa? ¿Que vamos a hacer?


Jose Calabres


#Delcy #Venezuela #Narcoregimen #Elecciones #MariaCorinaMachado

-¿HABRÁ ELECCIONES EN VENEZUELA?- 😳


Marco Rubio ha declarado recientemente que “Venezuela necesita un gobierno democrático y estamos encaminados para lograrlo”. Dicha afirmación parece, a primera vista, algo obvio. Casi una declaración que recalca una verdad tácita. Pero en el caso venezolano, esa frase no es una meta, sino un campo de batalla.


Porque en Venezuela, la democracia no es solo un sistema político pendiente; es una palabra desgastada por el uso, secuestrada por discursos patrioteros de tercer, manipulada por intereses corruptos disfrazados de pueblo, invocada tanto para justificar acciones como para ocultarlas… y ahí comienza el problema.


Rubio insiste en que el país necesita un gobierno “estable” y “legítimo” que permita inversión, desarrollo y confianza. Pero esa idea, aunque correcta en lo económico, corre el riesgo de simplificar algo mucho más profundo: la democracia no puede reducirse a estabilidad ni a productividad. No es un mecanismo para tranquilizar mercados. Es, o debería ser, un proceso incómodo, imperfecto, incluso caótico, donde el poder deja de pertenecer a unos pocos y se ejerce, de verdad, desde la gente. Eso no sucede en Venezuela desde hace casi 30 años. En nuestro país la democracia fue secuestrada por un grupito que hace lo que le da la gana bajo lemas patrioteros. 


Venezuela es un país donde se habla de votaciones, de leyes, de decretos, pero que en la práctica nadie puede auditar nada. Eso no es democracia, sino una trampa con coartada. Ir a una elección bajo amenaza, con ventajismo, con control total del régimen, sin observadores neutrales y sin resultados transparentes es un absurdo. El más claro ejemplo está en las elecciones presidenciales de 2024, de las que el régimen, hasta hoy, no ha mostrado ni una sola acta de resultados. NI UNA, y aun así, continúan usurpando el poder. Hoy incluso se habla de una nueva “constituyente obrera”, algo que no existe en ninguna parte, y la Mona con Tacones se muestras como “sucesora” como si en Venezuela hubiese “mandatos por herencia”, como una suerte de realeza oscura narco asesina.


Voy a permitirme dar una opinión personal , saliéndome un poco del análisis situacional para hablar más como un venezolano preocupado cualquiera sobre lo que muchos sienten (creo) que debe hacerse con urgencia, y no es más que convocar a elecciones legítimas.


Sé que hay quienes piensan que no se puede avanzar sin antes reemplazar el CNE, los poderes públicos, sacar a Diosdado, etc. y en parte es coincido con todo eso... Es necesario reinstitucionalizar el país. Es evidente. Pero en este momento de tutelaje donde Trump sólo se refiere a Venezuela como a un tesoro lleno de riquezas a explotar y que el maneja por completo, se hacen visibles varias incomodidades. Primero: ¿hasta cuándo seguirá el mismo grupo en el poder, amenazando, reprimiendo y saqueando? No parece haber hasta ahora un plan público claro para desmontar esa estructura ni acciones concretas que limiten su capacidad de control. Los venezolanos no solo seguimos igual, sino que la situación ha incluso empeorado, porque ahora la represión, inflación y crisis se ha profundizado mientras Trump se deshace en elogios hacia la maravillosa Delcy. Necesitamos arreglar esto DESDE el pueblo venezolano, sin esperar a que sea Rubio o Trump quien decida cuando es el momento. Los que sabemos la verdad de este sufrimiento somos los venezolanos. ¿Que hacemos entonces?


Ante esta realidad alterada, me da la impresión de que ha ocurrido algo. Llevo días sin escribir nada. No había mucho que decir que no sepamos todos ya y practepetir noticias o análisis a diario no tengo tiempo. Pero ahora, ha sucedido algo.


Creo que Trump asumió que tomar control político de Venezuela implicaría acceso automático a su petróleo y a sus recursos. Pero acceder a esas riquezas implica explotarlas, y eso requiere inversiones millonarias que las empresas no están dispuestas a hacer bajo las condiciones de incertidumbre institucional. Trump apuró a sus nuevas mascotas a redactar y modificar leyes en tiempo record para dar “sustento legal” a sus demandas de explotación de recursos, pero los inversionistas no son tontos. No hay ley que el narco chavismo respete. Apostar a que la política sustituye las garantías jurídicas ha sido, en el mejor de los casos, una lectura incompleta de la realidad.


El problema es estructural. Las empresas piensan a largo plazo. Ninguna gran inversión petrolera o minera se hará en un país sin seguridad jurídica (mucho menos si esa seguridad depende del narco chavismo), con riesgo de expropiación y con un horizonte político inestable. Por eso, lo que realmente se necesita no es control, sino lo que siempre se repite en términos técnicos: “marcos legales estables”. Es decir, un gobierno legítimo y democrático, y aunque Trump quiera jugar a ser rey, eso no es compatible con el modelo actual.


En este contexto, el Senado de Estados Unidos ha aprobado una resolución que exige claridad sobre el plan hacia Venezuela y obliga a la administración actual a poner sobre la mesa esfuerzos concretos para apoyar una transición democrática. No se trata solo de declaraciones, sino de acciones verificables.


Y aquí aparece una tensión inevitable: sin inversión no hay recursos que explotar, y sin legitimidad no hay inversión. Por lo tanto, el camino inevitable vuelve al mismo punto: elecciones reales.


En ese escenario, es evidente que existe una figura con respaldo popular significativo y reconocimiento internacional: Maria Corina Machado. Ignorar ese hecho, como a veces pareciera que Trump intenta, no lo elimina y solo retrasa lo inevitable. Cualquier intento de construir una alternativa al margen de esa legitimidad corre el riesgo de repetir los errores del pasado, o peor, fracasar inevitablemente.


Entonces, la pregunta no es si Venezuela necesita democracia. Eso ya está claro. La pregunta es: ¿quién la construye?


Si el proceso democrático nace condicionado por intereses externos, por acuerdos opacos o por estructuras heredadas del mismo sistema que se intenta superar, entonces no es una transición, sino una mutación, y Venezuela ya ha vivido demasiadas mutaciones que se disfrazan de cambio como para que vengan a meternos el cuento chino de que Delcy es maravillosa y todo esta perfecto.


La democracia, si llega, no vendrá como concesión ni como plan estratégico. Vendrá como un proceso lento, incómodo, profundamente humano, en el que el país tenga que mirarse a sí mismo sin intermediarios, sin tutores, sin narrativas impuestas y con una gran conciencia de la realidad que debemos cambiar como venezolanos. NADIE puede decirnos a los venezolanos como es la realidad de nuestro propio país y que es lo que debemos cambiar. Eso ya lo sabemos.


Al final, el verdadero desafío no es reemplazar un poder por otro, sino desmontar la idea de que el poder siempre tiene que estar en manos de alguien más y que no es nuestra responsabilidad hacer que ese poder se ejerza de manera legítima, responsable y auditable. 


Jose Calabres


#Elecciones #Venezuela

EL JUICIO A MADURO EMPEZARÁ Y NUNCA SALDRÁ LIBRE- 😎


Hay algo profundamente incómodo, casi obsceno, en el espectáculo que está por comenzar. El mundo observará cómo Nicolás Maduro, el hombre que convirtió la justicia en un instrumento de castigo, se sienta ahora frente a un sistema judicial que, al menos en teoría, sí le ofrece garantías. La ironía no es sutil.

Maduro está detenido en Estados Unidos, acusado de narcoterrorismo, enfrentando un proceso judicial que podría prolongarse durante meses o años, con una muy posible condena de cadena perpetua o un equivalente a pasar el resto de sus días en una celda. Como sea, es seguro que Maduro no saldrá libre nunca. Pero lo verdaderamente importante no es el juicio, sino lo que ese juicio desnuda, porque este proceso no es solo contra un narcoterrorista, sino contra una estructura criminal de espectro mundial.

Durante años, en Venezuela, el juicio como acto era una ficción. Un trámite sin sentido, una mera escenografía para darle apariencia de legalidad a decisiones ya tomadas desde las esferas del narco cártel. Los juicios en Venezuela no eran tales, sino una suerte de inquisición malvada (valga la redundancia) dedicada a torturar a sus víctimas sin que estas tengan la más mínima posibilidad de defensa. 

Miles de presos políticos nunca tuvieron siquiera un simulacro de justicia cercana al menos a la que hoy recibe Maduro, que condenaba a los presos a desaparecer, a no tener derecho a un abogado, a que se desconocieran sus paraderos por meses y hasta años, a que las pruebas fueran desestimadas en favor de cualquier cosa que inventára al momento el juez chavista a cargo.

Y ahí está el primer quiebre narrativo: el que pisó a millones y negó la defensa a miles, hoy es el acusado, y para hacer irónica la historia, ahora él y los suyos gritan desesperados asegurando que se viola su derecho a la defensa, el mismo derecho que le negó el chavismo a 30 millones de venezolanos por casi 3 décadas.  

Este juicio es un acto de justicia universal, pero es  también un acto de poder, porque su propia existencia está envuelta en una controversia que el narco chavismo ha sabido aprovechar. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, sin consenso internacional, ha sido señalada como una violación del derecho internacional por algunos juristas. 

Pero también es cierto que Maduro NO ES un gobernante legítimo puesto que está ampliamente demostrado que se robó las elecciones de 2024. Técnicamente hablando, Maduro es a lo menos, un USURPADOR del poder legítimo, por lo que una  defensa basada en su condición de presidente en ejercicio no tiene futuro (aunque los chavistas digan que si). Ahora que EEUU ha “reconocido” a Delcy, la defensa de Maduro queda peor parada, así que simplemente descartemos esa estrategia de defensa, puesto que aunque la van a utilizar, es seguro que el tribunal no aceptará tal excusa para desechar el juicio. Además, ya existen antecedentes, con Noriega, lo cual no es esperanzador para Maduro-Flores. Al contrario. 

Formalmente, el proceso en Nueva York gira en torno a narcotráfico y armas. Pero esa es apenas la superficie, porque el expediente histórico es otro y abarca muchas otras cosas, como ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y persecución sistemática.

Todo esto esta fuertemente documentado por organismos internacionales y catalogados como “crímenes de lesa humanidad”. Sin embargo, esos crímenes que definen la naturaleza del régimen no son el eje del juicio actual en NYC, que como dije ya, se basa en narcotrafico y terrorismo armado.

Y aquí aparece la segunda alarma, porque el mundo puede terminar condenando a Maduro a la cárcel para siempre, pero sin juzgar realmente el horror que sostuvo su poder. Es como terminar el nazismo con el suicidio de Hitler y no juzgar el Holocausto y a sus colaboradores.

Mientras tanto, en Venezuela ocurre algo inquietante: el vacío no ha sido llenado por una alternativa democrática, sino por una reconfiguración del mismo sistema y con los mismos protagonistas.

Tras la captura de Maduro, el poder fue asumido de forma interina por Delcy Rodríguez, en un movimiento que no representa ruptura, sino continuidad maquillada que cada día parece desmaquillarse un poco más. ¿Hasta cuando estará ahí?.

El interinato, en este contexto, no es una puerta hacia el futuro, sino una sala de espera en la que los venezolanos esperamos una justicia que aún no termina de llegar. Es una espera particularmente peligrosa, porque propone la ilusión de un cambio mientras preserva la misma estructura que hizo posible todo el horror.

Lo que viene no depende únicamente del tribunal, sino del uso político del resultado del juicio. Una condena ejemplar, aunque esperada, será un éxito solo si las condiciones en Venezuela cambian, porque de no ser así, Maduro estará condenado ejemplarmente y el mundo celebrará, pero Venezuela seguirá igual o incluso peor. El sistema sobreviviría  porque nunca fue realmente desmontado. Este es posiblemente el riesgo mayor al que todos tememos.

No podemos dejar de considerar que si el proceso se alarga, se politizará, y el chavismo lo usará como gasolina discursiva. Ya hoy mismo lo están haciendo, tratando de dibujar a Maduro como un  “mártir” y fantaseando con que será liberado. 

El juicio a Maduro no marca necesariamente el inicio de una nueva Venezuela, y en cambio marca algo peor: el momento en que el sistema dejó de necesitarlo a él y a cualquiera. Sin importar quien esté a la cabeza, la estructura sigue funcionando.

Si algo ha quedado claro, y aquí está el verdadero núcleo de todo, es que el poder en Venezuela nunca estuvo realmente en un hombre. Siempre ha estado en una red, una lógica. Se convirtieron en un mecanismo capaz de reemplazar piezas sin alterar su funcionamiento. Chávez murió y el sistema siguió funcionando. Murió Fidel, y siguió funcionando. Ahora Maduro está preso, y el sistema sigue funcionando y adaptandose. 

Todos queremos creer que este juicio es justicia, pero también puede ser otra cosa: una escena para cerrar un capítulo sin escribir realmente el siguiente. 

La pregunta no es si Maduro será condenado, porque es seguro que lo será. La pregunta es si, después de él, alguien será realmente juzgado o si, como tantas veces en la historia, el sistema sobrevivirá cambiando de rostro, pero no de esencia.

Si debemos rescatar algo de estas reflexiones es que los venezolanos enfrentamos un sistema que se adapta para sobrevivir, y para vencerlo, somos nosotros, el pueblo, los que debemos aprender a adaptarnos también para debilitarlo hasta vencerlo. El chavismo sobrevive porque miente y se adapta. No podemos dejarlos mentir sin consecuencias, y no debmos aceptar atropellos. Hay que levantar la voz, protestar y derrocarlos, uno a uno. Se requiere a TODOS empujando al mismo tiempo. Si algo deberíamos tener claro hoy es que no viene ningún superhéroe a salvarnos y que nuestra libertad la debemos ganar nosotros mismos en las calles. Si bien ya tenemos una líder que nos representa, ella sola no podrá. MCM volverá pero su fuerza somos nosotros. Hasta que no presionemos TODOS ellos seguirán en el poder. 


Jose Calabres


#Venezuela #MariaCorinaMachado

martes, 24 de marzo de 2026

-NARCO CHAVISMO, LA TIRANÍA ASESINA QUE SE ACOMODÓ A EEUU-

 


Hay una trampa muy clara en los procesos políticos largos, y es hacerle creer a la gente que algo cambió cuando en realidad todo sigue igual o incluso, peor. Eso es lo que ha pasado en Venezuela y sigue sucediendo.


El llamado “interinato”, que se vendió como la salida al narcochavismo, terminó funcionando como un mecanismo que le dio oxígeno al mismo sistema que nos dijo EEUU que supuestamente iba a desmontar. Esta no es una opinión emocional, sino un hecho observable: el poder asesino narco chavista no cayó, se adaptó.


El venezolano lo siente, incluso sin necesidad de meterse en análisis políticos profundos. Lo ve cuando cambian los nombres de dirigentes en cargos de poder pero todo sigue igual. Cuando no hay justicia, cuando no hay consecuencias, cuando la promesa de ruptura se convierte en una espera eterna en la que solo piden “paciencia”, como si 27 años no fuesen suficientes. 


Hemos pensado por mucho tiempo que el problema era una figura, pero el problema siempre fue el sistema. Así es como funciona un cártel: sacas a un capo y aparece otro. Hoy es Delcy, mañana será otro, pero la lógica es la misma. El cártel no deja de existir o funcionar porque elimines a un capo. Los cárteles son estructuras, no una figura.


Pero lo que hoy venos con angustia no es que el cártel sobreviva intacto, sino que ha logrado algo inaudito: legitimarse ante el mundo. 

Lo que debería verse como la caída de la estructura y que se nos vende como transición en realidad no es más que “CONTINUIDAD” a cambio de recursos. Y ahí está la gran frustración del venezolano: no solo enfrenta a un poder asesino y criminal que no cede, sino a una narrativa internacional que lo valida y que insiste en que ahora hay “transición democrática”, cuando la realidad del venezolano es silenciada por medios internacionales que reflejan lo que dice Trump y sus acólitos: Delcy es maravillosa.


Eso no es ingenuidad, es conveniencia y manipulación pura.


El resultado es una sociedad cansada, desconfiada, golpeada. No solo por la crisis económica, sino por algo más profundo: la pérdida de confianza en una salida verdadera porque el “aliado” no es tal y el opresor dedica muchas fuerzas a dividir y a debilitar cualquier intento de alcanzar la libertad por cualquier medio. No es fortuito que los medios y las redes estén atestados de ataques contra Maria Corina Machado pero normalicen el “interinato” como si fuera un gobierno legítimo, obviando que no ha sido electo, que está en contra de la constitución y que su permanencia va en contra de cualquier principio legal venezolano. Cuando la gente empieza a sentir que todas las soluciones son parte del mismo problema, se paraliza. Y eso es exactamente lo que permite que sistemas asesinos se mantengan, como en Cuba, Nicaragua y Venezuela. 


Pero quedarse en la denuncia no basta. Aquí hay una verdad incómoda: si el problema no es solo quién gobierna, la solución tampoco es solo cambiar nombres. Si bien es cierto que MCM encarna la esperanza de un cambio, también es cierto que debemos mirar hacia adentro. Es necesario entender que el narco chavismo  también se sostiene en el miedo, la dependencia, la desorganización y la costumbre de esperar a que otros resuelvan.


Esto no es culpar al pueblo. Es entender dónde está realmente la batalla para poder enfrentar al enemigo y tener una posibilidad real de vencer. Y es que si el poder ha sabido adaptarse para mantenerse, la sociedad también puede adaptarse para resistir y cambiar las reglas del juego. ¿Estanos preparados y dispuestos a eso? Yo creo que si. 


El punto de partida no es un gran evento épico por suceder ni la llegada inminente de un salvador. Es dejar de aceptar la mentira como algo normal, informarse, hablar claro, organizarse, recuperar la confianza entre ciudadanos y asumir que la libertad no se decreta, se construye. Debe haber protesta, constante, dura y sin cansancio.


Lo que siente hoy el venezolano no es solo frustración. Es una claridad nueva, dura, pero necesaria: nadie vino a salvarnos, sino por recursos, y mientras los tengan, nuestro bienestar no les preocupa en lo más mínimo. Desde esa claridad puede empezar algo distinto; un cambio que no dependa de ilusiones, sino de decisiones. Cuando una sociedad deja de creer las mentiras del sistema por comodidad, ese sistema empieza, inevitablemente, a debilitarse. El sistema se mantiene porque nosotros lo dejamos ser. Debemos cambiar eso.


Jose Calabres

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