LAVÁNDOSE LA CARA CON SANGRE
No hablaré hoy de lo ilegítimo que es el régimen de Delcy. No hablaré de que son los mismos narcos, ahora entregando los recursos del país a otro hambriento de recursos robados. No mencionaré cosas que todos sabemos solo para llover sobre mojado.
Hoy quiero hablar de otra cosa. Quiero desahogar este tapón que siento en el pecho y decir lo que creo que es importante decir ante la campaña de “olvido” que el narcodelcynato viene impulsando desde hace tiempo y que hoy, claramente, ha acelerado.
Después de que en enero soldados estadounidenses entraran a Venezuela y se llevaran en pijamas al capo Maduro entregado en bandeja de plata por los Rodríguez y Alex Saab, ante una resistencia CERO por parte de todos los que hoy intentan pintarse como héroes de guerra, no solo cambió el discursillo barato del Cartel: también tuvieron que retroceder en cada amenaza.
Ya no hay una sola palabra contra Trump. Diosdado ya no habla de “Narco Rubio” ni de “el pelucón”. Ya se acabó aquello de “Maduro está secuestrado” o “volverán”. Atrás quedaron las alocuciones refiriendose al “imperio ladrón”. Ahora, se “agradece” a EE. UU y se recibe con alfombra roja y música a quienes vienen del Washington que deporta venezolanos como a criminales por cientos.
Ya no vemos ejércitos de bots narcochavistas haciendo campaña en X para exigir la “liberación de Maduro”. Aquellas pancartas y discursos de “si entran, no salen” los han borrado hasta de sus propias redes. Delcy la Mona no gastó ni una palabra al respecto en Naciones Unidas. Ni para disimular. Ni para guardar un poquito de dignidad.
Obvio. El collar de castigo está puesto y, a estas alturas, no parece que tengan demasiadas ganas de probar hasta dónde aprieta.
Pero hay algo que no podemos subestimar. Tanto el narcodelcynato como Trump son especialistas en manejo de discursos disociados que manipulan la verdad. Ambos gobiernos actúan igual: mienten, son corruptos, censuran medios, amenazan, usan el poder del gobierno para manipular. No estamos hablando de gente “buena”. Hablamos del narcochavismo de 3 decadas y de un gobierno que ha desatado varias guerras en el mundo para aprovecharse de las victimas, saquear recursos y promover masacres de pueblos enteros con tal de obtener lo que ellos llaman “el botín”. Hablamos de pirateria en su más literal expresión. Pensar que esos piratas se preocupan por nuestro bienestar es tan ridiculo como decir que Satanás no duerme pensando en la gente que sufre de hambre.
La nueva campaña que ahora nos quieren atragantar a la fuerza como un trapo en la garganta es la del “desmontaje del régimen”. Nos quieren hacer pensar que el país se está “reinstitucionalizando”. Hay quienes aseguran que esto es resultado de la presión de EE. UU., pero conviene recordar SIEMPRE que EE. UU. no es ese aliado libertador que muchos quieren imaginar. Hasta ahora, las acciones, las expectativas y las declaraciones han mostrado demasiadas veces que no coinciden. Mientras Delcy se paseaba por Nueva York como si nada, “alguien” obstaculizaba la llegada de María Corina al país. No nos hagamos los tontos. ¿Quien tiene el poder de hacer eso?
Esta “ilusión” de un cambio hacia el rumbo democrático exige vigilancia.
Mientras la AN ilegítima discute reformas, debemos recordar precisamente eso: esa AN es ILEGÍTIMA y, por lo tanto, sus actuaciones también nacen de una institución ilegítima.
Esperar que los mismos que redactaron la LEY DEL ODIO sean ahora quienes la reformen es mucho más que absurdo. Pensar que Jorge Arreaza y su combito de malditos serán quienes determinen si esa ley es justa o injusta es ser mucho más que ingenuos. Arreaza y su combito deberían estar, a estas alturas del partido, al menos presos, por decir lo menos, pero si somos sinceros, sabemos que si el pueblo se levantara, esa gente merece el mismo destino de Gadafi y más.
La campaña del narcodelcynato consiste ahora en hacernos creer que están corrigiendo el rumbo de un desastre que ellos mismos construyeron durante casi tres décadas. Hoy dicen que la Ley del Odio necesita reformas porque fue “mal aplicada”. La verdadera pregunta es: ¿MAL APLICADA POR QUIÉN?
Y ahí está la trampa del discurso. Nos quieren hacer creer que llegaron anoche al poder. Hablan de abusos, corrupción, ineficiencia y torturas como si estuvieran describiendo algo ajeno. Como si ellos no hubiesen sido parte de todo. Como si no fueran ellos mismos quienes torturaron gente en El Helicoide. Como si no hubiesen sido ellos quienes mandaron a echar “gas del bueno”, quienes ordenaron invasiones y expropiaciones, quienes cerraron medios, censuraron y amenazaron. Como si no hubiesen sido ellos quienes pasaron con tanquetas por encima de gente que protestaba por hambre. Como si Geraldine Moreno, Robert Redman, Bassil Da Costa, Genesis Carmona, Neomar Lander, Franklin Britto y mas de 250 asesinados mas por los esbirros bajo ordenes del narcoterrorista régimen asesino fueran víctimas de COVID. Como si no fueran los mismos de El Mazo. Los mismos que durante décadas amenazaron diariamente desde La Hojilla. Los mismos que inventaron cargos de terrorismo por tuitear y que inventaron aquello de las OLP, y la operación Tun Tun.
Los mismos que infiltraron al Ejército con cubanos y rusos. Los mismos que se robaron miles y miles de millones del erario público. ¿Cuanto es se robó El Aissami solo en la trama cripto petrolera? 21.000 millones de dolares? ¿Y Alex Saab? ¿Y el pelo blanco que ahora vive como rey en Italia despues de 20 años diriguiendo PDVSA? ¿Y como es que Cilia, que decían que no tenía para pagar el abogado ahora pide casa por carcel diciendo que ella paga TODO, incluyendo una casa en NYC, seguridad privada y gastos de vigilancia?
Hablan como si PUDREVAL, los carros chinos, los teléfonos VETELCA, las fábricas de línea blanca, las fábricas de televisores, el Metro de Valencia o las Petrocasas (proyectos en los que desaparecieron cientos de miles de millones de dólares) hubiesen sido obra “de otra gente”. Nos dicen que la culpa es de las sanciones. Pero esas sanciones al parecer no afectaron los MILES DE MILLARDOS DE DOLARES que se robaron por decadas. ¿Donde estan los miles de millones que se robó El Aissami?, por nombrar un solo guiso.
Hablan como si ellos acabaran de llegar, y lo peor es que muchos olvidan lo que ha pasado. Ellos lo saben, y por eso juegan con esos discursos. Hay incluso quienes les dan la razón.
Un tribunal acaba de sentenciar que Rocío San Miguel es inocente de los cargos de terrorismo que le impusieron a principios de 2024, cargos por los que estuvo encarcelada durante casi tres años.
Ahora tiene “libertad plena”. Casi TRES AÑOS PRESA por nada. Siempre se supo que era inocente.
Hoy sale libre, gracias a Dios, pero con tres años de vida menos y con un daño moral y psicológico que nadie puede devolverle.
Pero hagámonos una pregunta incómoda ¿Si no hubiese ocurrido lo del 3 de enero, Rocío San Miguel estaría libre hoy? Seguro no falta quien dirá que hay que “agradecer a EE. UU por este “avance”. Pero, ¿Cuántos MILES más siguen presos injustamente cuyos nombres no son famosos y por qué siguen presos? ¿Quién les devuelve los años perdidos? ¿Cuántos perdieron familiares mientras estaban tras las rejas sin justificación?
¿Cuántos se fueron del país porque sabían que su destino podía ser convertirse en otro número dentro de una estadística de tortura, mencionada después en algún inútil informe de Naciones Unidas, acompañado por otra carta inútil de protesta, mientras altos representantes de EE. UU. terminaban abrazándose en Caracas con el capo que aún tiene una de las recompensas de captura más altas del mundo y con toda su camarilla?
No nos dejemos engañar. Una vez más, intentan colocarnos un trapo rojo frente a los ojos para evitar protestas, reacciones y levantamientos. Ni el narcodelcynato ni EE. UU. están trabajando para devolverle la democracia a Venezuela. Están trabajando para mantener al país quieto, cansado y manso mientras los mismos de siempre continúan robándose hasta los centros de mesa. Porque en Venezuela siguen los apagones. Sigue la hiperinflación. Diosdado sigue amenazando y dirigiendo su cartel de narcos asesinos. Los Rodríguez siguen robando y burlándose del país. Los colectivos siguen intactos. La AN ilegítima sigue actuando como si nada hubiese ocurrido, y los mismos ladrones y asesinos de siempre siguen en el poder: intocables, soberbios, millonarios. Abrazandose ahora con gringos todos los días. Como si nada.
Entonces me preguntan:
“¿Qué hacemos? Ellos están armados”. Mi respuesta sigue siendo la misma de siempre: no hay NADIE que vaya a venir a salvarnos de esto y los narcos nunca van a dejar de estar armados.
Solo los venezolanos podemos recuperar nuestro país. Ellos son cientos. Nosotros somos millones. La libertad requiere levantamiento popular y calle. Y todos sabemos que algo así va a cobrar sangre.
Sí. Ya se ha derramado demasiada. Y también sabemos que ninguna libertad verdadera llega como un regalo perfectamente envuelto y entregado por otros.
Si nos levantamos lograremos la libertad, como la han alcanzado otros pueblos a lo largo de la historia. Pero eso exige asumir el costo de defenderla, sostenerla y construirla. No podemos esperar que otros vengan a derramar sangre por nosotros y después nos entreguen, como si nada, un país libre. Los que pensaron que los gringos lo harían, hoy ven la realidad.
Hay que abandonar de una vez esa fantasía infantil del salvador buenito y solidario que vendrá a inmolatse por nosotros porque nosotros somos muy cheveres. Mientras sigamos esperando que alguien venga a liberarnos, seguiremos expuestos a ser esclavos de quien tenga suficiente poder para pisarnos, sin importar el color de la bandera que lleve. Estemos claros: o nos levantamos, o aceptamos la bota, pero no podemos seguir en el discurso de queja sin hacer lo que se debe hacer esperando que alguien más lo haga. Llevanos 3 décadas en eso, y vendrán 100 más si no cambiamos la actitud.
Al final, todo se reduce a una sola pregunta:
¿Estamos dispuestos a hacer lo necesario para ser libres? Esa respuesta no pertenece a una sola persona. Le pertenece a un pueblo entero: organizado, consciente, claro y dispuesto.
Esto lo sabemos todos. Nadie quiere asumirlo. Pocos lo decimos claramente.
Jose Calabres


