martes, 24 de marzo de 2026

-TRANSICIÓN ESTANCADA-


Venezuela vive hoy entre el "Rodrigato" y el Espejismo de la Tutela Estadounidense. Han pasado poco más de dos meses de los eventos sísmicos de enero que culminaron con la captura y salida de Nicolás Maduro, y Venezuela se encuentra en un limbo político que desafía tanto la lógica institucional como las esperanzas de cambio real. Lo que en un principio fue vendido como el inicio de una "transición democrática" ha mutado, a ojos de muchos, en una transacción pragmática de alto nivel. 


En el centro de este laberinto se encuentra Delcy Rodríguez, una figura que ha pasado de ser el rostro de la resistencia chavista a la ejecutora clave de una "hoja de ruta" diseñada en Washington.


La reciente noticia de que el Jefe del Comando Sur ha confirmado que Rodríguez está ejecutando “fielmente el plan de vuelo de Estados Unidos” ha caído como un balde de agua fría en una ciudadanía que esperaba soberanía, no un cambio de tutor. La percepción de un "interinato" de Delcy Rodríguez, avalado por el Tribunal Supremo y sostenido por un estamento militar que parece haber canjeado su lealtad a Maduro por su supervivencia bajo el nuevo esquema, plantea una pregunta dolorosa: ¿Se está democratizando Venezuela o simplemente se está reorganizando el poder para satisfacer intereses energéticos externos?


El malestar en las calles no es gratuito. Para el venezolano de a pie, la imagen de Delcy Rodríguez liderando una “transición” es una paradoja viviente. Como pieza medular de la estructura represiva de la última década, su permanencia en el poder, que ahora goza del beneplácito de la administración Trump, se siente más como un "cambio de guardia" que como una ruptura con el pasado. La "hoja de ruta" parece priorizar la reapertura de embajadas, la estabilización del flujo petrolero y la “liberación selectiva” de presos políticos, pero deja en un tercer o cuarto plano la reconstrucción de la institucionalidad democrática y el sufragio libre, del cual se habla pero de manera casi ambigua.


El sentimiento de que Venezuela ha pasado de estar bajo la influencia de la Habana, Moscú y Pekín a ser un "protectorado" de Washington es cada vez más fuerte. El discurso oficial de Rodríguez ha virado hacia una retórica de "colaboración y desarrollo compartido", pero el trasfondo es evidente: el acceso total a los recursos naturales del país a cambio de una permanencia en el coroto.


Este escenario plantea riesgos críticos. Al permitir que figuras del "Rodrigato" manejen la transición, se corre el riesgo de reciclar el autoritarismo bajo una fachada de cooperación internacional, mientras que líderes que lucharon durante años, como María Corina Machado, ven ahora cómo el tablero se mueve entre los militares, Delcy y la Casa Blanca, dejándolos en una posición periférica de "acompañamiento" más que de liderazgo. No falta quien ve cualquier intento de evitar eso como “una falta de paciencia que puede sabotear la transición”. Sabotear una transición que no está pasando, en primer lugar.


Mientras se discuten inversiones petroleras con Chevron o Repsol, el ciudadano común sigue esperando el imperio de la ley, justicia para las víctimas de derechos humanos y un camino claro hacia elecciones donde el chavismo no sea juez y parte cono lo ha sido durante casi tres décadas. Causa confusión escuchar a los dirigentes de EEUU hablar de recursos, de explotación y negocios con Delcy la maravillosa mientras sigue pesando una recompensa de la DEA sobre Cabello y sanciones sobre prácticamente todo el gabinete. EEUU al parecer no tiene problemas de sentarse en la misma mesa a negociar con los que hace tres meses eran supuestamente el cartel de narcos mas grande del mundo. Curioso. Mientras tanto, Cabello y los demás amenazan, amedrentan, y siguen acechando al pueblo, cono si nada hubiese pasado. Ahora quienes silencian las atrocidades son los mismos que usaron las mismas como excusa para bombardear Caracas y ahora se abrazan con los violadores de derechos humanos. 


La historia nos enseña que las transiciones impuestas desde afuera y ejecutadas por los mismos actores del régimen saliente suelen desembocar en democracias de fachada o en nuevas formas de autocracia. El malestar venezolano no es contra la presencia de EEUU, sino contra la sensación de que su destino está siendo negociado en oficinas de Washington y Caracas sin su participación.


Si la "hoja de ruta" de la que habla el Comando Sur no incluye una reinstitucionalización, un cronograma electoral inminente, una depuración real de los poderes del Estado y una verdadera justicia transicional, Venezuela no estará en una transición hacia la democracia, sino en la pausa de un narco régimen asesino que aprendió a mutar para sobrevivir.


La libertad de un pueblo no puede ser el anexo en un contrato petrolero. Mientras el país observa con desconfianza las movidas de Delcy Rodríguez, queda claro que la verdadera transición no vendrá de una orden de Washington, sino de la capacidad de los venezolanos de reclamar un proceso que les pertenezca, libre de tutelajes y de sombras del pasado. Al parecer, los venezolanos estamos condenados a tener que levantarnos a la fuerza para alcanzar la libertad una vez más. La discusión apenas comienza en una Venezuela que aún busca su propia voz.


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José Calabrés


#Venezuela #DelcyRodriguez #Transicion #Corrupcion

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