sábado, 22 de noviembre de 2025

PAZ O NEGOCIO A COSTAS DE UCRANIA?


Las noticias hoy son escandalosas. Un muy irritante supuesto “plan de paz” para la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania creado por EEUU ha salido a la luz. El supuesto borrador de ese plan de paz de 28 puntos elaborado por el entorno del presidente Donald Trump y negociado con Moscú, ha emergido no solo como una propuesta diplomática, sino como un documento político cargado de controversia y un profundo dilema moral. 


Este plan, negociado a espaldas de Kiev y sus aliados europeos, redefine los términos de la “paz” al solicitar, de manera escandalosa, a la víctima que pague la factura territorial y de soberanía. Pero no es a decir verdad nada nuevo respecto a lo que ya Trump había planteado groseramente hace meses atrás cuando le hizo una encerrona al presidente Zelensky en la oficina oval para humillarlo públicamente. 


La esencia del “plan” es clara: Ucrania debe aceptar una paz a cambio de territorio y neutralidad forzada. 


La propuesta exige el reconocimiento de facto de Crimea, Lugansk y Donetsk como rusos, y la congelación de las líneas de contacto en Jersón y Zaporiya, lo que otorga a Rusia la retención de sus ganancias bélicas. En la práctica, esto legitima la agresión y violenta uno de los principios fundamentales del derecho internacional: la prohibición de adquirir territorio por la fuerza.


El borrador plantea que Rusia logre su objetivo estratégico de anexar vastos territorios y la prohibición permanente de que Ucrania ingrese a la OTAN. Exige además a Kiev a ceder su derecho a la integridad territorial y a limitar el tamaño de sus Fuerzas Armadas. La "ganancia" ofrecida a Ucrania es puramente negativa: el supuesto cese inmediato del derramamiento de sangre a cambio de un sacrificio territorial irreversible.


Quizás los elementos más censurables del borrador son que plantea la “amnistía total” y una absolutamente inmoral cláusula de lucro estadounidense. Veamos.

 

- Impunidad para Crímenes: La “amnistía total” propuesta otorga una comoleta impunidad a los responsables de crímenes de guerra cometidos por ambas partes, pero predominantemente por el ejército invasor ruso. Al eliminar la posibilidad de rendición de cuentas, el acuerdo socava la justicia para las millones de víctimas ucranianas y establece un peligroso precedente de que la agresión armada puede quedar impune si el agresor es lo suficientemente poderoso. Esta clausula, que favorece muy mayormente a Putin, es además una alianza entre Trump y Putin, y la prueba de esto es la siguiente clausula.


-El lucro oportunista: El plan revela un supuesto plan de inversion de 200 mil millones de dolares para la reconstruccion de Ucrania con 100 mil millones provenientes de fondos rusos congelados y el resto de fondos de ayuda de la UE. Acá sin embargo se plantea un interés económico directo al estipular que “Estados Unidos recibirá el 50% de las ganancias derivadas de invertir los $100 mil millones de activos rusos congelados en la reconstrucción de Ucrania”. Esta estipulación transforma la mediación en un negocio. El principal mediador, en lugar de actuar como un aliado desinteresado, se posiciona para obtener un beneficio financiero directo a costa de la devastación de Ucrania. Esto levanta serias preguntas sobre si los intereses geopolíticos y humanitarios están siendo eclipsados por la oportunidad de ganancias, una crítica que ha perseguido consistentemente a Trump. 


Otro dato curioso de este acuerdo es que propone que se active de nuevo la central nuclear de Zaporivia (Chernobyl) y que la energia generada sea repartida 50/50 entre Ucrania y Rusia, y que 50% de la explotacion de minerales y tierras raras de Ucrania sean para beneficiar a EEUU. Escandalosa inmoralidad que la verdad es que no sorprende a nadie.


La aceptación de que Rusia se apodere de territorio por la fuerza y quede impune establece un precedente catastrófico para el orden mundial basado en normas. Si la comunidad internacional (y particularmente Estados Unidos, como mediador) valida que una potencia nuclear pueda reescribir fronteras sin consecuencias, se abre la peligrosa "Caja de Pandora" de las anexiones por la fuerza.


Este acto de impunidad podría ser interpretado por otras potencias revisionistas como una luz verde. Se teme que sirva de modelo o justificación para que China intensifique su presión sobre Taiwán, o incluso para que otras potencias empleen la fuerza para apoderarse de recursos estratégicos o territorios disputados, como hipotéticos escenarios donde una nación se apodere por la fuerza del Canal de Panamá o anexe la Franja de Gaza. Si el principio de integridad territorial es violado con éxito e impunidad una vez, no hay argumento legal o moral para evitar que el hecho se repita ad infinitum.


La negociación de un plan de esta magnitud sin la participación y consentimiento de la nación atacada es un ejercicio de la política de las grandes potencias que recuerda a épocas pasadas y bastante penosas. El hecho de que un supuesto aliado esté negociando con el agresor a espaldas de la víctima debilita la confianza en las alianzas. Mucho mas si entendemos que detrás de Ucrania está toda la UE. 


El plan de paz de 28 puntos de Trump no es un acuerdo de justicia, sino un dictado de capitulación de lo mas vergonzoso. Premia la agresión rusa con territorios, castiga a Ucrania por resistir limitando su soberanía, y busca asegurar un beneficio económico para el mediador. Es, en esencia, un intento de comprar una paz falsa al precio de la moralidad internacional y de la soberanía ucraniana.


Si este conflicto llegase a escalar fuera de Ucrania, desatando una guerra convencional entre Rusia y Europa (posiblemente con la implicación de la OTAN) que pudiera escalar a un conflicto nuclear (ojalá no pase nunca!) la historia podría señalar a la política de Estados Unidos como un factor determinante de ese hecho, e incluso, el factor desencadenante del mismo. Si Washington tuvo la oportunidad de presionar a Rusia para un cese real de las hostilidades, basándose en la justicia y el derecho internacional, pero en cambio impuso a Ucrania un acuerdo de cesión territorial y aupó directamente las ambiciones de Moscú, no se podría eximir a esta política de culpa en un desastre geopolítico mayor. El ataque al agredido mediante la imposición de condiciones humillantes a cambio de una situación forzada disfrazada de acuerdo solo para alimentar un beneficio económico solo sirve para envalentonar al agresor y desestabilizar el statu quo global. Esto, tarde o temprano, cobrará un alto precio al mundo entero. 

 

Jose Calabres.


sábado, 15 de noviembre de 2025

Esta pasando algo?

 


¿ESTÁ SUCEDIENDO ALGO?


Algo se está moviendo alrededor de Venezuela. No solo por la presencia militar de EE.UU. en el Caribe o por la autorización de operaciones encubiertas de la CIA dentro del país. También por los mensajes en clave que empiezan a lanzar actores políticos, diplomáticos y hasta figuras opositoras. Todo sugiere que el tablero se está reajustando.

Washington aprieta: el portaaviones Gerald R. Ford sigue en maniobras, otras unidades amplían su radio en la región, y Trump (sí, Trump) dice abiertamente que la CIA opera dentro de Venezuela. Que lo anuncie así de frente ya es extraño… pero sigamos.

A esto se sumó una nueva iniciativa: Operación Lanza del Sur. No hay muchos detalles públicos, pero el momento en que aparece y su nombre sugieren un paso más dentro de un cerco creciente: monitoreo de rutas del narco, bloqueo de financiamiento, búsqueda de figuras clave. Algo se está ajustando.

Trump, por su parte, aseguró que ya tomó una decisión sobre Venezuela, aunque no dijo cuál. Lo deja flotando, como mensaje para todos: para Maduro, para aliados, para la propia opinión pública. 

Mas allá de lo que diga o no un medio de comunicación de donde sea, lo importante es leer el panorama general que muestra el cúmulo de noticias, y este apunta a que EEUU está planeando algo contra Maduro y su comitiva, y por su parte Maduro está en alerta, buscando cerrar filas y tratando de minimizar cualquier levantamiento interno que pueda amenazarlo.

En medio de esto estalla el escándalo de los más de 2300 emails que conectan a Trump con Jeffrey Epstein. Muchos creen que, como siempre, Trump podría intentar mover fichas en el exterior para desviar la atención, igual que hace el propio régimen venezolano con sus crisis internas.

Desde la oposición también llega una señal llamativa: María Corina Machado anunció que viajará personalmente a Noruega para recibir un reconocimiento del Comité Nobel. En otro momento sería irrelevante. Hoy no. En un país donde la oposición tiene prohibiciones, persecución y restricciones para salir, anunciar un viaje así es casi una declaración política. Implica que ella sabe o intuye que habrá condiciones que lo permitan y que esas condiciones no las controla Miraflores. Ya veremos. 

Mientras tanto, Maduro se aferra a lo único que todavía maneja con cierta solidez: el terreno militar. Moviliza milicias, endurece discursos, habla de “defensa del territorio” y prepara estructuras de resistencia. Busca enviar un mensaje interno: “aquí seguimos”, pero lo hace muchas veces, desde un bunker, lo cual llama la atención.

La actitud de Padrino López no deja de llamar la atención y parece en cada discurso más un hombre que ya sabe su destino que un jerarca poderoso.

En lo externo, Caracas intenta apoyarse en sus socios de siempre: Rusia, China e Irán. La apuesta es que cualquier movimiento en su contra los obligue, aunque sea mínimamente, a reaccionar. Pero la reacción de estos ha sido muy tibia. No ha pasado de una que otra declaración menor en instancias internacionales sin acciones reales. Obvio. Nadie piensa comenzar un conflicto internacional con EEUU para defender al Cartel de los Soles y su vida de jeques.  

Y entre líneas, varios escenarios posibles empiezan a intuirse:

1. Una transición silenciosa.

Movimientos militares, presión diplomática y señales políticas podrían estar creando el marco para un acuerdo que solo se anunciaría cuando todo esté listo. El viaje anunciado por MCM encaja con esa sensación de preparación y recientemente la llamada de Trump a Maduro lo cimienta mas.


2. Operaciones selectivas.

Sin llegar a un conflicto abierto, Washington podría atacar estructuras clave del régimen para fracturarlo desde dentro. “Lanza del Sur” podría apuntar justo a eso. Cuanto podría resistir el Cartel ante un ataque real? Quien estaría dispuesto a defender a los jerarcas con la vida? Encontraremos a Diosdado, Maduro y Padrino en las calles luchando contra quien? O se esconderán en algún bunker?


3. Presión internacional.

Trump anuncia decisiones, la oposición actúa como si algo se moviera, EE.UU. despliega fuerzas. Aunque no haya ataques, el mensaje es claro: el tiempo del chavismo parece acortarse ante un cerco internacional cada vez mas cerrado. Cuanto pueden aguantar?


4. Un incidente inesperado.

Con tantos actores moviéndose, aumenta el riesgo de un choque no planificado, como un barco interceptado, un dron derribado, una operación filtrada. Algo que obligue a EEUU a reaccionar. Maduro no se atreve a mover una pluma que pueda desencadenar esa reacción, ni siquiera después de los casi 30 bombardeos a embarcaciones que ya se han realizado. Tampoco ha reaccionado ante los vuelos de bombarderos sobre costas venezolanas. Maduro sabe que un movimiento en falso le puede costar todo. Pero por cuanto tiempo podra hacerlo? Y por cuanto tiempo esperará EEUU para actuar? Ciertamente eso no lo podemos saber, pero de seguro no será para siempre. El reloj avanza y el tiempo del Madurismo se acorta sin duda.


Latinoamérica observa mientras tanto en silencio, pero con nerviosismo. Cualquier escalada afectará a toda la región. Venezuela está en un punto de quiebre no es solo lo militar o en lo diplomático. Son las señales, los silencios, y los movimientos que se acumulan los que indican que los actores más poderosos se están preparando para algo. El clima está cambiando y cuando se refiere a Venezuela, cuando el clima cambia, nada se queda quieto.


Jose Calabres


sábado, 11 de octubre de 2025

El Nobel de la Paz 2025


El 10 de octubre de 2025 amanecimos con una noticia que estremeció de emoción a millones de venezolanos dentro y fuera del país: el Premio Nobel de la Paz fue otorgado a una mujer venezolana, María Corina Machado.


Es el segundo Premio Nobel que recibe Venezuela en toda su historia. El primero fue concedido en 1980 al científico Baruj Benacerraf, por sus descubrimientos sobre la inmunología y los genes que controlan la respuesta del sistema inmune. Aunque Benacerraf nació en Caracas, desarrolló la mayor parte de su vida profesional en Estados Unidos. Aun así, su logro fue celebrado como un hito para la ciencia y para el gentilicio venezolano.

Hoy, más de cuatro décadas después, otro nombre venezolano se inscribe en la historia, pero en circunstancias muy distintas y profundamente simbólicas. María Corina Machado no recibió su Nobel en una ceremonia solemne ni entre aplausos internacionales, como suelen recibir este tipo de premios otros ganadores, sino desde la clandestinidad, escondida, por la persecución de un régimen que convirtió al país en el sueño cumplido de Pablo Escobar: un cartel de narcotráfico con rango presidencial.


Es la primera vez en la historia del Premio Nobel de la Paz que una persona lo recibe mientras se encuentra oculta por la amenaza de ser encarcelada o asesinada por un gobierno (o por un Cartel de drogas, como en este caso).

A diferencia de muchos líderes que, frente al peligro, optaron por el exilio, María Corina Machado ha decidido permanecer en su país. Pudo escapar. Pudo hacerlo muchas veces. Pero eligió seguir luchando desde Venezuela, caminando sobre la delgada línea entre la vida y la muerte, para mantener viva la llama de la libertad. Su decisión no solo es un acto de coraje personal, sino también una lección moral para toda una generación que ha visto cómo los verdaderos cobardes se parapetan detrás de “anillos de seguridad” y ejércitos de mercenarios que les “protegen” de posibles atentados de civiles desarmados que gritan a todo pulmón: “LIBERTAD!”.

Este premio, más allá del prestigio que otorga o del orgullo nacional que despierta, es un reconocimiento al valor de una mujer que ha dicho la verdad sin titubear durante casi tres décadas. Es el eco de aquella frase que resonó como una bofetada en el rostro del poder hace caso 20 años: “Expropiar es robar.” Es un homenaje a la valentía y a las voces que se levantan para defender lo justo, la verdad y denunciar, incluso cuando eso pone en peligro la vida misma. Hay que ser valiente para hacer eso escudándose solo con la palabra y no con armas y amenazas, cono lo hacen los cobardes del narco regimen.

El Nobel de la Paz 2025 honra a la mujer que desafió a una narcodictadura con votos, frente a ejércitos mercenarios; la mujer que organizó una elección ciudadana y presentó —en menos de 24 horas— millones de actas que dejaron en evidencia el fraude más descarado de la historia del continente americano. Y lo hizo mientras era perseguida, acosada y amenazada por un régimen que teme más a la verdad que a las balas. Estamos hablando del mismo régimen que obligó a Edmundo González a irse del país y secuestró a su yerno. El mismo régimen que tiene a sus propios hijos viviendo como príncipes en el exterior mientras en Venezuela hay gente que busca comida en la basura.

La llamada del Comité del Nobel llegó en plena madrugada. A un lado de la línea, la voz del director del comité, conmovido hasta las lágrimas, le anunciaba a María Corina que había sido elegida ganadora del Premio Nobel de la Paz. Al otro lado, la voz perpleja de una María Corina en plena madrugada no dejaba de tartamudear: “no puede ser”. Por primera vez en la historia, el anuncio se hacía a alguien que debía ocultarse para seguir con vida. Por primera vez se otorgó el premio a alguien que puede ser asesinada o torturada por “hablar”.

Fue una llamada breve, pero histórica. Una llamada que, más allá de su simbolismo, reivindica la dignidad de un país que, pese a la oscuridad, sigue creyendo en la luz. 

Ahora, Venezuela no solo es noticia otra vez. No por ser la cuna del Tren de Aragua, legado del régimen, sino por la lucha digna de la democracia y la libertad bajo la figura de una mujer de hierro que por MUCHO supera en valentía a los cobardes de un régimen moribundo al que le faltan las “bolas” que a María Corina le sobran.



miércoles, 24 de septiembre de 2025

-Un Mundo Roto- (o Reflexiones sobre la estupidez)



Suele pasar que pienso demasiado en nuestro mundo. En nuestra humanidad. Y no estoy seguro de que sea un ejercicio sano, para ser honesto, porque muchas veces me sumerge en lugares tristes, grises y desesperanzados.


Alguien podría decir que vivimos en el mejor momento de la historia: tenemos avances tecnológicos sin precedentes, una economía global en su punto más alto, y la ciencia y la medicina nos han regalado más años de vida que nunca antes. No dudo de nada de esto; es verdad. Pero, al mismo tiempo, pareciera que nos volvemos cada vez más estúpidos en muchos aspectos.


Se supone que con el paso del tiempo deberíamos aprender, crecer, volvernos más “modernos”. Pero no es así. Hoy debemos autocensurarnos para hablar de temas que, irónicamente, solo pueden superarse hablándolos. No se puede mencionar el suicidio, el racismo, la corrupción, el machismo… porque apenas se nombran, las publicaciones son censuradas, eliminadas o “desmonetizadas”. Entonces, quienes tienen la posibilidad de multiplicar un mensaje valioso prefieren hablar de “cómo lograr que tu video atraiga en dos segundos” en lugar de enseñar a millones de seguidores a reconocer un gobierno corrupto o a prevenir un suicidio. Eso no vende. Eso no se toca.


Y no solo no se habla: hasta nombrarlo está prohibido. Ahora hay que escribir $ui/!d!0 o A$3$!n0 para que el famoso “algoritmo” no borre el contenido. ¿En qué momento llegamos a aceptar que toda la humanidad dependa de lo que un algoritmo nos permite decir o callar? ¿Cómo es posible que algo tan abstracto —y controlado por unos pocos— tenga el poder de destruir a cualquiera con un simple hashtag?


¿Cuándo dejamos de lado lo que pensamos de verdad para someternos a lo que “acepta” un algoritmo o a lo que repiten ejércitos de bots? ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo? ¿Qué futuro espera a nuestros hijos?


Vivimos en un mundo donde quienes dicen lo que piensan son “cancelados”, mientras la estupidez y la ignorancia son premiadas con millones de vistas y “likes”. Antes se decía que la ignorancia existía por falta de información; hoy sabemos que no es así. La información está ahí, al alcance de todos. Pero parece que la mayoría elige la estupidez, porque resulta más cómoda, más entretenida, más viral.


El mundo está roto. Hoy jugamos a lo “políticamente correcto” sin detenernos siquiera a preguntar: ¿qué significa “correcto”?. Un pequeño grupo de celebridades, que aparentemente representan al mundo entero, marca la pauta de lo que se debe aceptar, creer, callar o decir. El número de likes decide quién gana.


Mientras tanto, los miles de millones de personas que habitamos el planeta seguimos las instrucciones de ese grupito y de un ejército de bots algorítmicos que viven en una red donde la verdad simplemente no existe. Y así, terminamos con gobernantes que deciden el destino de millones decretando lo que es o no correcto en un simple “post”.


Ya no se trata de pensar y analizar por nosotros mismos, sino de esperar a que “el líder” nos diga qué creer y qué hacer en el mensaje que publique en ese momento.


¿A alguien mas le parece absurdo esto? Despues de millones de personas que en siglos pasados murieron defendiendo nuestra libertad y nuestro derecho a pensar libremente, así estamos… esperando a que el “líder” diga que vamos a pensar o no.

viernes, 19 de septiembre de 2025

De la Libertad



Hablemos de libertad.


Pareciera que el concepto de “libertad” es entendido claramente por todos. Lo asumimos como algo moderno, tácito. Vivimos en un “país libre”, donde podemos hacer lo que queramos, decir lo que queramos, ir a donde queramos. Pero en realidad, esa “libertad” muchas veces es solo una ilusión.

La verdadera libertad es mucho más que un concepto: es un conjunto de derechos conquistados, literalmente, a sangre y fuego por nuestros antepasados en luchas que hoy difícilmente estaríamos dispuestos a dar. Hubo personas que murieron exigiendo y defendiendo los derechos que nosotros disfrutamos hoy desde la comodidad de un sofá. 

En Latinoamérica, la independencia de los pueblos se logró tras ríos de sangre derramados en batallas contra ejércitos realistas. Así se rompió el yugo de los imperios europeos. Pero “independencia” no significa libertad.

La libertad es el respeto a los derechos de todos. Son derechos universales, derechos humanos. De allí la existencia de sistemas judiciales. Pero respetar derechos no siempre garantiza justicia, y en esa zona gris —entre libertad, legalidad e independencia— es donde los poderosos juegan sus cartas para coartar la libertad de las mayorías, porque mientras las mayorías dependan de los poderosos, estos seguirán siéndolo. La pobreza, en ese sentido, no es un accidente: es un producto cuidadosamente elaborado.

Esto no es un eslogan ni un pensamiento de etiqueta política. No corresponde a una ideología liberal, conservadora o socialista. Es un hecho verificable.

Veamos un ejemplo: tras la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, en teoría millones de personas fueron “libres”. En la práctica, los afroamericanos no podían conseguir trabajo porque eran negros. Se les prohibía el acceso a escuelas, hospitales, tiendas, e incluso podían ser linchados sin mayores consecuencias. ¿Podemos hablar entonces de libertad y justicia tras la abolición de la esclavitud?.

Este ejemplo incomoda a muchos. Hay quienes pretenden borrar la historia y reemplazarla con relatos edulcorados, como si se tratara de cuentos de hadas. Pero estos horrores no sucedieron hace siglos: ocurrieron hace apenas unas décadas. Borrarlos de la memoria no va a ser un trabajo fácil. 

No fue sino hasta 1965 cuando se garantizó plenamente el derecho al voto de las personas afroamericanas. Aunque la 15.ª Enmienda (1870) prohibía negar el voto por “raza, color o condición previa de servidumbre”, se idearon mecanismos para excluirlos: impuestos electorales, pruebas de alfabetización, “cláusulas de abuelo” e intimidación. Y el sufragio femenino no llegó sino hasta 1920, medio siglo después del voto masculino.

Tampoco fue sino hasta 1954 cuando la Corte Suprema de EE. UU. declaró ilegal la segregación racial en las escuelas. Eso significa que millones de personas que hoy siguen vivas sufrieron discriminación abierta, se les negó educación y se les trató como ciudadanos de segunda por su color de piel. Rosa Parks, ícono del movimiento por los derechos civiles, murió hace apenas unos años. Todo esto ocurrió hace muy poco tiempo. No es motivo de orgullo, pero sí de memoria: borrar esa historia es negacionismo, y ninguna sociedad en la historia ha prosperado jamás sobre el negacionismo.

Lo que quiero dejar claro es que la libertad no es algo que simplemente existe. Siempre ha requerido luchas, y esas luchas han sido protagonizadas por minorías oprimidas enfrentadas a clases poderosas. Sin excepción. No es cuestión de ideología, es cuestión de hechos. Y, paradójicamente, esas “minorías” casi siempre son en realidad las grandes mayorías: trabajadores, campesinos, mujeres, pueblos enteros. Hoy, al menos 46% de la población de EEUU necesita trabajar más de 60 horas semanales para cubrir sus gastos básicos mensuales. Del 54% restante, 34% asegura tener dos trabajos para poder llegar a fin de mes. Mientras tanto, un muy pequeño grupo acumula fortunas imposibles de gastar en mil vidas. Este fenómeno se repite en casi todos los países, aunque en algunos es mas marcado que en otros.

El secreto está en la cultura. Un pueblo culto es un pueblo consciente y difícil de manipular. Por eso, desde siempre, a los poderosos les ha convenido mantener a los pueblos en la ignorancia: borrar la historia, premiar la mediocridad, sembrar división y resentimiento, etiquetar a los disidentes como enemigos. Esas son sus armas. Mientras tanto, ellos hacen lo opuesto: van a las mejores universidades, acceden a la mejor educación, viajan por el mundo, se enriquecen del conocimiento y lo utilizan para perpetuar su poder. El círculo vicioso se repite.

Hoy deberíamos preocuparnos profundamente por el retroceso de las libertades en el mundo. Existen países donde opinar puede costar la vida, el trabajo o la deportación. Donde un periodista puede ser despedido por “incomodar al poder”. Donde lo que es legal o justo lo decide el “líder”… pero cuando la libertad depende del ánimo de un líder, entonces ya no existe libertad.

Si la libertad de prensa, de opinión, de voto o de protesta depende de la voluntad del poderoso y no del respeto a la ley, a la justicia y a la imparcialidad, lo que tenemos no es libertad: es una simulación de libertad, y en esa simulación solo se es “libre” si se aplaude y glorifica al líder, como ocurre en Corea del Norte, Nicaragua, Rusia o Cuba… Lo digo con conocimiento de causa: soy un periodista venezolano perseguido por mis opiniones… hay países en los que hoy se ha retrocedido 100 años en materia de libertad ante el aplauso de sus propios habitantes… 


Jose Calabres

miércoles, 27 de agosto de 2025

Esta pasando?



En días recientes, el gobierno de Estados Unidos ha desplegado, en una acción sin precedentes, una fuerza militar sobre las costas cercanas a Venezuela que, sin duda alguna, ha hecho temblar a la dictadura de Caracas.

No faltan analistas en medios de todo tipo, así como “influencers” en redes sociales, aludiendo a una inminente acción militar para sacar a Maduro en cuestión de horas. Sin embargo, esa esperada acción no termina de llegar, a pesar de las esperanzas de todos los venezolanos de que finalmente ocurra. ¿Qué está pasando? ¿Por qué la demora? Aquí mi humilde opinión.

Aclaro nuevamente: no soy analista internacional ni especialista en política. Soy, simplemente, un ciudadano más, igual que usted, que intenta usar un poco de sentido común para dar forma a las noticias a las que tengo acceso; que no son otras que las mismas que ustedes leen.

Al observar el panorama general y analizar declaraciones de distintos sectores, creo que la situación apunta a lo siguiente: habrá un golpe de Estado en Venezuela. Ciertamente. Pero no propiciado por Estados Unidos, sino por venezolanos. ¿Quiénes pueden dar este golpe? Solo un sector: las Fuerzas Armadas, porque son las que tienen las armas y la fuerza. ¿Cómo llego a esta conclusión? Porque el llamado de Maduro a la defensa de su dictadura ha estado dirigido a milicias y cuerpos civiles, nunca al ejército como tal. No confía en ellos. Sus segundos, como Cabello, amenazan con espionaje y represión porque temen conspiraciones internas. Y es lógico: las hay.

Ahora bien, ¿qué pasará cuando caigan Maduro y los suyos? ¿Qué sucederá al día siguiente? Supongamos que entonces Edmundo González y María Corina Machado asuman el poder como corresponde. ¡Un gran triunfo de la democracia! Pero el mal de la dictadura no se reduce a Maduro y su círculo cercano. Habrá miles, sino millones, de chavistas leales que buscarán sabotear al nuevo gobierno. Entre ellos, colectivos, paramilitares, el ELN, las FARC, Hezbollah, cubanos infiltrados, sandinistas, la oposición “alacrán” y toda la fauna que conocemos bajo la sombrilla de la dictadura. Ellos seguirán ahí, quizá en la clandestinidad, pero igual de peligrosos. Ni hablar de sectores de la FAN leales al chavismo. ¿Cómo confiarían MCM y Edmundo en unas Fuerzas Armadas aún manchadas por el régimen? ¿Cómo garantizar que no habrá intentos desestabilizadores apenas horas después de la salida del Cartel de los Soles? Se necesitará una fuerza armada y de seguridad “confiable”. ¿Quién puede proveerla? Tal vez una flota estadounidense, a tiro de piedra, lista para entrar y sofocar cualquier intento de golpe.

Y aquí es donde todo cobra sentido. Entrar militarmente a Venezuela para sacar al narcorégimen implicaría uso de la fuerza, pero luego habría que mantener una ocupación. De no hacerlo, la transición sería un caos. ¿Cuánto cuesta mantener una ocupación extranjera? No solo a Estados Unidos, sino a los propios venezolanos, que quedaríamos endeudados y a merced de un país ocupante, como ocurrió en Afganistán o Irak, donde la presencia se extendió por décadas. Y no se me malinterprete: no estoy en contra de una ocupación si ese fuera el precio de la libertad, pero siendo sensatos, no es muy inteligente cambiar una dictadura por una ocupación. Prefiero que el país recupere su libertad con apoyo externo, sí, pero como fuerza de contención, no de ocupación.

Si esta lectura es correcta, el proceso de derrocamiento final ya ha comenzado y es inminente en poco tiempo. No necesariamente en horas, pero sí en semanas.

¿Cómo será el final? Nadie lo sabe. Poniéndome en los zapatos del régimen, supongo que negocian miles de salidas para huir del país ilesos, porque ninguno está dispuesto a pagar cárcel. Sin embargo, todo indica que las negociaciones se agotaron. Basta con ver a Maduro, con lágrimas en los ojos, declarando que “no podría conocer a Dan Maduro” en Países Bajos porque lo están cazando. Al parecer, ya no hay diálogo que lo salve. Si él no se salva, difícilmente se salvarán sus subalternos. ¿Qué les queda entonces? Resistir lo más posible. Pero esto ya es casi imposible: no tienen apoyo del ejército, que cada vez más busca cómo salvarse participando en la caída de la dictadura. Las conspiraciones y amenazas crecen cada día. Es solo cuestión de tiempo.

El hecho de que Estados Unidos refuerce constantemente su flota cerca de Venezuela apunta a que la caída es inminente. La pelota está en la cancha de los venezolanos. No esperemos una invasión. No va a ocurrir. Pero el apoyo para la transición ya está ahí.


JOSE CALABRES

martes, 4 de marzo de 2025

La canción de Maia




La Canción de Maia


En un rincón escondido del mundo, donde el viento susurra secretos entre los árboles y el río canta historias antiguas, vivieron por muchos soles una pequeña familia de soñadores, rodeados de arcilla, colores e historias... 


Desde el día en que Maia nació el mundo se llenó de música, y la primera vez que abrió los ojos, no fue el silencio lo que la recibió, sino una melodía. Era suave como el viento en las hojas y cálida como el sol al amanecer. Aquella pequeña princesa fue arrullada por cientos de melodías que fueron susurradas suavemente a su atento oído. El padre de aquella pequeña criatura descubrió que abrazarla mientras le cantaba una canción la calmaba y la ayudaba a dormir… y así, cada noche, por muchísimas noches, le cantó una canción, que aunque no era de su autoría, se hizo con el tiempo la canción de su princesa… 


No era cualquier canción, sino una que hablaba del alma, de la luz y del camino que estaba destinada a recorrer… era una canción que hablaba de como llenaba de amor el alma de quienes la rodeaban y de la fuerza que le daba a sus orgullosos padres para seguir siempre adelante incluso en momentos donde la fuerza parecía desaparecer… Su canción no solo era un regalo, sino también un mapa invisible, una brújula que la guiaría a lo largo de su vida. Todos la sabían: su madre, su padre, sus abuelos, incluso los pájaros parecían conocerla. 


Maia creció con esa melodía en su corazón. A veces la tarareaba sin darse cuenta mientras dibujaba figuras en la arena, otras veces la recordaba en voz baja cuando la tristeza la visitaba. 


Pero un día, Maia dejó de oírla. Se fueron lejos de sus montañas, de sus caminos de tierra y sus arboles llenos de pajaros. Llegaron a tierras nuevas, donde la gente hablaba otra lengua y sus voces eran distintas… Fue cuando aquel nuevo mundo le empezó a hablar más fuerte que su propia voz. Las voces ruidosas dijeron que tenía que ser de cierta manera, que debía encajar, que su luz debía atenuarse para no brillar demasiado… Y poco a poco, sin darse cuenta, su canción se apagó… 


Se sintió triste por un tiempo. Caminó sin rumbo, buscándose en los espejos y en las palabras de otros, sin encontrar respuesta… es duro caminar sin saber el rumbo y sin camino…


Pero Maia nunca estuvo sola. Siempre tuvo a unos guerreros invencibles a su lado, protegiéndola… cuidando su canción…


Y llegó así una noche, en la que Maia, sentada a la orilla del río, escuchó algo… un sonido muy suave… se acercaba… y a medida que prestaba mas atención, el sonido se hacía más fuerte…


Al principio, Maia no reconoció la melodía. Pero poco a poco, como un fuego que se aviva con el viento, su canción volvió a ella. Recordó quién era: una niña llena de sueños, con un espíritu que brillaba como el sol en la mañana. Su canción le recordó quien era y de donde venía… y así, de pronto, recordó que su fuerza venía de la tierra, de los arboles, del viento, del sol, y de todos aquellos regalos que había recibido de las montañas entre las que había nacido…


Desde ese día, Maia prometió no volver a olvidar su canción. Sabía que siempre que la necesitara, allí estaría, esperando en el rincón más cálido de su corazón, porque su canción era su esencia. Y mientras la recordara, siempre encontraría el camino de vuelta a sí misma… el camino de vuelta a casa… 


Para Maia.

Tu papá.

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

  Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Venezuela contaba con 372 toneladas de oro certificadas como parte de sus reservas internaciona...