miércoles, 1 de abril de 2026

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-


Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción institucional, hoy la retira de la lista de sanciones y la reconoce como interlocutora válida. Casi de un día para otro, el lenguaje cambió.


Mientras tanto, desde el mismo poder, se repite otra frase: Venezuela necesita elecciones libres. Estamos trabajando en eso. Paciencia.


Ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo. ¿Es una estrategia? ¿Qué está pasando?.


La tentación inmediata es leer esto como incoherencia, e incluso, como traición. Pero eso parte de un supuesto equivocado: que la política internacional se rige por principios morales, y eso, mis amados, definitivamente no es así. Los intereses políticos no operan desde la ética, sino desde el equilibrio y la conveniencia. No negocian con los “buenos”, negocian con los que tienen poder suficiente para sostener o no un sistema.


Delcy Rodríguez no ha dejado de ser lo que es. Lo que cambió fue su utilidad, y en ese sentido, la decisión de “desancionarla” no la absuelve en lo absoluto: La convierte en instrumento de los intereses de Trump (una vez más), como cuando se reconoció ue era “legalmente la presidenta de Venezuela” ante los tribunales de Nueva York, lo cual hace que ahora deba responder, legalmente, ante todas las demandas que empresas norteamericanas tienen en tribunales contra PDVSA y el régimen. El reconocimiento no fue para premiarla, sino para desplumarla más.


Aunque no soy un defensor de las estrategias de Trump, los hechos hablan por si solos. Lo que se está ensayando en Venezuela tiene precedentes históricos y no es nuevo. Es una fórmula conocida: transformar un sistema sin destruirlo por completo.


España lo hizo tras Franco. No hubo una purga inmediata del régimen sino una negociación, continuidad parcial, y luego,  desde dentro, el mismo aparato comenzó a desmontarse. Se que es un ejemplo muy lejano, pero es un precedente.


Más cerca, Chile siguió un camino parecido. Pinochet no cayó por una implosión, sino por una transición administrada que permitió elecciones, aunque bajo condiciones todavía influenciadas por el poder saliente. 


En todos estos casos hubo algo en común: la democracia no nació pura, y tuvo que reconstruirse en capas.


Siendo un poco pragmáticos, debemos entender, aunque nos cause asco, que negociar con actores cuestionables no es, en sí mismo, el problema, porque muchas veces es inevitable. La pregunta real es

¿la negociación busca desmontar el sistema o hacerlo funcional? Y ahí es donde Venezuela entra en terreno incierto.


Delcy Rodríguez no es una figura externa al poder. No es una disidente reciclada. Es parte orgánica del mismo entramado corrupto y narco asesino que todos conocemos. Si se le otorga legitimidad sin exigir transformación estructural, lo que se construye no es una transición. En eso estamos claros. Entonces, ¿que viene?. Me he tomado la libertad creativa de imaginar, dentro de mis posibilidades, algunos escenarios que humildemente describiré a continuación para ustedes.


Escenario uno: la transición administrada


Este es el escenario, a mi parecer, más probable, no porque sea el más justo, sino porque es el más posible tomando en cuenta los intereses de Trump y de Delcy.


Este escenario Implica una apertura gradual que incluye alivio de sanciones, reactivación económica parcial y reinserción en algunos mercados internacionales. Eso, ya está de por sí sucediendo. Y luego, elecciones. Si. Pero no elecciones limpias desde el inicio. Elecciones negociadas.


Eso significa algo muy concreto: procesos donde hay voto, pero no igualdad plena. Puede haber candidatos habilitados… pero no todos. Observación internacional… pero limitada. Competencia… pero bajo reglas aún inclinadas. 


No es una simulación como suele ser en el chavismo, pero tampoco es una democracia completa. Es un punto intermedio. Un ensayo controlado del cambio. ¿Por qué? Porque a Trump le gusta tener a Delcy ahí cumpliendo sus órdenes y Delcy quiere seguir ahí para siempre, entonces ponen a un monigote que cumple las funciones que ambos necesitan: un títere de Trump y una ficha del chavismo. Peligroso, pero muy posible. Léase Enrique Marquez o cualquier otro alacrán. 


Escenario dos: el reciclaje del poder


Aquí la transición se convierte en narrativa. El sistema no cae. Se adapta y cambia el tono, se suaviza el discurso, se abren espacios económicos, se mejora la imagen internacional… pero el control real permanece intacto.


Es el riesgo más silencioso porque no genera crisis inmediata, sino que genera normalización. Ya Delcy lo está intentando. Poco a poco dejan de decirle “encargada”, aparecen vallas y propaganda en todas partes, inunda las redes, y hasta se viste de azul y aparece con rosarios en el cuello… el deslinde con el PSUV, el color rojo y todo lo que la unía con los simbolos chavistas es evidente. Busca NORMALIZAR que ella es el poder, sin haber logrado ni un voto nunca… ni de los inventados! Pero así es como funciona la normalización. Así es como poco a poco se hace “normal” verla en el poder y dejar de cuestionar su legitimidad. ¿Quien eligió a Delcy? ¿Cuando habrán elecciones por la falta absoluta de un presidente legitimo? ¿Por qué nonestá el pueblo en las calles derrocando al narco chavismo caído ya?


Escenario tres: la ruptura real


Es el menos probable, al menos a corto plazo. No porque sea imposible, sino porque exige costos que aún nadie parece dispuesto a asumir.


Requiere desmontar estructuras de control, permitir competencia política real, aceptar la posibilidad de perder el poder… desde el narco chavismo eso no va a pasar, y desde la Casa Blanca, no les conviene mucho, si hablamos de agarrar petroleo y recursos gratis.


Nada de esto aparece claramente en el tablero actual. Pero la historia también enseña algo, y es que las transiciones controladas, a veces, se desbordan. Creo que esto es lo que le sucede a Trump en estos momentos. Se le ha comenzado a desbordar el vaso.


La palabra clave: paciencia. Cuando Rubio habla de paciencia, no está describiendo un proceso democrático, sino un proceso político. La diferencia es sutil, pero esencial. No es de mi agrado, pero la realidad es la que es.


La democracia busca igualdad de condiciones, pero la política busca estabilidad de resultados, y en ese espacio entre ambas cosas es donde se está moviendo Venezuela hoy.


Si lo que se está construyendo es una transición con garantías reales, entonces este momento, por incómodo que sea,  puede ser el inicio de algo distinto, y ahí es donde todos ponemos las esperanzas.


Pero si lo que se está haciendo es reconfigurar el poder para hacerlo aceptable, entonces el cambio será solo estético, y ese es, por otro lado, el temor de todos los venezolanos. 


Al final, la pregunta no es quién negocia. La pregunta es: ¿qué están dispuestos a ceder los que están el poder (en ambos bandos) y qué no?. Ahí es donde se está decidiendo todo, aunque si me preguntan, siento que Maria Corina está empujando una realidad con la que no contaban en Washington, y es que ella es la viz de los venezolanos que exigen libertad y democracia. El poder de esa voz empieza a romper ataduras y a demostrar que los millones de venezolanos tienen mas voz que los poquitos poderosos que se reunen en salones de lujo en palacios de gobierno. El poder verdadero reside en el pueblo. Cuando entendamos eso en verdad y nos levantemos contra los poquitos y nos decidamos a poner orden, llegará la libertad… ¿quiza cuando Maria Corina regrese? Quien sabe. ¿Y si por X o por Y no regresa? ¿Que vamos a hacer?


Jose Calabres


#Delcy #Venezuela #Narcoregimen #Elecciones #MariaCorinaMachado

-¿HABRÁ ELECCIONES EN VENEZUELA?- 😳


Marco Rubio ha declarado recientemente que “Venezuela necesita un gobierno democrático y estamos encaminados para lograrlo”. Dicha afirmación parece, a primera vista, algo obvio. Casi una declaración que recalca una verdad tácita. Pero en el caso venezolano, esa frase no es una meta, sino un campo de batalla.


Porque en Venezuela, la democracia no es solo un sistema político pendiente; es una palabra desgastada por el uso, secuestrada por discursos patrioteros de tercer, manipulada por intereses corruptos disfrazados de pueblo, invocada tanto para justificar acciones como para ocultarlas… y ahí comienza el problema.


Rubio insiste en que el país necesita un gobierno “estable” y “legítimo” que permita inversión, desarrollo y confianza. Pero esa idea, aunque correcta en lo económico, corre el riesgo de simplificar algo mucho más profundo: la democracia no puede reducirse a estabilidad ni a productividad. No es un mecanismo para tranquilizar mercados. Es, o debería ser, un proceso incómodo, imperfecto, incluso caótico, donde el poder deja de pertenecer a unos pocos y se ejerce, de verdad, desde la gente. Eso no sucede en Venezuela desde hace casi 30 años. En nuestro país la democracia fue secuestrada por un grupito que hace lo que le da la gana bajo lemas patrioteros. 


Venezuela es un país donde se habla de votaciones, de leyes, de decretos, pero que en la práctica nadie puede auditar nada. Eso no es democracia, sino una trampa con coartada. Ir a una elección bajo amenaza, con ventajismo, con control total del régimen, sin observadores neutrales y sin resultados transparentes es un absurdo. El más claro ejemplo está en las elecciones presidenciales de 2024, de las que el régimen, hasta hoy, no ha mostrado ni una sola acta de resultados. NI UNA, y aun así, continúan usurpando el poder. Hoy incluso se habla de una nueva “constituyente obrera”, algo que no existe en ninguna parte, y la Mona con Tacones se muestras como “sucesora” como si en Venezuela hubiese “mandatos por herencia”, como una suerte de realeza oscura narco asesina.


Voy a permitirme dar una opinión personal , saliéndome un poco del análisis situacional para hablar más como un venezolano preocupado cualquiera sobre lo que muchos sienten (creo) que debe hacerse con urgencia, y no es más que convocar a elecciones legítimas.


Sé que hay quienes piensan que no se puede avanzar sin antes reemplazar el CNE, los poderes públicos, sacar a Diosdado, etc. y en parte es coincido con todo eso... Es necesario reinstitucionalizar el país. Es evidente. Pero en este momento de tutelaje donde Trump sólo se refiere a Venezuela como a un tesoro lleno de riquezas a explotar y que el maneja por completo, se hacen visibles varias incomodidades. Primero: ¿hasta cuándo seguirá el mismo grupo en el poder, amenazando, reprimiendo y saqueando? No parece haber hasta ahora un plan público claro para desmontar esa estructura ni acciones concretas que limiten su capacidad de control. Los venezolanos no solo seguimos igual, sino que la situación ha incluso empeorado, porque ahora la represión, inflación y crisis se ha profundizado mientras Trump se deshace en elogios hacia la maravillosa Delcy. Necesitamos arreglar esto DESDE el pueblo venezolano, sin esperar a que sea Rubio o Trump quien decida cuando es el momento. Los que sabemos la verdad de este sufrimiento somos los venezolanos. ¿Que hacemos entonces?


Ante esta realidad alterada, me da la impresión de que ha ocurrido algo. Llevo días sin escribir nada. No había mucho que decir que no sepamos todos ya y practepetir noticias o análisis a diario no tengo tiempo. Pero ahora, ha sucedido algo.


Creo que Trump asumió que tomar control político de Venezuela implicaría acceso automático a su petróleo y a sus recursos. Pero acceder a esas riquezas implica explotarlas, y eso requiere inversiones millonarias que las empresas no están dispuestas a hacer bajo las condiciones de incertidumbre institucional. Trump apuró a sus nuevas mascotas a redactar y modificar leyes en tiempo record para dar “sustento legal” a sus demandas de explotación de recursos, pero los inversionistas no son tontos. No hay ley que el narco chavismo respete. Apostar a que la política sustituye las garantías jurídicas ha sido, en el mejor de los casos, una lectura incompleta de la realidad.


El problema es estructural. Las empresas piensan a largo plazo. Ninguna gran inversión petrolera o minera se hará en un país sin seguridad jurídica (mucho menos si esa seguridad depende del narco chavismo), con riesgo de expropiación y con un horizonte político inestable. Por eso, lo que realmente se necesita no es control, sino lo que siempre se repite en términos técnicos: “marcos legales estables”. Es decir, un gobierno legítimo y democrático, y aunque Trump quiera jugar a ser rey, eso no es compatible con el modelo actual.


En este contexto, el Senado de Estados Unidos ha aprobado una resolución que exige claridad sobre el plan hacia Venezuela y obliga a la administración actual a poner sobre la mesa esfuerzos concretos para apoyar una transición democrática. No se trata solo de declaraciones, sino de acciones verificables.


Y aquí aparece una tensión inevitable: sin inversión no hay recursos que explotar, y sin legitimidad no hay inversión. Por lo tanto, el camino inevitable vuelve al mismo punto: elecciones reales.


En ese escenario, es evidente que existe una figura con respaldo popular significativo y reconocimiento internacional: Maria Corina Machado. Ignorar ese hecho, como a veces pareciera que Trump intenta, no lo elimina y solo retrasa lo inevitable. Cualquier intento de construir una alternativa al margen de esa legitimidad corre el riesgo de repetir los errores del pasado, o peor, fracasar inevitablemente.


Entonces, la pregunta no es si Venezuela necesita democracia. Eso ya está claro. La pregunta es: ¿quién la construye?


Si el proceso democrático nace condicionado por intereses externos, por acuerdos opacos o por estructuras heredadas del mismo sistema que se intenta superar, entonces no es una transición, sino una mutación, y Venezuela ya ha vivido demasiadas mutaciones que se disfrazan de cambio como para que vengan a meternos el cuento chino de que Delcy es maravillosa y todo esta perfecto.


La democracia, si llega, no vendrá como concesión ni como plan estratégico. Vendrá como un proceso lento, incómodo, profundamente humano, en el que el país tenga que mirarse a sí mismo sin intermediarios, sin tutores, sin narrativas impuestas y con una gran conciencia de la realidad que debemos cambiar como venezolanos. NADIE puede decirnos a los venezolanos como es la realidad de nuestro propio país y que es lo que debemos cambiar. Eso ya lo sabemos.


Al final, el verdadero desafío no es reemplazar un poder por otro, sino desmontar la idea de que el poder siempre tiene que estar en manos de alguien más y que no es nuestra responsabilidad hacer que ese poder se ejerza de manera legítima, responsable y auditable. 


Jose Calabres


#Elecciones #Venezuela

EL JUICIO A MADURO EMPEZARÁ Y NUNCA SALDRÁ LIBRE- 😎


Hay algo profundamente incómodo, casi obsceno, en el espectáculo que está por comenzar. El mundo observará cómo Nicolás Maduro, el hombre que convirtió la justicia en un instrumento de castigo, se sienta ahora frente a un sistema judicial que, al menos en teoría, sí le ofrece garantías. La ironía no es sutil.

Maduro está detenido en Estados Unidos, acusado de narcoterrorismo, enfrentando un proceso judicial que podría prolongarse durante meses o años, con una muy posible condena de cadena perpetua o un equivalente a pasar el resto de sus días en una celda. Como sea, es seguro que Maduro no saldrá libre nunca. Pero lo verdaderamente importante no es el juicio, sino lo que ese juicio desnuda, porque este proceso no es solo contra un narcoterrorista, sino contra una estructura criminal de espectro mundial.

Durante años, en Venezuela, el juicio como acto era una ficción. Un trámite sin sentido, una mera escenografía para darle apariencia de legalidad a decisiones ya tomadas desde las esferas del narco cártel. Los juicios en Venezuela no eran tales, sino una suerte de inquisición malvada (valga la redundancia) dedicada a torturar a sus víctimas sin que estas tengan la más mínima posibilidad de defensa. 

Miles de presos políticos nunca tuvieron siquiera un simulacro de justicia cercana al menos a la que hoy recibe Maduro, que condenaba a los presos a desaparecer, a no tener derecho a un abogado, a que se desconocieran sus paraderos por meses y hasta años, a que las pruebas fueran desestimadas en favor de cualquier cosa que inventára al momento el juez chavista a cargo.

Y ahí está el primer quiebre narrativo: el que pisó a millones y negó la defensa a miles, hoy es el acusado, y para hacer irónica la historia, ahora él y los suyos gritan desesperados asegurando que se viola su derecho a la defensa, el mismo derecho que le negó el chavismo a 30 millones de venezolanos por casi 3 décadas.  

Este juicio es un acto de justicia universal, pero es  también un acto de poder, porque su propia existencia está envuelta en una controversia que el narco chavismo ha sabido aprovechar. La captura de un jefe de Estado en ejercicio, sin consenso internacional, ha sido señalada como una violación del derecho internacional por algunos juristas. 

Pero también es cierto que Maduro NO ES un gobernante legítimo puesto que está ampliamente demostrado que se robó las elecciones de 2024. Técnicamente hablando, Maduro es a lo menos, un USURPADOR del poder legítimo, por lo que una  defensa basada en su condición de presidente en ejercicio no tiene futuro (aunque los chavistas digan que si). Ahora que EEUU ha “reconocido” a Delcy, la defensa de Maduro queda peor parada, así que simplemente descartemos esa estrategia de defensa, puesto que aunque la van a utilizar, es seguro que el tribunal no aceptará tal excusa para desechar el juicio. Además, ya existen antecedentes, con Noriega, lo cual no es esperanzador para Maduro-Flores. Al contrario. 

Formalmente, el proceso en Nueva York gira en torno a narcotráfico y armas. Pero esa es apenas la superficie, porque el expediente histórico es otro y abarca muchas otras cosas, como ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y persecución sistemática.

Todo esto esta fuertemente documentado por organismos internacionales y catalogados como “crímenes de lesa humanidad”. Sin embargo, esos crímenes que definen la naturaleza del régimen no son el eje del juicio actual en NYC, que como dije ya, se basa en narcotrafico y terrorismo armado.

Y aquí aparece la segunda alarma, porque el mundo puede terminar condenando a Maduro a la cárcel para siempre, pero sin juzgar realmente el horror que sostuvo su poder. Es como terminar el nazismo con el suicidio de Hitler y no juzgar el Holocausto y a sus colaboradores.

Mientras tanto, en Venezuela ocurre algo inquietante: el vacío no ha sido llenado por una alternativa democrática, sino por una reconfiguración del mismo sistema y con los mismos protagonistas.

Tras la captura de Maduro, el poder fue asumido de forma interina por Delcy Rodríguez, en un movimiento que no representa ruptura, sino continuidad maquillada que cada día parece desmaquillarse un poco más. ¿Hasta cuando estará ahí?.

El interinato, en este contexto, no es una puerta hacia el futuro, sino una sala de espera en la que los venezolanos esperamos una justicia que aún no termina de llegar. Es una espera particularmente peligrosa, porque propone la ilusión de un cambio mientras preserva la misma estructura que hizo posible todo el horror.

Lo que viene no depende únicamente del tribunal, sino del uso político del resultado del juicio. Una condena ejemplar, aunque esperada, será un éxito solo si las condiciones en Venezuela cambian, porque de no ser así, Maduro estará condenado ejemplarmente y el mundo celebrará, pero Venezuela seguirá igual o incluso peor. El sistema sobreviviría  porque nunca fue realmente desmontado. Este es posiblemente el riesgo mayor al que todos tememos.

No podemos dejar de considerar que si el proceso se alarga, se politizará, y el chavismo lo usará como gasolina discursiva. Ya hoy mismo lo están haciendo, tratando de dibujar a Maduro como un  “mártir” y fantaseando con que será liberado. 

El juicio a Maduro no marca necesariamente el inicio de una nueva Venezuela, y en cambio marca algo peor: el momento en que el sistema dejó de necesitarlo a él y a cualquiera. Sin importar quien esté a la cabeza, la estructura sigue funcionando.

Si algo ha quedado claro, y aquí está el verdadero núcleo de todo, es que el poder en Venezuela nunca estuvo realmente en un hombre. Siempre ha estado en una red, una lógica. Se convirtieron en un mecanismo capaz de reemplazar piezas sin alterar su funcionamiento. Chávez murió y el sistema siguió funcionando. Murió Fidel, y siguió funcionando. Ahora Maduro está preso, y el sistema sigue funcionando y adaptandose. 

Todos queremos creer que este juicio es justicia, pero también puede ser otra cosa: una escena para cerrar un capítulo sin escribir realmente el siguiente. 

La pregunta no es si Maduro será condenado, porque es seguro que lo será. La pregunta es si, después de él, alguien será realmente juzgado o si, como tantas veces en la historia, el sistema sobrevivirá cambiando de rostro, pero no de esencia.

Si debemos rescatar algo de estas reflexiones es que los venezolanos enfrentamos un sistema que se adapta para sobrevivir, y para vencerlo, somos nosotros, el pueblo, los que debemos aprender a adaptarnos también para debilitarlo hasta vencerlo. El chavismo sobrevive porque miente y se adapta. No podemos dejarlos mentir sin consecuencias, y no debmos aceptar atropellos. Hay que levantar la voz, protestar y derrocarlos, uno a uno. Se requiere a TODOS empujando al mismo tiempo. Si algo deberíamos tener claro hoy es que no viene ningún superhéroe a salvarnos y que nuestra libertad la debemos ganar nosotros mismos en las calles. Si bien ya tenemos una líder que nos representa, ella sola no podrá. MCM volverá pero su fuerza somos nosotros. Hasta que no presionemos TODOS ellos seguirán en el poder. 


Jose Calabres


#Venezuela #MariaCorinaMachado

-DELCY SIN SANCIONES: ¿WHAT?! 😳-

Estados Unidos, que durante años señaló a Delcy Rodríguez como símbolo de corrupción, violaciones de derechos humanos y destrucción instituc...