sábado, 24 de enero de 2026

-LA MEDALLA DEL NOBEL QUE SE USÓ PARA LIBERTAR A VENEZUELA-


Se que llego un poco tarde a hablar de este tema. Pero es que han pasado tantas cosas respecto al tema Venezuela que es difícil escribir sobre todo a diario. 

Respecto a este tema, de hecho, ha sido bueno esperar un poco antes de hablar al respecto, puesto que me ha dado la oportunidad de mirar las reacciones de muchos con calma y poder hacer ahora en frío, una lectura situacional más calmada y posiblemente más clara. Vayamos pues al tema.

Hay una verdad que muchos no han entendido: María Corina Machado no regaló su Premio Nobel de la Paz a Donald Trump ni lo “entregó” como si fuera una baratija. Al contrario. Lo que hizo fue usar ese premio como apalancamiento político para conseguir apoyo internacional y hacer visible frente a quien se negaba a mirarla, la causa venezolana. Ella nunca renunció a su prestigio ni lo despreció, sino que lo convirtió en una herramienta para elevar su posición y la de Venezuela en la agenda global.  

Cuando en octubre de 2025 se anunció que María Corina Machado era la ganadora del Nobel de la Paz por su lucha incansable por los derechos democráticos de su pueblo y por una transición justa y pacífica del país, ella dedicó ese premio no solo al pueblo venezolano, sino también al presidente Trump por su apoyo decisivo a nuestra causa. Esa dedicatoria no fue un gesto espontáneo, sino una declaración estratégica de intenciones.  

Lo que ocurrió en enero de 2026 en la Casa Blanca no fue tampoco un acto de generosidad desinteresada ni un capricho. María Corina regaló su medalla del Nobel a Trump en un encuentro privado como un gesto de reconocimiento por haber tomado medidas que terminaron con la captura de Maduro y por el rol que hoy tiene Estados Unidos en la transición venezolana hacia la libertad democrática. La foto de Trump sosteniendo la medalla no es una concesión vacía: es la imagen de un hombre que siempre quiso ese premio para sí mismo y que por fin lo sostiene, aunque no sea legítimamente suyo.  

Hay por supuesto quienes critican ese gesto como servil, ridículo o humillante, y lo hacen desde Noruega, Venezuela, EEUU, desde medios internacionales, y desde quienes ven en un Nobel un pedestal inamovible sin entender la dinámica brutal de la política real en tiempos de crisis. Pero eso es precisamente lo que María Corina entendió mejor que muchos otros: la política no se trata de conservar símbolos en vitrinas, sino de usarlos cuando hacen falta para cambiar el curso de los hechos.  

Muchísima gente me ha preguntado si finalmente María Corina Machado formará parte de la transición o no. La respuesta es sí, y no solo estará dentro del proceso de transición, sino que terminará siendo presidenta de Venezuela en un futuro cercano. 

La fuerza de María Corina no depende únicamente del apoyo de Estados Unidos ni del gesto con Trump. Tiene el respaldo de Europa, el de las democracias occidentales y, sobre todo, el del pueblo venezolano en su gran mayoría. Ahora bien, nadie puede ignorar el carácter profundamente contradictorio de Donald Trump en todo esto. El mismo hombre que aceptó con una sonrisa la medalla que no le correspondía, que ha declarado que tras no recibir el Nobel ya no tiene obligación de pensar solo en la paz, y que cambia de postura política según su ánimo del día, es un jefe de Estado con delirios de grandeza e inmadurez política que convierte cualquier negociación en un ejercicio de contorsión. No es un mandatario muy confiable la verdad, ni un adulto con quien se pueda hablar en términos de igualdad, y aun así, María Corina logró algo que pocos políticos en el mundo pueden presumir: lograr que Trump la reconociera públicamente como figura significativa para el futuro de Venezuela. 

Ese cambio, aunque tenuo y lleno de ambigüedades, no habría ocurrido sin su gesto. Ese es el poder de un liderazgo que no se deja encerrar en la ortodoxia de quienes no entienden que los símbolos se usan como herramientas cuando todo está en juego.

Al verla hoy, con esa medalla en manos de quien pocos meses antes la ignoraba, hay que entenderlo sin eufemismos: María Corina Machado pasó de ser una figura cuestionada tras el derrocamiento de Maduro a convertirse en una pieza política indispensable, no solo para una transición venezolana legítima, sino para la reconstrucción misma de nuestra nación. Coincide el mundo democrático en que Maria Corina y Edmundo Gonzalez son los LEGÍTIMOS representantes de la voluntad de gobierno de los venezolanos y que su instauración como tal debe darse lo más pronto posible. Ahora escuchamos a Trump y Rubio diciendo lo mismo. 

La historia no recordará este episodio como una polémica, sino como un punto de inflexión en el que mientras muchos discutían símbolos, una líder actuó. Se recordará que Trump cambió el tono después del gesto y que el mundo empezó a hablar de Venezuela en otros términos. 

Y se recordará algo más incómodo todavía: que María Corina Machado fue subestimada por muchos justo antes de convertirse en la primera presidenta y libertadora de la Venezuela post narco chavista.

José Calabres


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1 comentario:

  1. Fue un gesto diplomático muy inteligente en un momento en que no tenemos otra alternativa sino negociar con Trump. El gesto de MCM no es inédito, en el pasado hay casos que regalaron o vendieron la medalla del Nobel. El Premio Nobel no se puede transferir, pero lo que el laureado hace con la medalla o el dinero es su decisión. MCM al entregarle la medalla a Trump, demuestra su empeño en la lucha por la democracia venezolana. Se desprende de la medalla para continuar negociando la reconstrucción de Venezuela. Ha sido duramente criticada por su gesto, pero quien como conoce la realidad venezolana, como muy claramente describe en sus comentarios, sabe el valor y el objetivo de ofrecerle a Trump la medalla. Pero esperemos con cautela, Trump es patologicamente imprevisible y se mueve sólo por sus intereses. MCM es inteligente, diplomática y se ha esforzado por nuestra democracia. En este momento, nuestra libertad depende de su éxito. No perdamos la esperanza. Gracias por compartir sus reflexiones, José Calabrés

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