-CHAVISMO, VERSIÓN MASCOTA-
Hoy es 22 de enero. Han pasado apenas 18 días desde que Donald Trump ordenó extraer a Nicolás Maduro del búnker que el chavismo llamaba “inexpugnable”. Ese, en el que dormía en Caracas creyéndose eterno, para llevarlo directo a una celda de nueve metros cuadrados en Nueva York y donde hoy cumple condena como lo que siempre fue: un narcotraficante.
La operación fue rápida. En menos de dos horas, docenas de helicópteros del Delta Force y más de 150 aeronaves entraron en el espacio aéreo venezolano, bombardearon aeropuertos militares en Caracas, La Guaira e Higuerote, y salieron de nuevo llevándose a Maduro y a su esposa sin la más mínima resistencia de las Fuerzas Armadas venezolanas. Ni un disparo. Ni un gesto. Nada. Tras su retirada, un grupo de cubanos supuestamente elite de protección, quedaron esparcidos en pedazos en cuestión de segundos. Fueron devueltos a la isla recientemente en urnas que parecían cajas de zapato, dejando claro que todo aquello de “grupos altamente entrenados” protegiendo al régimen y otros mitos más no fueron mas que eso, cuentos y mentiras.
Pero si la operación que sacó a Maduro fue veloz e implacable, aún más veloz e implacable ha sido la forma en que los hermanos Rodríguez se apoderaron del poder y borraron todo rastro de madurismo en el Palacio de Miraflores. No pasaron ni 24 horas antes de que el chavismo se reuniera para nombrar a Delcy Rodríguez como presidenta. Y no solo eso. En estos 18 días, el director de la CIA ha ido a dictar órdenes PERSONALMENTE desde Miraflores; se entregaron 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos (después de aquellos discursos inflamados en los que juraban que ni una gota saldría hacia EEUU si se atrevían a rozar a Venezuela), se liberan presos políticos, se modifican leyes a velocidad exprés para “proteger inversiones extranjeras en el sector petrolero” (o sea, a las petroleras gringas) y se reconfigura por completo el alto mando militar.
De pronto, ahora sí habrá contraloría sobre el gasto público. De pronto, se anuncia que “han entrado los primeros 300 millones de dólares por concepto de venta de petróleo venezolano” en 2026. Que chiste tan absurdo ese. ¿Venta de petróleo? Si. Pero por parte de EEUU.
Hay que ser muy ingenuo (o padecer una estupidez profunda) para creer que todo esto ocurre porque Delcy es maravillosa. Estamos ante un narco-cartel intentando desesperadamente maquillar la realidad para conservar lo poco que queda de su dignidad entre sus seguidores más fanáticos.
La realidad es simple y brutal: Maduro cayó y no volverá a salir jamás de esa celda en Nueva York. La realidad es que, desde hace 18 días, el poder real en Venezuela está completamente tutelado desde Washington. La realidad es que el gobierno de Delcy y su entorno no son más que títeres que bailan al son de lo que le provoque a Trump, que los maneja a su antojo. La realidad es que los que aparecen como gobierno hoy en Venezuela saben que si alguno se sale del guion, terminará exactamente donde terminó su antiguo jefe.
No hace falta ser un genio para entender que Delcy y su combo no solo traicionaron a Maduro, sino que negocian con Estados Unidos su supervivencia personal. Para ello están dispuestos a obedecer ciegamente a su nuevo amo. Eso sí: para mantener las formas, repiten la palabra “soberanía” como si aún significara algo. El nuevo lema de moda es “DUDAR ES TRAICIÓN”, pero la pregunta es: ¿dudar de que?. Si algo despierta dudas es justamente el “gobierno” que quedó. Y si alguien tracionó, fueron esos que quedaron. Sino, pregúntenle a Maduro!
Basta con observar las alineaciones: Trump afirmó que Estados Unidos controla ahora los recursos de Venezuela. Acto seguido, incautó 50 millones de barriles de petróleo, los llevó a Texas, los vendió en el mercado internacional por unos 500 millones de dólares, envió 300 millones a Venezuela y ordenó que se destinaran a la recuperación del sistema eléctrico. Delcy, entonces, habla de “los primeros 300 millones por venta de petróleo”, omitiendo deliberadamente que se trata de petróleo incautado, vendido y administrado por EEUU, que además decide en qué se invierte ese dinero.
También calla Delcy que, cuando Trump se reunió con las petroleras para aumentar la producción en Venezuela, estas exigieron cambios legales para proteger sus inversiones, cambios que hoy Delcy y su hermanito aceleran dócilmente anunciando una reforma a la ley de hidrocarburos, bajo órdenes directas de la Casa Blanca. Sorprende la celeridad con la que pueden modificar leyes hoy pero no podían aceptar el referendum revocatorio porque “los tiempos no daban”.
El régimen se ha convertido en la mascotica obediente de Trump. Ahora, parecen aceptar mansamente que la crisis venezolana se debía a Maduro, y no a ningún bloqueo de EEUU. En apenas 18 días, Delcy pretende hacernos creer que levantó todas las crisis que ha arrastrado el país por 27 años, y lo hace, sin levantar la voz mucho para que no le apreten el collar de castigo desde Washington.
Mientras tanto, en sus celdas diminutas, Maduro y Cilia degustan apenas una muestra de la realidad que aguarda a muchos más miembros del cartel. Delcy y su hermano, por supuesto, ya deben haber negociado cómo evitar ese destino, aunque una cosa es buscar negociar un acuerdo y otra es librarse del destino que casi seguramente les alcanzará pronto.
Hoy el narco-chavismo se pinta manso. Habla de “unión y entendimiento”, conceptos que negó durante casi tres décadas a los venezolanos. El miedo se respira. Es palpable. El tono ha bajado y ya ni se habla de la extracción de Maduro. En apenas 18 días, ya casi que se ponen la franela de “acá no se habla mal de Trump”.
El Rodriguismo, apenas 18 días después de la captura de Maduro, quiere fingir soberanía. Necesita convencer a su base de que sigue siendo “rebelde” y “antiimperialista”. Pretende proyectar control, cuando en realidad no solo obedece a Washington, sino que está aterrorizado. Basta escuchar el cambio de tono de Diosdado Cabello para notar el giro. Hay más celdas esperando, y ellos lo saben. Es solo cuestión de tiempo.
En pocos días, seguramente veremos a Delcy viajar muy mansamente a Washington a recibir instrucciones en persona. Seguramente irá con la incertidumbre de si podrá salir de nuevo o si la espera con un par de esposas para pasarla directamente a su nueva residencia. Delcy también tiene su expediente en la DEA, y será difícil eliminar eso.
Ella misma ha preparado el terreno ante la inminente orden de asistir a la Casa Blanca diciendo que, cuando lo haga, “caminará y no se arrastrará”. La verdad es que lleva meses arrastrándose, desde que vendió a Maduro, y desde hace 18 días, desde que lo capturaron. Las ojeras de Jorge Rodriguez y la desaparición de su sonrisa característica de un sociópata denotan el verdadero sentir de la pareja de hermanos que ven venir un tren contra ellos.
Pero no nos engañemos. Aunque la situación venezolana parece mejorar a pequeños pasos, el narco-régimen sigue ahí, agazapado, temblando de miedo y evitando a toda costa levantar la voz a su nuevo amo. Pero ese amo no es dócil ni bueno. No nos quiere. Es un amo peligroso, aunque sin proponérselo su acción nos ha beneficiado.
No estamos solos. No dependenos solo de la gracia de un seudo emperador. Hay una Premio Nobel de la Paz moviendo hilos, sin ruido, para que Venezuela vuelva a ser libre, y lo va a lograr. Hay cosas que bo podemos decir aún y cosas que sucedieron y están por suceder que debemos tratar con mucha discreción. No se dicen las jugadas antes de ganar, pero pueden estar seguros de que estamos ganando.
Han pasado apenas 18 días, y Venezuela ya empieza a ser otra. Esperemos 18 días más y veremos muchos más cambios. Muy pronto, no será Delcy de quien hablen las noticias, sino del nuevo gobierno democrático de Venezuela.
José Calabres
—
Haz clic en nuestro perfil y dale al botón SEGUIR para ayudarnos a crecer. Si te gustó lo que leíste, compártelo y sí llegamos a más gente.
#Venezuela #CaídaDelRégimen #CartelDeLosSoles #Libertad #Petróleo #Trump #MariaCorina #EEUU

Dios te oiga!
ResponderEliminarEsperamos ese ansiado día!
ResponderEliminar