viernes, 26 de diciembre de 2025

PETROLEO ROBADO A LOS VENEZOLANOS Y CONTRABANDEADO POR EL EL CARTEL

 


El Cartel de los Soles nunca había quedado tan expuesto, tan desnudo, tan miserablemente visible como ahora. Diciembre de 2025 no es un mes de resistencia para esa estructura criminal disfrazada de Estado: es el inicio de su implosión. No hay recomposición posible cuando lo que se cae no es un gobierno, sino una red mafiosa que creyó que la impunidad era vitalicia. 

Los apoyos internacionales empiezan a retirarse, no con discursos heroicos, sino con movimientos fríos y calculados. Los mismos que ayer brindaban con los capos y celebraban negocios turbios, hoy miran hacia otro lado buscando desvincularse de los que ahora están por caer, y los que están cayendo, buscan rutas de escape. 

La reciente oferta del dictador bielorruso Alexander Lukashenko al afirmar que “las puertas de Bielorrusia están abiertas para Nicolás Maduro” no es un gesto humanitario ni un acto de lealtad ideológica, sino una señal de evacuación. Lukashenko no le habla a Maduro; le habla a Washington, y lo hace con la sutileza de quien sabe que el expediente ya está sobre la mesa. El supuesto “asilo” no es refugio sino moneda de negociación, y conviene recordarlo: Lukashenko no mueve una ficha sin la venia de Putin. Esto no es camaradería revolucionaria; es cálculo geopolítico con olor a derrota. Putin trata de poner a salvo algunos intereses sin comprometerse directamente.

Estos movimientos silenciosos, casi clandestinos, son el lenguaje clásico de los regímenes que saben que se les acabó el tiempo. No es casual que viejos aliados del chavismo empiecen a lanzar salvavidas, no para salvar a Maduro, sino para salvarse ellos mismos. Es la confesión tácita de que el dictador ya no es un activo, sino un pasivo tóxico. Se trata de reducir daños, preservar privilegios y lavarse las manos antes del colapso.

Y mientras afuera se prepara la retirada, adentro el edificio se resquebraja. El Partido Comunista de Venezuela, socio histórico del chavismo desde los albores del proyecto-cártel, acusa hoy a Maduro de optar por una “salida autoritaria”, es decir, violenta si hace falta. Traducido: Maduro no piensa irse, piensa atrincherarse. Pero lo verdaderamente revelador no es la denuncia, sino el subtexto: incluso los aliados ideológicos ya hablan de la inminente “renuncia” que ocurrirá mas pronto que tarde.

Ese quiebre no es anecdótico, sino estructural y viene directamente de quienes ayudaron a construir el relato y que incluso se sostuvieron incluso sobre el mismo. Ver como esos que aprovecharon la plataforma cuando pensaron que era fuerte e indestructible, son los mismos que hacen astillas del árbol caído hoy solo muestra lo corroído de la base del cártel que empieza a perder empuje. 

La batalla decisiva en este punto ya no se libra en comunicados diplomáticos ni en mesas de diálogo de utilería. Se define ahora en alta mar, en agencias de inteligencia y en cortes internacionales, porque derribar al régimen no basta: Hay que desmantelar la maquinaria entera.

Que nadie se confunda con los gestos recientes de aliados de la dictadura: lo que muestran no es solidaridad, es pragmatismo puro. Rusia y China, socios estratégicos del chavismo durante años, no han ofrecido refugio a la cúpula. No lo han hecho incluso cuando sus intereses en la región y la deuda del cártel con ellos es inmensa. No lo han hecho incluso cuando las riquezas que aprovechan de Venezuela son inmensas. El silencio es ensordecedor. No están dispuestos a pagar el precio de proteger a un cadáver político frente a Washington y arriesgarse a un deterioro de relaciones con EEUU apoyando a un enemigo abiertamente en la mira. Esa omisión dice más que cualquier declaración de supuesto apoyo.

Aquel discurso que aseguraba que navíos de cien naciones abarrotarían los mares de Venezuela para protegerla mientras los cielos se llenarían de aviones y bombarderos quedo en el pasado lejano. En la practica, nadie se acerca, y en cambio, se alejan rápidamente sabiendo que ya Maduro y su comitiva dejaron de ser útiles y pasaron en cambio a convertirse en elementos radioactivos. Hoy ni Cuba se pronuncia mucho respecto al cártel.

El clima internacional, ya por convicción, ya por conveniencia, ha empezado a cerrar la puerta a la impunidad que el Cártel pensó que sería eterna. La presión ya no apunta a un “gobierno autoritario”, sino a una organización criminal transnacional que saqueó un país entero y se manifiesta  en la forma de sanciones, procesos judiciales, investigaciones y exposición mediática que avanzan como piezas coordinadas de un mismo engranaje. Mientras tanto, el narco cártel hace llamado a la ONU para pedir ayuda. La misma ONU que han llamado inútil y de la que se han burlado hasta el cansancio ante las solicitudes de revision de acuerdos sobre derechos humanos. La misma ONU a la que le prohibieron la entrada para ser veedores de las elecciones. La misma ONU en la que Maduro tiene abiertas varias investigaciones por crimenes de lesa humanidad. El chiste se cuenta solo. 

El cerco no busca espectáculos militares. Las sanciones recientes, el control de rutas ilegales, los bloqueos selectivos a buques sancionados no apuntan a puertos ni a civiles: apuntan al dinero. A cortar el flujo ilícito que alimentó durante años al Cartel de los Soles, sin desembarcos, sin épica, sin ruido. Parar el contrabando ilegal de petroleo robado a los venezolanos y vendido clandestinamente por flotas de buques fantasmas y detener los envios de droga, definitivamente le corta fondos al cártel ladron de Maduro. Ese petroleo, nunca ha llegado a los venezolanos, sino a manos de la red criminal mas grande del mundo que comanda el chavismo y que finacia su red criminal con riquezas de un país que usan como fondos propios mientra el país muere de mengua… son un cáncer terminal para Venezuela.

Y aunque algunos alimentan el miedo a una salida armada, ese no es el objetivo central. El verdadero propósito es mucho más profundo y devastador para el régimen: arrancarlo desde la raíz. Para eso, hay que cortar sus tentáculos financieros, aislarlos de sus protectores políticos, exponer su red internacional y devolverle a Venezuela lo que le robaron con mentiras, petróleo contrabandeado y sangre.

No estamos ante una transición democrática convencional. Al contrario, estamos ante el desarme de una mafia en la que no habrá milagros ni salvadores externos. Venezuela va a renacer pronto, y será porque hay quienes decidieron no olvidar, porque exigimos justicia, y porque entendimos que sin rendición de cuentas no hay futuro.

No se trata de cambiar nombres ni de maquillar el poder. Se trata de arrancar de raíz treinta años de robo, muerte, engaño y narcotráfico enquistado en un Estado. Durante casi 3 decadas, el cartel ha traficado los recursos del Estado venezolano con flotas fantasmas de barcos y aviones que venden petroleo, oro y mucho más, saqueando riquezas que no aparecen en ningún libro contable mas que en las cuentas secretas de los capos. Eso, se está acabando, y poco a poco, el cerco se esta reduciendo. El final del cártel criminal más grande del mundo esta cerca y es inevitable.

Jose Calabres

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VENEZUELA: CRÓNICA DE UN PAÍS SECUESTRADO POR UN CÁRTEL

 


Venezuela fué alguna vez un país rico, de esos que despiertan envidia: las reservas de petróleo pesado más grandes del planeta descansan bajo su suelo también rico en minerales preciosos por montón. Tuvimos una economía sólida desde principios del siglo XX al ser un país productor de mas de 3.7 millones de barriles diarios en los años 70. Pero la riqueza sola, así como la belleza, no basta.

En 1999, Hugo Chávez llegó al poder. No fue un estratega brillante como lo quieren hacer parecer algunos medios palangristas que sacan a bailar su cadaver cada vez que un régimen se siente acorralado, sino un militar golpista fracasado que supo aprovecharse de la bonanza del petróleo: cuando asumió el gobierno, el precio del barril de petróleo pasó de 4$ a casi 100$. No era de extrañar que hubiesen algunos buitres que babeaban pensando en poner la mano en aquel tesoro tan enorme. Y el buitre mayor fue Fidel Castro.

La fortuna del país pasó de ser una riqueza “nacional” a una fortuna “personal”. Con la gran cantidad de  dinero que ahora entraba a las arcas de Venezuela, Chávez no construyó escuelas, hospitales ni infraestructura; se dedicó en cambio a construir, de la mano de Fidel, un aparato de control, corrupción y propaganda que lo perpetuara en el poder. Chávez, la marioneta de Fidel, quiso ser eterno. Incluso, se hizo llamar por sus seguidores, literalmente, “el comandante eterno”, porque si algo tienen los grandes tiranos de la historia, es grandilocuencia y egos fuera de este mundo.

Desmanteló entonces desde el primer día la constitución de la república y escribió una nueva a su talla. Eliminó el Congreso, militarizó las instituciones y concentró todos los poderes bajo su único mando. 

En menos de un año, la justicia dejó de ser independiente. El sistema electoral no fue mas que un teatro en el que no importaba lo que sucediera, Chávez siempre ganaba. Sistemáticamente, los medios de comunicación fueron cerrados, silenciados o comprados. Cada decisión del país pasaba primero por su escritorio y los planes de gobierno se anunciaban via twitter o en su maratónico programa semanal de TV “Aló Presidente”. No habían discusiones en la Asamblea Nacional o en algún sitio de gobierno. TODO lo decidía él personalmente en el momento. 

Pero Chávez no se conformó con controlar Venezuela: extendió su influencia internacionalmente. Entonces empezó a viajar por el mundo como si fuese un jeque, y con la chequera del país en la mano, cono si fuese su fortuna de uso personal, comenzó a gastar la fortuna de la nación sin que se discutiera ni un dólar del presupuesto o su expendio en ninguna parte. Compró la deuda externa de Argentina, financió las campañas presidenciales en Bolivia, Honduras, Chile, Brasil, y respaldó con dinero y más a los regímenes de Cuba y Nicaragua. Protegió a grupos armados como las FARC y el ELN a quienes les construyó ciudades enteras en Venezuela y creó canales de propaganda continental como Telesur y RT para alabar su gobierno y lavarle la cara a nivel internacional. Todo pagado con el dinero de los venezolanos que cada vez se hicieron más pobres. 

Cada plan social que se implementó como ayudas al pueblo, no fueron más que grandes operaciones de corrupción para enriquecer a una cúpula y lavar dinero. Planes como MERCAL compraban millones de toneladas de alimentos que se vendían al pueblo con subsidio, pero que eran comprados a 10,20 y 30 veces el costo real a países como Brasil, Colombia, Mexico y Argentina. Y así, la corrupcion secaba las arcas de la nación y enriquecía con dinero lavado a los narco capos del gobierno.

Pronto, se sumaron a la fiesta Rusia, China, Corea del Norte, Irán, países africanos y todas las dictaduras del mundo, como Libia, Siria, y Egipto. Todos eran parte de “acuerdos de cooperación” con Venezuela, aunque nunca nadie supo de que trataban tales acuerdos. Lo que si supimos fue que Venezuela se llenó de rusos, cubanos, hezbollah, hamás, ETA, chinos y mucho más. Se “invirtieron” MILLARDOS de dólares en supuestos acuerdos internacionales para hacer viviendas, plantas de electrodomesticos, celulares, computadoras, vehiculos populares, linea blanca, y hasta satelites… nada de eso funcionó más que para lavar dinero que se robaron y repartieron los involucrados. Se llegó incluso al colmo de dejar podrir mas de 30 kilometros de containers de comida de PDVAL sin siquiera sacarlos del puerto para repartirlo. No les importaba. Ya el negocio estaba hecho, que era facturar  a sobreprecio todo para lavar el dinero que se estaban robando. La comida no era importante. El pueblo en cambio, moría de hambre.

Cuando Chávez murió en 2012 a causa de un cáncer que pensó que vencería, ya había configurado una red de narcotráfico y de influencia mundial tan grande que podríamos asegurar que es la organización criminal mas grande del mundo y mas amplia en espectro delincuencial. No solo trafica drogas, sino personas, armas, influencias y terroristas, sino que ha logrado infiltrar con sus tentáculos instituciones en todo el mundo, desde el congreso de los EEUU hasta la corte penal internacional y la ONU. 

Nicolás Maduro heredó entonces no un país, sino un cártel. Un sistema donde los recursos, las instituciones y la vida cotidiana de millones están secuestrados. No es metáfora: los capos del poder se quedan con todo. Las escuelas y universidades apenas funcionan, porque el sueldo de un profesor no le alcanza ni para pagar el transporte publico que lo lleva a dar clases. Los hospitales están colapsados en enfermos y sin medicos, porque los médicos han emigrado y la gente no tiene dinero para pagar medicinas. La gente huye, porque quedarse es entregarse al hambre y al miedo. Las cárceles están llenas de presos políticos mientras que las calles las gobiernan cárteles delincuenciales que no son más que brazos ejecutores del cártel mayor dirigido por Maduro. Estos cárteles incluso funcionan ahora en varios países. Tren de Aragua es solo uno de muchos.

El cártel Castro chavista fue tan despiadado que incluso institucionalizó, frente al mundo entero, el sistema de esclavitud mas maldito de la era moderna: Cuba enviaba médicos a Venezuela a trabajar a cambio de petróleo y dólares que recibía la dictadura cubana directamente. Los cubanos que enviaban a Venezuela no cobraba por su trabajo y eran amenazados con sus familias en la isla y perseguidos por militares en Venezuela… y el mundo llamó a aquello “Misiones humanitarias” para romantizar  a la dictadura y al cártel.

Los videos en redes sociales hoy que muestran calles llenas o mercados activos son propaganda del cártel de los soles. La realidad está en los mas de 8 millones de venezolanos en el exilio (30% de la población de país y contando!), en los hospitales vacíos de insumos, en las carreteras peligrosas, en los negocios pagando protección a mafias del mismo régimen y en las casas que se caen a pedazos. 

No nos equivoquemos. En Venezuela no hay eso que llaman “derecha o izquierda”: en Venezuela lo que hay es un cártel que opera como mafia internacional, secuestrando el país y financiando aliados a su conveniencia.

Esta es la historia de cómo un país rico y pacífico se convirtió en un Estado desangrado, gobernado por narcotraficantes que disfrazan su crimen con discursos patrióticos y populistas.

La riqueza sin instituciones, sin justicia y sin moral se convierte en arma de destrucción masiva para el propio país. Nuestro pueblo está secuestrado porque ha intentado por décadas enfrentarse al cártel de la manera más democrática posible, como si se estuviese enfrentando a un gobierno que acata la ley. Ese ha sido el error no solo de los venezolanos, sino del mundo. Creer que en Venezuela hay un gobierno, cuando en realidad lo que hay es simplemente una organización criminal. No hay ley. Solo lo que diga el capo.

Venezuela nos recuerda que creer en discursos bonitos no protege de la tiranía. La libertad y la dignidad no se defienden con palabras, se defienden con vigilancia, cuestionamiento y acción. Hoy, contamos con la voz y la acción de nuestra premio Nobel de la Paz y con su claridad y valentía inagotable. Ella está abriéndole los ojos a un mundo que desde hace décadas ha preferido voltear a otro lado y ha dejado al cártel crecer hasta convertirse en un monstruo que ahora los está devorando también. No ha sido un camino fácil, pero por fin, alguien le puso el cascabel al gato.

Jose Calabres

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*Ilustracion hecha con inteligencia artificial*


#CartelDeLosSoles #VenezuelaSecuestrada #venezuelalibre #MariaCorinaMachado

EL PETROLEO VENEZOLANO SE LO ROBÓ EL CÁRTEL

 


El cartel narco-terrorista de Nicolás Maduro ha invertido enormes cantidades de dinero, dentro y fuera de Venezuela, para intentar imponer un nuevo discurso que le lave la cara a un larguísimo prontuario de crímenes de lesa humanidad que pesa sobre su nombre y el de sus lugartenientes. Ese esfuerzo busca borrar la usurpación del poder tras ocultar los resultados electorales de 2024, el saqueo sistemático de las riquezas del país, el mayor proceso de enriquecimiento ilícito por corrupción en la historia del hemisferio y su probadísima participación como protagonistas de una intrincada red de narcotráfico internacional, entre cientos de delitos más.

Para ello no solo se financian grupos destinados a organizar protestas en distintas partes del mundo con la intención de hacer parecer que los venezolanos apoyan al cártel. Son esos grupos que vemos “marchar” en apoyo a los narcos en EEUU o en Oslo. Grupos de gente que no son venezolanos, y los que si son, paradojicamente parecen marchar en el extranjero para defender un narco cártel que ha lanzado al exilio al 30% de lapo lación total de pais. Absurdo.

Los narcos de Maduro pagan páginas completas de publicidad en medios (de los que suelen despotricar a diestra y siniestra pero a los que citan como fuente confiable cuando la publicación puede favorecerlos) como The New York Times o el Washington Post. Han pagado por anuncios gigantes en las pantallas de Times Square que luego difunden en sus propias redes como un triunfo. Pagan campañas con influencers, artistas y periodistas, todo con un objetivo claro: proyectar una imagen de normalidad que no existe y reciclar el viejo papel de “víctima”. Un libreto gastado, pero aún útil para quien necesita ganar tiempo.

En paralelo, vemos en acción a los ejércitos de bots, trolls y empleados directos del cartel venezolano atacando ferozmente en redes sociales a cualquiera que se atreva a visibilizar la realidad de un país secuestrado por una estructura criminal. Tampoco es algo nuevo, pero hay quienes se sorprenden al enterarse de que hay nóminas enteras que pagan a empleados dedicados a postear mensajes de apoyo al régimen y a discutir en publicaciones de redes sociales. Si. Ese es un trabajo con horario y todo.

El nuevo cuento es que Maduro y su cartel serían “víctimas” de un imperio que quiere robarle el petróleo a Venezuela. Veamos esto detenimiento.

Una vez más, como ocurrió cuando se impusieron sanciones personales por parte de la OFAC y la Unión Europea desde 2015 (sanciones con nombre y apellido, a violadores de derechos humanos por parte de miembros del Cártel de los Soles) durante protestas cívicas de 2014 que dejaron al menos a 75 asesinados por ordenes del cártel a sus cuerpos represivos, los capos intentan mezclar, deliberadamente, esos castigos personales en un discurso en el que pretenden haver pensar a todos que esas sanciones son hacia el país.

La realidad es escandalosa. Con las sanciones y decomisos realizados en los últimos años se han congelado miles de millones de dólares en cuentas PERSONALES de jerarcas del régimen. Ninguna de esas cuentas era “del pueblo venezolano”. 

Tampoco se han confiscado propiedades “del pueblo”, sino villas completas en España e Italia, como las de Maikel Moreno, jefe del Tribunal Supremo de Justicia del cártel; mansiones de lujo en República Dominicana asociadas a Maduro y Delcy Rodríguez; edificios enteros en Miami vinculados a Tarek El Aissami, aviones privados a montón en todas partes del mundo, yates y la lista sigue con cientos de nombres en los que prácticamente TODOS los que conforman al cártel del gobierno y sus familiares están.

Los recursos de Venezuela que hoy intentan usar en su discurso victimista para justificar el cerco a la red de narcotráfico que han desarrollado durante casi 30 años, fueron vulgarmente robados por quienes detentan el poder. Ese dinero es el que financia las campañas de manipulación, compra villas en Europa, paga aviones privados y engorda cuentas personales con riquezas desviadas del presupuesto nacional. La riqueza que debería traducirse en hospitales, escuelas, viviendas, empleos, salarios dignos, vialidad, bienestar y reservas internacionales solo existe en los bolsillos de los narcos y su círculo íntimo.

Las riquezas de Venezuela se han ido en corrupción y en la compra de voluntades. Se han usado para financiar otros regímenes como los de Nicaragua y Cuba, pueblos hermanos también secuestrados por dictaduras narco-terroristas que forman parte de la misma estructura criminal. Los recursos se han entregado a organizaciones como las FARC y el ELN, a Hezbollah, a Hamás.

Se intenta construir la imagen de un país victimizado por una potencia agresora, cuando la verdad es que ha sido Maduro, el heredero directo del capo mayor, Hugo Chávez, quien ha exportado bandas criminales como el Tren de Aragua, quien ha consolidado una de las mayores redes de narcotráfico del planeta y quien ha saqueado hasta el tuétano los recursos del país. ¿Alguien sabe cuánto oro produce Venezuela? ¿Cuánto carbón, bauxita, hierro, aluminio, diamantes, coltán o uranio? ¿Dónde están esos recursos? ¿Quién los administra? ¿Qué se hace con ese dinero? ¿Cuánto oro de las reservas internacionales que Chávez mandó repatriar al BCV queda realmente? ¿Cuánto tiene hoy Venezuela en reservas internacionales? Nadie lo sabe. No existen reportes al respecto. En cambio, hay más de 25.000 supuestos “acuerdos energéticos” firmados con países de los que nadie sabe en qué consisten ni cuánto le han costado a la nación. 

Sabemos si, que a pesar de la crisis inducida por el saqueo del cártel, no se ha dejado de enviar petroleo al régimen cubano, que lo revende para financiar su dictadura.

El poco petróleo que hoy produce Venezuela se extrae, en buena medida, gracias a empresas estadounidenses como Chevron, pero cerca del 80 % de esa producción va a China, no como venta libre, sino para pagar una deuda multimillonaria contraída por proyectos sociales que jamás se ejecutaron: la planta de vehículos Chery, la fábrica de línea blanca Haier, plantas de televisores, computadoras y celulares, e incluso una supuesta fábrica de satélites. Se creó además un fondo chino-venezolano de unos 300.000 millones de dólares administrados por el cartel. Esos fondos (escuchen bien) desaparecieron. Nunca hubo una explicación. El régimen culpó, absurdamente, a la oposición, pese a que todo estaba bajo control directo del Banco Central y de cuentas a las que solo el cartel tenía acceso. De eso no se habló nunca más. Repito: 300.000.000.000 de dólares. Para ponerlo en contexto: esa fue la cantidad de dinero que el gobierno de EEUU usó para afrontar la emergencia sanitaria para casi 400 millones de personas durante la pandemia por 4 años. Eso se robaron los del cártel de los soles en un país de apenas 28 millones de habitantes en un año. Pero China igual cobra el préstamo, y el cártel lo paga con petroleo y recursos que los venezolanos no ven en ningún beneficio. El cártel se roba el dinero y paga los préstamos robandose los recursos del país. Así de simple. 

¿Sabía usted por ejemplo, que la mina de oro “Las Cristinas”, una de las mas grandes del mundo, situada en el estado Bolívar al sur de Venezuela y con unos 17 MILLONES de onzas de oro, fue entregada en su totalidad al gobierno chino para su explotación desde 2012?. No tiene que creerme a mi. Busque la fuente informativa de su preferencia y corrobore cada una de las denuncias que he nombrado en este artículo. 

Si alguien está saqueando los recursos del país, son estos narcos.

La lista de hechos de corrupción y de financiamiento a organizaciones terroristas es extensa. Hubo incluso un etarra como viceministro del régimen, Arturo Cubillas, y decenas de miembros de ETA se entrenaron en Venezuela. 

Desde el poder se otorgaron entrenamiento y pasaportes venezolanos a miembros de Hezbollah y Hamás durante décadas. Actualmente, ocho estados del país están controlados por las FARC y el ELN con la venia del régimen. Estos grupos terroristas que operan el Venezuela no es que tienen campamentos: tienen ciudades enteras construidas por el régimen y sostenidas por acciones de secuestro, extorsión, trata de personas y narcotráfico. El ejercito venezolano los protege. 

Mientras tanto, los venezolanos no tienen con qué comprar medicinas ni ropa. Sobreviven gracias a las remesas que envía cerca del 30 % de la población en el exilio, muchas veces por vías irregulares, porque en Venezuela no existe un sistema bancario funcional que permita recibir transferencias internacionales.

Hablar de “robo de recursos” como estímulo de EEUU para derrocar al cártel es un absurdo monumental y un intento ridículo de lavar la cara de un régimen que ha convertido nuestras calles en rios de sangre.

¿Cómo se puede hablar de “robo de los recursos” cuando basta mirar el valor de la moneda?. Durante los años del cartel en el poder, el bolívar ha perdido 14 ceros de su valor. Un bolívar hoy equivale a 14 mil millones de bolívares del año 2000 cuando Chavez entró al gobierno. Este régimen ha devaluado la moneda 14 MIL MILLONES DE VECES su valor! 

¿Lo triste? En términos reales hoy, ese bolívar, 14 mil millones de veces devaluado, equivale apenas a 0,0037 dólares. En términos prácticos, no existe una moneda tan pequeña en el mundo que pueda equivaler al cambio, a un bolívar. Todo esto, orgullosamente logrado por el cártel mal llamado socialismo del siglo XXI. 

Para dimensionar la devastación: el salario mínimo en Venezuela hoy equivale a unos 35 centavos de dólar al mes. No alcanza ni para comprar una hogaza de pan. ¿Cómo sobreviven entonces los venezolanos? Con “bonos” otorgados discrecionalmente por el gobierno por medio de una plataforma llamada (irónicamente) PATRIA, y por medio de la cual se ejerce el más brutal mecanismo de control social: Hambre a cambio de obediencia. Un clásico perfeccionado por el régimen cubano e implantado en Venezuela.

El discurso del “robo de las riquezas” y de la victimización no es nuevo. Los capos recurren a él cuando se sienten acorralados. Tienen un repertorio conocido: “guerra económica”, “robo del petróleo”, “bloqueo”, “acoso del imperio”. Van rotando consignas según la coyuntura. Hablan de bloqueos mientras siguen traficando petróleo clandestinamente con sus aliados, despilfarran millones en armas que usan contra el pueblo, firman acuerdos opacos, importan vehículos de lujo y compran aviones privados. No voy a perder tiempo describiendo lo que todos sabemos acerca del manejo corrupto del cártel y que ademas suele repetirse en muchísimos gobiernos. Ya todos sabemos como funciona eso, pero quiero cerrar diciendo algo que parece obvio pero que no todos logran notar: Cuando el cártel intensifica la propaganda y activa a sus ejércitos digitales es un claro síntoma de su estado: están acorralados y sienten, cada vez más cerca, la respiración del verdugo que los acecha. Vamos bien. 🇻🇪🇻🇪🇻🇪

Jose Calabres


*Ilustracion hecha con inteligencia artificial*


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#Venezuela #CartelDeLosSoles #VenezuelaSecuestrada #venezuelalibre

MARIA CORINA SI LLEGÓ A OSLO!


La crisis que enfrenta el Cártel de los Soles se acentúa cada día más a pesar de sus fallidos esfuerzos por disimular.

Los acontecimientos de los últimos días no solo revelan la creciente presión internacional que enfrenta el narco gobierno venezolano, sino que exponen sus grietas internas y la fragilidad de un sistema que lleva años sosteniéndose más por un “idea de fuerza” que en lo material no existe ya, que por el apoyo popular que alguna vez tuvieron. 

La reciente incautación de un petrolero venezolano por parte de Estados Unidos, desplegando su poderío naval frente a las costas del país, dejó al régimen en una posición incómoda. 

La reacción de Caracas, cargada de indignación, no logró disimular un hecho esencial: Venezuela carece de capacidad real para responder a una demostración tan clara de fuerza. Tampoco hubo respuesta cuando los aviones del buque Gerald Ford estadounidense entraron por casi una hora a sobrevolar el golfo venezolano resguardando (lo sabemos ahora) la fuga de Maria Corina Machado. 

Más allá de la retórica, Maduro quedó reducido a enviar notas de protesta a organismos internacionales de los que despotricó por años y que ya hoy no lo reconocen como mandatario.  Ahora intenta convencer a gobiernos vecinos de confrontar a Washington para defenderlo a él y sus lugartenientes, sin éxito. Ese llamado desesperado no es más que resultado de no tener apoyo ni de su propio ejercito, ni tener fuerza mercenaria para enfrentar una amenaza real a su permanencia en el poder que usurpa. Por muchos mercenarios cubanos o de otros países que tenga a su alrededor, no se puede ganar con pistolas una batalla naval.

En países como Colombia y Brasil se percibe una incomodidad creciente ante su llamado de auxilio, casi como si asistieran al último esfuerzo de una dictadura que lucha por conservar relevancia en un tablero regional que ya lo mira con recelo. Petro, aliado de Maduro, no puede auxiliarlo sin exponerse a si mismo, por lo que ha dejado su apoyo en la retórica “diplomática”. Lula, por su parte, le sugiere dejar el poder antes de que sea demasiado tarde.

A esta presión externa se suma un fenómeno que ha tomado al régimen por sorpresa y que pone en evidencia su vulnerabilidad interna. La fuga de María Corina Machado, tras meses de persecución, constituye una derrota estratégica para el aparato de inteligencia chavista que ha vendido por años la idea de una suerte de omnipresencia invulnerable pero que una vez más ha quedado al desnudo, demostrando que también eso es mentira.

Su salida clandestina no solo desafió los mecanismos de control que el régimen presume férreos, sino que mostró que su estructura represiva no es ni fuerte, ni sólida, al punto de que no solo no logra contener a una de las figuras más vigiladas del país, sino que de hecho, colaboró con su salida. 

Ahora, Machado insiste en que va a regresar muy pronto. El hecho de que Machado se prepare para regresar pronto al país, reforzada por un reconocimiento internacional sin precedentes, ha generado un nerviosismo palpable en Caracas, donde una campaña de descrédito al premio Nobel se ha desatado de manera demasiado obvia, demasiado absurda, con la intención de minimizar el gran evento que significa el Nobel de la Paz y lo que eso representa para el chavismo decadente. 

La retórica de Maduro, marcada por llamados urgentes a una refundación de la Gran Colombia frente a Estados Unidos, transmite desesperación. El cártel ya no cuenta con las alianzas internacionales que alguna vez lo sostuvieron, y el apoyo popular del que alguna vez hicieron gala, hace mucho que desapareció.

Hoy, aliados de Maduro como Petro en Colombia y Lula en Brasil sugieren una “transición negociada” y una amnistía amplia para quienes han formado parte del régimen. Esta propuesta, absurda desde el comienzo, puesto que Venezuela tiene un presidente electo llamado Edmundo Gonzalez, deja al descubierto que incluso los aliados ya ven inviable la permanencia en el poder del capo mayor. Por otra parte, la idea de la amnistía ha sido rechazada de plano por EEUU y el equipo de Maria Corina, lo cual elimina significativamente el margen de impunidad que los miembros del cártel esperan.

El escenario entonces combina la presión militar, diplomática y política de Washington con un deterioro interno del entramado del cártel que ya no puede ocultarse. La economía del narco gobierno se sostiene a duras penas sobre una estructura que depende del contrabando, en estos momentos fuertemente golpeado por las acciones de eeuu en las costas, y la corrupción. Mientras tanto, la población vive al límite de la supervivencia cotidiana. 

En este contexto, la reaparición de una figura opositora que, pese a años de censura, exilio y persecución, logra articular una narrativa de esperanza, es un desafío que el régimen no había esperado enfrentar. No se trata únicamente de liderazgo político, sino de un recordatorio al país de que aún existen voces dispuestas a luchar por el futuro. 

Maria Corina Machado ha contado con la posibilidad de simplemente retirarse a la seguridad mil veces, pero ha escogido luchar de frente contra el narco régimen y enfrentarlo hasta su caída en nombre de millones de venezolanos. Este tipo de valentía, que le sobra a Machado, es el equivalente en cobardía que expone a los capos del cártel, escondidos tras infinitos anillos de seguridad, escoltas cubanos y mercenarios. Son muy valientes en sus programas de television con público obligado y matones armados protegiendo sus espaldas a cambio de un sueldo, o en sus declaraciones preparadas sobre escenarios en los que amenazan con persecusión, con muerte, con cárcel. La cosa cambia cuando deben enfrentarse a fuerzas que les pueden doblar el brazo como ellos lo hacen con los demás. Ahí, piden paz, dialogo, entendimiento. 

Lo más significativo de este momento es la sensación creciente de que la historia se está moviendo. Ya la idea de que los narcos estarán en el poder para siempre no se cree tanto. La debilidad del régimen ya no es una intuición, sino un hecho evidente. Sus aliados, si es que les quedan, los han abandonado. No hay flotas chinas y rusas defendiendo a Maduro como habían planteado desde hace años. No hay bombardeos iraníes dandole apoyo a Diosdado. No hay ejércitos cubanos y nicaraguenses llegando a Maiquetía para luchar por el cártel. Todo quedó como la canción de Guaco: “En el pasado, en el vacío, en una historia que el tiempo se llevó”.

Frente a esta realidad, la esperanza venezolana adquiere una nueva dimensión. No es ingenua ni ciega, sino la consecuencia natural de ver cómo un sistema que nos dijeron que era  indestructible comienza a derrumbarse y nos muestra que detrás del gigante inmenso que nos amenazaba, solo se escondía un gusanito 

Cada gesto de la comunidad internacional, cada amenaza del cártel, cada acto de valentía de la oposición refuerza la sensación de que la transición, aunque incierta, ya no es un sueño lejano.

Venezuela ha vivido demasiadas falsas auroras para entregarse a un optimismo sin matices. Sin embargo, lo que está ocurriendo hoy es distinto. La debilidad de Maduro ya no es únicamente interna, sino globalmente reconocida. La presión externa no disminuye y las fuerzas que antes lo apuntalaban han comenzado a retirarle su apoyo. 

La fuga de María Corina y su anunciado regreso son solo un capítulo más de una historia que avanza con una velocidad inusual. Dijeron que no llegaría a Oslo, pero llegó. Ahora dirán que no va a regresar, y de nuevo, se equivocarán. Maria Corina Machado les ofreció en su momento una transición pacífica que con gran soberbia los narcos rechazaron con burlas. Hoy, los capos no pueden dormir y ya empiezan a sentir que el mundo les queda pequeño y saben que hay celdas y tumbas esperándolos. El tiempo les está llegando y las opciones de salir bien parados ya no son muchas, si es que les queda alguna.

Hoy, la libertad aún exige sacrificio, paciencia y convicción, pero parece estar más cerca de lo que muchos se atrevían a imaginar. No desmayemos. Ya hemos llegado hasta aquí. Falta poco y se está logrando!

Jose Calabres

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🇻🇪

LO QUE SE SIENTE SER VENEZOLANO, HOY- 🇻🇪❤️❤️❤️

 Diciembre 10. 2025.


Hoy escribo desde un lugar profundo, desde un lugar donde el alma no encuentra acomodo y cada emoción choca contra la otra como si intentara romper el pecho desde adentro. No quiero hablar en este momento de noticias ni de acciones militares o escenarios políticos. Quiero hablar desde el corazón.

Ser venezolano en el exilio es vivir así, en un territorio donde el orgullo y el dolor no se alternan, sino que conviven, se muerden, se empujan, se necesitan. Y hoy esa mezcla es más feroz que nunca.

Hoy María Corina Machado, una mujer que decidió entregarse por completo a la lucha libertaria, a la democracia y a la justicia que nos arrebataron sin piedad desde hace casi treinta años, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. El primer premio Nobel que recibe nuestro país.

Y sin embargo no pudo recibirlo. Desde hace mas de dieciséis meses vive escondida, perseguida por un cartel narcotraficante que secuestró a treinta millones de venezolanos y que convirtió a un país entero en rehén de su crueldad. Ella, como todos nosotros, sufre ese secuestro, pero además carga sobre su espalda la mira fija de quienes han destruido todo lo que éramos.

En Oslo, sus hijos, su madre y una multitud de venezolanos escucharon al presidente del Comité del Nobel leer un discurso que parecía escrito con nuestras cicatrices. Diez páginas donde se relató la tragedia venezolana sin suavizar nada, sin esconder la herida abierta que llevamos años cargando. Escuchar esa verdad expuesta ante el mundo, en ese escenario que parecía intocable, me provocó algo difícil de poner en palabras. 

No dijo el presidente del comité en su discurso nada que no hayamos gritado a todo pulmón los venezolanos por años ante un mundo que decidió nunca escucharnos pero si prefirió seguir recibiendo cheques de la dictadura narcotraficante firmados con la sangre de millones de venezolanos que estábamos atrapados en una celda de la que no podemos escapar… pero escuchar que desde esa tribuna se repite algo de lo que hemos dicho por tanto tiempo, en la voz ahora de tan alto vocero no dejó de ser conmovedor.

Porque ser venezolano es ser gente con un aguante sobrenatural. Lograr cualquier cosa, para nosotros, cuesta 10 veces más que para otros. Nuestros estudiantes van a universidades que se caen a pedazos, con profesores que practicamente pagan por enseñar porque los sueldos no existen, van a pie porque no hay como mantener un vehiculo o como pagar transporte publico. Comen una vez al dia, los que tienen suerte de comer… y aun así, ganan modelos de Naciones Unidas, venciendo a universidades como Harvard… a pesar de todo lo que juega en nuestra contra, nuestros medicos son los mas preciados del mundo. Nuestros musicos son admirados, y nuestra gente querida por su eterna sonrisa incluso cuando nos estan matando… cuando nos torturan… aun ahí, nunca nos falta un abrazo para regalar o una sonrisa para apoyar a quien está a nuestro lado… como no sentir el mundo movido viendo todo eso representado en Maria Corina y su familia hoy?

Sentí esperanza, una esperanza punzante de la que nunca he querido soltarme. Una esperanza de que mi país quizá esta vez si podrá ser libre. Como si el Cártel empezara a resquebrajarse. Pero al mismo tiempo sentí un dolor feroz al ver que quien debía recibir ese reconocimiento no estaba allí porque el grupo de capos malditos decidió que simplemente ella no debía estar ahí.

En su lugar estaba su hija, tratando de sostener con dignidad el orgullo atravesado por el miedo, hablando en nombre de su madre detrás de unas lágrimas contenidas que sentí como propias. No entiendo aun como no se quebró. Yo lo hice solo viéndola.

Qué se le dice a una hija que teme perder a su madre por luchar para alcanzar la libertad de todo un país? Qué se le dice a una madre que sabe que su lucha puede costarle la vida? No lo sé. No sé si hay palabras suficientes. No se ni como explicar eso.

Sé que la imagen de su hija, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, me dejó con un nudo que todavía no se deshace. Ver a Ana Corina salir al balcón del hotel, frente a la marcha de las antorchas donde miles de personas del mundo entero desfilan con antorchas en sus manos representando la luz en honor al Nobel, representando a su madre ausente, fue un golpe al corazón. 

Pensé en lo que debe significar saber que tu mamá acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz y aun así desear que nadie la conozca, que nadie la nombre, que nadie la vea, solo para tener la certeza de que podrás abrazarla al final del día. En cambio, debe vivir con el miedo de no saber si sigue viva o si la están torturando en algún cuarto oscuro de la narcodictadura. Esa idea es insoportable incluso desde lejos.

Lloré al ver a los venezolanos que acudieron, cantando, abrazándose, sosteniéndose unos a otros como si cada uno cargara un pedazo distinto de nuestro país roto. 

Confieso que no soy seguidor ni de cerca de Danny Ocean, pero cuando lo escuché cantar el Alma Llanera algo dentro de mi se movió. No porque sea una canción representativa o porque Danny sea venezolano. Me movió la idea de ver como ante la adversidad más terrible y la injusticia más salvaje, los humanos nos unimos en solidaridad para ofrecer en tributo a lo bueno lo mejor que tenemos. 

Ver a Gabriela Montero tocar al piano nuestro himno mientras decenas de compatriotas la acompañaban cantando fue como sentir que el corazón se quebraba y se recomponía al mismo tiempo. Nostalgia, tristeza, orgullo, rabia, esperanza. Todo al mismo tiempo. 

Vi a Edmundo y a su esposa caminando para ser parte del publico que aplaudió este reconocimiento tan noble que recibió María Corina hoy y no pude más que conmoverme nuevamente al verlos. Que entereza. Todos los que estaban ahí hoy pudieron elegir en algún momento dejar de luchar y simplemente llevar una vida normal. Aún así, decidieron, contra todo pronostico, jugarse hasta la vida en el camino de la libertad. Ver esa reunión de personas perseguidas, acosadas, en peligro, apoyándoselas, solo puede decirme que estamos en el camino correcto. 

Pero sentí dolor también, como todos. La certeza dolorosa de que tuvimos que convertirnos en un pueblo disperso por el mundo para entender que nuestra verdadera riqueza siempre fue nuestra gente no deja de atormentarme.

También sentí orgullo. Un orgullo profundo. Escuchar al presidente del Comité del Nobel decir en voz alta que los venezolanos, incluso en la oscuridad más espesa, seguimos defendiendo lo justo, fue un reconocimiento inesperado a una lucha que muchos damos sin darnos cuenta. De pronto recordé que aquello que hacemos como una tarea diaria, también es resistencia.

En pocos minutos, cuando termine de escribir estas líneas, María Corina aparecerá desde un balcón en Oslo y hablará al mundo por primera vez en dieciséis meses. Sé que millones de venezolanos esperaremos sus palabras como quien espera un mensaje de esperanza que nos ayude a soportar la incertidumbre por un poco más.

Hoy es un día que se desborda. Un día donde ser venezolano vuelve a sentirse como una carga inmensa y como un honor al mismo tiempo. Un día donde vemos la fuerza de nuestra identidad reunida en un solo instante: la resistencia que no se rinde, la dignidad que no se negocia, la familia que sostiene, los amigos que levantan, la valentía que persiste… todo en un hotel de Oslo.

No sé qué pasará mañana. Hoy no quiero pensarlo. Hoy quiero permitirme un instante para sentir este orgullo que me llena el pecho y me recuerda quién soy y de dónde vengo. Hoy quiero que el dolor y la distancia guarden silencio por un momento. Hoy quiero celebrar que, a pesar de la oscuridad más cruel, Venezuela ganó el Premio Nobel de la Paz. Hoy, con todo lo que somos y con todo lo que hemos perdido, celebremos que ganamos.

 Jose Calabres

EL NOBEL QUE DERRUMBA AL CÁRTEL


La ausencia inicial de María Corina Machado (MCM) en la ceremonia del Premio Nobel de la Paz 2025 generó más ruido que su eventual llegada. Desde el primer momento se supo que no era un retraso casual: la operación que permitió su salida clandestina de Venezuela, confirmada luego por el Instituto Nobel, fue tan delicada como reveladora. Que una figura vigilada, perseguida y declarada “objetivo político” haya logrado abandonar un país supuestamente controlado por militares, paramilitares y servicios de contrainteligencia no es un simple golpe de suerte: es síntoma de fracturas profundas dentro del régimen y evidencia de un apoyo externo organizado.

Lo que se sabe es suficiente para trazar el mapa. Machado salió de Venezuela por vías no oficiales, pasó por Curazao y llegó a Europa bajo protección internacional. Su hija recibió el Nobel en su nombre, pero la confirmación del comité de que MCM “está en camino” encendió todos los reflectores globales. Ni el régimen pudo impedir su salida, ni pudo impedir que hoy sea reconocida en el escenario más prestigioso del mundo. 

Se habla (extraoficialmente) de que Machado no llegó a la entrega del premio porque estaba reunida personalmente con Trump. Podría ser, puesto que fue EEUU quien la sacó de Venezuela.

En paralelo, EE. UU. ejecutó una maniobra militar que solo puede interpretarse como un gesto calculado: dos F-18 incursionaron durante cincuenta minutos en el Golfo de Venezuela. Oficialmente, fue una operación rutinaria en espacio internacional. Extraoficialmente, ocurrió en el momento preciso en que Machado se desplazaba hacia territorio seguro y en medio de declaraciones de Donald Trump asegurando que “el tiempo de Maduro está contado”.

La imagen que deja este conjunto de hechos es contundente. Estados Unidos mostró que puede volar en la cara del régimen sin mayor resistencia, y que la protección de MCM es prioridad estratégica. La fuga de la líder opositora no solo expone la ineficiencia del aparato represivo, sino que sugiere como todo movimiento clandestino exitoso, que hubo colaboración interna. Entonces, hay resquebrajamiento, filtraciones y grietas que escapan al supuesto control del régimen. 

El régimen, por su parte, y como era de esperar, activó su maquinaria habitual: protestas pagadas en Oslo, grupos financiados en Estados Unidos con carteles sobre “el petróleo venezolano” y el viejo discurso de la intervención extranjera. Es un libreto repetido, desgastado y desconectado de la realidad. Su narrativa choca de frente con hechos irrefutables: El país con las mayores reservas petroleras del planeta vive la peor crisis humanitaria y económica del continente. Una crisis que no comenzó por sanciones, sino al menos una década antes.

Para hacer memoria: En 2007 ya había escasez severa de alimentos.  Lo puedo decir con certeza porque ese año mi hija era una bebé y no podíamos encontrar ni formula lactea ni pañales. Ya el papel de baño escaseaba y hacía años que encontrar leche era un milagro. 

En enero del siguiente año el bolívar perdió tres ceros al estrenar el llamado “bolívar fuerte”. En 2014, en medio de las protestas que dejaron más de 40 muertos por disparos en la cara, el país descubrió el escándalo de Pudreval: 21 kilómetros de contenedores de comida descompuesta mientras millones hacían filas interminables para comprar harina o arroz. Nos marcaban con un numero en el brazo para poder comprar algo. ¿Lo recuerdan? No habían sanciones. Para 2017, ya habían desaparecido 12 ceros de la moneda. Hoy van 17, el salario mínimo equivale a 52 centavos de dólar al mes.

Treinta por ciento de la población está en el exilio. Es la migración más grande de la humanidad para un país que no está en guerra con nadie, excepto con quienes secuestraron el poder.

A pesar de la tragedia interna, los casos de corrupción por miles de millones (de dólares!) siguen apareciendo, y las riquezas petroleras y minerales continúan fluyendo… pero solo hacia los bolsillos de la élite del cartel. Solo Rafael Ramirez tiene una cuenta congelada en Suiza por al menos 7 MIL MILLONES DE DOLARES. Nada, si se compara con lo que robó El Aissami en su ultimo caso: 21.000.000.000 $. 

Sin embargo, en casi tres décadas del régimen en el poder, no se ha construido un solo hospital en Venezuela y los existentes están en la ruina, pero sí se han hecho nuevos hospitales, autopistas, escuelas y hasta aeropuertos en países “aliados”. La desidia doméstica contrasta con la generosidad millonaria hacia el exterior, revelando un patrón claro: el saqueo sistemático.

En ese contexto, el Nobel entregado a Machado no es un acto meramente simbólico. Es un reconocimiento internacional al carácter ilegítimo del régimen y un recordatorio al mundo de que Venezuela no está sola. MCM, desde el exilio temporal, lo dejó claro: no piensa quedarse afuera. Y eso es precisamente lo que desestabiliza al poder.

Su regreso representa un riesgo monumental para ella. Sería extremadamente fácil rastrearla desde Oslo. Por eso, la presencia de varios presidentes latinoamericanos en la ceremonia abre una hipótesis interesante: ¿y si su objetivo no era solo acompañarla, sino dispersar rutas, destinos y patrones de vuelo? ¿Y si los movimientos oficiales de estos mandatarios funcionan como cortinas de humo para proteger los desplazamientos de la líder opositora?. La logística de seguridad en torno a MCM ahora involucra gobiernos completos, no solo escoltas.

Lo que sí es evidente es que Machado ya participa directamente en reuniones con líderes globales, con figuras que tienen poder real sobre el futuro venezolano. Eso marca un antes y un después. Su presencia física fuera del país, su reconocimiento mundial y el respaldo explícito de gobiernos democráticos incrementan sustancialmente las probabilidades de una transición política. No hay fechas. Nadie puede asegurarlas, pero el cambio dejó de ser un sueño improbable y comenzó a sentirse inevitable.

El cartel de los soles se tambalea.

El mundo está mirando, y Venezuela, después de décadas de oscuridad, respira un rayo de posibilidad.


Jose Calabres


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MCM EN OSLO: PESADILLA DE MADURO

 


La política venezolana vuelve a colocarse en el centro del debate internacional, pero a diferencia de otras oportunidades, hoy no por una elección amañada por un narco dictador y su séquito de capos asesinos, ni por noticias de nuevos presos políticos o gente asesinada por esbirros del régimen, sino por la inminente llegada de María Corina Machado a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz. 

Ese viaje, cuya sola posibilidad sacude el tablero latinoamericano, coincide con un endurecimiento inédito de la presión de Estados Unidos contra Nicolás Maduro y con declaraciones del presidente Donald Trump que anuncian que los días del régimen están contados.

El reconocimiento del Comité Nobel funciona como un reflector que atraviesa fronteras y expone sin adornos la naturaleza autoritaria del régimen narco chavista. No es solo un premio, es un acto político de alcance global que resitúa a los demócratas venezolanos en el escenario internacional, otorgándole una legitimidad que el cártel de Maduro ha intentado sofocar durante años mediante inhabilitaciones, persecución, censura y una maquinaria de propaganda construida para ocultar la ruina institucional del país. 

La imagen de Machado, hasta ahora obligada a desplazarse en clandestinidad dentro de Venezuela, adquiere de pronto una fuerza simbólica que trasciende lo doméstico y coloca al régimen en la posición incómoda de tener que explicar por qué una mujer reconocida mundialmente como defensora de la democracia no puede caminar libremente por las calles de su propio país y debe permanecer en la clandestinidad desde hace más de un año.

Al mismo tiempo, en Washington se revisa con detalle un plan de transición elaborado por el equipo de Machado, un documento que plantea cómo estabilizar Venezuela cuando se de la salida de Maduro. La sola existencia de ese plan, estudiado por el gobierno estadounidense como una hoja de ruta real y no hipotética, confirma que la crisis venezolana ha dejado de ser un asunto periférico en la agenda internacional para convertirse en una realidad. 

Según las informaciones reveladas hasta ahora, ese programa propone reorganizar las instituciones en las primeras cien horas, depurar una parte del alto mando militar y convocar elecciones competitivas en el primer año de transición. Es un diseño que anticipa un país que renace con urgencia después de años de devastación institucional.

Este escenario se vuelve más complejo cuando se suman las declaraciones recientes de Trump, quien aseguró que las operaciones en tierra comenzarán pronto y que Maduro se encuentra ya en una cuenta regresiva (lo dijo hace apenas unas horas antes de que yo escribiera este artículo). 

Su afirmación, lejos de ser un comentario retórico, aparece acompañada de movimientos militares estadounidenses en el Caribe y de operativos de interdicción que Caracas interpreta como actos hostiles. La tensión se multiplica y muchos observadores afirman que la región se acerca a una etapa decisiva que puede inclinarse hacia una transición negociada o hacia un choque imprevisible entre fuerzas ya demasiado polarizadas.

En ese marco, el viaje de Machado a Oslo adquiere una dimensión histórica. No es solo la entrega de un premio que honra su resistencia democrática, sino un desafío directo al régimen, que ha insinuado considerarla prófuga si abandona el país. Su salida sería un acto político de enorme riesgo personal, pero también un gesto de ruptura con el encierro al que la dictadura ha intentado condenarla y que ella logra no solo evadir, sino que lo hace a sus anchas. 

Ahora, más allá de su llegada a Oslo, lo que preocupa al régimen es lo que sucederá después, porque MCM ha declarado por medio de sus voceros en Oslo que piensa regresar a Venezuela después, lo cual es, o una señal de que el cártel caerá antes de su regreso, o que regresará “a pesar del cártel”, lo cual desafía el control del mismo en el país. No olvidemos que ya ese control ha sido desnudado al sacar a los miembros del equipo de MCM secuestrados en la embajada argentina hace unos meses.

En Oslo no solo recibiría un reconocimiento mundial, sino que se convertiría en un símbolo viviente de que el aislamiento impuesto por el cártel no es tan poderoso ni tan cerrado como pretenden hacer ver sobre todo a los mismos venezolanos. El cártel no controla “todo”, como quieren hacer pensar. 

Pero hay un riesgo grande. A estas alturas, los narcos podrían buscar eliminar a MCM. Es sabido que habrán grupos pagados en Oslo protestando contra ella y el premio. No se esperaría menos del cártel. Pero y si ademas la están cazando para eliminarla mientras está por allá?  La verdad es que no tenemos a alguien que pueda ser su sucesor o sucesora en linea. Proteger a MCM es PRIORITARIO. Y habrá quien se pregunte: ¿se atreverían los narcos a tocarla?. La respuesta es SI. Porque no les quedan muchas opciones. Además, ya se han atrevido a otras cosas, como a lanzar a Fernando Albán desde un piso 10, o dejar morir a Franklin Britto en huelga de hambre, o violar a la jueza Afiuni, o pasar con tanquetas por encima de quienes protestan pacificamente, o asesinar a mas 147 personas en las protestas de 2014 y 2017… si algo tienen los narco carteles de sobra, es crueldad.

Pero el costo para Maduro es evidente. La dictadura está expuesta ante el mundo como un sistema que teme la visibilidad y que solo se siente seguro cuando controla la narrativa dentro de sus fronteras. Pero hasta ahí han perdido fuerza. La presencia de Machado en Europa, ya reportada por diversos medios, rompería ese cerco y obligaría al régimen a enfrentar una ola de presión diplomática que podría acelerar decisiones internas en su propia estructura de poder. Si el alto mando militar percibe que la comunidad internacional prepara una transición seria y que Estados Unidos está dispuesto a escalar la presión, las lealtades podrían comenzar a resquebrajarse. Esa es precisamente la grieta que más teme el chavismo.

El efecto inmediato del Nobel es la revitalización de la oposición, dentro y fuera del país. La diáspora (mas de 8 MILLONES DE VENEZOLANOS EN EL EXILIO!) que ha cargado por años con el peso emocional del exilio, encuentra en este momento un motivo para reorganizarse y para creer que el regreso es posible. Al mismo tiempo, quienes dentro de Venezuela han resistido en silencio sienten que el proyecto democrático adquiere por fin un respaldo sólido, no solo moral sino político, que puede cambiar la correlación de fuerzas.

Pero hay que estar claros. Venezuela no es un tablero vacío y el chavismo, con toda su crisis, conserva estructuras de poder que no desaparecerán de un día para otro. El equilibrio entre justicia, estabilidad, reinstitucionalización y reconciliación será una prueba tan compleja como la caída del propio régimen.

Aun así, la aparición de Machado en Oslo podría marcar el inicio de una nueva etapa. Es la imagen que Maduro no quiere que el mundo vea: la de una líder reconocida globalmente, libre de su cerco y respaldada por cientos de gobiernos que analizan ya el día después. Es también la imagen que muchos venezolanos esperan desde hace años, una señal de que el país no está condenado a la parálisis ni a la oscuridad, y que hay aún una líder fuerte que sigue guiando la lucha hacia la libertad del país.

Si algo queda claro en medio de esta turbulencia es que la dictadura enfrenta ahora un escenario que combina presión internacional, fracturas internas y un liderazgo opositor legitimado por el símbolo más poderoso de la paz mundial. Cada movimiento será decisivo, tanto para quienes sostienen el poder como para quienes aspiran a reconstruir un país.


Jose Calabres


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