viernes, 26 de diciembre de 2025

LO QUE SE SIENTE SER VENEZOLANO, HOY- 🇻🇪❤️❤️❤️

 Diciembre 10. 2025.


Hoy escribo desde un lugar profundo, desde un lugar donde el alma no encuentra acomodo y cada emoción choca contra la otra como si intentara romper el pecho desde adentro. No quiero hablar en este momento de noticias ni de acciones militares o escenarios políticos. Quiero hablar desde el corazón.

Ser venezolano en el exilio es vivir así, en un territorio donde el orgullo y el dolor no se alternan, sino que conviven, se muerden, se empujan, se necesitan. Y hoy esa mezcla es más feroz que nunca.

Hoy María Corina Machado, una mujer que decidió entregarse por completo a la lucha libertaria, a la democracia y a la justicia que nos arrebataron sin piedad desde hace casi treinta años, fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. El primer premio Nobel que recibe nuestro país.

Y sin embargo no pudo recibirlo. Desde hace mas de dieciséis meses vive escondida, perseguida por un cartel narcotraficante que secuestró a treinta millones de venezolanos y que convirtió a un país entero en rehén de su crueldad. Ella, como todos nosotros, sufre ese secuestro, pero además carga sobre su espalda la mira fija de quienes han destruido todo lo que éramos.

En Oslo, sus hijos, su madre y una multitud de venezolanos escucharon al presidente del Comité del Nobel leer un discurso que parecía escrito con nuestras cicatrices. Diez páginas donde se relató la tragedia venezolana sin suavizar nada, sin esconder la herida abierta que llevamos años cargando. Escuchar esa verdad expuesta ante el mundo, en ese escenario que parecía intocable, me provocó algo difícil de poner en palabras. 

No dijo el presidente del comité en su discurso nada que no hayamos gritado a todo pulmón los venezolanos por años ante un mundo que decidió nunca escucharnos pero si prefirió seguir recibiendo cheques de la dictadura narcotraficante firmados con la sangre de millones de venezolanos que estábamos atrapados en una celda de la que no podemos escapar… pero escuchar que desde esa tribuna se repite algo de lo que hemos dicho por tanto tiempo, en la voz ahora de tan alto vocero no dejó de ser conmovedor.

Porque ser venezolano es ser gente con un aguante sobrenatural. Lograr cualquier cosa, para nosotros, cuesta 10 veces más que para otros. Nuestros estudiantes van a universidades que se caen a pedazos, con profesores que practicamente pagan por enseñar porque los sueldos no existen, van a pie porque no hay como mantener un vehiculo o como pagar transporte publico. Comen una vez al dia, los que tienen suerte de comer… y aun así, ganan modelos de Naciones Unidas, venciendo a universidades como Harvard… a pesar de todo lo que juega en nuestra contra, nuestros medicos son los mas preciados del mundo. Nuestros musicos son admirados, y nuestra gente querida por su eterna sonrisa incluso cuando nos estan matando… cuando nos torturan… aun ahí, nunca nos falta un abrazo para regalar o una sonrisa para apoyar a quien está a nuestro lado… como no sentir el mundo movido viendo todo eso representado en Maria Corina y su familia hoy?

Sentí esperanza, una esperanza punzante de la que nunca he querido soltarme. Una esperanza de que mi país quizá esta vez si podrá ser libre. Como si el Cártel empezara a resquebrajarse. Pero al mismo tiempo sentí un dolor feroz al ver que quien debía recibir ese reconocimiento no estaba allí porque el grupo de capos malditos decidió que simplemente ella no debía estar ahí.

En su lugar estaba su hija, tratando de sostener con dignidad el orgullo atravesado por el miedo, hablando en nombre de su madre detrás de unas lágrimas contenidas que sentí como propias. No entiendo aun como no se quebró. Yo lo hice solo viéndola.

Qué se le dice a una hija que teme perder a su madre por luchar para alcanzar la libertad de todo un país? Qué se le dice a una madre que sabe que su lucha puede costarle la vida? No lo sé. No sé si hay palabras suficientes. No se ni como explicar eso.

Sé que la imagen de su hija, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, me dejó con un nudo que todavía no se deshace. Ver a Ana Corina salir al balcón del hotel, frente a la marcha de las antorchas donde miles de personas del mundo entero desfilan con antorchas en sus manos representando la luz en honor al Nobel, representando a su madre ausente, fue un golpe al corazón. 

Pensé en lo que debe significar saber que tu mamá acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz y aun así desear que nadie la conozca, que nadie la nombre, que nadie la vea, solo para tener la certeza de que podrás abrazarla al final del día. En cambio, debe vivir con el miedo de no saber si sigue viva o si la están torturando en algún cuarto oscuro de la narcodictadura. Esa idea es insoportable incluso desde lejos.

Lloré al ver a los venezolanos que acudieron, cantando, abrazándose, sosteniéndose unos a otros como si cada uno cargara un pedazo distinto de nuestro país roto. 

Confieso que no soy seguidor ni de cerca de Danny Ocean, pero cuando lo escuché cantar el Alma Llanera algo dentro de mi se movió. No porque sea una canción representativa o porque Danny sea venezolano. Me movió la idea de ver como ante la adversidad más terrible y la injusticia más salvaje, los humanos nos unimos en solidaridad para ofrecer en tributo a lo bueno lo mejor que tenemos. 

Ver a Gabriela Montero tocar al piano nuestro himno mientras decenas de compatriotas la acompañaban cantando fue como sentir que el corazón se quebraba y se recomponía al mismo tiempo. Nostalgia, tristeza, orgullo, rabia, esperanza. Todo al mismo tiempo. 

Vi a Edmundo y a su esposa caminando para ser parte del publico que aplaudió este reconocimiento tan noble que recibió María Corina hoy y no pude más que conmoverme nuevamente al verlos. Que entereza. Todos los que estaban ahí hoy pudieron elegir en algún momento dejar de luchar y simplemente llevar una vida normal. Aún así, decidieron, contra todo pronostico, jugarse hasta la vida en el camino de la libertad. Ver esa reunión de personas perseguidas, acosadas, en peligro, apoyándoselas, solo puede decirme que estamos en el camino correcto. 

Pero sentí dolor también, como todos. La certeza dolorosa de que tuvimos que convertirnos en un pueblo disperso por el mundo para entender que nuestra verdadera riqueza siempre fue nuestra gente no deja de atormentarme.

También sentí orgullo. Un orgullo profundo. Escuchar al presidente del Comité del Nobel decir en voz alta que los venezolanos, incluso en la oscuridad más espesa, seguimos defendiendo lo justo, fue un reconocimiento inesperado a una lucha que muchos damos sin darnos cuenta. De pronto recordé que aquello que hacemos como una tarea diaria, también es resistencia.

En pocos minutos, cuando termine de escribir estas líneas, María Corina aparecerá desde un balcón en Oslo y hablará al mundo por primera vez en dieciséis meses. Sé que millones de venezolanos esperaremos sus palabras como quien espera un mensaje de esperanza que nos ayude a soportar la incertidumbre por un poco más.

Hoy es un día que se desborda. Un día donde ser venezolano vuelve a sentirse como una carga inmensa y como un honor al mismo tiempo. Un día donde vemos la fuerza de nuestra identidad reunida en un solo instante: la resistencia que no se rinde, la dignidad que no se negocia, la familia que sostiene, los amigos que levantan, la valentía que persiste… todo en un hotel de Oslo.

No sé qué pasará mañana. Hoy no quiero pensarlo. Hoy quiero permitirme un instante para sentir este orgullo que me llena el pecho y me recuerda quién soy y de dónde vengo. Hoy quiero que el dolor y la distancia guarden silencio por un momento. Hoy quiero celebrar que, a pesar de la oscuridad más cruel, Venezuela ganó el Premio Nobel de la Paz. Hoy, con todo lo que somos y con todo lo que hemos perdido, celebremos que ganamos.

 Jose Calabres

EL NOBEL QUE DERRUMBA AL CÁRTEL


La ausencia inicial de María Corina Machado (MCM) en la ceremonia del Premio Nobel de la Paz 2025 generó más ruido que su eventual llegada. Desde el primer momento se supo que no era un retraso casual: la operación que permitió su salida clandestina de Venezuela, confirmada luego por el Instituto Nobel, fue tan delicada como reveladora. Que una figura vigilada, perseguida y declarada “objetivo político” haya logrado abandonar un país supuestamente controlado por militares, paramilitares y servicios de contrainteligencia no es un simple golpe de suerte: es síntoma de fracturas profundas dentro del régimen y evidencia de un apoyo externo organizado.

Lo que se sabe es suficiente para trazar el mapa. Machado salió de Venezuela por vías no oficiales, pasó por Curazao y llegó a Europa bajo protección internacional. Su hija recibió el Nobel en su nombre, pero la confirmación del comité de que MCM “está en camino” encendió todos los reflectores globales. Ni el régimen pudo impedir su salida, ni pudo impedir que hoy sea reconocida en el escenario más prestigioso del mundo. 

Se habla (extraoficialmente) de que Machado no llegó a la entrega del premio porque estaba reunida personalmente con Trump. Podría ser, puesto que fue EEUU quien la sacó de Venezuela.

En paralelo, EE. UU. ejecutó una maniobra militar que solo puede interpretarse como un gesto calculado: dos F-18 incursionaron durante cincuenta minutos en el Golfo de Venezuela. Oficialmente, fue una operación rutinaria en espacio internacional. Extraoficialmente, ocurrió en el momento preciso en que Machado se desplazaba hacia territorio seguro y en medio de declaraciones de Donald Trump asegurando que “el tiempo de Maduro está contado”.

La imagen que deja este conjunto de hechos es contundente. Estados Unidos mostró que puede volar en la cara del régimen sin mayor resistencia, y que la protección de MCM es prioridad estratégica. La fuga de la líder opositora no solo expone la ineficiencia del aparato represivo, sino que sugiere como todo movimiento clandestino exitoso, que hubo colaboración interna. Entonces, hay resquebrajamiento, filtraciones y grietas que escapan al supuesto control del régimen. 

El régimen, por su parte, y como era de esperar, activó su maquinaria habitual: protestas pagadas en Oslo, grupos financiados en Estados Unidos con carteles sobre “el petróleo venezolano” y el viejo discurso de la intervención extranjera. Es un libreto repetido, desgastado y desconectado de la realidad. Su narrativa choca de frente con hechos irrefutables: El país con las mayores reservas petroleras del planeta vive la peor crisis humanitaria y económica del continente. Una crisis que no comenzó por sanciones, sino al menos una década antes.

Para hacer memoria: En 2007 ya había escasez severa de alimentos.  Lo puedo decir con certeza porque ese año mi hija era una bebé y no podíamos encontrar ni formula lactea ni pañales. Ya el papel de baño escaseaba y hacía años que encontrar leche era un milagro. 

En enero del siguiente año el bolívar perdió tres ceros al estrenar el llamado “bolívar fuerte”. En 2014, en medio de las protestas que dejaron más de 40 muertos por disparos en la cara, el país descubrió el escándalo de Pudreval: 21 kilómetros de contenedores de comida descompuesta mientras millones hacían filas interminables para comprar harina o arroz. Nos marcaban con un numero en el brazo para poder comprar algo. ¿Lo recuerdan? No habían sanciones. Para 2017, ya habían desaparecido 12 ceros de la moneda. Hoy van 17, el salario mínimo equivale a 52 centavos de dólar al mes.

Treinta por ciento de la población está en el exilio. Es la migración más grande de la humanidad para un país que no está en guerra con nadie, excepto con quienes secuestraron el poder.

A pesar de la tragedia interna, los casos de corrupción por miles de millones (de dólares!) siguen apareciendo, y las riquezas petroleras y minerales continúan fluyendo… pero solo hacia los bolsillos de la élite del cartel. Solo Rafael Ramirez tiene una cuenta congelada en Suiza por al menos 7 MIL MILLONES DE DOLARES. Nada, si se compara con lo que robó El Aissami en su ultimo caso: 21.000.000.000 $. 

Sin embargo, en casi tres décadas del régimen en el poder, no se ha construido un solo hospital en Venezuela y los existentes están en la ruina, pero sí se han hecho nuevos hospitales, autopistas, escuelas y hasta aeropuertos en países “aliados”. La desidia doméstica contrasta con la generosidad millonaria hacia el exterior, revelando un patrón claro: el saqueo sistemático.

En ese contexto, el Nobel entregado a Machado no es un acto meramente simbólico. Es un reconocimiento internacional al carácter ilegítimo del régimen y un recordatorio al mundo de que Venezuela no está sola. MCM, desde el exilio temporal, lo dejó claro: no piensa quedarse afuera. Y eso es precisamente lo que desestabiliza al poder.

Su regreso representa un riesgo monumental para ella. Sería extremadamente fácil rastrearla desde Oslo. Por eso, la presencia de varios presidentes latinoamericanos en la ceremonia abre una hipótesis interesante: ¿y si su objetivo no era solo acompañarla, sino dispersar rutas, destinos y patrones de vuelo? ¿Y si los movimientos oficiales de estos mandatarios funcionan como cortinas de humo para proteger los desplazamientos de la líder opositora?. La logística de seguridad en torno a MCM ahora involucra gobiernos completos, no solo escoltas.

Lo que sí es evidente es que Machado ya participa directamente en reuniones con líderes globales, con figuras que tienen poder real sobre el futuro venezolano. Eso marca un antes y un después. Su presencia física fuera del país, su reconocimiento mundial y el respaldo explícito de gobiernos democráticos incrementan sustancialmente las probabilidades de una transición política. No hay fechas. Nadie puede asegurarlas, pero el cambio dejó de ser un sueño improbable y comenzó a sentirse inevitable.

El cartel de los soles se tambalea.

El mundo está mirando, y Venezuela, después de décadas de oscuridad, respira un rayo de posibilidad.


Jose Calabres


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#NobelPrize #mariacorinamachado #Venezuela

MCM EN OSLO: PESADILLA DE MADURO

 


La política venezolana vuelve a colocarse en el centro del debate internacional, pero a diferencia de otras oportunidades, hoy no por una elección amañada por un narco dictador y su séquito de capos asesinos, ni por noticias de nuevos presos políticos o gente asesinada por esbirros del régimen, sino por la inminente llegada de María Corina Machado a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz. 

Ese viaje, cuya sola posibilidad sacude el tablero latinoamericano, coincide con un endurecimiento inédito de la presión de Estados Unidos contra Nicolás Maduro y con declaraciones del presidente Donald Trump que anuncian que los días del régimen están contados.

El reconocimiento del Comité Nobel funciona como un reflector que atraviesa fronteras y expone sin adornos la naturaleza autoritaria del régimen narco chavista. No es solo un premio, es un acto político de alcance global que resitúa a los demócratas venezolanos en el escenario internacional, otorgándole una legitimidad que el cártel de Maduro ha intentado sofocar durante años mediante inhabilitaciones, persecución, censura y una maquinaria de propaganda construida para ocultar la ruina institucional del país. 

La imagen de Machado, hasta ahora obligada a desplazarse en clandestinidad dentro de Venezuela, adquiere de pronto una fuerza simbólica que trasciende lo doméstico y coloca al régimen en la posición incómoda de tener que explicar por qué una mujer reconocida mundialmente como defensora de la democracia no puede caminar libremente por las calles de su propio país y debe permanecer en la clandestinidad desde hace más de un año.

Al mismo tiempo, en Washington se revisa con detalle un plan de transición elaborado por el equipo de Machado, un documento que plantea cómo estabilizar Venezuela cuando se de la salida de Maduro. La sola existencia de ese plan, estudiado por el gobierno estadounidense como una hoja de ruta real y no hipotética, confirma que la crisis venezolana ha dejado de ser un asunto periférico en la agenda internacional para convertirse en una realidad. 

Según las informaciones reveladas hasta ahora, ese programa propone reorganizar las instituciones en las primeras cien horas, depurar una parte del alto mando militar y convocar elecciones competitivas en el primer año de transición. Es un diseño que anticipa un país que renace con urgencia después de años de devastación institucional.

Este escenario se vuelve más complejo cuando se suman las declaraciones recientes de Trump, quien aseguró que las operaciones en tierra comenzarán pronto y que Maduro se encuentra ya en una cuenta regresiva (lo dijo hace apenas unas horas antes de que yo escribiera este artículo). 

Su afirmación, lejos de ser un comentario retórico, aparece acompañada de movimientos militares estadounidenses en el Caribe y de operativos de interdicción que Caracas interpreta como actos hostiles. La tensión se multiplica y muchos observadores afirman que la región se acerca a una etapa decisiva que puede inclinarse hacia una transición negociada o hacia un choque imprevisible entre fuerzas ya demasiado polarizadas.

En ese marco, el viaje de Machado a Oslo adquiere una dimensión histórica. No es solo la entrega de un premio que honra su resistencia democrática, sino un desafío directo al régimen, que ha insinuado considerarla prófuga si abandona el país. Su salida sería un acto político de enorme riesgo personal, pero también un gesto de ruptura con el encierro al que la dictadura ha intentado condenarla y que ella logra no solo evadir, sino que lo hace a sus anchas. 

Ahora, más allá de su llegada a Oslo, lo que preocupa al régimen es lo que sucederá después, porque MCM ha declarado por medio de sus voceros en Oslo que piensa regresar a Venezuela después, lo cual es, o una señal de que el cártel caerá antes de su regreso, o que regresará “a pesar del cártel”, lo cual desafía el control del mismo en el país. No olvidemos que ya ese control ha sido desnudado al sacar a los miembros del equipo de MCM secuestrados en la embajada argentina hace unos meses.

En Oslo no solo recibiría un reconocimiento mundial, sino que se convertiría en un símbolo viviente de que el aislamiento impuesto por el cártel no es tan poderoso ni tan cerrado como pretenden hacer ver sobre todo a los mismos venezolanos. El cártel no controla “todo”, como quieren hacer pensar. 

Pero hay un riesgo grande. A estas alturas, los narcos podrían buscar eliminar a MCM. Es sabido que habrán grupos pagados en Oslo protestando contra ella y el premio. No se esperaría menos del cártel. Pero y si ademas la están cazando para eliminarla mientras está por allá?  La verdad es que no tenemos a alguien que pueda ser su sucesor o sucesora en linea. Proteger a MCM es PRIORITARIO. Y habrá quien se pregunte: ¿se atreverían los narcos a tocarla?. La respuesta es SI. Porque no les quedan muchas opciones. Además, ya se han atrevido a otras cosas, como a lanzar a Fernando Albán desde un piso 10, o dejar morir a Franklin Britto en huelga de hambre, o violar a la jueza Afiuni, o pasar con tanquetas por encima de quienes protestan pacificamente, o asesinar a mas 147 personas en las protestas de 2014 y 2017… si algo tienen los narco carteles de sobra, es crueldad.

Pero el costo para Maduro es evidente. La dictadura está expuesta ante el mundo como un sistema que teme la visibilidad y que solo se siente seguro cuando controla la narrativa dentro de sus fronteras. Pero hasta ahí han perdido fuerza. La presencia de Machado en Europa, ya reportada por diversos medios, rompería ese cerco y obligaría al régimen a enfrentar una ola de presión diplomática que podría acelerar decisiones internas en su propia estructura de poder. Si el alto mando militar percibe que la comunidad internacional prepara una transición seria y que Estados Unidos está dispuesto a escalar la presión, las lealtades podrían comenzar a resquebrajarse. Esa es precisamente la grieta que más teme el chavismo.

El efecto inmediato del Nobel es la revitalización de la oposición, dentro y fuera del país. La diáspora (mas de 8 MILLONES DE VENEZOLANOS EN EL EXILIO!) que ha cargado por años con el peso emocional del exilio, encuentra en este momento un motivo para reorganizarse y para creer que el regreso es posible. Al mismo tiempo, quienes dentro de Venezuela han resistido en silencio sienten que el proyecto democrático adquiere por fin un respaldo sólido, no solo moral sino político, que puede cambiar la correlación de fuerzas.

Pero hay que estar claros. Venezuela no es un tablero vacío y el chavismo, con toda su crisis, conserva estructuras de poder que no desaparecerán de un día para otro. El equilibrio entre justicia, estabilidad, reinstitucionalización y reconciliación será una prueba tan compleja como la caída del propio régimen.

Aun así, la aparición de Machado en Oslo podría marcar el inicio de una nueva etapa. Es la imagen que Maduro no quiere que el mundo vea: la de una líder reconocida globalmente, libre de su cerco y respaldada por cientos de gobiernos que analizan ya el día después. Es también la imagen que muchos venezolanos esperan desde hace años, una señal de que el país no está condenado a la parálisis ni a la oscuridad, y que hay aún una líder fuerte que sigue guiando la lucha hacia la libertad del país.

Si algo queda claro en medio de esta turbulencia es que la dictadura enfrenta ahora un escenario que combina presión internacional, fracturas internas y un liderazgo opositor legitimado por el símbolo más poderoso de la paz mundial. Cada movimiento será decisivo, tanto para quienes sostienen el poder como para quienes aspiran a reconstruir un país.


Jose Calabres


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#Venezuela #MariaCorinaMachado #CartelDeLosSoles #Libertad #PremioNobelDeLaPaz #🇻🇪

¿CUANDO CAERA FINALMENTE EL CÁRTEL?

 


Hay momentos en los que el poder deja de ser un escudo y se convierte en una prisión. Hoy, el narco capo Maduro vive exactamente ahí: en ese punto en el que cada movimiento tiene más que ver con sobrevivir que con gobernar. Por primera vez en mucho tiempo, las señales dentro y fuera de Venezuela apuntan en la misma dirección: el futuro de Maduro no es de permanencia.

Durante los últimos meses hemos visto cómo el cártel, en lugar de mostrar fuerza, muestra nerviosismo. Diosdado, siempre el vocero de ala dura, invoca la necesidad de “identificar a los vendepatria”, una frase que en Venezuela hemos escuchado antes, justo cuando el poder se siente rodeado. Este discurso no busca nada más que asustar a aquellos que podrían estar conspirando contra ellos. Busca simplemente afianzar la idea de que el cártel es omnisciente y lo sabe todo. La verdad es que están muy lejos de eso, y para su propio terror, cada día hay más y más conspiraciones contra ellos.

Pero ese discurso sucede al mismo tiempo que ocurre algo más importante: los aliados tradicionales ya no parecen tan dispuestos a cargar con el peso de proteger al cártel. La información confirmada de contactos entre sectores de Cuba y Estados Unidos conversando discretamente sobre un “escenario sin Maduro”, no es un detalle menor. Cuba ha sido el soporte político e ideológico del chavismo durante más de dos décadas. Que La Habana empiece a estudiar sus opciones es una señal de que, en el tablero grande, la ficha Maduro está fuera del juego.

A eso se suma otro elemento: Estados Unidos no está improvisando. Entre presión diplomática, sanciones dirigidas y un discurso duro, Washington está jugando una estrategia mixta: asfixiar, negociar y dividir. El despliegue de capacidades militares en la región, que no es algo nuevo, pero sí oportunamente visible, añade peso a esa estrategia. EEUU está presionando no salo a Maduro, sino a cada uno de sus aliados. En otras palabras: la presión ya no es simbólica; es un recordatorio de que la ventana para una salida negociada no estará abierta para siempre y que cada día que pasa, hay menos lugares donde esconderse.

Mientras todo esto sucede, Maduro juega sus últimas cartas: resistir. ¿Cómo? Llamando a las milicias, intentando radicalizar a los militares, inflando su narrativa nacionalista. Es el mismo guion repetido de siempre, con la diferencia de que hoy el desgaste interno es más profundo que nunca, y esa lealtad que espera de muchos ya no se siente igual. No se siente igual porque la salida del capo empieza a ser tema de conversación en los círculos aliados. 

No se puede mantener el poder con base en mercenarios, decía Maquiavelo, porque el mercenario solo está cuando hay dinero que lo beneficie, pero cuando la amenaza real los alcanza, abandonan inmediatamente, dejando vulnerable y sin protección a quien les pagaba. Eso es exactamente lo que le sucede al cártel hoy. No hay nadie dispuesto a enfrentar cárcel o muerte para defender a los narco capos.

Entonces, ¿qué viene? La verdad es que debemos ser realistas. Aunque todos esperamos con ansias el día en el que finalmente se anuncie la caída del dictador, este tipo de acciones no son tan sencillas como “llegar y meterlo preso”. No podemos olvidar que hay un intrincadísimo sistema de intereses internacionales atados al Cártel, intereses que no están dispuestos a ser arrancados de golpe. Ese sistema fue diseñado por el Cartel de los Soles desde hace décadas justamente para protegerse del momento que están viviendo hoy.

Pero no mal entiendan esto. Hasta los grandes dictadores y capos han caído pese a sus aparatos de protección, y Maduro no es más que cualquiera de ellos. Déjenme explicar.

Lo que veo, con la información disponible en medios serios internacionales, es un escenario de fondo en el que el Cartel de los Soles está acorralado y sin capacidad de respuesta. Hay buques bombarderos a solo 25 km de La Orchila, la isla preferida del cártel, y aun así los narcos que tienen secuestrado el poder en Venezuela no reaccionan. Saben que cualquier movimiento provocaría una respuesta inmediata de la flota internacional que los está cazando, y no tendrían la más mínima posibilidad de sobrevivir eso. Esto es significativo porque demuestra que ni el régimen se atreve a actuar, y que las flotas que los amenazan se acercan cada vez más.

A pesar del discurso público del régimen, asegurando que están “listos para enfrentarse contra quien sea”, los hechos dicen lo contrario.

Otro elemento interesante es la negociación que, según varios medios internacionales, se está dando entre Cuba y Estados Unidos, en la que se habla explícitamente de una Venezuela sin Maduro. Este tipo de conversaciones nunca habían ocurrido. Cuba fue uno de los grandes soportes del Cartel, pero hoy parece dispuesta a dejarlo solo para evitar un conflicto propio y directo con Estados Unidos. Podemos entonces dibujar dos escenarios principales:

El primero es la salida negociada (el más probable). Hay ofertas sobre la mesa, países dispuestos a garantizar un exilio y un entorno donde la transición pueda ser controlada. Estas negociaciones se están dando, aunque no se alargarán para siempre.

El segundo sería la resistencia del régimen. También posible, pero insostenible. Esta resistencia solo podría prolongar la agonía, pero no cambiar el final. El problema no es si Maduro puede sostenerse semanas o meses más. El problema es que ya no existe una ruta sostenible que lo mantenga en el poder sin un costo que su propia estructura difícilmente podrá soportar. Y no podrá soportarlo porque el quiebre interno ya ocurrió. Hoy Maduro puede al menos negociar su salida del poder, puesto que es el capo mayor, pero su círculo no tiene nada que ofrecer para negociar la suya. Lo único que pueden poner sobre la mesa para negociar es entregar a Maduro, y por eso, el juego real hoy es “quién entrega a quién”.

Otros escenarios existen, pero sus probabilidades de ejecución son tan bajas que no vale la pena analizarlos.

Maduro ya no está jugando a ganar, sino a no perder tan rápido. En los próximos movimientos veremos si opta por una salida manejada o si decide atrincherarse hasta que la realidad lo obligue a lo que siempre quiso evitar: enfrentarse solo a un país y a un mundo que ya lo dan por terminado.

Hay un detalle que no quiero dejar por fuera: Lo que Estados Unidos busca es que el Cartel de los Soles deje el poder de la manera más pacífica posible para el pueblo venezolano. Por eso no hay (aún) incursiones por tierra. Incluso si llegase el momento de ejecutar acciones contra el cártel, es posible que no hayan desembarcos ni nada. No hace falta. EEUU y sus aliados cuentan con misiles de largo alcance, drones y aviones de ultima generación.

La propaganda del Cartel asegura que habrá una guerra y que Estados Unidos matará a la mitad del país. Esto es, sin duda, una falacia. No porque lo diga yo, sino por los hechos: Estados Unidos apunta únicamente al Cartel de los Soles y sus miembros, no al pueblo venezolano. Los perseguidos tienen nombres y apellidos. Hacia ellos iría cualquier operación. Una guerra entre EE.UU. y el Ejército venezolano no es un escenario real. Hoy el cártel no tiene ni comida para darle a las tropas; pasan 5 de los 7 días sin soldados en los batallones. No hay entrenamiento, no hay equipos. Por eso las movilizaciones son siempre de “milicias”, cuya capacidad de ataque sería útil si estuviésemos en la Edad Media, peleando con palos y rifles como en la Primera Guerra Mundial, pero absolutamente inefectivos contra drones o misiles. Tampoco creo que esos milicianos estén dispuestos a pelear para defender a ninguno de los capos.

Estados Unidos cuenta con los aviones más modernos del mundo y capacidades misilísticas que Venezuela jamás ha tenido. Y el Cartel lo sabe. Por eso, aunque hay buques bombarderos a 25 km de La Orchila y aún así los narcos no mueven un dedo, porque cualquier movimiento encendería el botón rojo que los apunta desde hace años…

La pregunta es entonces: ¿cuánto tiempo más podrán evitar que se active ese botón?

El Cartel sabe que sus horas están contadas. No son fuertes, no hay quien esté dispuesto a morir por ellos. No hay “pueblo” apoyándolos. Solo hay angustia y ansiedad: angustia por la propaganda de guerra, ansiedad esperando que finalmente pase algo.

Finalmente, para responder la pregunta que muchos me hacen: ¿Cuándo pasará?. Nadie lo sabe. No existe forma seria de predecirlo. Pero sí puedo afirmar algo con absoluta certeza: Está pasando. Este juego está por terminar. Cada día que pasa no es un día en el que Maduro y su Cartel se hacen más fuertes, sino un día en el que su salida “pacífica” se acorta y su salida más violenta se acerca.

Amigos venezolanos: calma, y un poco más de paciencia. Hemos resistido casi 30 años de esta narcodictadura. Unos días o meses más para verlos caer no es mucho. Muy pronto podremos celebrar con “dulcito de lechosa”, como decían por allá. 😎

Me dicen que en los búnkeres del Cartel se les está acabando la moringa para los nervios… y al parecer nadie quiere salir a buscar más, no vaya a ser… 🤫


Jose Calabres


*Ilustracion hecha con inteligencia artificial*


#CartelDeLosSoles #VanPaFuera #Maduro #Venezuela #TrenDeAragua

TIC, TAC, MADURO

 


El narco dictador Nicolás Maduro acaba de entrar hoy en una fase que ya no puede ocultarse detrás de discursos ni de gestos patrioteros: la fase del miedo operativo. La confirmación pública de que habló con Donald Trump hace unos días intentando presentarlo como una conversación “cordial y respetuosa”, no es una señal de diplomacia, sino el síntoma inequívoco de un jefe de cártel que comienza a tantear salidas mientras pretende que nadie note el temblor en sus manos.

La llamada, según las filtraciones, no fue un intercambio inocente. Trump le habría puesto un ultimátum: salida inmediata a cambio de un salvoconducto. Y la reacción del narco dictador lo dice todo. Pidió amnistía total, levantamiento de sanciones y garantías sobre el aparato militar. En otras palabras: pidió que le aseguraran un futuro sin consecuencias mientras conserva el músculo que lo sostiene. No aceptó. No porque se sienta fuerte, sino porque sabe que cualquier concesión mínima lo deja desnudo ante los mismos capos que lo rodean y que no dudarán en sacrificarlo por su propia seguridad.

Mientras tanto, sus acciones internas revelan más de lo que su discurso intenta ocultar. En una maniobra propia de los tribunales clandestinos del narco régimen, Maduro impuso una condena de treinta años al yerno de Edmundo González Urrutia, legítimo presidente de Venezuela, fabricándole cargos de terrorismo y otros delitos que no resisten el menor análisis. Esta sentencia es un acto de castigo ejemplarizante dirigido a la línea sucesorial democrática, un intento desesperado por desmoralizar al gobierno legítimo e infundir miedo en su entorno. Lo que pudo ser una carta de negociación, la han convertido en una linea más en el expediente de crímenes de lesa humanidad que los perseguirá siempre.

El narco dictador ha comenzado a vetar aerolíneas comerciales, prohibiéndoles operar en Venezuela justo cuando el gobierno de Trump ordenó la suspensión del tránsito aéreo sobre el espacio venezolano por las escaladas militares en curso.

Desde Washington la narrativa es cada vez más firme. El secretario Marco Rubio advirtió públicamente que Maduro no podrá engañar a Trump ni prolongar indefinidamente su control del poder, recordando la ingenuidad con la que el Cártel de los Soles manipuló al gobierno de Biden. El mensaje es directo: no habrá espacio para simulaciones ni para negociaciones cosméticas.

Las piezas del tablero internacional también se movilizan. Hoy la OFAC sancionó a múltiples operadores vinculados al Tren de Aragua, un golpe quirúrgico que no es aislado ni simbólico. Estas sanciones buscan asfixiar de manera acelerada al ecosistema delictivo que sostiene la narcodictadura desde las periferias criminales, desmontando redes de lavado, rutas de tráfico y nodos financieros que durante años operaron con la confianza de sentirse intocables. La sensación general es que los hilos se están moviendo en simultáneo: presiones militares, sanciones económicas, cierres aéreos, medidas políticas internas, operaciones financieras y maniobras judiciales. Todo converge en un punto: el Cártel de los Soles está siendo acorralado desde todos los flancos, y en medio de esa convergencia, Trump anunció que las operaciones irán “mucho más allá de la presión”. Aseguró que pronto comenzarán ataques sobre blancos en tierra, y que la misión no será únicamente disuasiva, sino ejecutiva. 

Trump habla en esos términos y al mismo tiempo ordena el cierre de rutas aéreas, despliega fuerza en el Caribe, aprueba planes de contingencia para capturas y endurece sanciones contra el brazo criminal del régimen. El mensaje ya dejó de ser una amenaza. Ahora es   un protocolo de operaciones, y el narco chavismo lo siente. 

La respuesta de Caracas es defensiva, improvisada, desesperada. Maduro comienza a moverse en círculos, a blindarse, a cambiar teléfonos, a no dormir dos noches seguidas en el mismo lugar, a reorganizar su entorno inmediato. Seguramente sus lugartenientes hacen lo mismo. Pero lejos de lo que quieren mostrar, estos no son gestos de un líder seguro, sino de un jefe de organización criminal que empieza a entender que ya no controla el ritmo, ni los tiempos, ni los escenarios.

El narco dictador parece comprender que él mismo, su cuerpo, su nombre, su permanencia física, es el eslabón más débil de un sistema que ahora maniobra para salvarse incluso de su propia cabeza.

La pregunta dejó de ser si caerá. La pregunta es ¿quién lo alcanzará primero: la justicia internacional, el cerco de EEUU, Cuba, o su propio entorno?


Jose Calabres

#CartelDeLosSoles #Maduro #Trump #venezuela

MADURO PREPARA SU CAIDA

 


Maduro vuelve a mover las piezas del tablero en un momento en que cada gesto revela más nervio que estrategia. Este pasado primero de diciembre hizo un show televisado para la “creación de un nuevo buró político para conducir la llamada revolución bolivariana”, que no es ni de cerca lo que pretende presentarse como una simple reorganización interna destinada a “fortalecer” al partido. Es, más bien, la señal tangible de que el régimen ha entrado en fase defensiva y que el propio Maduro ha comenzado a construir una estructura paralela que le permita ceder poder sin perder control, abrir espacios sin quedar desprotegido y repartir responsabilidades sin dejar de ser el eje de la maquinaria.

En esta jugada se adivinan varias capas. Por un lado, el temor evidente a una acción que pueda eliminarlo de manera abrupta, ya sea capturándolo o forzando su salida por medios más drásticos. Por otro, la clara intención de corresponsabilizar a toda la cúpula de cualquier hecho punible que pueda desencadenarse en medio de esta tensión creciente. Maduro, al incorporar a sus lugartenientes en posiciones formales de dirección, deja de ser el único rostro de la estructura criminal que ha gobernado el país durante más de una década. Comparte el peso, diluye la culpa, y deja trazado un camino para que, si él cae, otros queden atados al mismo destino. Esto es sin duda una manera de asegurar que no hay traidores a su lado: si caigo, caemos todos.

Pero hay algo más profundo aún: la preparación de una eventual junta de gobierno formada por los mismos dirigentes que ahora ascienden a este buró político. En un escenario en el que Maduro sea detenido en un viaje al exterior (un riesgo que sus propios movimientos sugieren que considera real) esta junta podría asumir el mando de manera inmediata, asegurando, supuestamente, la continuidad del poder chavista y manteniendo vivas las redes de control económico, territorial y militar que sostienen al narco cártel. Se trataría, en esencia, de un salvavidas interno para garantizar que el sistema sobreviva incluso si el nombre que lo encabeza dejase de estar disponible. Esto es muy típico de los cárteles.

Todo esto ocurre en las mismas horas en que Donald Trump reunió a su buró de defensa para tomar decisiones sobre el caso venezolano. Hasta el momento de este reporte, no se ha hecho pública ninguna declaración oficial, pero es evidente que Washington ha entrado en una fase decisiva: El cierre del espacio aéreo venezolano, anunciado días atrás, no fue un gesto simbólico sino una advertencia directa. Y la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe junto a las declaraciones crecientes que apuntan a operaciones más amplias confirman que la posibilidad de una acción inminente ya no pertenece al terreno de las especulaciones, sino al de las previsiones operativas.

Conviene recordar que, en paralelo, existen facciones en el Congreso estadounidense que rechazan cualquier intervención en Venezuela, al considerar que Trump estaría impulsando una guerra innecesaria. En los próximos días podría producirse una votación para vetar acciones militares, lo que abre una ventana crítica: si la Casa Blanca considera indispensable actuar antes de que ese veto se materialice, el margen de tiempo se reduce. Y cuando los márgenes se reducen, las decisiones suelen acelerarse.

En este contexto, el movimiento de Maduro adquiere un matiz más urgente. No es un gesto de fortaleza, sino de anticipación. El lo sabe. No es la reorganización de un líder seguro, sino el blindaje de un dirigente que percibe, quizá por primera vez, que su figura personal es el punto más vulnerable de todo el entramado. 

La redistribución del poder no busca renovar la revolución, sino evitar que su caída arrastre consigo a la estructura que la sostiene.

La tormenta que se cierne sobre los capos no es solo política ni militar; es también interna. El narco chavismo ha comenzado a preparar su propio mecanismo de supervivencia ante un posible colapso del mando central. El régimen que siempre se vendió como monolítico empieza a colocar paracaídas de emergencia, y es porque sabe que la pista se acorta y el viento deja de estar a favor.

Lo que ocurra en los próximos días, o incluso en las próximas horas, determinará si este nuevo buró político será un órgano de acompañamiento o la antesala de una junta destinada a caer junto a su jefe.

Jose Calabres

MARIA CORINA: LA MUJER QUE LOGRO DOBLARLE EL BRAZO AL CÁRTEL

 


Hay hechos políticos que no necesitan interpretación sino memoria, y hay memorias que el cartel intenta borrar porque duelen más que cualquier sanción. La reciente desaparición total de la página del CNE y de todos los registros electorales de elecciones pasadas no es un detalle técnico, ni un desperfecto, ni una travesura digital. Es una confesión. Una monumental admisión de culpa que dejó al descubierto a un cartel que se escondió por décadas detrás de una apariencia frágil de democracia. 

Dijeron que los resultados electorales se publicarían en días, después del supuesto hackeo desde “Macedonia del norte”. Pero más de un año después, no hay nada. En cambio, el comando de MCM publicó MILLONES DE ACTAS firmadas apenas horas después de la elección, y cada acta es 100% verificable. 

El cartel narcoterrorista que se jactaba de tener el mejor sistema electoral del mundo, ahora dice que no tienen por que mostrar actas y que en ninguna parte de la ley dice que deben hacerlo. Pero eso también es mentira. El articulo 22 de la ley de procesos electorales es clara: “SE DEBEN PROCLAMAR Y PUBLICAR LOS RESULTADOS EN NO MAS DE 30 DIAS”.

Este hecho no es más ni menos que una evidencia irrebatible de que María Corina Machado no solo arrasó en las primarias, sino que derrotó al régimen en su propia cancha, usando sus propias reglas, empujando la historia con tal contundencia que ni el Cartel de los Soles con toda su maquinaria represiva y el control de instituciones pudo disimular el golpe.

La victoria presidencial lograda a través de Edmundo González Urrutia fue una jugada quirúrgica para esquivar las trampas y las inhabilitaciones del régimen. Pero no fue solo un triunfo político: fue un acto de fuerza simbólica. Una demostración de que la maquinaria del narcoestado, con todas sus armas, sus tentáculos y su capacidad de intimidación, no pudo contener la voluntad de un país que decidió votar incluso sabiendo que hacerlo podría costarles la libertad o la vida.

Por eso borraron la data.

Porque cualquier cifra contrastada con las que mostró el comando de Machado horas después de la elección habría sido un espejo para comparar datos y los dejaría desnudos (más).

Pero más allá del ruido internacional, del interés mediático por la posibilidad de que MCM reciba en persona su Nobel de la Paz, y del ritmo acelerado de los acontecimientos, hay una idea que todavía no termina de cuajar en el imaginario colectivo venezolano: Venezuela no está bajo una dictadura. Ni siquiera bajo un gobierno autoritario. Venezuela está hoy SECUESTRADA por un cartel narcoterrorista armado hasta los dientes y dispuesto a lo que sea para no perder el poder. Esto es fundamental entenderlo.

Como todo cartel criminal, este no opera bajo una lógica política. Aquí no hay elecciones “perdibles”, no hay relevos naturales, no hay negociación posible sin sangre derramada. Cada uno de los capos que sostiene a Maduro sabe que no tiene dónde esconderse, ni amnistía creíble, ni país dispuesto a recibirlos sin extradición inmediata. Ellos ya quemaron todos los puentes y por eso se aferran al poder con uñas, dientes, fusiles y propaganda.

Es muy probable que incluso el propio Maduro sea, a estas alturas, rehén de sus lugartenientes, porque él, al menos, podría negociar una salida. Pero los demás… los demás quedarán colgando como carne fresca expuesta al sol. Por eso no lo sueltan. Por eso lo obligan a seguir.

Y mientras tanto, dos generaciones enteras crecieron dentro de esta narcosombra. Generaciones que no conocieron otra cosa. Que no recuerdan un país distinto. Que han sido educadas en el miedo, la resignación y el reparto simbólico de culpas. Y junto a ellas, opera un ejército de cooperantes al servicio del cartel: desde los que cobran un sueldo miserable para repetir consignas, hasta los que se convierten en propagandistas por miedo a perder su cupo, su trabajo o su única bolsa de comida incluso si eso significa que ayudan al cartel a seguir oprimiéndolos. Una suerte de síndrome de Estocolmo mezclado con miedo y sinverguenzura.  

Estos cooperantes, asalariados del régimen en cuerpo y espíritu, se han convertido en especialistas del insulto. No argumentan, no explican, no debaten. Gritan, señalan, desvían. Insultan a la oposición, insultan a Estados Unidos y a cualquiera que intente poner orden en la conversación, pero jamás, jamás, mencionan lo esencial: Que Venezuela está destruida por un cartel narcoterrorista que secuestró al país hace casi tres décadas, que decenas de altos funcionarios del “gobierno” están hoy presos o prófugos por narcotráfico, lavado de dinero o terrorismo. Que han entregado los recursos del país no a “los enemigos del pueblo”, sino a Cuba, Nicaragua, Irán, Rusia, China, Corea del Norte, y un enjambre de dictaduras que votan a favor del régimen en organismos internacionales a cambio de petróleo, oro, coltán o favores. No mencionan que esos recursos que supuestamente defienden, desde hace casi 30 años no han llegado al pueblo, y que hoy un maestro gana 50 centavos de dolar al mes, que los hospitales se están derrumbando, que no hay luz, que tenemos el internet mas lento DEL MUNDO (peor que el de Cuba!), que desde hace mas de 26 años no se ha construido ni un nuevo hospital, que no hay comida en los cuarteles, ni en las escuelas, ni se pueden comprar medicinas, y que el 30% de la población ha tenido que migrar para poder alimentar a sus familias. Y eso, solo para nombrar algunas cosas.

Todo eso lo callan. Porque su trabajo no es informar: es desinformar. No es convencer: es confundir. No es construir opinión: es ensuciarla. No hay dinero para escuelas, pero hay millones para pagar ejercitos de trolls en redes sociales en varios países dedicados a perseguir publicaciones. Hasta en eso son malos. Sus trolls son obvios, y no solo no los hacen lucir mejor, sino como una horda de retardados con terrible ortografía. Al parecer, el Cartel piensa que escribir con faltas de ortografía a granel y llenar lineas de insultos absurdos los disfraza de “pueblo”, cuando en cambio los delata mas que nada. Parecen olvidar que la mayoría de los venezolanos cuentan con muy buena educación, a diferencia de los jerarcas del narcotrafico. 

Aún así, la esperanza de una Venezuela libre crece cada día más, porque ningún tumor es eterno, y ningún cartel dura para siempre por muy supremo que se crea. Lo que viene después será duro, sin duda. La reconstrucción de Venezuela será una operación espiritual, institucional, económica y cultural. Habrá que arrancar el tejido podrido, reconstruir huesos, nervios y memoria. Pero el país está despierto, y el mundo está mirando.

Lo que pasó en aquellas elecciones, aunque intenten borrarlo será recordado como el principio del fin, porque MCM no solo ganó, sino que demostró algo que el régimen jamás pensó posible: Que incluso un cartel narcoterrorista internacional puede ser derrotado cuando un país entero decide ponerse de pie. El caryel tiene armas, pero hay otras armas mucho más grandes ahora apuntandoles muy de cerca, y por primera vez en mucho tiempo, parecería que ese momento de ver la caída de los narcos no está muy lejos.


Jose Calabres

EL ORO DESAPARECIDO Y EL PAIS QUE APRENDIO A VIVIR SIN EL

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