domingo, 8 de febrero de 2026

RODRIGUISMO A PUNTO DE CAER

 


-EL FIN DEL RODRIGUISMO ESTÁ CERCA-


Como suele ocurrir en el chavismo, ya comienzan a verse las costuras del disfraz barato de cambio que hasta ahora han intentado vestir los encargados del cártel.


“Amnistía”. Ese es el nuevo concepto del que se han aferrado para manipular y mentir no solo a los venezolanos, como ha sido la norma, sino también a la comunidad internacional y, muy especialmente, a Estados Unidos.


Marco Rubio ha señalado que los planes de la administración Trump para Venezuela se estructuran en tres fases: estabilización, recuperación económica con reconciliación y, finalmente, transición democrática. La primera etapa busca evitar el colapso institucional y económico, e incluye medidas destinadas a garantizar el funcionamiento de los servicios básicos y a contener la corrupción mediante mecanismos de supervisión internacional. Esto ya sucedió con la captura de Maduro y la toma del control de los recursos de Venezuela por parte de EEUU.


La segunda fase apunta a reactivar la economía a través de la apertura del mercado y, atención aquí, “a promover una reconciliación nacional que contempla la liberación de presos políticos y el regreso de los exiliados como paso previo para reconstruir el tejido social”. 


Justamente en ese punto parece encontrarse hoy Venezuela. Pero el chavismo, con la certeza de que el tiempo en el poder se le agota y bajo la vigilancia de una comunidad internacional que ya no mira hacia otro lado, ha ensayado una última jugada: una ley de amnistía al mejor estilo de los regímenes que buscan blindarse antes de caer.


Se habla de una norma que “perdonaría crímenes desde 1999 hasta 2026”, pero redactada en secreto y empujada con carácter exprés. Nadie la ha visto, nadie conoce su alcance real, y sin embargo, pretenden venderla como un gesto de reconciliación que está siendo increíblemente ejecutada.


Podría pensarse que esta maniobra responde a la presión externa. Incluso, que es parte de una orden de EEUU para esta parte del plan, pero también cabe otra lectura: la de un intento de autoindulto cuidadosamente diseñado.


Los excarcelados por el interinato chavista no son, en su muy inmensa mayoría, delincuentes. No estaban presos por cometer crímenes, sino por disentir. Son presos de conciencia. Una amnistía que supuestamente perdona delitos ocurridos durante el chavismo terminaría cubriendo, en realidad, a quienes han ejercido el poder desde la violencia, la persecución y el abuso. Es decir, no a las víctimas, sino a los victimarios. Incluso se ha hablado públicamente, desde el chavismo, de una suerte de “perdón a los opositores terroristas para que hagan las cosas bien”. Para los narcos, los miles de asesinados, los 8 millones de venezolanos en el exilio, los 96 centros de tortura registrados en el país, la censura de medios de comunicación o la persecución por grupos paramilitares y de gobierno no han sido nada malo. Lo malo y criminal ha sido, al parecer, no aplaudir tales hechos. Un discurso de “reconciliación” que arranca así no puede ser nada más que un mal chiste. Una burla.


Vista así, la amnistía exprés se convierte en la coartada perfecta para buscar impunidad justo cuando el reloj político comienza a correr en contra del régimen. Se les acaba el tiempo y pronto van a tener que rendir cuentas. Ellos lo saben. ¿Cómo se van a salvar?.


Las malas intenciones del narco cártel se ven claramente tras las propias palabras de Tarek William Saab, quien afirmó que la ley “tiene que beneficiar a todos los factores de la vida social venezolana: opositores, pro gobierno, factores que han estado en pugna durante todos estos años”. Omite, sin embargo, un detalle esencial: quienes han detentado el monopolio de las armas, de la fuerza y de la violencia han sido ellos, no los que están presos hoy, ni la oposición. 


En Venezuela no ha habido una “pugna” sino un estado de excepción prolongado, una demolición sistemática del orden constitucional, el desconocimiento del voto, la normalización del abuso y la violación reiterada de derechos humanos. Reducir todo eso a un simple conflicto entre sectores políticos no es reconciliar, sino un intento descarado de reescribir la historia para escapar de sus consecuencias.


Venezuela no necesita amnistía. Venezuela lo que necesita es que se cumpla la ley tal y como está establecida: Quien deba estar preso, que lo esté con juicio justo y derecho a la defensa. Quien no deba estarlo, debe ser liberado de inmediato. Pero, sobre todo, quien haya saqueado al país o cometido delitos desde el poder debe responder ante la justicia. No puede haber autoindultos de último minuto.


Para encubrir su intento de autoperdón, el régimen ha liberado a cientos de personas que nunca debieron estar tras las rejas, pero también ha soltado a criminales de su propia factura antes de intentar perdonarse a sí mismo por delitos que saben podrían terminar siendo juzgados en instancias internacionales por crímenes de lesa humanidad.


Conviene recordar algo elemental: esos crímenes no prescriben ni se borran con decretos. Cuando llegue la transición, cualquier intento burdo de blindarse podría ser anulado por carecer de legitimidad de origen. Las cartas, en ese sentido, ya están echadas, y hay muchos que desde ya están trabajando para que esos juicios alcancen a quienes deben dar cuentas ante la ley. Va a pasar.


Estados Unidos no es ingenuo, y esta maniobra difícilmente pasará inadvertida. Muchos regímenes suelen caer no solo por la presión externa, sino por la soberbia interna que los lleva a creer que todos los demás son incapaces de ver lo evidente. Caen porque se creen más inteligentes que los demás, y en su ceguera sin perspectiva de la realidad terminan derrumbándose irremediablemente. Eso es lo que estamos viendo. Hasta el imperio Romano cayó, y el narco chavismo no será una excepción. Los Rodríguez parecen no haber aprendido esa lección, y por eso debemos estar agradecidos. Su final está cada vez mas cerca.


Finalmente, un fuerte abrazo a Guanipa, finalmente excarcelado el día de hoy. Que su libertad sea anticipo de la que aún espera todo un país. La justicia está llegando, y esos que hoy se creen intocables desde sus puestos de poder entredicho también serán alcanzados pronto.  


José Calabres



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