domingo, 28 de diciembre de 2025

-MADURO EN PICADA: EL SILENCIO PREVIO AL DERRUMBE-


Hay silencios que no son vacíos sino densos, cargados de significado, y el silencio respecto a lo que sucede dentro del cártel de los soles hoy y el cerco militar de EEUU que  rodea a Venezuela pertenece a esa categoría incómoda que precede a los movimientos de fondo. 

Durante las últimas semanas el régimen ha gritado menos hacia afuera, pero ha apretado más a los de adentro. Ha liberado a algunos presos políticos, pero radicaliza el control social. Ha cambiado la épica altiva que venía haciendo con machetes en mano por el lenguaje ya gastado en el que pide “diálogo”, palabra que en el diccionario del chavismo nunca ha significado entendimiento sino tiempo, oxígeno y prórroga cuando sienten que les falta oxigeno.

En paralelo, Estados Unidos ha dejado de hablar con ambigüedades y ha comenzado a actuar con hechos. La intensificación de la presencia militar en el Caribe bajo el marco del combate al narcotráfico no es un gesto aislado ni una operación de rutina, es una arquitectura de presión que se construye lentamente para no provocar pánico en los mercados ni titulares estridentes, pero que responde a una lógica clara: el régimen venezolano dejó de ser visto solo como una dictadura autoritaria para ser tratado como un nodo operativo del crimen transnacional, particularmente del narcotráfico y de las economías ilícitas que lo financian. 

La incautación de buques petroleros, la persecución de otros, el endurecimiento del cerco marítimo y las declaraciones cada vez menos diplomáticas desde Washington no son mensajes al público, sino mensajes internos, dirigidos a quienes saben leerlos.

Maduro, que durante años se sostuvo en el ruido, en la amenaza y en la impostura de fortaleza, hoy habla distinto porque sabe algo y no porque se haya vuelto moderado ni porque haya descubierto súbitamente el valor de la convivencia democrática. Lo hace porque su margen de maniobra se ha reducido drásticamente.

Cuando el chavismo pide diálogo es porque necesita congelar el tablero. Lo hizo en 2014, lo repitió en 2017, lo perfeccionó en 2019 y lo intenta otra vez ahora, con la diferencia de que el contexto internacional ya no es el mismo y la paciencia estratégica parece agotarse.

A esto se suma otro elemento revelador: la desaparición casi total de María Corina Machado del ruido mediático internacional. Tras su salida de Venezuela y su llegada a Oslo, que fueron eventos que desataron euforia en los medios mundiales que seguían su travesía como si fuese la de Odiseo en la Ilíada enfrentándose a cada obstáculo que los dioses le ponían, de súbito, simplemente desapareció del radar. No son pocos los que me preguntan al respecto. Lamento decirles que se de MCM lo mismo que todos y nada más.

Pero en un ecosistema político como el venezolano, acostumbrado al protagonismo constante, el silencio no suele ser derrota sino resguardo. La historia contemporánea muestra que las acciones decisivas no se anuncian, sino que se cubren con discreción, y que muchas veces la diplomacia opera mejor cuando no alimenta titulares. 

Si algo ha sabido manejar María Corina Machado, sin dida, ha sido su figura pública y sus operaciones. Justamente eso es lo que la ha llevado a culminar con éxito sus hazañas, como el resguardo y publicación de las actas de la elección presidencial, su salida del país, sus reuniones con líderes mundiales y el creciente apoyo de los mismos. Ha sido esa discreción la que justamente la ha convertido en una líder con apoyo MUNDIAL, respetada y poderosa. Sin esa capacidad de discreción posiblemente ya el chavismo hubiese infiltrado su círculo, cosa que hasta ahora, obviamente no ha sucedido. No es fácil afirmar eso en un país en el que la corrupción del cártel ha logrado permear hasta las estructuras sociales mas básicas para destruirlas a su favor.

El repliegue informativo, lejos de indicar inacción, puede ser el signo de que las piezas ya están colocadas y que cualquier exceso verbal sería contraproducente. No podemos pensar que tras tantos esfuerzos de miles de personas, simplemente todo se ha abandonado. No es así. 

El chavismo, por su parte, ha optado por la vía clásica de los regímenes que presienten el final: más control interno, más amenazas a la población, más miedo, combinados con gestos tácticos hacia el exterior que buscan mostrar una fachada de racionalidad. Los actos con el capo bailando, sus acólitos aparentando normalidad haciendo hallacas, los discursos en TV completamente manipuladores buscando apoyo popular… Es el mismo manual que usaron otros dictadores cuando entendieron que el relato ya no bastaba. No va a ser el chavismo quien invente algo nuevo bajo el sol.

El paralelismo histórico es inevitable. Como en los regímenes totalitarios del siglo XX, cuando la propaganda deja de convencer y el enemigo externo se vuelve real, el tirano se encierra, se vuelve defensivo y comete errores. Se ven desnudos ante la realidad. Los discursos dejan de tener vigencia ante la realidad. El discurso aquel de que China, Rusia, Irán, y muchos otros enviarían sus tropas, aviones y bombas a defender al régimen ante cualquier ataque ahora se cae frente a todos. El cártel está solo en su final. Ni Cuba los apoya más allá de alguna tímida “carta de rechazo a las acciones de EEUU contra Venezuela” en algún organismo internacional de esos a los que los  narcos siempre insultan pero que cuando se ven ahorcados llaman pudiendo ayuda desconsoladamente y con cara de victimas. 

¿Habrá una acción militar directa contra Maduro? Nadie serio puede afirmarlo con certeza. La historia demuestra que los desenlaces no siempre se ajustan a nuestras expectativas morales ni a nuestros deseos inmediatos. 

No voy a mentirles diciendo que no me levanto cada día esperando leer el titular que anuncia que finalmente algo pasó y los narcos ya no son el poder en mi país, pero se que tal titular quizá no esté tan cerca de suceder como quisiéramos todos. No porque el cártel es fuerte, no, sino porque desmantelarlo no pasa solo por quitar las cabezas, sino por eliminar su raíz, y eso es un proceso complejo, porque tras tantos años, el cártel de los soles es una organización criminal de alcance mundial. 

Pero también se que los regímenes no caen cuando la gente grita más fuerte, sino cuando las condiciones que los sostienen se debilitan simultáneamente. Hoy esas condiciones están más debilitadas que nunca. El chavismo ya no controla el relato internacional, su protección geopolítica es casi nula, su economía criminal está bajo presión y su liderazgo muestra señales inequívocas de repliegue. El férreo control que ejercen sobre la población no es sinónimo de fortaleza, sino de temor a crecientes (e inevitables) traiciones, protestas y eventuales levantamientos en su contra.

Después de casi tres décadas de régimen, no estamos ante una promesa ingenua ni ante un optimismo vacío proclamando libertad. Estamos ante una lectura sobria de los hechos: ESTAN CAYENDO. Puede que el desenlace no sea inmediato ni limpio, puede que no ocurra como muchos lo imaginan, o que tarde aún unos meses más, pero algo es definitivo: el ciclo del narco chavismo está en su fase final. 

Venezuela ha pagado un precio demasiado alto y no existen males eternos, y aunque el camino aún sea incierto, todo indica que el país se aproxima, por fin, al momento en que volverá a decidir su destino sin miedo. Más pronto que tarde, Venezuela será libre otra vez. No es un sentimiento ni una profecía, es una lectura basada en hechos documentados a diario que nos dibujan un panorama de fondo que cada vez se ve más claro. Sólo hay que saber ver. 

Jose Calabres


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#Venezuela #Libertad #CartelDeLosSoles #Inmigracion #CaidaDelRegimen

sábado, 27 de diciembre de 2025

-¿EL CÁRTEL ROBÓ A EEUU?-

 


La interpretación que hace Donald Trump y su administración sobre la nacionalización de la industria petrolera venezolana es conceptualmente errada. Venezuela nunca le robó el petróleo a Estados Unidos. Nunca expropió “propiedad” estadounidense en el sentido en que Trump intenta instalar la narrativa. Los recursos del subsuelo venezolano han sido, son y seguirán siendo de Venezuela. Eso no es ideología: es derecho, historia y soberanía. Pero los datos pueden confundir si no se manejan bien.


La nacionalización del petróleo ocurrió el 1 de enero de 1976, bajo el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, tras la aprobación de la Ley Orgánica que Reservó al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos. No fue un acto improvisado, sino el resultado de décadas de debate político, técnico y jurídico. 


Las concesiones otorgadas a empresas extranjeras vencían progresivamente, y el Estado decidió asumir el control directo de un recurso estratégico. Las empresas no eran dueñas del petróleo. Nunca lo fueron. Solo tenían permisos temporales de explotación. Ahí empieza la confusión hoy. Confundir concesión con propiedad es una manipulación burda y una ignorancia peligrosa.


Decir esto, sin embargo, no equivale a absolver al chavismo de sus crímenes económicos. Hugo Chávez y Nicolás Maduro sí incurrieron en ilegalidades gravescuando expropiaron activos y modificaron unilateralmente contratos sin honrar, o dilatando deliberadamente los procesos de indemnización dictados por cortes a favor de las empresas afectadas tras la expropiación de sus equipos y maquinarias en los 2000. Eso sí viola el derecho internacional, destruye la seguridad jurídica y espanta la inversión. Pero una cosa es incumplir compensaciones y otra muy distinta es “robarle el petróleo a Estados Unidos”. Son planos distintos que Trump mezcla deliberadamente y que Maduro por su parte usa como discurso nacionalista de defensa de su propio régimen corrupto.


Aunque se equivoque en el concepto, Trump no está del todo equivocado en el trasfondo, porque si algo ha sido el narco régimen venezolano en las últimas dos décadas es ladrón y corrupto. No ladrón de Estados Unidos, sino ladrón de los venezolanos.


Un buen ejemplo de cómo se distorsiona la historia es el uso político de la Faja Petrolífera del Orinoco. Durante décadas no se le llamó “petrolífera”, sino Faja Bituminosa, porque el crudo allí contenido es extrapesado, con una densidad y viscosidad que lo hacían técnica y económicamente inviable de explotar masivamente durante buena parte del siglo XX. No era que Venezuela no quisiera explotarla: no podía hacerlo de forma rentable con la tecnología disponible y los precios internacionales de la época (1930-1980 mas o menos).


Fue a partir de los años noventa durante la llamada Apertura Petrolera cuando comenzaron los grandes proyectos de desarrollo de la Faja, gracias a avances tecnológicos como la “orimulsión”, asociaciones estratégicas con empresas internacionales y precios del crudo que hacían viable su explotación cuando Venezuela pudo exportar este crudo de manera rentable. Pero JAMÁS hubo un robo de crudo por parte de nadie como lo plantea viciosamente el cártel o como muchos en su ignorancia repiten. Nunca hubo una PDVSA de gente estúpida que no sabía el valor del petroleo hasta que llego el doble fallido golpista que pretenden hacer lucir como un iluminado hoy los narco capos. 


Paradójicamente, fue esa apertura en los 90 la que permitió certificar a Venezuela como el país con las mayores reservas probadas del mundo. Más tarde, Chávez capitalizó políticamente ese logro al asumir el poder en el momento justo cuando esas certificaciones llegaron y los precios del crudo aumentaron considerablemente. Pero no aumentaron por él, sino porque así se comportó el mercado internacional. Chávez no tuvo NADA que ver en eso, pero aprovechó el momento para bañarse en gloria con su discurso manipulador. La realidad en cambio fue que Chávez desmontó el modelo técnico y financiero que hizo posible que Venezuela fuera una potencia petrolera.


El verdadero saqueo no ocurrió en 1976. Ocurrió en el chavismo cuando los recursos estratégicos del país fueron hipotecados a China y a otros acreedores. Durante años, Venezuela comprometió petróleo futuro como forma de pago de préstamos opacos, sumiendo al país en una deuda inmensa mal negociada y casi en su totalidad, robada. Crudo pagado por adelantado, acuerdos sin transparencia y dependencia financiera absoluta terminaron asfixiando la liquidez del país y vaciando a PDVSA de capacidad operativa real.


Las cifras hablan solas. Venezuela produjo más de 3,5 millones de barriles diarios a finales de los años noventa. Tras el paro petrolero de 2002–2003, la purga masiva de talento técnico, la politización de PDVSA y la corrupción sistemática, la producción inició un declive sostenido. Con Chávez cayó lentamente; con Maduro se desplomó. En menos de dos décadas, el país pasó de ser un proveedor energético confiable en el mundo a apenas producir una fracción de lo que alguna vez produjo, dependiente por completo de Chevron, con refinerías paralizadas, pozos abandonados y una industria tan técnicamente devastada que somos hoy el país con las mayores reservas petroleras del mundo que debe IMPORTAR GASOLINA.


Ese es el verdadero despojo y no el imaginario que denuncia el gobierno de EEUU. El saqueo y robo que no se ve en discursos altisonantes, sino en infraestructura destruida, talento expulsado y millones de venezolanos obligados a emigrar.


Conviene también decirlo con claridad: no existe ningún plan de Estados Unidos para tomar por la fuerza la industria petrolera venezolana. Eso no es más que propaganda del narco cártel para lavarse la cara detrás de un discurso falso, como siempre. Tampoco hay planes de un eventual nuevo gobierno venezolano para entregar los recursos del país a EE.UU. o a cualquier otra nación cono si lo hace el cártel hoy y lo ha venido haciendo por décadas. 


Venezuela no necesita discursos seudo nacionalistas acerca de guerras o dignidades que en la práctica no existen.Necesita instituciones, reglas claras, respeto a la ley y una administración que entienda que soberanía no es usar el petróleo para ganar favores de aliados geopolíticos ni usarlo como caja chica del poder. Eso es lo que el chavismo narco ha hecho hasta hoy y lo que ha sumido al país en este absurdo.


El petróleo venezolano es un recurso nacional que debe servir al desarrollo del país, no a la perpetuación de mafias ni a narrativas que reducen una tragedia compleja a un slogan electoral.


Trump simplifica, exagera y distorsiona, es verdad. Una cosa no anula la otra. Pero es verdad también que el chavismo roba, mata y usurpa el poder. Es en ese cruce de mentiras y medias verdades que Venezuela sigue siendo el único perjudicado: un país inmensamente rico en recursos, saqueado por quienes supuestamente iban a defenderlos.


Jose Calabres


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#Venezuela #Libertad #Inmigracion 





viernes, 26 de diciembre de 2025

LOS NARCOS QUE TRATARON DE ROBAR LA NAVIDAD

 

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La Navidad, para el venezolano, nunca fue solo una fecha. Fue, y sigue siendo, un acto de fe doméstica, una ceremonia íntima, donde la mesa es solo una excusa y la reunión con la familia el verdadero milagro. 

Compartir el pan, un roncito, la hallaca hecha entre risas, el abrazo largo, es lo que compensaba todo un año de trabajo y a veces, de carencias. La Navidad era el derecho sagrado a estar juntos.

Hoy, esa escena ha sido violentamente desmembrada.

Millones de hogares venezolanos están incompletos hoy. Sillas vacías que ya no son metáfora sino estadística. Millones de padres brindan por videollamada. Millones de abuelos no conocen a sus nietos. Millones de hijos han crecido aprendiendo a extrañar a los suyos... No es migración: es destierro. Un país que debe ver partir a su gente no tiene gobierno… vive en el dolor… hoy 8 millones de venezolanos han sido desterrados de sus hogares por un régimen criminal que saquea al país y desangra a sus pobladores.

Y mientras tanto, en actos obscenos, el poder secuestrado simula normalidad. Cámaras, luces, música, y señales de TV y medios ahorcados por el cártel, muestran a los narco capos y corruptos bailando en televisión nacional, en una puesta en escena cuidadosamente coreografiada para fingir alegría ante un pueblo que muere de merma, de hambre, de tristeza, de ausencia. Es la crueldad elevada a un espectáculo del más alto nivel de sociopatía: La propaganda usada como burla y la fiesta como insulto, porque no hay nada más siniestro que celebrar mientras se destruye el significado mismo de la celebración. 

Pero no engañan a muchos ya. Todos sabemos que esos que muestran las pantallas fingiendo tranquilidad, apenas duermen, teniendo la certeza de que en cualquier momento puede ser su “último pasito”.

No hay nada más perverso que hablar de paz desde un régimen que convirtió la libertad en delito y el exilio en política pública. Siniestro hablar de libertad mientras mantienen a miles de presos políticos amenazados de muerte a diario en celdas de tortura. Esa cúpula narco-terrorista que secuestró al Estado no solo robó instituciones: robó abrazos, sobremesas, infancias. Robó Navidades. Robó el último adiós a seres queridos a millones de venezolanos que han tenido que llorar a los suyos desde la distancia fría del que solo puede ver como su país y los suyos van desapareciendo.

Pero incluso así, y esto es lo que no entienden los tiranos, la Navidad no se decreta ni se transmite por televisión. Nuestra navidad vive donde ellos no pueden, ni podrán jamás entrar. Vive en la memoria, en la resistencia cotidiana, en la dignidad silenciosa de quienes no se rinden. 

Vive en cada madre que guarda una hallaca para el hijo ausente, en cada migrante que sigue sus tradiciones como un acto de rebeldía, en cada venezolano que se niega a olvidar quién es mientras arma un humilde pesebre en un rincón de su casa, sin importar donde esté.

La libertad no muere porque la encarcelen, la familia no desaparece porque la separen, y la luz no dejará de existir porque la noche sea larga… Toda historia oscura cree que es eterna, pero ninguna lo es… Incluso en la profundidad más densa de la oscuridad, siempre hay una grieta por donde entra la luz, y no hay mal en ningun cuento que termine venciendo, porque los pueblos que aprenden a resistir, también aprenden, inevitablemente, a volver… Venezuela volverá a ser lo que era. Venezuela volverá. La libertad volverá. Vilveremos a abrazarnos un día, en libertad. Venezuela es más grande que un cártel. Mucho más grande. Mi abrazo fuerte a todos… 

Jose Calabres

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#Venezuela #Libertad #Navidad #Inmigracion

EL NARCO CÁRTEL QUE SE ALIMENTA DE UNA PETROLERA GRINGA


Durante años el chavismo (y ahora el madurismo) han repetido en cada oportunidad una versión alterada del pasado. Una épica fantasiosa petrolera que pretende convencernos de que Venezuela sigue siendo una potencia soberana, independiente y dueña de su destino energético. 

Hablan de reservas infinitas, de recuperación productiva, de un futuro petrolero brillante, de “soberanía” y de como los “gringos de mierda” nos han robado por décadas. Pero basta rascar un poco la superficie para descubrir una verdad incómoda: hoy, una parte esencial de la ya muy mermada producción petrolera venezolana se sostiene gracias a una empresa estadounidense: Se llama CHEVRON, y sin ella, el discurso oficial del cártel se quedaría sin piso.

La historia reciente de PDVSA no es una tragedia repentina ni una conspiración externa, como insiste la narrativa oficial. He escrito algunos artículos al respecto las últimas semanas que pueden revisar, explorando la historia real de CITGO, o de otros temas petroleros. Lo invito a revisarlos en este mismo perfil.

La historia del quiebre de PDVSA es el resultado de dos décadas de politización, expulsión de talento técnico, corrupción sistémica y abandono de la infraestructura. Nones secreto para ningún venezolano el estado de la empresa hoy, incapaz incluso de producir su propia gasolina. 

A comienzos de los años 2000 Venezuela aún producía varios millones de barriles diarios. Para 2020, la producción había colapsado a niveles que rozaban lo irrelevante para un país que se autodefinía como potencia energética. Llegó a ser de apenas 329.000 barriles diarios. En los 70, se producían 3.8 millones al día. 

No fue, como dice el cártel el cártel, el bloqueo lo que destruyó a PDVSA. PDVSA ya estaba destruida cuando las sanciones llegaron.

Desde ese abismo de 2020, hubo sin embargo un tímido repunte. Hoy Venezuela produce alrededor de un millón de barriles diarios, con variaciones según la fuente y el mes. 

El régimen narco presenta ese número como una hazaña, pero lo que no dice es cómo se logra esto. Una obviedad deliberada dentro de un discurso político hipócrita.

La realidad: Una porción crucial de esa producción petrolera venezolana proviene de empresas mixtas donde PDVSA no pone ni capital, ni tecnología, ni eficiencia. PDVSA no hace nada. Chevron sí. Chevron invierte, mantiene campos, aporta diluyentes, repara instalaciones y logra sacar crudo que de otro modo quedaría enterrado bajo la ineficiencia del cártel narco. Es una paradoja grotesca sin duda. Grotesca porque es una vergüenza para un proyecto político que construyó su base sobre un discurso  demonizando a las petroleras estadounidenses, y grotesca porque una empresa estadounidense es justamente la que mantiene al narco cártel que su gobierno declara terrorista. 

Chevron no está en Venezuela por altruismo ni por afinidad ideológica. Está ahí porque Estados Unidos, a través de licencias específicas, le permite operar de forma limitada en medio de un régimen de sanciones. Pero sobre todo, está ahí porque PDVSA no puede sostener la producción por si misma y depende entonces de CHEVRON, lo cual le da a esta empresa una ventaja comercial obvia que los beneficia, ciertamente. Lamentable, que después de ser una de las empresas petroleras mas importantes del mundo, PDVSA ahora dependa completamente de Chevron por la corrupción e ineficiencia que la consume.

Más incómodo aún para el discurso del narco cártel: Chevron es una de las muy pocas operaciones petroleras en Venezuela que todavía generan algún tipo de flujo de caja para el país, aunque sea indirecto y estrictamente regulado. Chevron no puede pagar regalías libremente, ni puede transferir efectivo sin restricciones, pero su actividad es la única que HOY mantiene viva una fracción de la industria.

En paralelo, la mayor parte del petróleo venezolano no se vende como riqueza nueva: Se entrega como pago. 

La mayoría de los barriles que salen del país tienen como destino China, pero no como resultado de una relación comercial normal, sino como parte de acuerdos de deuda acumulados durante décadas de préstamos oscuros. Petróleo a cambio de financiamiento pasado. 

Cada cargamento rumbo a Asia es una cuota de una hipoteca que el país contrajo hace más de diez años. A Venezuela no le entra dinero fresco legal por concepto de exportación petrolera desde hace años, y es por eso que el cártel se ha dedicado desde hace unos años a “contrabandear” petróleo venezolano en flotas de buques fantasmas a mercados negros, buscando liquidez que no pasa por los libros contables de la nación: exportan recursos que simplemente son embolsillados en cuentas personales. Nadie sabe cuanto se han robado de esa forma, pero sabemos por ejemplo, que cuando el régimen narco apresó a El Aissami, el motivo de la pelea interna se debió al desvío de al menos 21.000 millones de dólares de exportaciones petroleras pagadas en criptomonedas (buscando evadir sanciones). A cuanto ascendería el monto real de este robo, solo el narcocártel lo sabe.

El régimen habla de exportaciones petroleras, pero no explica que gran parte de ellas no significan ingresos disponibles para reconstruir el país. No se traducen en hospitales, ni en escuelas, ni en un sistema eléctrico funcional. Son pagos diferidos, compromisos heredados, barriles que ya estaban gastados antes de ser incluso extraídos o antes de salir del puerto. Venezuela no vive de su petróleo: Vive pagando con él.

En los datos de exportaciones, el narco régimen solo habla de petroleo, pero no habla por ejemplo, de la explotación minera: Oro, hierro, bauxita, coltán, diamante, plata, cobre, arena sílica, carbón, etc. 

Las cifras de ingreso por concepto de industrias mineras no las maneja NADIE. Nadie sabe que se hace con eso, pero todos mas o menos lo intuimos. Seguramente termina todo eso en el mismo sitio que el dinero del petroleo contrabandeado. 

A eso se suma otro elemento que rara vez se discute con claridad: Una parte de la producción, alrededor de un diez por ciento en ciertos períodos, se envía a Cuba. Sabemos que 80% de la producción se exporta a China. Del 20% restante para consumo nacional, 10% se va a Cuba. No como una transacción transparente de mercado, sino como parte de una relación política que ha drenado recursos durante décadas. 

Mientras los venezolanos lidian con salarios simbólicos (salario mínimo es de apenas 34 centavos de dólar al mes) y servicios completamente colapsados, el petróleo sigue fluyendo hacia aliados del narco cártel que ni pagan en efectivo ni invierten en el país. 

El resultado es entonces, una industria petrolera que funciona como un cuerpo en coma sostenido por respiración artificial. 

La imagen hoy es bochornosa: Una empresa estadounidense mantiene activos los campos más productivos, un acreedor asiático cobra con petróleo en lugar de dinero. Un aliado ideológico recibe la mitad de los barriles que nos quedan, y mientras tanto, el país se apaga y el régimen sigue hablando de soberanía anti yankee mientras son los yankees justamente los que mantienen la explotación petrolera activa. 

La ironía es brutal. El proyecto político que prometió liberar a Venezuela del imperialismo depende hoy de una de las empresas más representativas del imperialismo yankee, Chevron, para no colapsar del todo. El modelo que juró usar el petróleo para el desarrollo nacional lo utiliza solo para pagar deudas y favores. El capital se lo robaron hace décadas ya. Lo que alguna vez fue un instrumento de progreso se ha convertido en una ficha de empeño.

Hay quienes nos preguntamos, ¿por qué Chevron mantiene al régimen entonces?. La respuesta es un misterio. Obviamente hay un interés de la compañía en mantenerse activa en el lugar. ¿Por qué el narco cártel permite a Chevron operar en Venezuela en lugar de Rusia o China? Habría que ver si Rusia o China estarían interesadas en hacer otro negocio con el narco régimen que ya les ha estafado billones de dólares. 

Esta no es una discusión ideológica. Es histórica. Es contable. Es material. El petróleo venezolano ya no pertenece al futuro del país, sino a su pasado saqueado y robado a mansalva. Mientras no se hable con claridad, mientras se siga manipulando la historia y la actualidad con discursos falsos y mentiras, seguiremos atrapados en la ficción de ser “una potencia” cuando la realidad es que el país apenas sobrevive, endeudado, dependiente y sostenido por aquello que el chavismo juró expulsar. Si en algún momento histórico nuestra Venezuela ha perdido soberanía ha sido hoy.

Esa es la verdad que no aparece en los discursos pero está en los barriles, en los destinos, y en los contratos. Contra los datos, no hay ni consigna ni mentira que resista.

Jose Calabres

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#Venezuela #Chevron #Petroleo #PDVSA #Chavez #Maduro #NarcoCartel  #Soberania #Libertad

MENTIRAS DEL CÁRTEL: LA FAJA BITUMINOSA DEL ORINOCO

Durante décadas, desde los años treinta y hasta finales de los ochenta, la hoy llamada Faja Petrolífera del Orinoco fue conocida por su nombre real y técnico: Faja Bituminosa del Orinoco.

Contrario a lo que hoy intenta hacer creer el narco cártel que ocupa Miraflores, ese nombre no era un insulto ni una maniobra colonial. Era una descripción técnica. Cualquier ingeniero petrolero serio puede confirmarlo sin necesidad de consignas ni relatos épicos.

El crudo allí contenido era tan pesado y viscoso que no podía considerarse petróleo comercial bajo los estándares de la época. No fluía. No se refinaba con facilidad. No se exportaba sin procesos complejos que aún no existían. No era rentable para nadie. Era bitumen. Punto.

El cambio de nombre no llegó con la mal llamada revolución, ni con redentores históricos de cartón, ni con discursos inflamados para consumo interno. Llegó cuando la tecnología avanzó, cuando se desarrollaron procesos de mejoramiento, cuando se construyeron los upgraders y se demostró que ese bitumen podía transformarse en crudo sintético exportable.

Fue en los años noventa cuando la Faja dejó de ser una promesa geológica y pasó a ser una reserva económicamente explotable. Entonces, y solo entonces, comenzó a llamarse Faja Petrolífera del Orinoco.

Ese detalle, que debería ser una nota técnica sin mayor carga ideológica, fue secuestrado por el chavismo en su obsesión por reescribir la historia. Hoy lo presentan ante una masa sin memoria ni referencias como una revelación tardía, como si durante décadas nadie hubiese sabido lo que había allí, como si los venezolanos que dirigieron la industria petrolera fueran idiotas funcionales engañados por expertos malignos y transnacionales saqueadoras al estilo Lex Luthor.

La realidad es mucho más simple y mucho más incómoda. Lo que cambió no fue la honestidad histórica. Fue la tecnología. Y eso ocurrió antes de Chávez.

La llegada del dictador original y capo fundador del mayor cártel criminal que ha conocido el país marcó exactamente lo contrario de lo que hoy intentan dibujar: el inicio de la debacle más estrepitosa de una nación inmensamente rica.

Este mecanismo de tergiversación no es un accidente, es un método. El chavismo, hoy convertido abiertamente en un narco cártel enquistado en el poder, ha dedicado años a manipular la memoria colectiva para colocarse en el centro del relato nacional como supuestos héroes tardíos que “descubrieron”, “rescataron” o “liberaron” lo que siempre estuvo allí y siempre fue del país.

A su alrededor, un ejército de personas ignorantes de su propia historia repite como loros los desvaríos de la cúpula criminal, hasta el punto de creerse expertos petroleros. Hablan con la seguridad de quien firmó contratos que jamás existieron y defienden hechos que nunca ocurrieron en una historia que solo conocieron cuando se la contó quien hoy los pisa.

Esta manipulación la hicieron con PDVSA. Se repite hasta el cansancio que era una empresa secuestrada por una élite, cuando en realidad fue una de las petroleras más eficientes y prestigiosas del mundo, con cuadros técnicos formados durante décadas, que financiaba al Estado venezolano y sostenía buena parte de su estabilidad. No la rescataron. La destruyeron. Sustituyeron meritocracia por lealtad política y expulsaron a miles de profesionales en 2003.

Resulta casi increíble que hoy muchos venezolanos hayan olvidado que PDVSA fue, antes del chavismo, una referencia mundial. Pero así funciona la memoria de quien elige no ver. Para algunos, antes de Chávez no había escuelas, ni metro, ni universidades. Incluso he escuchado a más de uno afirmar que fue Chávez quien creó la educación pública y gratuita que existe en Venezuela desde 1870 por decreto de Guzmán Blanco. Así de audaz puede ser la ignorancia.

El discurso falseador del cártel no es solo retórica, es un modus operandi. Lo hicieron con la historia republicana. Convirtieron a Bolívar en una caricatura ideológica útil para justificar autoritarismo, militarismo y obediencia ciega. Reescribieron libros escolares, simplificaron procesos complejos como el petrolero y borraron deliberadamente todo matiz que no encajara en el relato épico del “proyecto revolucionario” donde ellos son los protagonistas absolutos.

Lo hicieron con las expropiaciones. Hablaron de soberanía mientras confiscaban empresas sin compensación, destruían su productividad y luego culpaban al “bloqueo” del colapso que ellos mismos provocaron. Denunciaban guerras económicas mientras les congelaban cuentas multimillonarias en el exterior, les incautaban propiedades en Miami y República Dominicana, aviones privados y hasta encarcelaban a algunos de los suyos por millardos de dólares malversados en los mismos períodos en los que aseguraban que el bloqueo era el culpable de todo.

Hoy esas expropiaciones generan laudos arbitrales que se cobran con activos como Citgo, pero el régimen insiste en presentarlo como un robo externo y no como la consecuencia directa de sus decisiones.

Con la Faja del Orinoco ocurre exactamente lo mismo. Llamarla bituminosa no era negar su valor, era describir honestamente su estado técnico. Convertir ese término en símbolo de traición histórica es parte del mismo guion: distorsionar el pasado para justificar el saqueo del presente. Se repite la mentira de que Estados Unidos pagaba uno por ciento por el bitumen y que saqueó el petróleo durante casi un siglo, cuando la historia petrolera real es radicalmente distinta. Una búsqueda básica bastaría para desmontar esa fábula, pero hay quienes prefieren repetirla antes que informarse. Y otros, peor aún, la repiten sabiendo que es mentira.

Mientras se hablaba de “rescatar” la Faja, se dilapidaron miles de millones de dólares, se endeudó al país hasta el default, se destruyó la capacidad operativa de PDVSA y se hipotecaron activos estratégicos. Hoy la Faja sigue allí, pero Venezuela no tiene cómo explotarla de manera sostenible.

Cambiar nombres no cambia la realidad. Reescribir la historia no borra los hechos. El chavismo no descubrió el petróleo, no dignificó su precio, no reinventó la Faja ni liberó al país. Lo que hizo fue apropiarse del relato para ocultar una verdad más cruda: desde el principio, su único objetivo ha sido repartir poder y saquear riqueza.

La Faja no cambió. Nunca nos robaron el petróleo. Nunca tuvimos una industria dirigida por imbéciles engañados con espejitos. Lo que cambió fue el discurso histórico, y hay quienes decidieron jugar ese juego. El precio de esa mentira lo seguimos pagando todos.

Jose Calabres

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#Venezuela #CITGO #Petroleo #PDVSA #Chavez #Maduro #NarcoCartel

¿DEUDA DE VENEZUELA O EL ROBO MAS GRANDE DEL MUNDO?


Vamos al grano: el chavismo quebró al país. Lo demás es retórica. Pero no me crea a mi. Voy a contarle una serie de hechos que puede usted mismo comprobar independientemente. Antes de comentar algo sin saber o simplemente repitiendo lo que dice su frutero de confianza, lo invito a hacerlo. Arranquemos. 👇🏻

Comenzaremos por lo obvio: Venezuela dejó de pagar sus deudas y compromisos internacionales en 2017. No es que “retrasó algunos pagos” o que “renegoció”, sino que DEJÓ de pagar sus deudas completamente y entró formalmente en lo que llaman “default” sobre su deuda externa y sobre la de su principal empresa estatal, PDVSA. 

Repito: dejó de pagar todas sus deudas. No por incapacidad, sino por decisión, porque el Cártel de los Soles siguió explotando petróleo y comerciandolo con sus socios. 

Hay quienes dicen que no, porque “las sanciones de EEUU”, pero tal aseveración se desmorona con el hecho de que el ahora desaparecido Tarek El Aissami, por boca del mismo chavismo, está preso por malversar mas de 21.000 millones de dólares de PDVSA durante el muy poco tiempo que fue presidente de la misma. Ese dinero “malversado” es muy post-sanciones. Es decir que dinero entraba, pero el cártel y sus capos decidieron no pagar. 

Pero dejar de pagar no frena los cobros, y desde ese momento (2017 como mínimo) los intereses siguieron corriendo como los de una tarjeta de crédito, y pronto los acreedores, que esperaban las utilidades prometidas por su inversión y fueron defraudados (estafados) se organizaron para exigir los pagos. Los tribunales comenzaron a hacer su trabajo. Ocho años después, el resultado es inapelable.

La deuda en default de Venezuela no es una cifra abstracta. Sabemos cuanto es su aproximado a pesar de que el narco régimen dejó de publicar los datos hace años opacidad que los caracteriza, pero la versad es que aunque no los publiquen, los acreedores, gobiernos, bancos y tenedores de bonos saben perfectamente los números de esa deuda. 

Solo en bonos internacionales del Estado (los famosos “bonos soberanos”) y de PDVSA impagos, el monto ronda los 60.000 millones de dólares SOLO en intereses. Esa es la deuda financiera dura, documentada, pero a ese total se suman préstamos bilaterales con gobiernos (principalmente China y Rusia, aliados del régimen que lo han financiado por años), deudas comerciales, compromisos con proveedores, y laudos arbitrales internacionales derivados de expropiaciones ejecutadas durante el chavismo y entonces el monto de la deuda asciende a entre 150.000 y 170.000 millones de dólares. 

Hay osados, que desde la valentía que les da la ignorancia, y amparados en el discurso de que Venezuela es el país mas rico del mundo, o que su petróleo vale más que el de cualquier otro país, o que el precio del petróleo lo pone Maduro, aseguran que ese monto de deuda es apenas quitarle un pelo a un burro dentro del inmenso mar de riquezas que tiene el país. Nada más lejos de la verdad, y es justamente esa irresponsabilidad ignorante la que nos ha traído al hoy.

Para dimensionar el desastre basta un dato: El PIB nominal estimado de Venezuela en 2025 ronda los 80.000 millones de dólares. Es decir, que el país debe HOY, aproximadamente el TOTAL DE INGRESOS NETOS de todo lo que produce en dos años. TODO. No sólo petróleo. 

No existe, entonces bajo ninguna fórmula económica seria, capacidad de pago real. Ni hoy, ni mañana. No existe posibilidad alguna de pago sin una reestructuración profunda que el propio cártel ha sido incapaz de iniciar tanto por capacidad como por voluntad. La intención del cártel nunca ha sido echar adelante al país, sino robarse hasta el último hueso que quede de su famélico esqueleto. 

Tras décadas en el poder, no existe ninguna infraestructura nueva, y la que había, la han dejado perder por falta de inversión o mantenimiento. PDVSA es un ejemplo de miles. Hospitales, vialidad, sistema eléctrico nacional, sistemas de agua, y hasta plataformas de internet. Venezuela es hoy el país con internet mas lento del mundo… 

Los cobradores de la deuda venezolana por otra parte están perfectamente identificados. Entre ellos hay decenas de fondos internacionales tenedores de bonos, que no son otra cosa que empresas de capital que compraron Bonos Soberanos y de PDVSA a Venezuela y desembolsillaron millones de dólares en efectivo al régimen a cambio de retorno con intereses en plazos de tiempo específicos que no se cumplieron. 

Hay muchas otras empresas extranjeras que ganaron arbitrajes en corte contra Venezuela y que llevaron a la confiscación de activos. 

Es necesario aclarar algo en este punto: los famosos “acuerdos” que alegremente firmaban los narco capos de Venezuela con China, Rusia, Irán y otros no eran más que préstamos de dinero que supuestamente se destinaría a proyectos de inversión en distintas areas: nuevos pozos petroleros, siembra de miles de hectáreas de cultivo, oleoductos, modernización de equipos, etc… se suponía que esas inversiones apuntalarían la producción del país y generaría entonces más ingresos. Pero ese dinero no se usó en nada de lo prometido. Al contrario, se robaron la gran parte y lo que sobró se usó en campañas políticas, represión y sobornos… 

Aunque por un tiempo, los acreedores que prestaron dinero dieron otras oportunidades al cártel para pagar, las promesas de pago cada vez se hicieron más difíciles de sustentar. Y así, se hicieron otros “acuerdos”. China entonces dejó de prestar dinero al cártel, pero comenzó a cobrar llevándose petróleo como pago. Hoy, 80% del poco petróleo que produce Venezuela se va directamente a China por concepto de pago de deuda. Algo similar pasó con Rusia.

Por otro lado, en los tribunales, principalmente de Estados Unidos, ya hoy no se debate la legitimidad de la deuda, sino cómo ejecutar activos venezolanos para saldarla. 

Pero usted podrá decir ¿Por qué en tribunales de EEUU?, “nos quieren robar como siempre!” o repetir alguna frase dicha por los narco jefes en TV para adoctrinar a sus desinformados seguidores (los pocos que les quedan), pero resulta que los procesos judiciales que ha perdido Venezuela en EEUU se debe, a pesar del discurso inflamado anti imperialista del cártel en TV, a que justamente Venezuela le vendió una cantidad importante de bonos de deuda y pedido prestamos a inversionistas y empresas estadounidenses. Al parecer, la moneda del imperio es la preferida por los narcos, así como propiedades en Miami y vacaciones en Disney. A ninguno hemos visto comprando mansiones en Cuba o vacacionando en Nicaragua.

Así es cono Venezuela ha perdido cientos de demandas por impago. Una sola de esas sentencias en una corte de Nueva York en Octubre de 2025 ordenó a PDVSA a pagar 2.860 millones de dólares a tenedores de bonos PDVSA 2020. Esa deuda tiene una garantía concreta que desde hace un rato suena mucho: CITGO Petroleum.

CITGO no es una abstracción patriótica. Es una empresa real, con refinerías, oleoductos y estaciones de servicio en Estados Unidos. Y es el activo más valioso que le queda a Venezuela fuera de sus fronteras. Las demandas acumuladas contra Citgo y su empresa matriz superan los 19.000 millones de dólares, pero su valor estimado es menor que eso. El cálculo es simple. Citgo no alcanza para pagar la deuda, pero sí para empezar a cobrar. 

Por eso Citgo hoy es una empresa que seguramente vamos a perder los venezolanos. No por conspiraciones de imperios malignos contra inocentes patriotas. Perderemos CITGO por impago, por contratos incumplidos y porque un grupo de narcos en Venezuela dejó de honrar los compromisos adquiridos y llevó al país a perder toda credibilidad financiera al tiempo que saqueaba TODOS y cada uno de nuestros recursos.

La protección temporal que hoy impide la venta de CITGO no es una solución. Es una prórroga administrativa. Cuando esa protección caiga, CITGO se perderá para siempre. No como castigo, sino como consecuencia.

Aquí conviene ahora desmontar la otra excusa habitual: Esta deuda no nació con las sanciones. La mayor parte se acumuló antes de 2017, cuando el petróleo estaba alto y entraban decenas de miles de millones de dólares al año. Fue en ese período cuando el régimen decidió endeudarse masivamente, expropiar sin compensar, destruir la capacidad productiva de PDVSA y convertir al Estado en una máquina de gasto político sin control.

No fue mala suerte. Fue mala administración. Fue ideología sustituyendo gestión. Fue corrupción estructural. Fue desprecio por las reglas básicas de la economía y del derecho internacional. El resultado es un país quebrado, sin acceso a financiamiento, sin reservas suficientes, sin confianza, sin capacidad de pago.

El saqueo comenzó hace demasiado tiempo ya. Incluso se extendió a las reservas de oro del país, traídas al BCV para deleite del régimen, que ahora pudo robarse el oro directamente en lingotes. 12.000 toneladas de oro fueron “repatriadas” por el capo original. Poco menos de 1.000 quedan hoy en las bóvedas del BCV, aunque seguramente hay muchas más en bóvedas de los capos en otras partes. Por suerte, hubo bancos que notaron el saqueo y decidieron tomar acciones. El banco de Londres mantiene congeladas parte de las reservas de oro de Venezuela en sus bóvedas en reguardo del país. Ese es el oro que los narco capos claman hoy como “robado”, ante la negativa de Inglaterra y Portugal a entregar esas reservas a los saqueadores. Irónico.

Venezuela hoy no está siendo despojada. Está siendo cobrada una factura que tiene nombres, fechas y responsables.

La deuda es impagable. Pero el daño, ese sí, ya fue cobrado y todos los venezolanos estamos pagando el saqueo. Pero pronto, un futuro mejor nos espera. Porque no hay mal que dure 100 años ni cártel que lo resista. Seremos libres.

Jose Calabres

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LA MENTIRA DEL PETROLEO ROBADO Y EL SAQUEO DEL NARCO CHAVISMO


Durante más de dos décadas el chavismo, ahora Madurismo, ha insistido en una historia diseñada para sonar justa y heroica. Una historia que apela a la rabia y al nacionalismo, pero que se desmorona apenas se la enfrenta con los hechos. Según ese relato, Venezuela habría sido saqueada durante más de un siglo por Estados Unidos, que extrajo su petróleo pagando regalías miserables de uno por ciento, mientras gobiernos sumisos entregaban el país como serviles vasallos del imperialismo opresor, hasta que apareció el gran salvador: Hugo Chávez, presentado en esta historia como el redentor tardío que vino gloriosamente a recuperar la soberanía, y en un alarde de fantasía tropical, influyendo incluso en el precio mundial del crudo, exigiendo, como un héroe mundial, el pago “justo” de cualquiera que quisiera petroleo venezolano.

Esa historia no solo es falsa: es ridícula y fuera de toda realidad. Es una historia funcional a la amnesia, porque sustituye la verdadera historia del país por consignas ciegas y convierte el desastre presente en una culpa ajena.

El petróleo venezolano no fue un descubrimiento ideológico ni una conquista revolucionaria. La verdadera historia es que a comienzos del siglo XX, cuando Venezuela aún era una nación rural, el subsuelo ya anunciaba su destino. Con el Zumaque I en 1914 y de manera definitiva con el reventón del Barroso II en 1922, quedó claro que el país se transformaría en una potencia petrolera. A partir de entonces, el propio Estado venezolano otorgó concesiones a empresas extranjeras que tenían lo que Venezuela no poseía: capital, tecnología y experiencia. 

Compañías como la Venezuelan Oil Concessions, vinculada a Royal Dutch Shell, y la Creole Petroleum Corporation, filial de lo que luego sería Exxon, desarrollaron campos, construyeron infraestructura, perforaron miles de pozos y levantaron una industria que cambió para siempre la economía nacional. 

Nada de eso ocurrió en secreto ni al margen de la ley. Fueron contratos firmados por gobiernos venezolanos, bajo leyes venezolanas, en un contexto histórico de relaciones que fueron en muchos casos desiguales, sí, pero explícitas y documentadas.

Las regalías de los primeros años fueron bajas, como lo fueron en casi todos los países productores de la época. En muchos casos rondaban el diez por ciento y en algunos esquemas específicos, décadas después, incluso menos. Pero afirmar que durante un siglo entero Venezuela recibió apenas uno por ciento es una mentira manipuladora grosera. 

Ya desde la Ley de Hidrocarburos de 1943 el Estado logró un reparto mucho más favorable, estableciendo el principio del 50/50, que garantizaba al país al menos la mitad de las ganancias. Desde entonces la participación estatal no dejó de crecer. La narrativa falsa del saqueo continuo borra deliberadamente ese proceso histórico de negociación y fortalecimiento del Estado venezolano a través de la historia y niega hechos indiscutibles y documentados. Pero eso es lo que hacen los procesos dictatoriales. Mentir y reescribir la historia para engañar a los más crédulos.

La culminación de ese camino de crecimiento petrolero fue la nacionalización de 1976 y la creación de PDVSA por parte de Carlos Andrés Pérez, mucho antes de Chávez. Fue lo que los chavistas llaman despectivamente “la cuarta república” la que nacionalizó el petróleo venezolano y creo la industria mas poderosa del país, PDVSA, y que ha financiado la mal llamada revolución por décadas. Es irónico que sea justamente un producto de los gobiernos de los que los chavistas se quejan el que los ha sostenido hasta hoy.  

Venezuela asumió el control total de su industria petrolera gracias a este momento, y durante años PDVSA fue considerada una de las empresas energéticas mejor gestionadas del mundo. Técnica, eficiente, respetada. Sin embargo, el pecado original persistió: la dependencia absoluta del petróleo como sostén del Estado. 

El crudo financiaba todo y, al hacerlo, postergaba la diversificación económica y la construcción de instituciones sólidas.

En los años noventa, ante la caída de la producción y la falta de inversión, se impulsó algo llamado “la apertura petrolera”. Se permitieron asociaciones con empresas extranjeras como Chevron, BP o ConocoPhillips bajo esquemas de “riesgo compartido”. 

En algunos de esos contratos, especialmente en proyectos de crudo pesado que eran complicados debido a la naturaleza de la extracción y refinado, se establecieron regalías bajas como incentivo. Fueron decisiones debatibles, sin duda, pero limitadas en el tiempo, en el espectro y en alcance. Fue gracias a esa apertura que la producción volvió a crecer y Venezuela cerró el siglo produciendo más de tres millones de barriles diarios y situada como uno de los mas grandes productores del mundo.

La llegada de Chávez rompió ese equilibrio. Escudado tras un discurso de soberanía nacional, se impuso el control político absoluto sobre PDVSA. Se aumentaron impuestos y regalías sin planificación, se obligó a las empresas a hacer del Estado socio mayoritario en todos los proyectos y se transformó PDVSA en un instrumento ideológico. El golpe decisivo llegó tras el paro petrolero de 2002, cuando miles de técnicos, ingenieros y gerentes que protestaron ante la politización de la empresa por parte de lo que ya se dibujaba como una dictadura corrupta fueron despedidos y sustituidos por seguidores políticos del chavismo sin formación. Desde ese momento comenzó el deterioro. 

Durante los años de precios altos, PDVSA recibió ingresos colosales, cientos de miles de millones de dólares, pero ese dinero no se reinvirtió en mantenimiento, exploración ni modernización. Se diluyó en clientelismo, alianzas geopolíticas y una corrupción sin medida que terminó devorándolo todo. Chávez viajaba por el mundo comprando voluntades a granel con la petrochequera del país. Ya había eliminado el congreso, instalado una Asamblea Nacional 100% a su medida, cambiado la constitución y tomado PDVSA como su propio banco personal. El desastre para el país era ya predecible.

Las consecuencias no fueron solo la caída de la producción de crudo. Por falta de inversión y mantenimiento, PDVSA perdió al poco tiempo su capacidad de refinación y autosostenimiento. El país que durante décadas fue exportador de gasolina dejó de producirla y hoy no tiene ni para abastecer su propio mercado interno. Venezuela pasó a importar gasolina para poder sobrevivir, una paradoja obscena para una nación petrolera. 

Ese colapso se tradujo en un golpe directo al ciudadano común: el precio de la gasolina, que durante años fue símbolo de subsidio y abundancia, aumentó de forma brutal. En términos reales, el consumidor venezolano terminó pagando incrementos cercanos al mil por ciento en comparación con hace apenas seis años, en un país donde los salarios fueron pulverizados y la dolarización de facto convirtió la gasolina en un lujo. 

PDVSA, pasó de ser una empresa petrolera de fama mundial, a ser la caja chica de un grupo de narcos que lavarían el robo usando ahora a PDVSA como una empresa que compraba pollo, lentejas y carne a empresas corruptas de otros países con hasta 30 veces sobreprecio para revenderlas al pueblo en esquemas de saqueo que llamaron MERCAL y PDVAL. Cuando los bolsillos se llenaron y PDVSA fue quebrada, dejaron los huesos al sol y se acabó MERCAL, PDVAL y PDVSA.

Bajo Maduro, el derrumbe se aceleró. Ya no hubo más alimentos ni planes sociales apuntalados por la industria petrolera. La producción cayó a menos de un millón. Ahora solo hay pozos abandonados, refinerías en ruinas, deudas impagas con empresas de servicios, fuga masiva de talento, acuerdos opacos y el poco petróleo extraído es usado para pagar favores políticos o compromisos financieros a países como China o Rusia sin generar ingresos reales. 

Así, la mayor reserva probada de petróleo del planeta fue convertida en una industria incapaz de sostenerse a sí misma, ni siquiera para producir su propia gasolina.

Como si eso no bastara, el chavismo también dejó perder uno de los activos más estratégicos que Venezuela tenía en el exterior. CITGO, la filial de PDVSA en Estados Unidos, no fue robada ni confiscada por capricho. Fue puesta como garantía para obtener financiamiento, fue comprometida en operaciones de endeudamiento irresponsable y luego abandonada a su suerte. El régimen dejó de pagar a acreedores, ignoró advertencias legales y permitió que los procesos judiciales avanzaran. La pérdida de CITGO no fue producto de una conspiración extranjera, sino de la inacción jurídica y del incumplimiento deliberado de obligaciones asumidas por el narco estado venezolano. La ejecución judicial forzada fue la consecuencia lógica de haber usado a CITGO como garantía y luego no honrar las deudas. Los venezolanos estamos pagando el precio de deudas adquiridas por saqueadores.

Decir que Estados Unidos robó el petróleo venezolano durante un siglo es una forma cómoda de esconder esta cadena de decisiones. Es más fácil inventar un enemigo externo que admitir que el verdadero saqueo ocurrió desde dentro, cuando el poder convirtió la renta petrolera en botín, destruyó la institucionalidad, arrasó con el capital humano y manipuló un discurso de soberanía para esconder control político y corrupción desmedida.

El narco régimen venezolano no solo destruyó una industria petrolera que estuvo entre las mejores del mundo. La llevó a un punto en el que ya no puede sostener al país, ni producir gasolina, ni conservar activos estratégicos, ni garantizar el futuro. El petróleo nunca fue de Chávez, nunca fue de Estados Unidos, pero con la llagada del cártel, nunca fue realmente del pueblo. 

Mientras se siga creyendo en relatos épicos en lugar de asumir responsabilidades el país no podrá enfrentar la realidad y cambiarla por algo mejor.  La historia petrolera de Venezuela no es una leyenda de héroes y villanos, sino una advertencia brutal sobre lo que ocurre cuando un país reemplaza la memoria por propaganda y la gestión por ideología. Esa es la verdad que incomoda, pero también la única que explica cómo una nación inmensamente rica terminó pagando gasolina importada a precios impensables y viendo desaparecer, por negligencia y corrupción, su patrimonio más valioso.

Jose Calabres

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#Venezuela #CITGO #Petroleo #PDVSA #Chavez #Maduro #NarcoCartel

CITGO: LA HISTORIA DE UN PUEBLO QUE TERMINÓ PAGANDO SU PROPIO SAQUEO


CITGO Petroleum Corporation no es simplemente una empresa refinadora de petróleo con sede en Estados Unidos. Para millones de venezolanos, CITGO ha sido durante décadas uno de los activos estratégicos más importantes del país fuera de sus fronteras. Su ya casi inevitable venta forzada no es producto de un accidente ni de una conspiración internacional, sino la consecuencia directa de años de malas decisiones, corrupción estructural, litigios perdidos, sanciones y un colapso institucional cuidadosamente construido por el régimen venezolano.

Comencemos por lo básico. ¿Qué es CITGO?

CITGO es una empresa refinadora y distribuidora de combustibles con tres grandes refinerías en Estados Unidos ubicadas en Texas, Louisiana e Illinois. Posee también una extensa red de oleoductos y miles de estaciones de servicio a lo largo de EEUU. Desde los años ochenta pertenece a PDVSA, la petrolera estatal venezolana, y durante décadas fue una fuente sólida de ingresos, influencia energética y respaldo financiero para Venezuela. Mientras el país se hundía en el desorden, CITGO seguía funcionando. Profesional. Rentable.

Y precisamente por eso se convirtió en el objetivo perfecto cuando el narco régimen comenzó a destruir todo lo que tocaba.

Mientras PDVSA era vaciada, politizada y convertida en una caja negra al servicio de una camarilla que según múltiples investigaciones no era más que una estructura funcional convertida en narco-Estado, CITGO operaba bajo reglas corporativas estadounidenses, generando ingresos reales y sosteniendo parte del músculo financiero del país. incluso financiaba a PDVSA. Aún así, no fue protegida como activo estratégico por el régimen, sino que fue vista como un botín.

El camino hacia la venta forzada de CITGO comienza con las expropiaciones masivas impulsadas por Hugo Chávez a partir de los años 2000. Una orgía de poder transmitida en cadena nacional, donde un comandante eufórico señalaba edificios y gritaba “¡Exprópiese!”, como si administrar un país fuera un juego de mesa inundó las pantallas de televisión en cadenas nacionales donde el capo mayor hacía gala de su poder desmedido. Decenas de empresas petroleras, mineras, agrícolas e industriales fueron confiscadas sin compensación, sin estudios técnicos y sin ningún plan que no fuera el saqueo inmediato.

En esa vorágine se arrebataron más de 20 millones de hectáreas de tierras productivas a agricultores y hacendados. Gran parte de la costa oriental del lego de Maracaibo fue entregada a “socios” del régimen. Fundos como La Marqueseña fueron saqueados y repartidos en partes a grupos chavistas que se encargaron de destruir todo. Muchas otras empresas fueron entregadas a amigos del poder, a aliados políticos extranjeros iraníes, chinos, cubanos… El resultado fue el colapso del campo venezolano y la dependencia absoluta de importaciones, en las cuales el régimen compraba insumos y productos con hasta 100 veces sobreprecio y lavaba dinero robado que terminó en bolsillos de la cúpula chavista. 

El sector industrial corrió la misma suerte. Las ensambladoras de vehículos Ford y Chrysler fueron asfixiadas y expropiadas. Owens-Illinois, pieza clave en la producción de envases de vidrio, fue tomada por el Estado y llevada a la ruina. No solo se robaron edificios y maquinaria; se apropiaron de inventarios, marcas, procesos y hasta derechos intelectuales. Un ejemplo grotesco: tras expropiar las instalaciones de cereales Kellogg’s, el régimen siguió vendiendo los productos usando ilegalmente su marca y su identidad corporativa durante años… hasta que la saquearon tanto que dejó de funcionar. Piratería de Estado, sin pudor y sin consecuencias… hasta que llegaron los tribunales.

El caso de Agroisleña merece capítulo aparte. Una empresa responsable de cerca del 80 % del suministro de insumos agrícolas del país fue expropiada y convertida en Agropatria. En menos de dos años, la producción agrícola colapsó. El daño fue tan profundo que, años después, el propio régimen ya sin discurso ni vergüenza devolvió los restos de la empresa a sus dueños originales, esperando que hicieran el milagro de reconstruir lo que ellos mismos destruyeron. Nadie volvió a confiar. El agro venezolano quedó enterrado y hoy sobreviven apenas unos pocos productores de pequeño alcance en el país.

Lo que el régimen llamó “soberanía” terminó siendo una avalancha de demandas internacionales ante un saqueo indiscriminado de todo lo que tocaban. Venezuela perdió una tras otra en tribunales arbitrales como el CIADI, acumulando sentencias multimillonarias. Y fiel a su estilo, el cártel decidió no pagar. Simplemente dejó de cumplir. Ya tenían lo que buscaban: los bolsillos llenos. 

Los acreedores hicieron entonces lo que cualquier acreedor hace: buscar activos para cobrar. Y allí apareció de nuevo CITGO. Grande, rentable, ubicada en Estados Unidos y ya comprometida como garantía por el propio régimen.

¿Como?! Pues sí: PDVSA utilizó a CITGO como colateral para obtener financiamiento en bancos extranjeros. En lugar de blindar a la empresa, empeñaron sus acciones, y cuando luego Venezuela entró en default en 2017 y dejó de pagar su deuda externa, los litigios se multiplicaron. Fue entonces cuando empresas como Crystallex y ConocoPhillips obtuvieron fallos favorables en tribunales estadounidenses que reconocieron a CITGO como un “alter ego” del Estado venezolano. Traducido: no podían esconderla para evadir responsabilidades.

En 2019, las sanciones de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro congelaron activos venezolanos y colocaron a CITGO bajo una junta administrativa designada por la oposición, que en ese entonces era reconocida como el gobierno interino de Guaidó. 

Esa medida evitó una toma inmediata por parte de los acreedores y salvó a CITGO de ser vendida en ese momento. Guaidó hizo más por salvar a CITGO en un año que los 27 años del régimen narco. Esa es la verdad.

Pero esta acción también dejó a la empresa atrapada en un limbo jurídico: protegida temporalmente por su situación jurídica que la mantenía separada del régimen bajo el gobierno interino, pero asfixiada por demandas que seguían creciendo y que no podían pagarse porque el régimen se negaba a cumplir sus obligaciones y el gobierno interino no tenía acceso a los fondos de CITGO que permanecían congelados y no podían usarse para pagar una deuda que legalmente no habían contraído. 

Durante todo ese tiempo, el régimen no hizo “absolutamente nada” para resolver el problema. No negoció. No pagó. No propuso soluciones. Porque nunca fue su intención salvar CITGO. Su interés en la empresa terminó el día que le sacaron el dinero, pero hoy usan su pérdida como arma discursiva para ocultar su propia ineptitud y corrupción, señalando maliciosamente a todos de culpables excepto a los verdaderos culpables: ellos mismos.

Otro caso que podríamos ver es el de la “repatriación del oro” de las reservas internacionales de Venezuela y que han sido saqueadas por los del cártel a su gusto, así como otros recursos mineros mil millonarios de los que nadie habla, como si lo único que posee Venezuela fuera petróleo. Pero ese caso lo hablaré en otro artículo, porque da para mucho. Atentos a eso.

Tras años de litigios, los tribunales estadounidenses autorizaron finalmente el proceso de subasta de acciones de CITGO. No es una privatización ni una confiscación: Es una ejecución judicial por impago. Una vergüenza para el país con mas petroleo del mundo. CITGO no se vende porque Estados Unidos quiera, sino porque las leyes se cumplen y las deudas se deben pagar. La ley, es la ley.

El dinero de esta venta no irá a reconstruir Venezuela ni a financiar servicios públicos. Irá a pagar sentencias firmes a acreedores que prestaron dinero y nunca cobraron por casi una década. 

Lo que sobre de la liquidación de CITGO (si es que sobra algo) dependerá del monto final de esa venta.

Más allá de la propaganda que usa el cártel hoy con la pérdida de CITGO, esta venta forzada simboliza algo mucho más profundo: el desmantelamiento sistemático del patrimonio nacional venezolano por culpa de un régimen corrupto que confundió poder con impunidad. CITGO no se perdió de un día para otro. Se perdió gota a gota, demanda a demanda, hasta convertirse en la factura final de un saqueo prolongado.

No es una historia de imperialismo. Es una historia de consecuencias.

Jose Calabres

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#venezuela #CartelDeLosSoles #VenezuelaSecuestrada #CITGO

TRUMP LO DICE MAL, PERO SI PASÓ: CHÁVEZ SI ROBÓ ACTIVOS DE EEUU


Donald Trump ha afirmado que Venezuela le robó a Estados Unidos petróleo, materiales y tierras. Como ocurre con frecuencia en su retórica, la frase es imprecisa y deliberadamente exagerada, pero no nace de la nada. No describe con rigor jurídico lo ocurrido, aunque apunta, de manera burda, a un hecho central que el chavismo y sus defensores han intentado diluir durante años: la apropiación de activos estadounidenses sin compensación alguna.

Estados Unidos nunca fue dueño del petróleo venezolano, ni de su territorio ni de su subsuelo. Ese punto es indiscutible y conviene reiterarlo para evitar manipulaciones. Sin embargo, durante décadas empresas estadounidenses operaron campos petroleros en Venezuela bajo contratos, concesiones y asociaciones plenamente legales, firmadas de mutuo acuerdo con el Estado venezolano y amparadas tanto por la legislación nacional como por tratados internacionales. No se trataba de ocupación ni de expolio, sino de inversión bajo reglas claras que Venezuela no solo aceptó, sino que delineó.

El quiebre no lo produce el modelo previo, sino la decisión unilateral del chavismo de desconocer esos acuerdos. 

A partir de mediados de los años dos mil, Hugo Chávez impulsa una política de renegociación de contratos petroleros de manera unilateral que no se limita a redefinir el rol del Estado, sino que altera de forma retroactiva los contratos vigentes, obliga a cambios forzados en las condiciones pactadas y, en muchos casos, procede a la expropiación directa de campos, infraestructura y activos operados por compañías estadounidenses. No fue una renegociación transparente ni un proceso ordenado, fue una imposición política unilateral desde la soberbia del poder.

La clave, que suele omitirse de forma interesada desde los circulos de desinformación del cártel, es que esas expropiaciones no fueron pagadas nunca. Tampoco se dice que el bloqueo naval actual está dirigido a buques sancionados por contrabandear petroleo robado a los venezolanos, o que la venta forzada de CITGO se debe a las inmensas deudas que el cártel tiene con sus accionistas y que vienen siendo cobradas desde hace mas de 10 años. Pero de COTGO hablaré en otro artículo. Centremonos en esta ultima declaración de Trump.

Aunque el derecho internacional reconoce la facultad de un Estado para expropiar recursos estratégicos, solo se hace legal bajo una condición esencial: la compensación justa y oportuna. Cuando esa compensación no existe, la expropiación deja de ser un acto soberano y se convierte en una apropiación ilegítima. En términos simples y sin eufemismos, se transforma en robo. No es entonces más que una verdad clara en el caso de Venezuela la frase de Maria Corina Machado que espetó valientemente a la cara misma del capo mayor Chávez en televisión nacional cuando le dijo: EXPROPIAR ES ROBAR. En el caso de Venezuela, es así, efectivamente.

ExxonMobil y ConocoPhillips no abandonaron Venezuela por capricho ni por aversión ideológica. Demandaron al Estado venezolano, acudieron a tribunales internacionales y obtuvieron laudos favorables que confirmaron lo que el chavismo negaba: que hubo incumplimiento contractual y despojo de activos. Venezuela no solo perdió esos arbitrajes, sino que se negó sistemáticamente a honrar sus obligaciones, consolidando una práctica de impago que se convirtió luego en política de Estado. Las expropiaciones, o mejor dicho “robos” por parte del narco estado se hicieron usuales. Veíamos a Chávez caminando por una calle y señalando edificios con un dedo y exclamando alegremente “exprópiese!” como si fuese un mantra. Lo hizo con empresas como Agroisleña, Owens Illinois, y cientos de otras más. Lo hizo con propiedades, como el fundo La Marqueseña o las tierras de Franklin Britto entre otras miles más… cerca de 20 millones de hectareas fueron robadas a sus propietarios originales y entregadas a iraníes, cubanos, rusos, etc. Incluso ensambladoras de FORD y Chrysler fueron afectadas por el dedo del capo y su mantra ladrón.

Por eso, cuando Trump habla de robo, no se refiere a una fantasía territorial ni a una usurpación colonial. Se refiere, aunque sin precisión conceptual, a la toma de activos, inversiones y estructuras productivas pertenecientes a empresas estadounidenses que operaban legalmente y que jamás recibieron compensación alguna. La torpeza de su lenguaje no invalida el hecho material que lo sustenta: El narco estado venezolano ROBÓ a EEUU.

Conviene decirlo con claridad para evitar confusiones cómodas: el chavismo no actuó como un Estado soberano ejerciendo derechos legítimos,  NO. Actúo en cambio como un mafioso que decidió desconocer contratos válidos cuando dejaron de servirle, violó tratados internacionales y trasladó el costo de sus decisiones a un futuro que hoy llegó a cobrar. No hubo épica ni justicia histórica en ese proceso, hubo arbitrariedad, improvisación y desprecio por las consecuencias.

Hay quienes esgrimen torpemente, en favor del narco cártel, que EEUU compraba a precios muy baratos el petróleo venezolano y que el difunto narco dictador Chávez lo que hizo fue “recuperar” el sector petrolero a precios justos. Eso es falso y estúpido por varias razones: 1- Los acuerdos girmados establecían precios de venta que el Estado venezolano aceptó en base a sus propios intereses nacionales. No es robo, incluso cuando se pueda decir que no era el mejor de los negocios. 2- el precio del petroleo no lo pone el gobierno. Eso esta establecido en el mercado internacional y depende de oferta y demanda. Chávez no tuvo JAMÁS el poder de decidir cuanto costaba el petróleo, como no lo tiene ningun pais, por lo que pensar eso es absolutamente ridículo.

En lo que Trump es impreciso y casi malicioso, es en convertir ese abuso en un relato patriótico simplista a su favor en un momento político en el que su populatidad está en el suelo. Pero ciertamente sería un error aún mayor suavizar, desde la otra acera, la responsabilidad del chavismo bajo la coartada de la soberanía. 

Los hechos son obstinados: activos fueron expropiados, compromisos fueron rotos y compensaciones jamás fueron pagadas. Cuando eso ocurre, no estamos ante una disputa semántica ni ideológica, sino ante un robo concreto, y ningún abuso deja de ser abuso por ejecutarse desde el poder, ni se vuelve legítimo por ocultarse tras el nombre de un pueblo. 

El chavismo es ladrón y ahora Trump usará eso como una excusa más para derrocarlo. 

Es curioso el camino que la libertad de Venezuela encuentra para purgar al narco cártel canceroso que aflige al país… pero si algo es cierto, es que llegará la libertad. Cuando llegue el momento, nos tocará reconstruir todo de nuevo. Pero vamos paso a paso. Primero, la libertad. 🇻🇪🇻🇪🇻🇪

Jose Calabres


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A PUNTO DE CARAMELO

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